domingo, 3 de diciembre de 2006

La Furia y la Tristeza

Os presento hoy un cuento de Jorge Bucay, médico psiquiatra y Argentino
(combinación casi perfecta) que es uno de los best-sellers actuales en libros de autoayuda. pertenece a su libro "Cuentos para Pensar":

Había una vez... un estanque maravilloso.
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.


Me parece una explicación muy buena de algo que creo que nos pasa a todos: La violencia, la ira, el pronto que nos sale a veces suele ser reflejo de la tristeza que llevamos dentro. Y es constatable que las personas violentas suelen ser tristes, mientras que la paz interior genera personas alegres como, por ejemplo, los santos. Espero que este cuento nos ayude a meditar sobre nuestras vidas en este Adviento que hoy comenzamos, y vayamos desterrando de nuestro corazón a los dos protagonistas del mismo.

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