domingo, 23 de abril de 2017

Historia de una monja (The Nun´s Story, EEUU, 1959)

Comento hoy una película que me ha sorprendido gratamente tanto por la manera en la que está realizada como por su inesperado desenlace final. Es una película fresca, por la que no ha pasado el tiempo, y que más allá de los condicionantes históricos y culturales cuenta una historia que bien podría ser contemporánea a pesar de los 60 años que cumplirá en breve. 

De metraje largo (152 minutos) no se hace pesada en ningún momento. Es más, deja la sensación de que si incluso hubiera sido un poco más larga la historia habría ganado, aunque los intereses comerciales hacen que este tipo de películas se acorten.

Historia de una monja cuenta la historia real de Marie Louise Habets (Audrie Hepburn), una joven belga hija de un famoso médico que decide cambiar su vida como enfermera por los hábitos de monja para cumplir su sueño de ser misionera.

La primera parte de la película es una puesta en escena perfecta de las interioridades de un convento, proceso por el que Marie Louise se convertirá en la hermana Lucas tras pasar por el postulantado, el noviciado y los votos simples y perpetuos. Va quedando claro que se trata de un periodo largo, no exento de dificultades, dudas, incomprensiones... tras los que la candidata tiene que formalizar sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Se trata de una continua lucha espiritual en el que debe ir desterrando sus recuerdos, su orgullo y sus deseos mundanos para alcanzar la perfección de la vida consagrada. 

La segunda parte de la película narra sus comienzos como monja en un hospital psiquiátrico de Bruselas hasta que finalmente puede cumplir su sueño de ser enfermera en el Congo Belga. Allí es feliz durante un tiempo hasta que contrae una tuberculosis que sin embargo logrará superar con su fuerza interior y con la ayuda del Doctor Fortunati (Peter Finch). No obstante, su delicada salud aconsejan su vuelta a Europa para recuperarse definitivamente, con la esperanza de volver un día a las misiones.

Comienza así la tercera y última parte, en el que estalla la Segunda Guerra Mundial y Bélgica es ocupada por los nazis. Su padre es ejecutado por ayudar a la resistencia, provocando una nueva lucha interior en la hermana Lucas, cuyo corazón le dice que debe perdonar a sus enemigos -como ha hecho otras veces- pero su cabeza le pide dar un giro radical a su vida.

A mi juicio se trata de una obra maestra del Cine que profundiza en aspectos tan complejos como la vocación religiosa, la obediencia ciega, el perdón a los enemigos, la realización personal o la entrega incondicional de la propia vida. Me resulta además muy convincente que las dudas vocacionales de la hermana Lucas no nazcan del voto de castidad (como siempre suele pensarse en estos casos) sino en el voto de obediencia. Como curiosidad hay que resaltar que el film contó con el beneplácito del propio Vaticano, el cual dispuso varios asesores para cuidar los aspectos religiosos del film en todo momento. Un detalle que no es menor, ya que quien vea la película (e insisto, su desenlace) podrá comprobar que no es precisamente una película proselitista. 

miércoles, 12 de abril de 2017

La Pasión (The Passion of the Christ, EEUU, 2004)

Es imperdonable que hayan tenido que pasar 13 años para escribir esta entrada. De hecho creía que ya la había realizado, pero el otro día, repasando las 32 películas cristianas que hasta la fecha he analizado me percaté de que faltaba esta. 

Y no será porque no la haya visto veces. Recuerdo que el año que la estrenaron en los cines fui dos veces a verla. Como dijo por aquel entonces un amigo mío en tono jocoso: "La primera vez, a ver la paliza que le daban, y la segunda a ver si le daban lo mismo o se escapaba antes...". Bromas aparte -en un  tema que se presta poco a ellas- desde aquel entonces raro es el año que no termino viéndola completa o al menos algún fragmento que engancho en la Tv. 

Creo que en estos años que han pasado se ha hablado mucho de la película, y el tiempo transcurrido desde entonces la ha puesto en su sitio. Aquellos que la acusaban de excesiva violencia ahora tienen que callar, ya que cualquier telediario de la actualidad o incluso cualquier película contemporánea presenta más violencia gratuita que La Pasión de Mel Gibson. 

Precisamente el matiz que a mi juicio diferencia a esta película de cualquier otro film histórico es que desde un punto de vista artístico intenta apoyar la espiritualidad y la mística cristiana. De hecho, la mayor parte del film se basa en las revelaciones de la Beata Ana Catalina Emmerick, además por supuesto de los Evangelios y la tradición popular de la Iglesia. Quien ve la película no permanece impasible ante tanto sufrimiento. Un sufrimiento que no es únicamente físico, sino espiritual de todo un Dios hecho hombre que se deja humillar por la maldad de la condición humana pecadora. 

