lunes, 2 de abril de 2018

Exodus: Dioses y Reyes (Exodus: Gods and kings, EEUU, 2014)

Esta Semana Santa me hice el propósito de ver Cine únicamente religioso.  Me pareció justo comenzar por el Antiguo Testamento, por lo que inicié el ciclo viendo "Exodus", la revisión cinematográfica de Ridley Scott del segundo libro de la Biblia, el Éxodo. La película trata sobre la apasionante figura de Moisés y la historia de los orígenes de la Pascua judía, que no podemos olvidar es el fundamento de la Última Cena de Cristo.

La acción se sitúa 1.300 años antes del nacimiento de Cristo. A diferencia de la clásica "Los Diez Mandamientos", la película no da comienzo con un Moisés (Christian Bale) niño rescatado de las aguas, sino que desde las primeras escenas ya es el brazo derecho del faraón Seti hasta que descubra su pasado israelita y decida dar un giro radical a su existencia. Entonces se convertirá en el antagonista del nuevo faraón Ramsés (Joel Edgerton) El resto del argumento es de sobra conocido, incluyendo las plagas, el cruce del Mar Rojo y la elaboración de los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí.

Voy primero a ofrecer una crítica de la película en sí y después de sus aspectos bíblico-teológicos.

Respecto a lo meramente cinematográfico se trata de una superproducción en la que evidentemente los efectos especiales, el decorado, el vestuario o la música ayudan a meterte en situación y a pasar 150 minutos de puro entretenimiento y goce visual. Especialmente logradas me parecen las plagas tanto en su espectacularidad como en el intento de explicación "científica" que dan los consejeros al faraón. A veces se abusa un poco del los efectos digitalizados, pero el conjunto es bastante provechoso. Ciertamente la pareja Bale-Edgerton no le llega a la altura de los tobillos a la memorable Heston-Brynner, ni tampoco Scott es De Mille, pero en ese sentido me atrevo a decir que el listón estaba tan alto que ningún apellido hubiera resistido la comparación. Hay asimismo detalles evitables, como que Ramsés masque chicle siendo éste un invento americano del siglo XX ajeno completamente a la cultura egipcia precristiana. Supongo que un error tan de bulto no puede ser sino intencionado para intentar acercar la trama al espectador actual, que a fin de cuentas es el consumidor del producto. Como aspecto muy positivo a destacar, el cine moderno cuenta con un acercamiento mucho mayor a la psicología de los personajes que el clásico. Tal y como comenté en con el film Noé, uno de los puntos fuertes del film es la empatía que se produce entre el espectador y el protagonista. En este caso, se incide en su experiencia religiosa personal e intransferible, en su capacidad de liderazgo pero también en la soledad e incomprensión que ello conlleva. Como curiosidad patriótica decir que fue rodada en su mayor parte en España, concretamente en el desierto de Tabernas de Almería

Vamos ahora a la parte teológica, la más interesante a mi juicio. Partamos de la base de que no es fácil narrar un acontecimiento con más de 3.300 años de antigüedad del que su única fuente por cierto es la bíblica. De Mille lo tuvo muy claro en 1956 y no se metió en ningún jardín, limitándose a coger los textos bíblicos y transcribirlos a un guión sin dejar nada a la imaginación. Este film es muy distinto. En el caso de Scott hay mucha lectura libre de los textos, lo cual hace que la película sea insostenible bíblicamente hablando. La teofanía de la zarza ardiente y las posteriores conversaciones Dios-Moisés son el mejor exponente de ello. La experiencia religiosa de Moisés parte -por cierto- de un fuerte golpe en la cabeza (¿me podría decir en que versículo de la Biblia se ha basado para ello, sr. Scott...?) y a partir de entonces comienza a ver a un niño que le habla en nombre de Dios o es el mismo Dios, algo que no queda claro en el propio desarrollo de la trama. Quiero creer que es lo primero, ya que ponerle rostro al Dios del A.T. es una blasfemia tal que es inconcebible para la mentalidad hebrea el solo pensarlo. El Dios de Moisés es precisamente el Dios sin rostro que se antepone a los dioses antropomorfos o zoomorfos del resto de culturas antiguas. Como cristianos habrá que esperar a Cristo, el Hijo de Dios, para poner un rostro visible al Dios invisible. Para los judíos o musulmanes -que no creen en Jesucristo- evidentemente la imagen de Dios sigue siendo irrepresentable, por lo que el film -repito- debe ser más insultante aún para ellos. Dicho esto, hay que reconocer que sí hay una base de estudio bíblico que Scott ha tenido en cuenta a la hora de realizar el guión de la salida de Egipto. Hay mucha literatura acerca de posibles explicaciones racionales de las plagas y del cruce del mar Rojo que subyacen al film. Una posible concatenación de catástrofes naturales, una bajamar excesiva, un fuerte viento que secó las marismas, una vuelta brusca del nivel del mar... son explicaciones plausibles de la intervención de Dios para liberar al pueblo judío y que no se oponen a la fe. Sugerente pero también controvertida es la imagen final de Moisés cincelando los Diez Mandamientos mientras habla con su niño-amigo-Dios para consensuarlos entre ambos.

Por último, me gustaría apuntar un tema que el propio Ramsés echa en cara a Moisés, y es la de la imagen de un Dios sádico que para liberar a su pueblo manda 7 plagas, mata a los primogénitos de Egipto y causa tanto dolor y devastación. En la película el propio niño-Dios justifica estas acciones por los 400 años de esclavitud y humillación a los que el pueblo judío ha tenido que hacer frente. Yo personalmente prefiero quedarme con el Dios anunciado por Jesucristo, quien habiendo recibido una educación en la religión judía predicó sin embargo un Dios que es Padre, amor y perdón; y no odio y venganza. En este sentido la película me hace reafirmarme en mi fe y en el Dios Padre cristiano, una versión más civilizada del Yahvé del Antiguo Testamento que el film transmite.

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