martes, 27 de enero de 2009

El cuento del pescador

Creo que uno de los mayores males de nuestra sociedad es el poco tiempo que le dedicamos a los demás. Uno tiene que comenzar por entonar el Mea culpa, y reconocer que metido en mil tareas, a veces es difícil sacar tiempo para la familia, para los amigos e incluso para la oración con Dios.

Pero cuando miro a las personas que me rodean, veo que su situación no es mucho mejor. El trabajo absorbe el 90% del tiempo de una persona, l0% que hace que apenas haya contacto en el matrimonio y mucho menos con los hijos. Ni hablar del resto de la familia o de las amistades, para quien apenas hay unas reuniones navideñas o unos ratos veraniegos.

Esta sociedad está definitivamente mal montada. Pasamos toda una vida esclavos del trabajo para enfermar y morir en breve cuando llega la tranquilidad de la jubilación. Como dicen las personas mayores de nuestra sociedad "Cuando era joven y podía comer de todo, no había dinero para comprar nada; ahora que puedo comprarme lo que quiera, el médico me ha quitado de todo..."

La incorporación al mercado laboral de las mujeres ha tenido muchas cosas positivas, no lo dudo, pero no me parece que a nivel familiar estemos mucho mejor que cuando un sólo cónyuge trabajaba en la casa y siempre había un referente -las madres, por lo general- para educar a los hijos y estar pendientes de los deberes, las comidas, y todo lo relacionado con la casa.

No se. puede que me esté haciendo mayor y lo que tenga es nostalgia del hogar que gracias a Dios me tocó vivir en la infancia, pero de verdad que miro a mi alrededor y me parece que muchas madres han perdido su sitio en la familia, relegando la educación de sus hijos a abuelos/as, cuando no a la tv o a la calle. Dirán que no quieren renunciar a la vida laboral, y me parece muy bien, ¿Pero tiene que ser a costa de renunciar a la maternidad en todas sus dimesiones? Me parece que el concepto de maternidad actual es traer hijos al mundo, y eso dista mucho de lo que para mí tiene que ser una madre -o un padre-. Y todo ese esfuerzo laboral para tener unos ingresos extras con los que tener un potente aire acondicionado-calefacción, piscina y un par o tres de coches en el garaje. No me cabe duda que las casas del x. XXI son las mejores y más acondicionadas que nunca, pero ¿existen hogares como los de antes?

Bueno, solo pretendo hoy hablar en voz alta, no tengo soluciones ni creo que sea fácil hayarlas, pero a modo de ilustración ahí va esta historia que tiene que hacernos pensar a todos:

"Un importante banquero inversionista estaba en el muelle de un pueblecito costero cuando llegó un botecito con un solo pescador.
Dentro del bote había un par de atunes de buen tamaño. El banquero elogió al pescador por la calidad de su pescado y le preguntó:
- “¿Cuánto tiempo tardó en pescarlos?”
A lo que el pescador respondió:
- “Sólo un par de horas”.
El banquero luego le preguntó:
- “¿Porqué no permanece más tiempo y saca más pescado?”
El pescador le contestó que con eso tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.
El banquero luego preguntó:
- “Pero.. ¿qué haces con el resto de tu tiempo?”.
El pescador le dijo:
- “Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, me hecho una buena siesta con mi señora, luego voy con ella todas las noches al pueblo, donde paseamos y estamos juntos hasta que anochece. Como ves tengo una vida divertida y ocupada.”
El banquero replicó:
- “Soy un Técnico en Finanzas y Gestión de Empresas, licenciado por Harvard y creo que podría ayudarte. Deja que te explique… deberías pescar unas 12 horas al día, con esos ingresos comprar un bote más grande, y emplear un par de pescadores jóvenes más con salarios bajos. En un par de años, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, para que en unos 15 años a ese ritmo pudieras tener tu propia flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un Centro Comercial, y más adelante abrir tu propio puesto en un mercado. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Entonces será el momento de salir de este pueblecito e irte a la capital, donde manejarías tu empresa en expansión”.
El pescador preguntó:
- “Pero, cuanto tiempo tarda todo eso?”.
A lo cual respondió el banquero:
- “Entre 20 y 25 años”.
-“¿Y luego qué?” -replicó el pescador.
El banquero sonrió y le dijo que esa era la mejor parte. - “Entonces se abren interesantes posibilidades financieras. Cuando llegue la hora, si quieres seguir prosperando puedes lanzar una OPA a otra empresa más endeble, y hacerte con ella siendo doblemente rico. La otra posibilidad, que te recomiendo, si ya estás cansado, sería la de anunciar una IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones”.
- “Millones… ¿y luego qué?” -replicó el pescador.
- "Entonces ya te puedes retirar. Te marchas a un pueblecito en la costa donde puedas dormir hasta tarde, pescar un par de horas, jugar con tus nietos, echar una siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo a pasear con ella…”.
- “¡Pero si eso es justamente lo que ya hago...!” -replicó el pescador. "

