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lunes, 6 de marzo de 2023

El Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís

En este Blog ya he comentado varias películas sobre San Francisco de Asís como Francisco, juglar de Dios (1950), Hermano Sol, Hermana Luna (1972) o su Oración de la Paz, pero aún tenía pendiente esta entrada de su no menos conocido "Cántico de las Criaturas", una hermosa oración / himno de alabanza a las maravillas creadas por Dios. Nada como escoger un lugar bello de la Naturaleza (montaña, playa, bosque...) en cualquier momento propicio para ello (amanecer, atardecer, el cielo estrellado...) para unir nuestras voces a las del Santo de Asís en la que me parece una plegaria de una belleza incomparable. 

Escrito entre 1224-25, es considerado uno de los primeros textos escritos en lengua italiana, aunque también contiene expresiones latinas y del dialecto umbro. La tradición cuanta que lo escribió ya en sus últimos años de vida, enfermo y casi ciego, con la ayuda de sus inseparables hermanos León y hermano Ángel, que fueron quienes lo divulgaron tras su muerte:

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.

Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Hay una versión del poeta español León Felipe, que es la que se usa en las oraciones litúrgicas y que a mi juicio no desmerece en nada a la original, incluso está musicalizada y tiene más ritmo y cadencia que la anterior:

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

Como digo, cualquiera de ellas es buena para una oración de alabanza a Dios, nuestro creador y sostenedor del mundo con toda la belleza que en él se contiene. 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Oración de confianza en Dios

Hay momentos de nuestra vida en los que una palabra de ánimo es necesaria. Hoy he recibido una de ellas, la cual a su vez me ha impulsado a poner por escrito esta reflexión por si en algún momento pueden ayudar de la misma manera a alguien. Todos pasamos por momentos difíciles en los que por una u otra razón la esperanza decae y el pesimismo se quiere adueñar de nuestras almas. Cuando he tenido que afrontar esos momentos en mi vida, me han hecho mucho bien algunas citas de la Biblia que hoy quería compartir con vosotros y que tienen por objeto fortalecer la fe y la confianza en Dios. Todas ellas tienen algo en común. Alimentan una firme convicción que me acompaña en la vida: nada pasa por casualidad, nada pasa sin que sea la Voluntad de Dios la que lo permita. 

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo;
cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas;
cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. (Isaías 43,2)

Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto. Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes se conmueven en el fondo de los mares, aunque sus aguas bramen y borboten, y los montes retiemblen a su ímpetu. (Salmo 46, 2-4)

Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. (Salmo 56, 3)


Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mt 6, 25)

No perdáis ahora vuestra confianza, que lleva consigo una gran recompensa. Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido. (Heb 10, 35-36) 

Y unido a ello os ofrezco una oración de confianza en Dios de mi propia cosecha que he ido madurando en estas últimas semanas:

Señor, en Ti confío.

Sólo tú que gobiernas y dispones todas las cosas,
sabes lo que más me conviene en cada momento.

Te pido que me ayudes en estos momentos difíciles,
que me ilumines para comprender tus designios,
y saber ver tu mano en los acontecimientos 
que me angustian.

No apartes de mí tu mirada, y ayúdame 
a mantener firme mi fe y mi confianza en ti.

Amén

domingo, 24 de mayo de 2015

Pentecostés


Ya han pasado 50 días desde el Domingo de Resurrección. Bueno, en realidad 49, pero se aprovecha la festividad de un nuevo domingo para celebrarlo. Lo cierto es que con el día de hoy termina el tiempo de Pascua y las celebraciones de la victoria de Cristo sobre la muerte. 

Para hacerlo, conmemoramos la entrega del Espíritu Santo a la Iglesia reunida en oración en las personas de los apóstoles. A ellos se les encarga anunciar la Buena Noticia de la salvación a todos los hombres, proceso que se ha extendido a lo largo de la Historia hasta llegar a nuestros días.

Jesús se marcha con su Padre, pero para no dejarnos solos nos entrega su Espíritu, el Espíritu Santo Paráclito (palabra griega que significa "Defensor", recuerdo que cuando oía esa palabra de pequeño me sonaba a "parásito" y pensaba que era algo malo...) que recibimos en nuestro Bautismo.

