martes, 4 de abril de 2017

Jesús y la mujer adúltera

Hay pocos textos bíblicos tan bonitos, tan cargados de emoción y de sentimiento como este que hoy comentamos. En él se manifiesta todo lo que Dios es: amor, perdón y comprensión. A partir de una historia conmovedora, Jesús transparenta de manera visual de qué pasta están hechas las entrañas del Padre. Lo hace además esquivando una trampa sibilina de los escribas y fariseos, que buscaban motivos blasfemos para eliminar al que creían falso profeta. 
Antes de analizarlo, lo primero que os pido es que refresquéis la memoria releyendo una vez más el texto de San Juan, 8, 2-11:

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. 
Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. 
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 
Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. 
Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» 
Ella respondió: «Nadie, Señor.» 
Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.».

Algunas claves de interpretación del texto que os ofrezco son las siguientes:

- En primer lugar, como ya he comentado, Jesucristo es puesto a prueba con una trampa sutil. Escribas y fariseos se basan en la propia Biblia para pretender ajusticiar a la acusada. En efecto, en el libro del Deuteronomio 22,22 se puede leer:  "Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel.". Es curioso no obstante que en esta escena los escribas y fariseos omiten el castigo al hombre, reflejando la mentalidad machista de sus grupos religiosos. Centrándonos en el dilema, si ante la acusación de adulterio y la pregunta ¿Tú qué dices?, Jesús responde que es injusto lapidarla, se hubiera puesto en contra de la ley de Moisés, lo cual era motivo suficiente para desacreditarlo ante el pueblo de su condición de presunto Mesías. Si por contra hubiera dicho que sí es justo lapidarla, ¿dónde hubieran quedado el perdón y la misericordia que llevaba tiempo predicando?...

- Frente a este ardid de escribas y fariseos Jesucristo no va a responder directamente a la cuestión planteada, sino que da un rodeo sugiriendo que el que esté libre de pecado tire la primera piedra. Con ello plantea una cuestión interesante. Solo a Dios corresponde juzgar a las personas, por lo que nadie tiene derecho a condenar a nadie. No hablamos evidentemente de la justicia civil, que debe seguir su cauce y ser respetada, pero sí de la justicia divina. Únicamente Dios conoce el interior de las personas y sabe los condicionantes y los contextos vitales por los que una persona actúa de una manera y no de otra. Por lo tanto este relato es toda una lección de humildad para que evitemos hacer juicios de las vidas de las demás personas, ya que solo a Dios compete esa tarea. Es curioso el sarcasmo del Evangelista San Juan anunciando la retirada de los acusadores, comenzando por los más viejos, en quienes podemos sospechar que por el paso de los años se habrían acumulado más pecados.

- También me gustaría destacar el hecho de que Jesús siempre antepone la persona a las leyes. Tal y como había dicho ya al comienzo del Evangelio de San Marcos (Mc. 2, 27) a propósito del día de descanso: "El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado".  Es una constante en toda su predicación que las leyes deben estar al servicio de las personas y no al revés. La ley por la ley nunca es suficiente, ya que debe obedecer a un propósito y ser entendida en un contexto. Este texto es una prueba más de que con Jesucristo se pone fin al judaísmo, la religión de la ley y se da comienzo al cristianismo, la religión del amor. El A.T. que aparece como el origen de la acusación de la condena es superado por el N.T., en el que se antepone la salvación de Dios sobre el pecado de las personas.

- Por último, es necesario aclarar que toda la reflexión anterior sobre el perdón y la misericordia no justifica la existencia del pecado. La escena termina con las palabras de Cristo: "Vete, y en adelante no peques más". El perdón y la misericordia de Dios siempre triunfan, son gratuitos y desinteresados, pero para ser efectivos necesitan primero del arrepentimiento del pecador y después del compromiso de cambio de vida de la persona perdonada. La escena y las palabras finales de Cristo recuerdan a esos padres que intentando proteger a sus hijos de futuros peligros les dicen "...y no lo vuelvas a hacer...". Sin duda, Cristo, como buen pedagogo, actúa desde el amor y la comprensión, no desde el castigo o la condena. De esa manera esta demostrado que se aprende mejor la lección, ya que como dice el refrán "se consiguen más moscas con miel que con hiel"... 

No hay comentarios :

Publicar un comentario