¿De qué me sirve a mi ver la tortura de cualquier otro personaje de la historia? Creo que absolutamente de nada, y sin embargo existe todo un universo comercial gore que se recrea en la violencia por la violencia. El caso de Cristo es distinto, ya que no se ve la película por contabilizar cuantos golpes recibió o cuantas gotas de sangre derramó. El mensaje que intenta transmitir el film para un creyente es que todo ese sufrimiento tuvo un sentido redentor. Cada uno de nuestros pecados está representado de alguna manera en la tortura que Cristo sufrió, y su mansedumbre y aceptación del dolor obtuvieron para nosotros el perdón de los pecados cuando nos arrepentimos de corazón de ellos. Si la película mueve al arrepentimiento y al cambio de vida habrá conseguido su fin último. Si se queda solo en una perspectiva histórica creo que se queda a medias, haciendo disfrutar a los más sádicos y sufrir a los más sensibles.

En mi caso concreto no hay una sola vez que vea la película y no me mueva a una oración, con lo que creo que ya consigue su propósito...

martes, 4 de abril de 2017

Jesús y la mujer adúltera

Hay pocos textos bíblicos tan bonitos, tan cargados de emoción y de sentimiento como este que hoy comentamos. En él se manifiesta todo lo que Dios es: amor, perdón y comprensión. A partir de una historia conmovedora, Jesús transparenta de manera visual de qué pasta están hechas las entrañas del Padre. Lo hace además esquivando una trampa sibilina de los escribas y fariseos, que buscaban motivos blasfemos para eliminar al que creían falso profeta. 
Antes de analizarlo, lo primero que os pido es que refresquéis la memoria releyendo una vez más el texto de San Juan, 8, 2-11:

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. 
Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. 
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 
Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. 
Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» 
Ella respondió: «Nadie, Señor.» 
Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.».

Algunas claves de interpretación del texto que os ofrezco son las siguientes:

- En primer lugar, como ya he comentado, Jesucristo es puesto a prueba con una trampa sutil. Escribas y fariseos se basan en la propia Biblia para pretender ajusticiar a la acusada. En efecto, en el libro del Deuteronomio 22,22 se puede leer:  "Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.". Es curioso no obstante que en esta escena los escribas y fariseos omiten el castigo al hombre, reflejando la mentalidad machista de sus grupos religiosos. Centrándonos en el dilema, si ante la acusación de adulterio y la pregunta ¿Tú qué dices?, Jesús responde que es injusto lapidarla, se hubiera puesto en contra de la ley de Moisés, lo cual era motivo suficiente para desacreditarlo ante el pueblo de su condición de presunto Mesías. Si por contra hubiera dicho que sí es justo lapidarla, ¿dónde hubieran quedado el perdón y la misericordia que llevaba tiempo predicando?...

- Frente a este ardid de escribas y fariseos Jesucristo no va a responder directamente a la cuestión planteada, sino que da un rodeo sugiriendo que el que esté libre de pecado tire la primera piedra. Con ello plantea una cuestión interesante. Solo a Dios corresponde juzgar a las personas, por lo que nadie tiene derecho a condenar a nadie. No hablamos evidentemente de la justicia civil, que debe seguir su cauce y ser respetada, pero sí de la justicia divina. Únicamente Dios conoce el interior de las personas y sabe los condicionantes y los contextos vitales por los que una persona actúa de una manera y no de otra. Por lo tanto este relato es toda una lección de humildad para que evitemos hacer juicios de las vidas de las demás personas, ya que solo a Dios compete esa tarea. Es curioso el sarcasmo del Evangelista San Juan anunciando la retirada de los acusadores, comenzando por los más viejos, en quienes podemos sospechar que por el paso de los años se habrían acumulado más pecados.

- También me gustaría destacar el hecho de que Jesús siempre antepone la persona a las leyes. Tal y como había dicho ya al comienzo del Evangelio de San Marcos (Mc. 2, 27) a propósito del día de descanso: "El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado".  Es una constante en toda su predicación que las leyes deben estar al servicio de las personas y no al revés. La ley por la ley nunca es suficiente, ya que debe obedecer a un propósito y ser entendida en un contexto. Este texto es una prueba más de que con Jesucristo se pone fin al judaísmo, la religión de la ley y se da comienzo al cristianismo, la religión del amor. El A.T. que aparece como el origen de la acusación de la condena es superado por el N.T., en el que se antepone la salvación de Dios sobre el pecado de las personas.

- Por último, es necesario aclarar que toda la reflexión anterior sobre el perdón y la misericordia no justifica la existencia del pecado. La escena termina con las palabras de Cristo: "Vete, y en adelante no peques más". El perdón y la misericordia de Dios siempre triunfan, son gratuitos y desinteresados, pero para ser efectivos necesitan primero del arrepentimiento del pecador y después del compromiso de cambio de vida de la persona perdonada. La escena y las palabras finales de Cristo recuerdan a esos padres que intentando proteger a sus hijos de futuros peligros les dicen "...y no lo vuelvas a hacer...". Sin duda, Cristo, como buen pedagogo, actúa desde el amor y la comprensión, no desde el castigo o la condena. De esa manera esta demostrado que se aprende mejor la lección, ya que como dice el refrán "se consiguen más moscas con miel que con hiel"...