Hay un precioso himno litúrgico anónimo que desgraciadamente pasa desapercibido en el día de hoy, que se llama "Secuencia" y que en muchas celebraciones se omite. Por si es el caso, lo comparto con vosotros, y si habéis tenido la oportunidad de escucharlo ya, espero que lo volváis a disfrutar:

Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, Don, en tus dones espléndido.
Luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, Dulce Huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, si no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.


Amén. Aleluya

lunes, 12 de agosto de 2013

Le pedí a Dios...

El otro día mi amigo Antonio Vélez puso esta oración en el muro de su red social y me encantó. investigando un poco por la red, he descubierto que es anónima, ya que se la atribuyen tantas personas que podría escribirse un libro. Igualmente, he descubierto que hay ya decenas de versiones, yo me he quedado con las dos que mas me han gustado. Espero que también os gusten a vosotros.

Pedí a Dios ser fuerte a fin
de ejecutar proyectos grandiosos,
y Él me hizo débil para conservarme humilde.
Pedí a Dios que me diera salud
para realizar grandes empresas,
y Él me dió enfermedad para comprenderlo mejor.
Pedí a Dios riquezas para poseerlo todo,
y Él me dejó pobre para no ser egoísta.
Pedí a Dios poder para que los hombres
precisaran de mí,
y Él me dió humildad para que Él me precisara.
Señor, no recibí nada de lo que pedí,
pero me diste todo lo que yo precisaba.
¡Alabado sea el Señor !
Entre todos los hombres nadie tiene más que yo


Le pedí a Dios valor
y Dios me dio dificultades
para fortalecerme.
Le pedí sabiduría
y dios me dio problemas
para aprender a solucionarlos.
pedí prosperidad
y Dios me dio cerebro y manos para trabajar.
Pedí coraje
y dios me dio peligros para superar.
Pedí amor
y dios me dio personas para amar.
Pedí favores
y Dios me dio oportunidades.
le pedí a Dios todo en la vida
y Dios me dio la vida para tenerlo todo
Total, no recibí nada
de lo que pedí,
pero recibí todo
lo que necesitaba.

viernes, 26 de abril de 2013

Juan XXIII: Decálogo de la serenidad


Os presento hoy una oración, creada por el “Papa Bueno”, el Beato Juan XXIII (1881-1963). Parece mentira que hayan pasado tantos años y esta plegaria no haya perdido actualidad. Es más, mucho me temo que en la sociedad del stress y de la ansiedad que a todos nos afecta deberíamos tomar buena nota de los sabios consejos que nos transmitió Angelo Roncalli ya que son más actuales que nunca. El Papa “de transición” que revolucionó la Iglesia convocando el Concilio Vaticano II para “abrir las ventanas” de la Iglesia y que entrara aire fresco nos deleitó también con palabras como las que tenéis a continuación. Nuestra sociedad está enferma. Los psicólogos y los psiquiatras no dan a basto porque la propia dinámica de nuestro entorno nos genera angustia y ansiedad vital. Son los nuevos sustitutos de los antiguos confesores. Las personas han perdido su dimensión espiritual y se sienten vacías por dentro. Hoy os presento, sino el remedio, si al menos unas gotitas de la solución a muchos de los problemas actuales. Leámosla, releámosla y lo que es más importante, intentemos llevarla a la práctica porque seguro que viviremos más tranquilos, más serenos y más felices. Que nos aproveche… 

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie
existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Oración de San Agustín: Oración de Interioridad

Hoy os dejo este extracto del libro de las Confesiones de San Agustín que es a al mismo tiempo un tratado de Espiritualidad y de Teología. La tardía conversión de San Agustín le permitió crear algunas de las oraciones más bellas y más profundas del cristianismo. Seguramente nosotros seamos cristianos desde que nos bautizaron siendo pequeñitos, pero precisamente por ello es bueno que nos adentremos de vez en cuando en el Misterio de la Conversión al que todos estamos llamados día a día, independientemente de nuestra edad o de cuándo hayamos decidido tener una vida cristiana seria y entregada. Dios llama a todo ser humano a su seguimiento, respetando los tiempos y los procesos de las personas, incluso respetando su libertad para rechazarlo. Siempre es buen momento para renovar nuestro SÍ a Dios y a sus planes, y os propongo hoy que renovemos nuestra adhesión a Cristo y a su Iglesia con estas palabras de San Agustín:


¡Tarde te amé, 
belleza tan antigua y tan nueva,
 tarde te amé!.

