lunes, 22 de octubre de 2012

Un ejemplo actual de fe: Nicola Leggrotaglie


Los que me conocéis sabéis de mi pasión por el fútbol como mi hobby favorito. Me encanta jugarlo (aunque los años no pasan en vano…) verlo y escuchar todo lo relacionado con este deporte. 

Sin embargo, el deporte en general y el fútbol en particular es un mundo donde parece que Dios está ausente. Cierto, muchos futbolistas se santiguan al saltar al terreno de juego, o al marcar un gol, pero lo hacen más como un gesto supersticioso o automático que como un acto religioso en sí. Miradas al Cielo, dedos que apuntan a lo alto, dedicatorias a seres queridos difuntos… hacen que al menos algunas reminiscencias cristianas queden cuando uno ve un partido por televisión. Menos es nada, pero ciertamente son pocas las estrellas del fútbol que confiesan su fe en Dios y en Cristo. Hace unos años escribí acerca de Kaká, hoy lo hago de un jugador italiano: Nicola Leggrotaglie. Desgraciadamente ninguno de los dos es católico, aunque sí cristianos evangelistas. Haremos hoy un paréntesis ecuménico para alabar a estos hermanos cristianos nuestros. Ojalá sus ejemplos y sus testimonios sean estímulo para que otras muchas estrellas (no podemos olvidar que son referentes éticos y morales para nuestros jóvenes) hagan pública su fe y la defensa de los valores cristianos.

Como os comento, en este desierto espiritual me ha llamado mucho la atención la “confesión” pública de fe que ha realizado este jugador internacional italiano, quien no se ha cortado un pelo a la hora de conceder una entrevista e incluso de publicar dos libros para explicar su cambio de vida: Ho fatto una promessa (He hecho una promesa) y Cento volte tanto (más de cien veces). Nicola tiene ahora 36 años, ha sido 17 veces internacional con la selección italiana y ha jugado en equipos como el A.C. Milán o la Juventus de Turín. Actualmente juega en el Catania de la Serie A (1ª División) italiana. 

De su etapa en la Juve destaca: “Tenía veintipocos años pero estaba vacío por dentro. Salía con mis compañeros de equipo por las noches, iba a las fiestas, tenía fama, dinero, éxito con las chicas... pero, una vez que volvía a casa, me preguntaba: ¿qué me ha quedado de esta noche?... Estaba viviendo el sueño de mi vida, había trabajado toda mi vida para llegar ahí... Y, sin embargo, me sentía solo"

Nicola Reconoce que en esta época de su vida llegó a convertirse en un auténtico adicto al sexo: "Toqué fondo humanamente hablando. Todas las semanas estaba con alguna distinta. Veía a una mujer y la deseaba sexualmente. Después, sin embargo, cuando ya la había conseguido, no me preocupaba lo más mínimo por ella y esto me hacía sentirme mal, pero era como si no pudiera evitarlo". 

A raíz de las conversaciones con un compañero, Tomás Guzmán, y con la esposa de éste, tuvo un acercamiento más profundo a Dios y a la Religión Cristiana. "Ahora por las noches quedo con un grupo de amigos de Turín a leer la Biblia, organizamos cenas en una pizzeria o en casa, incluso cantamos y lo pasamos genial…" Está soltero y vive en castidad: "Sé que Dios ha elegido para mí la persona justa, estoy solamente esperándola. Un día Dios me hará ver que ésa es la mujer justa para mi. Dios me está dando serenidad para afrontar de la mejor manera posible estos años de mi vida. Me arrepiento de parte de mi pasado pero sé que Dios es un Padre bueno que perdona siempre".

Lo dicho, vaya ejemplo de fe cristiana y que sabiduría se encierra en una persona que ha descubierto que lo material no puede dar la felicidad, que hay otros valores espirituales que son los únicos que pueden llenar el corazón de una persona. Su ejemplo (salvando las distancias y la época...) recuerda a la conversión de San Agustín, quien paso de dar culto al mundo a dar su vida por Dios y por el Evangelio como nos narra en sus Confesiones: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste y clamaste hasta romper finalmente mi sordera. Con tu fulgor espléndido pusiste en fuga mi ceguera. Tu fragancia penetró en mi respiración y ahora suspiro por ti. Gusté tu sabor y por eso ahora tengo más hambre y más sed de ese gusto. Me tocaste y con tu tacto me encendiste en tu paz”.  

Que alegría ver que siglos más tarde Dios sigue tocando el corazón de las personas, y que alegría ver que dan testimonio y lo comparten con los demás...

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