martes, 20 de enero de 2009

Otro cuento sobre el cielo y el infierno

Una semana más me han mandado un cuento que quiero compartir con vosotros. Casualmente, presenta la misma temática cielo-infierno del de hace unas semanas -aquel de los pucheros y las cucharas- aunque este me parece más tierno si cabe. Está extraído del libro de Paulo Coelho "El demonio y la señorita Prym". Con su espiritualidad habitual, el brasileño nos deja esta joyita que me parece un auténtico y refrescante caramelo que espero saboreéis.

"Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle.
Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente. Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición.
La caminata era muy larga, cuesta arriba. El sol era fuerte y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Precisaban desesperadamente agua.
En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina.
El caminante se dirigió al hombre que desde una garita cuidaba de la entrada.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.
-Esto es el cielo -fue la respuesta.
-Qué bueno que llegamos al cielo, tenemos mucha sed -dijo el caminante.
-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.
-Mi caballo y mi perro también tienen sed. -dijo el hombre
-Lo lamento mucho -le dijo el guarda-. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino.
Después de mucho caminar cuesta arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra, con árboles de ambos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía...
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?
-Cielo -respondió el hombre.
-¿Cielo? ¡Pero si el hombre en la guardia de al lado del portón de mármol me dijo que allí era el cielo!
-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.
El caminante quedó perplejo.
Dijo:-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.
-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos."