El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera.


Y fuera te andaba buscando. 


Y, como un engendro

de frialdad, me abalanzaba 
sobre la belleza de tus
criaturas.


Tu estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Pero me tenían prisionero lejos de ti aquellas cosas
que, si no existieran en ti, serian algo inexistente.
Me llamaste, me gritaste, 
y desfondaste mi sordera.

Relampagueaste, resplandeciste,
y tu resplandor disipó mi ceguera.
Exhalaste tus perfumes
respiré hondo, y suspiro por ti.

Te he paladeado, y me muero de hambre y de sed.
Me has tocado, y ardo en deseo de tu paz.

sábado, 18 de agosto de 2012

Oración de San Agustín (La Muerte)

El pasado sábado celebramos el 95 cumpleaños de mi abuela Leonor. La felicidad de reunir a gran parte de su familia, incluyendo a muchos de sus 21 biznietos, se vio truncada cuando a la noche nos enteramos de que su hermano más pequeño, Jesús (Quico para la familia) había ingresado en el Hospital de Puerto Real, aquejado de una reincidente neumonía. Este martes por la noche fallecía en dicho Hospital a la edad de 76 años. A pesar de una larga enfermedad que lo consumía día a día, dicen sus hijos que murió entre las mismas sonrisas y bromas que habían caracterizado toda su existencia. Ello no quita que ha sido otro duro golpe para la extensa familia Castrillón. Naturales de Vejer de la frontera, fueron 17 hermanos (nacidos casi uno por año, porque había dos mellizos…) los que llegaron a la vida frutos del amor y del matrimonio de mis bisabuelos. Mi abuela, la hermana mayor, sobrevive junto a seis más, extendidos por Vejer, Medina y Jerez. Biznietos de mis bisabuelos hay ya por casi toda España, llevando el apellido Castrillón (en mi caso en cuarto lugar) con gran orgullo. Una página de Facebook creada por mi primo Ignacio Castrillón Fernández (nunca nadie te dará suficientemente las gracias por todo el bien que has hecho y sigues haciendo a través de ella…) nos reúne a más de 100 miembros a pesar de los kilómetros de distancia. Por cierto, curiosidades de esta familia, yo os casé en Arcos a ti y a Inma, eres más chico que yo, oficialmente eres mi tío, pero yo te llamo primo… Vaya lío, ¿no?.

Quiero en este post dar mi pésame a mis primos Castrillón Núñez. Y quiero hacerlo con la misma oración que en el mes de marzo, cuando falleció mi padre, me obsequió el Dr. Juan Sánchez Sevilla. En sus palabras encontré el consuelo y la esperanza que hoy intento transmitir a mis primos. 
La oración es de San Agustín y dice así:


La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.

Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.

No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.

Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue.
Sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.

La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?

No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino…

Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón,
volverás a encontrar su Ternura purificada.
Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.

martes, 23 de diciembre de 2008

Oración de San Agustín: Tarde te amé...

Durante estos cuatro domingos de Adviento he estado insistiendo en mis homilías –y en mis últimos posts- sobre lo imprescindible que resulta la esperanza para la vida del cristiano. Me parece justo coronar el nacimiento del niño incidiendo en el mismo tema.

A menudo asociamos la venida del Mesías a la llegada de muchos valores (paz, amor, justicia, perdón…) todos ellos necesarios, pero me parece que se nos vuelve a olvidar remarcar la esperanza. Sin esperanza todo es un sinsentido. No creo estar muy equivocado al afirmar que el aumento de las depresiones, angustias y ansiedades de nuestro mundo son directamente proporcionales a la disminución de la Esperanza en los corazones de los hombres.

