El título de este post me recuerda aquellas amenazas de mis antiguos maestros (que gracias a Dios nunca tuve que experimentar...) con las que intentaban motivarnos para que nos esforzáramos durante el curso y poder tener un verano tranquilito.
El motivo de la cabecera es bien distinto. Son precisamente las vacaciones en agosto las que me van a mantener alejado de mi parroquia, de mis quehaceres cotidianos y, como consecuencia de ello, también de mi blog. Cierto que podría ir a un Ciber a escribir, pero creo que viene bien descansar también de este post semanal y retomarlo con más energías e ideas nuevas en septiembre.
El otro día me preguntaba mi amigo Arturo que cómo era que un cura se iba de vacaciones. Evidentemente que uno no se toma vacaciones de "ser cura", pero sí de sus obligaciones parroquiales. Se trata de despejar la mente para volver con las pilas cargadas al inicio del nuevo curso.
¿Que qué hace un cura en vacaciones? Pues lo que todo el mundo: Estar con mis padres y mi hermano, ir a la playita, leer -me esperan 1.200 páginas de "Un Mundo sin Fin"-, pasear y escuchar el mp3, ver lo poco que se puede de la tv., estar con los amigos de toda la vida... en fin, lo mismo que cualquier persona. Tengo la suerte de que mis padres están en Valdelagrana y os aseguro que la playa, además de para tostarse y remojarse, es el mejor sitio para meditar y rezar -con permiso de los Templos...-. Hay que tomarse vacaciones de todo menos de Dios, que ese va conmigo a todas partes...
Pues lo dicho, felices vacaciones para el que pueda y ¡nos vemos en septiembre!
