martes, 29 de julio de 2008

Nos vemos en septiembre

El título de este post me recuerda aquellas amenazas de mis antiguos maestros (que gracias a Dios nunca tuve que experimentar...) con las que intentaban motivarnos para que nos esforzáramos durante el curso y poder tener un verano tranquilito.

El motivo de la cabecera es bien distinto. Son precisamente las vacaciones en agosto las que me van a mantener alejado de mi parroquia, de mis quehaceres cotidianos y, como consecuencia de ello, también de mi blog. Cierto que podría ir a un Ciber a escribir, pero creo que viene bien descansar también de este post semanal y retomarlo con más energías e ideas nuevas en septiembre.

El otro día me preguntaba mi amigo Arturo que cómo era que un cura se iba de vacaciones. Evidentemente que uno no se toma vacaciones de "ser cura", pero sí de sus obligaciones parroquiales. Se trata de despejar la mente para volver con las pilas cargadas al inicio del nuevo curso.

¿Que qué hace un cura en vacaciones? Pues lo que todo el mundo: Estar con mis padres y mi hermano, ir a la playita, leer -me esperan 1.200 páginas de "Un Mundo sin Fin"-, pasear y escuchar el mp3, ver lo poco que se puede de la tv., estar con los amigos de toda la vida... en fin, lo mismo que cualquier persona. Tengo la suerte de que mis padres están en Valdelagrana y os aseguro que la playa, además de para tostarse y remojarse, es el mejor sitio para meditar y rezar -con permiso de los Templos...-. Hay que tomarse vacaciones de todo menos de Dios, que ese va conmigo a todas partes...

Pues lo dicho, felices vacaciones para el que pueda y ¡nos vemos en septiembre!

martes, 22 de julio de 2008

Otra despedida: El cura Carlos

Si hace unas semanas despedíamos en este blog a nuestro obispo diocesano, en el día de hoy volvemos a despedir a un ser querido, con el agravante de que en esta ocasión se trata de una necrológica.

Carlos González García Mier (1927-2008) ha sido un santo que muchas personas hemos tenido la suerte de conocer. Decir que era Párroco de los cuatro Evangelistas, fundador de los scouts, de los cursillos de Cristiandad, director espiritual del seminario... es quedarse en lo superficial. Él fue, ante todo, un sacerdote de los que quedan pocos.

Dicen que es fácil realizar alabanzas a quien ya no se encuentra entre nosotros, pero en este caso las alabanzas las recibió en vida. Quien tuvo el más mínimo roce con el cura Carlos percibía inmediatamente ese halo espiritual que lo hacía distinto a los demás. Tuve la fortuna de que fuera mi director espiritual en los dos primeros años de seminario, y fue él quien dirigió mis primeros pasos en mi caminar por aquella novedad que suponía el cambio de vida y la toma de decisiones tan importantes.

Siempre sonriente, siempre bromista sin caer en el falserío, constantemente irradiando bondad y evangelio por los cuatro costados, era un atractivo en los pesados y monótonos fines de semana del seminario. Una tarde -incluso una eucaristía con el cura Carlos- garantizaban un buen puñado de risas y un sentirse más cerca del Jesucristo al que queríamos seguir. Sus tarros de "murmuricida" y sus discernimientos entre los "demonios rojos" y "los verdes" son un clásico que seguirán perviviendo aunque su voz se haya apagado ya para siempre. Entre broma y broma, tenía el don de transmitir verdades como puños y encararte con el Evangelio.

Nunca quiso glorias, nunca curias ni historias, siempre será un cura del pueblo y para el pueblo, cercano, enorme en lo humano y en lo cristiano, pequeño a los ojos de este mundo que prefiere a quienes aparentan más pero están vacíos por dentro.

Descansa en paz, cura Carlos, e intercede por los que nos quedamos aquí. Que un día nos veamos en ese cielo que tanto predicaste y del que intentaste traer un poquito a la tierra. Seguro que tú ya estás allí.