Diariamente estamos sometidos a un goteo incesante de malas noticias. Crisis, paro, drogas, maltrato, guerras, hambre, terrorismo, violencia… son el “pan nuestro de cada día” de los telediarios. Lo bueno y lo noble no son noticia, no venden tanto como el morbo o las desgracias. Evidentemente no somos ajenos a ese bombardeo mediático. Por muchas corazas que nos pongamos y por mucha resistencia que opongamos la realidad se nos termina imponiendo; y de las rendijas de nuestros corazones brotan preguntas como: ¿Qué sentido tiene la existencia?, ¿Por qué existe tanto mal en el mundo?, ¿No somos solo reflejo de la nada, de lo insignificante en medio del absurdo?...

Es imposible vivir sin esperanza, y para acallar esos suspiros de nuestro corazón derrotado, a menudo nos buscamos pequeños mundos más habitables; nos refugiamos en castillos interiores donde al menos buscamos alcanzar metas más cercanas y accesibles. Y así, en ausencia de una esperanza trascendente, decidimos llenar nuestras vidas y nuestro tiempo de distracciones que si bien no nos conceden la felicidad sí nos proporcionan satisfacciones transitorias. Buscamos saciar nuestro apetito espiritual con meros objetos materiales. Y claro, así no se puede vivir. Lo único que conseguimos es desvirtuar nuestra razón de ser y añadir dosis más elevadas de ansiedad y melancolía. Ese es el prototipo de hombre que nuestra sociedad está creando. El hombre que vuelto de espaldas a Dios descubre que nada tiene sentido y que el fracaso es el fin último de la existencia.

No es esa la vida que Dios quiere para nosotros. Nuestro corazón, creado por Dios, sólo encuentra su sentido en Él. Hoy más que nunca tenemos que meditar y profundizar este texto bellísimo de Las Confesiones de San Agustín de Hipona que se comenta por sí solo. Os invito a que lo leáis con tranquilidad y hagáis un rato de oración serena con él.


“El hombre, parte de tu creación, desea alabarte;
el hombre, que arrastra consigo su condición mortal,
la convicción de su pecado, y la convicción de que tú resistes a los soberbios.
Y, con todo, el hombre, parte de tu creación, desea alabarte.
De ti proviene esta atracción a tu alabanza,
porque nos has hecho para ti,
y nuestro corazón no halla sosiego hasta que no descansa en ti.”
Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte.
¡Hermosura siempre antigua y siempre nueva,
demasiado tarde empecé a amarte!
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.
Yo estaba lejos, corriendo detrás de la hermosura por Ti creada;
las cosas que habían recibido de Ti el ser, me mantenían lejos de Ti.
Pero tú me llamaste.
Me llamaste a gritos, y acabaste por vencer mi sordera.
Tú me iluminaste y tu luz acabó por penetrar en mis tinieblas.
Ahora que he gustado de tu suavidad estoy hambriento de Ti.
Me has tocado y mi corazón desea ardientemente tus abrazos.”

martes, 3 de junio de 2008

Rezar con la Mano (Cardenal Bergoglio)

Muchas veces habremos usado nuestros dedos (ante la ausencia de un rosario cerquita…) para contar los diez Avemarías preceptivos entre misterio y misterio. Hoy me han enviado una original manera de rezar con nuestros dedos de otra forma. Es la siguiente:

1. Mira tu dedo pulgar, es el que está más cerca de ti. Ponte en presencia de Dios y comienza orando por aquéllos que están más cercanos a ti. Son los más fáciles de recordar. Reza por tus padres, esposo-a, hijos-as. Reza por tus amigos, por aquellos que más quieres y que no te fallan nunca. Reza por tus necesidades y dale gracias a Dios por tantas personas que Él ha puesto en tu camino.

2. El próximo dedo es el índice: Ora por los que enseñan, instruyen y curan. Ellos necesitan apoyo y sabiduría al conducir a otros por la dirección correcta. Aquí entran sacerdotes, religiosos, maestros, médicos… y todos aquellos cuya labor es para el bien de los otros.

3. El siguiente dedo es el corazón, el más alto. Reza por las autoridades civiles y religiosas. Son los responsables de tomar decisiones que afectan a toda la sociedad, y necesitan la iluminación divina para que esas opciones sean las más acertadas.

4. El penúltimo dedo es el anular, llamado así por ser el portador del anillo. Reza por todas las familias, por todos los matrimonios, especialmente por los que sepas que están atravesando alguna dificultad.