martes, 13 de enero de 2009

Reflexiones acerca del Bautismo

En un comentario a mi último post, el amigo Alfonso hacia mención a la problemática que surgirá cuando parejas homosexuales quieran bautizar a sus hijos. Ha coincidido sacar este tema con que este domingo hemos celebrado la fiesta del bautismo de Jesucristo como colofón a las celebraciones litúrgicas Navideñas. Ambos temas me parecen propicios para exponer algo de la doctrina católica sobre el bautismo y aclarar algunos conceptos. De entrada comentaros que el tema lo tengo bastante estudiado, ya que al ser el profesor de sacramentos en el obispado de Jerez he tenido que documentarme abundantemente al respecto y resolver muchas dudas de casos semejantes a éste.
No me cabe duda que el tema de los bautizos de los hijos de las parejas homosexuales traerá cola. Y no porque se trate de casos demasiado distintos al de los hijos de las parejas que no están casados canónicamente, sino porque intuyo que las veces en los que se niegue el bautismo a los hijos de estas parejas serán utilizados por la maquinaria mediática (especialmente por la más mayoritaria y afín al gobierno) para denostar a la Iglesia. Conviene por ello precisar términos y estar preparados para un nuevo e injusto linchamiento que no tardará en llegar.
Lo primero que tenemos que clarificar, y es algo comúnmente desconocido, es que el bautismo no es ningún derecho de nadie. Nadie es digno de recibirlo ya que es un don de Dios que a través de la Iglesia se concede gratuitamente. La Iglesia sí tiene como deber Evangelizar y sacramentalizar a los que libremente acepten, profesen y vivan la fe católica. En la Iglesia primitiva, este esquema quedaba muy claro ya que los que se bautizaban eran adultos convertidos del paganismo o del judaísmo, que abrazaban la fe en Cristo y recibían el bautismo tras un largo catecumenado. El sacramento del bautismo es una consecuencia de la fe creída, profesada y vivida moralmente. Era impensable bautizar a alguien que no viviera y creyera la fe y la moral de la Iglesia.
La conversión del Imperio Romano al cristianismo, la amplia mortandad infantil y una desafortunada expresión de San Agustín (“Los niños que mueren sin ser bautizados van directamente al infierno”) hacen que lo habitual a partir del siglo III sea la práctica del bautismo de infantes. A nivel teórico, sin embargo, nada cambia con respecto a la teología sacramental. Es impensable en estos siglos el bautismo de un niño que no sea fruto de un matrimonio cristiano. Son los padres, por ello, los que se hacen cargo de que el niño sea educado en un contexto de fe adecuado, dentro de la familia, y con unas garantías de que ese bautismo será eficaz a la llegada del uso de razón en el niño. La figura del padrino surge precisamente para asegurar la transmisión de la fe en ausencia de los progenitores.
De unas décadas a esta parte surge el problema práctico que hoy estamos viviendo: ¿Qué pasa cuando no hay un matrimonio cristiano?, ¿Qué pasa con los hijos de divorciados, separados vueltos a casar civilmente, madres solteras o inseminadas artificialmente, (en esta retahíla entrará este nuevo caso de parejas homosexuales)?, ¿Dónde queda la garantía de la fe cuando ya se ha renunciado a vivir el sacramento del matrimonio?, ¿No habría que negar el bautismo a los hijos de quienes libre y públicamente ya no viven cristianamente?.
Y aquí es donde entra el follón (permítaseme la expresión) ya que no hay una legislación canónica taxativa al respecto. Se intenta llegar a acuerdos arciprestales o diocesanos pero éstos no son vinculantes más que moralmente, nunca jurídicamente. Lo único que se pide a la hora de bautizar a un niño es que alguien (no necesariamente los padres, aunque es lo más común) se haga cargo de la educación cristiana del niño. Así es que te puedes encontrar con un párroco más estricto (que te niegue el sacramento) o más permisivo (que te bautice al niño). Generalmente sí se puede asegurar que la práctica más común hoy en día es la de la laxitud. No se si cambiará con el tiempo, pero lo que normalmente hacemos los sacerdotes en todos los casos enunciados anteriormente es buscar unos padrinos que cumplan el requisito de estar casados canónicamente, para que así el niño tenga al menos un modelo de matrimonio cristiano.
Pero insisto, en ningún caso (ni heterosexual ni homosexual) podemos hablar del derecho a bautizarse. El bautismo, estrictamente hablando, no es ningún derecho de nadie, por lo que al ministro le cabe la posibilidad de discernir si bautizar o no a un niño según su criterio de garantía de la educación cristiana posterior.
Aquí es donde aviso que surgirán los problemas, ya que habrá que estudiar caso por caso y cualquier decisión recaerá únicamente (si no hay criterios pastorales comunes en el pueblo, arciprestazgo, diócesis, Conferencia Episcopal…) sobre la conciencia del ministro. Si un sacerdote ve garantías de educación y pone padrinos correctos y bautiza al niño, obrará bien. Si un sacerdote no ve garantías de educación cristiana y se niega a bautizar, también obrará correctamente. Las comparaciones no tardan en llegar (¿Por qué al hijo de fulanito se le bautiza el niño y a mí no?) pero os aseguro que ya hoy en día convive esta doble práctica sin salir en los telediarios.
El debate está abierto, el problema traerá cola. Como veis la normativa será la misma para parejas heterosexuales no casadas canónicamente que para parejas homosexuales, pero la repercusión mediática no será la misma.
Será Roma o los obispos los que tendrían que proponer unos criterios orientadores a los ministros previendo la nueva situación que va a venir, pero me temo que la polémica se adelantará a esos criterios.
Ahora os toca opinar a vosotros. Espero vuestros comentarios y vuestro voto en la encuesta. por cierto, aseguraros que cuando votáis el voto queda registrado y sube un número donde pone "número de votos". No se que le pasa que me han comentado que falla más que una escopeta de caña. Gracias