viernes, 8 de diciembre de 2006

El dogma de la Inmaculada Concepción

Celebramos este año el 152 aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, proclamada el 8 de Diciembre de 1854, por el Papa Pio IX en su carta apostólica Inneffabilis Deus: “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios , y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los meritos de Jesucristo, salvador del género humano”.

No exento de polémicas teológicas, sobre todo entre los siglos XII y XIV, se alcanzaba así un consenso en un punto de la fe que contaba con poco fundamento bíblico explícito, pero sí con una fuerte tradición patrística, magisterial y sobre todo popular. La liturgia, el arte, la música, la pintura y la escultura fueron de manera gráfica la expresión de ese pueblo, que anhelaba que la que fue llamada “llena de gracia” en la Anunciación, estuviera también por ello exenta de pecado desde el mismo momento de su concepción. Mucha “culpa” de esta decisión magisterial de Pio IX se la debemos a la gran devoción de la Iglesia católica española, donde no podemos dejar de mencionar Diócesis como las de Sevilla, Granada y Toledo.

Pero, ¿qué nos dice el dogma de la Inmaculada Concepción a los católicos de hoy, 152 años después de su promulgación?

Nos dice dos grandes verdades sobre María:

- La primera, que no conoció pecado, ni siquiera el original (dicho en clave negativa) o lo que es lo mismo, que siempre estuvo llena de gracia y asistida por el Espíritu Santo (dicho en clave positiva).

- La segunda, que no se trata de un privilegio concedido para su propio disfrute, sino que María es más bien un paradigma o modelo del hombre que es capaz de responder “sí” a la voluntad divina, y recibir así toda su gracia.

Pero además de estas dos grandes verdades que potencian nuestra devoción y vida de piedad mariana, el dogma hay que extenderlo a una perspectiva cristológica: María siempre debe conducirnos a Cristo, a su imitación, a poner por práctica todo su mensaje y el proyecto de su Reino en la tierra. La “toda gracia”, la “sin pecado”, sigue repitiéndonos dos mil años después “Haced lo que él os diga”. La que después de la Anunciación se puso en camino y se fue a servir a su prima entonando el Magnificat, nos llama a la humildad y sencillez como un modo de luchar contra el pecado y alcanzar la santidad.

María, la primera discípula de Cristo, nos sigue hoy invitando a la aventura de su seguimiento. En María se realiza ya lo que un día esperamos alcanzar nosotros: la ausencia total del pecado y la plenitud de la gracia divina en nuestras vidas.

3 comentarios :

El Pobrecito hablador dijo...

