sábado, 24 de noviembre de 2012

Milagro en la Piscina

Os dejo hoy una historia corta que he visto por internet y que me ha encantado... Una historia preciosa y muy interesante, eso sí, yo como siempre la he transformado un poco, la he puesto en primera persona y le he dado mi toque personal....

Aquel día no debía ir a entrenar, ya que me habían dicho que la piscina estaría cerrada. Pero yo soy muy terco, la competición estaba ya muy cercana y no quería perder ni un solo momento para practicar. Así que fui, y me llevé una gran alegría cuando vi que la puerta del recinto estaba abierta. Eso sí, apenas había luz, por lo que casi a tientas me cambié como pude en el vestuario y subí casi a ciegas al trampolín, dónde un pequeño foco iluminaba de abajo hacia arriba débilmente el pabellón. 

“Tengo que practicar muchos saltos hoy, seguro que gano la medalla de oro si me esfuerzo...” - Pensé mientras adoptaba la postura inicial. Me puse completamente erguido, extendí mis brazos en cruz y... 

...Entonces, como un flash, quedé impactado con mi propia imagen que se reflejaba en el techo. Me vi y recordé a Cristo crucificado. Hacía años que no rezaba, y mucho más tiempo aún que no entraba en una Iglesia. Sin embargo, aquella imagen llegó hasta lo más profundo de mi corazón. Recordé aquellas imágenes que había visto de pequeño de Cristo crucificado, y lo que me habían contado mis catequistas y los sacerdotes acerca del gran sacrificio que  Cristo había hecho en la cruz muriendo por nosotros. 

"Bueno, un poco de oración no me vendrá mal"… pensé… Así es que en lugar de lanzarme a la piscina, me arrodillé en el trampolín y comencé a rezar… Quizás, volví a reflexionar,  hasta Jesús me ayudaría a que mi salto el día de la competición fuera perfecto… No recuerdo cuanto tiempo estuve arrodillado rezando, ya que me detuve un rato a recitar las oraciones que todavía lograba recordar, pero sólo recuerdo que de pronto, todo se iluminó y empecé a oír voces… 

Me incorporé en el trampolín y asomé la cabeza hacia abajo… 

Unos hombres vestidos con unos monos azules me vieron con cara de sorpresa y me dijeron: 

"¡Pero chico, que te pasa, baja de ahí…! ¿NO SABÍAS QUE LA PISCINA ESTÁ HOY VACÍA Y VENIMOS A LIMPIARLA…?"

Bonita historia, ¿verdad? como ya hemos comentado muchas veces, es otro de esos cuentecitos que nos hacen ver que Dios puede actuar en los acontecimientos más insignificantes y cotidianos de nuestra vida, ¡Solo hay que tener los ojos bien abiertos para descubrirlo...!

1 comentario :

  1. Raquel Rallo Muñoz6 dic. 2013 13:30:00

    Me ha gustado mucho este breve relato de como dios nos hace ver que esta ahí siempre para ayudarnos en el día a día. Admiro como el jóven del cuento practica para ser el mejor y adopta una posición para saltar, y se da cuenta de que esa postura le recuerda a dios y en vez de seguir practicando, se para y se pòne a rezar para que dios le ayude. Ojalá en mis momentos cotidianos, dios, me haga ver que está ahi conmigo y así nunca perderé la esperanza de que está ahí para lo bueno y para lo malo.

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