lunes, 26 de noviembre de 2007

Fin de Año

Con la fiesta de este pasado domingo de "Cristo Rey" hemos terminado el año litúrgico en la Iglesia. No hubo campanadas (excepto las de los toques de misa), ni uvas ni champagne, pero sí fiesta: Jesucristo Rey del Universo.

La Iglesia conmemoró en este último domingo del año ordinario previo al Adviento a un Cristo que es Rey, pero de una manera distinta a como se suelen ver en los cuentos y en las películas. No está en un trono dorado sino en una sucia cruz; no tiene una corona de oro sino una corona de espinas; no tiene cetro, pues sus manos y pies están clavados; y no lleva manto ni orlas pues está desnudo. A estas clásicas comparaciones antitéticas podemos añadir una más moderna: En lugar de preguntar como nuestro monarca ¿Por qué no te callas?, Cristo Rey nos pregunta a los hombres ¿Por qué no me habláis más a menudo...?.

Todos hablan en nuestro país de que tenemos una familia Real muy sencilla, muy llana y muy espontánea. Será cierto, pero nunca podrán igualar en humildad y sencillez a nuestro otro Rey, Jesucristo. Pronto conmemoraremos su nacimiento en un pesebre, y su muerte que acabamos de recordar no es un acto menos llamativo para un rey. Evidentemente, su Reino "no es de este mundo", y no se basa en opulencia ni en apariencia, sino en paz, justicia y perdón.

Volviendo al ejemplo de marras, ni Chávez ni el Rey Juan Carlos se bajan del burro y se piden disculpas. Por contra, nuestro rey Cristo perdonó a sus asesinos en la cruz y solicitó al Padre que no le tuviera en cuenta ese delito... efectivamente, su Reino no es de este mundo...

En fin, que hoy que parece que está de moda el debate entre Monarquía o República, yo os invito a todos a que sigamos al único Rey, Presidente o como queramos llamarle que merece la pena: Jesús de Nazaret.

martes, 20 de noviembre de 2007

El rey y el halcón

De nuevo os copio un cuentecito que me han pasado por internet y que me parece muy sugerente:
"Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasado unos meses el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía, no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó. El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar. Al día siguiente, el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón.
A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey le dijo a su corte, "Traedme al autor de este milagro."
Su corte le llevó a un humilde campesino. El rey le preguntó: "¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un mago?".
Asombrado, el campesino le dijo al rey, "Fue fácil, mi Señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar."
¿Es bonito, verdad? Cuantas veces a nosotros nos pasa como a ese halcón: que no hemos descubierto nuestra valía y nos da miedo abandonar la ramita a la que nos aferramos miedosos y autoencadenados. Ojalá los cristianos aprendamos a volar sin miedo, a dar testimonio de Cristo y emplear nuestros talentos invirtiéndolos en caridad, y no escondiéndolos bajo tierra como en la parábola de los talentos...
Un saludo y a volar...

martes, 13 de noviembre de 2007

Cumpleaños feliz

Queridos amigos/as: nuestro blog (mío porque escribo y vosotros porque lo leeis) cumple mañana un añito. Parece que fue ayer cuando comenzó, y han pasado ya 365 días...
He publicado 102 artículos, casi uno cada tres días, aunque tengo que reconocer que últimamente estoy más liadillo y he aflojado el ritmo... Algunos han sido más comentados que otros, pero todos los he escrito desde el cariño y el deseo de transmitir un poco de la fe que Dios me ha regalado.
Muchos han sido los ánimos que he recibido, sin ellos seguro esta aventura no habría durado tanto, muchas gracias a todos los que habéis dado vuestra opinión a lo largo de este tiempo.
No creía que este blog iba a tener tanta repercusión cuando lo comencé. Más de 500 personas han visualizado mi perfil. La mayoría no los conozco, muchos se han puesto en contacto conmigo a través de mi email para pedirme consejo o ayuda en determinados temas.
Si me tuviera que quedar con un tema, creo que sería el referente al libro del Padre Gabriel Amorth "Habla un exorcista". Desde latinoamérica recibí bastantes emails acerca de posesiones y exorcismos. Un sacerdote me pidió fotocopia integra del libro pues está agotado. Creo que es un tema que la Iglesia pasa por alto pero que es impactante y necesitado de muchas clarificaciones.
Espero que tengamos un bonito futuro juntos por delante. Seguimos la aventura.