Si en el algún momento, se puede disfrutar y celebrar con especial sensibilidad y encanto una fiesta mariana, es precisamente, en el corazón del Adviento, la Inmaculada Concepción.
--¿Quién sino Ella, estuvo vigilante, ante la llegada de Jesús?
--¿Acaso no nos despierta para que salgamos al encuentro del Salvador?
--¿No es referente, reflejo y espejo de la pureza y de la blancura que a todo un Dios enamoro?
--¿No es Ella el mejor indicador para encontrar el sendero que conduce a Belén?
Hoy, cuando asistimos a una contaminación general, y no tanto de la atmósfera (que también) cuanto del corazón y de los sentimientos de las personas, María, se convierte en el baluarte de la esperanza y de la virtud, de la verdad y de la gracia, de la ternura, del amor y de la autenticidad de la próxima Navidad.
La Inmaculada es el lienzo donde Dios se fija para proyectar y dibujar su morada. Un lienzo sin mancha donde, Dios, va perfilando con trazos de amor y de Padre, todo un plan que se iniciará en Belén y pasando por la cruz, concluirá en la mañana más luminosa y triunfante de la Resurrección.
¿Por qué, a nosotros cristianos de a pie, nos cuesta tanto evitar situaciones que nos corrompen?
¿Por qué, si llevamos a Jesús desde el mismo día de nuestro Bautismo, nos resistimos tan suave y tímidamente, a las nuevas serpientes que nos seducen y nos inyectan el veneno del secularismo, de la incredulidad, del todo vale o aquello de a “Dios ni pan”?
Sí. La Solemnidad de la Inmaculada, dentro del Adviento, es un redoble de esperanza. Dios sigue haciendo obras grandes en aquellos que se fían de El. En aquellos que se brindan, desde le belleza del corazón y del pensamiento, para formar parte de esa gran cadena ( por cierto gigantesca) que va transmitiendo –de generación en generación- la Encarnación del Hijo de Dios en el seno virginal de María y el mensaje que, un Niño, nos trae. Hoy, la Solemnidad de la Inmaculada, es un libro abierto con la firma de Dios, que nos descubre nuestra realidad humana y cristiana. Con María, por si lo olvidamos, también nosotros hemos sido escogidos desde antes de la creación del mundo por pura iniciativa de Dios. ¿Nos damos cuenta de lo que ello significa? ¿Acogemos la gracia o la rechazamos? ¿Somos inmaculados o corruptos? ¿Sencillos o complicados como la vida misma? ¿Con los ojos orientados al cielo o ciegos y embarrados con los acontecimientos del duro suelo? ¿Conscientes del amor de Dios o indiferentes a su llegada en Navidad?
Frecuentemente, los cristianos, aducimos que –para vivir la fe- colisionamos con numerosas dificultades; que el horno no está para bollos; que ser cristiano o católicos, es poco menos que “ser ciudadano de segunda”; que antes se vivía con más libertad y aplauso nuestra pertenencia a la iglesia o la profesión de un credo.
¡Miremos a María! ¡Pero la miremos no resguardada en manto azul y ceñida con corona de plata! María, en su intento y afán de agradar a Dios, le importó un comino escollos, dimes e interrogantes que surgieron a su alrededor (incluso los del bueno de José). Cuando hay fe y confianza en Dios, lo demás, se convierte en detector o prueba de si, aquello que presumimos creer, tiene consistencia o es simple merengue.
4.- La Inmaculada no es esa mujer de manos entrecruzadas en el pecho y con los sentidos embobados en el universo. La Inmaculada es aquella mujer que, por Dios, pisó con todas sus fuerzas, flaquezas y pecados, debilidades y tentaciones que –al hombre- sacudían y nos siguen agitando.
Esta fiesta nos centra aún más en el adviento. Nos empuja y nos hace abrir los ojos para que, el Señor, no se nos pierda en medio de tanta bombilla, villancico excesivamente adelantado o eslogan que poco o nada tienen que ver con la Navidad.
María Inmaculada es, la privilegiada luz que podemos poner en el corazón para la llegada del Salvador. Que, como Ella, pisemos aquello que estorba y que nos deja sumergidos en la fealdad (frente a la belleza), en el ruido (frente al silencio contemplativo), en la mediocridad (frente al afán de perfección), en el pecado (frente al esfuerzo por dominar nuestra debilidad).
--Miremos a María Inmaculada. ¿Qué gime dentro de Ella? Un amor de Dios que se revuelve y se hace sentir en un vientre virginal.
--Miremos a María Inmaculada. ¿Qué hay en Ella? Un campo cultivado por las manos de Dios

Anónimo dijo...

Lo mejor de María, su amor, por amor creyó y obedeció, por amor sufrió, confió y aceptó el plan de Dios, por amor con humildad y sencillez dijo “sí” y por esta simple palabra cambió el destino de la humanidad.

María la “llena de gracia”, “signo de la presencia liberadora de Dios”, “ la Mujer creyente”, que fue admirada por su hijo Jesús al tener una fe tan profunda que hizo poner toda esperanza en su Padre (Dios). Es precisamente esa fe, ese amor y disponibilidad la que la hace ser prototipo de todos nosotros (los creyentes). Ejemplo a seguir en estos momentos un poco revuelto, por no decir muy revuelto, en donde ser cristiano no está de moda.

Anónimo dijo...

Ésto, más que un comentario, es una petición.-

Pregunto yo, ¿podría hacer uso de estos textos (en este caso, sobre el Dogma de la nmaculada, u otros), citando, naturalmente, su procedencia?

El caso es que participo en un foro y chats católicos, con gente principamente hispanoaericana, todos católicos, y muchos de Acción Carismática, y cosas que estoy leyendo en este blog, en el que he entrado hoy por primera vez (a través de la página del Obispado, que regularmente recibo) podría venir muy bien para compartir.-

A mí me pidieron usar, desde Argentina (un diácono, que ya es amigo) algunos comentarios que puse en el Foro "El que tenga Sed".- No tuve inconveniente.-

Pero cada cual es cada cual, y si al autor no le parece bien, no lo usaré.-

Adg (Aunque sigo como "anónimo", porque también sigo sin entender el funcionamiento de ésto.-)