martes, 6 de noviembre de 2007

Somos víctimas y verdugos

"Cuarenticinco inmigrantes senegaleses mueren victima del hambre, la sed y el frío", titula ahora mismo la edicion digital de "El Mundo" que me gusta leer todas las tardes. Llevamos años leyendo noticias de este tipo. Aunque ahora se hable de "cayucos" y no de "pateras", intentan entrar en Canarias los que antes buscaban el Estrecho. Imagino sus caras de desesperación al no avistar la tierra prometida que tan bien les habrían vendido. Cuentan que se perdieron casi al salir de su tierra, lo que supone una lenta y penosa agonía. Atrás dejaban casa, familia y el poco dinero del que disponían para lanzarse a una peligrosa aventura. Su última aventura. Salen de su tierra porqué no pueden alimentar a sus mujeres e hijos. Alguno de sus famélicos niños quizás le preguntara a su padre cuando se iba: papá, ¿adónde te vas?, ¿volverás pronto...?. Seguro le hablaría de un bonito viaje tras el cual volvería lleno de dinero y alimentos para todos ellos. Nunca podrán cumplir sus promesas, nunca volverán para explicarle que les habían engañado, que el viaje no era tan fácil ni tan cómodo como le habían asegurado. Aquel malnacido que le cogió sus ahorros y le aseguró que no corría peligro alguno los engañó a todos y los embarcó en una travesía macabra.

Pero no es ése mercader de humanos el único culpable. También nosotros leemos esta noticia y nos quedamos tan tranquilos. Para nosotros sólo son un número. A fin de cuentas no conocemos sus nombres, ni sus rostros, ni sus familias. No hemos conversado con ellos, no les hemos visto nerviosos intentando divisar la costa que nunca llegaba. Mañana o pasado otra noticia parecida nos volverá un poco más insensibles. Y protestaremos porque nuestro equipo de fútbol no ha ganado hoy o porque ha subido el pan y la leche, o porque el teléfono no tiene cobertura.... Iremos programando nuestras comilonas navideñas, nuestros caros regalos vacíos de cariño y miraremos hacia otro lado. Es la penosa condición humana que prefiere ignorar el sufrimiento antes que compartirlo. Ojos que no ven, corazón que no siente. No nos vendría mal un mes en una cabaña de Senegal. O en un orfanato de niñas chino. O en un poblado acosado por la guerrilla Colombiana. O en los suburbios de Madrid, Barcelona o Sevilla. No hay que ir tan lejos.

A nivel individual somos inocentes, eso es cierto. Somos afortunados de haber nacido en un pais rico, en una familia acomodada y demás fortuna que no hemos merecido. Casi se puede decir que somos víctimas de una sociedad que no hemos escogido. Pero esa misma sociedad, la que disfrutamos en todo su confort, nos convierte en cómplices de esta injusticia. Y el Vaticano II nos dice que la paz es el fruto de la justicia. No puede haber paz en esta situación. No quiero ser apocalíptico, pero me temo que mucho antes del calentamiento global y de que los casquetes polares se derritan y todas esas calamidades, algo gordo va a pasar. No hay justicia. Es evidente que no puede haber paz.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Cristo y el ermitaño

Os copio un cuentecito que he encontrado en la red y que quiero compartir con vosotros:

Cuenta una antigua Leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción.En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.
Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso.
Se arrodilló ante la cruz y dijo:
"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz."
Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta. El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:
"Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."
"¿Cuál, Señor?, - preguntó con acento suplicante Haakon. ¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!"- respondió él viejo ermitaño.
"Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar silencio siempre."
Haakon contestó: "Os, lo prometo, Señor!" Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz.
El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.
Pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.
Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa.
Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.
El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:
¡Dame la bolsa que me has robado!.
El joven sorprendido, replicó: ¡No he robado ninguna bolsa!.
¡No mientas, devuélvemela enseguida!.
¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!, afirmó el muchacho.
El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: ¡Detente!
El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Éste quedó anonadado, y salió de la ermita.
El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.
Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo:
"Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio."
"Señor, - dijo Haakon - , ¿Cómo iba a permitir esa injusticia?"
Se cambiaron los puestos. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz.
El Señor, siguió hablando: "Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada.
Yo sí se. Por eso callo."
Y el Señor nuevamente guardó silencio.