5. Y finalmente tenemos nuestro dedo pequeño. El meñique debería recordarte orar por los más insignificantes de este mundo. Reza por los pobres, los ancianos, los enfermos, los drogadictos, los presos… por todos aquellos que no cuentan y son marginados de nuestra sociedad.

Repite esta oración todos los días y piensa que Dios te escucha como un padre a sus hijos. No hay mayor satisfacción que la de devolver un poco de tu tiempo diario al que te lo ha regalado todo.

martes, 6 de mayo de 2008

La Oración del Hombre Nuevo

El otro día, conversando con mi amiga Isabel (quien me confesó que era lectora asidua del blog pero incapaz de escribir comentarios....) me comentó su devoción especial hacia esta oración. Yo ya la conocía, la había escuchado varias veces y me consta que es muy empleada en Alcohólicos Anónimos -que a pesar de ser una ONG aconfesional es profundamente tolerante con los valores religiosos- como parte de la terapia de autoaceptación y autoayuda. Aquella noche le dije que le iba a dedicar uno de mis post, y aquí estoy cumpliendo mi palabra. Espero que ello sirva para que se anime y escriba su primer comentario...

La oración del hombre nuevo, como se conoce generalmente, es la siguiente:


Concédeme, Señor,
SERENIDAD para aceptar las cosas que no puedo cambiar;
VALOR para cambiar lo que puedo;
SABIDURÍA para conocer la diferencia.

Documentándome esta semana en la oración, me he llevado varias sorpresas.

La primera de ellas es que no se trata de la oración de ningún santo católico, sino de un pastor evangelista americano llamado Reinhold Niebuhr. El Espíritu Santo -que este domingo celebraremos litúrgicamente- sopla donde quiere y cuando quiere, y me parece que a este hombre le concedió el don de la oración profusamente...

La segunda es que no se llama Oración del Hombre Nuevo, como la llamamos los católicos; sino que su autor la llamó Oración de la Serenidad.

Y la tercera, y más importante, es que lo que conocemos de ella es sólo una parte. La oración completa es la siguiente:

"Dios, 
concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, 
el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar 
y la sabiduría para conocer la diferencia; 
viviendo un día a la vez, 
disfrutando un momento a la vez; 
aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; 
pidiendo, como lo hizo Dios, 
en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; 
creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; 
de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida 
e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. 
Amen.”

Dando continuidad a la reflexión de la semana pasada vemos que tiene mucho que ver con la resignación-aceptación de la que hablábamos.

El valor para cambiar las cosas debe ir acompañado de la serenidad para aceptar que hay cosas que se escapan de nuestras manos y están solo en las de Dios. La oración habla a las claras de la aceptación de las adversidades y del mundo como es, no como a uno le gustaría que fuera; de la sumisión a la voluntad de Dios... En fin, que me parece que tiene muchos ecos de nuestra última reflexión y casi que sobra ahondar en lo mismo.

En fin, que la comparto con vosotros y pienso que nos puede ayudar mucho espiritualmente en momentos difíciles.

martes, 15 de abril de 2008

¿En que Dios crees?: Oración de verdadera fe

Os propongo hoy una pregunta que alguna vez todos seguramente nos habremos hecho: ¿Qué hace que el hombre sea un ser religioso?, ¿Que factores mueven al hombre a abrirse a la trascendencia?
Sería simplista y pretencioso por mi parte dar una respuesta en unas líneas a lo que ha necesitado ríos de tinta para ser estudiado. No pretendo hacer un tratado de Teología Fundamental o de Fenomenología de las Religiones, sólo exponer algunos peligros que me parecen rondan a todo cristiano.

1. Se puede tener la visión de un Dios "castigador". Creo que es lo que más ha abundado en la historia, ese miedo al Dios "vengador", celoso y hasta un poco "sádico" que disfruta con el sufrimiento humano. El miedo al infierno y la angustia del castigo eterno hacen el resto. Conlleva una religión ritualista, escrupulosa, asustadiza y hasta cierto punto masoquista.

2. También podemos tener un Dios "comercial". Yo te doy, tú me das. Quid pro quod, que dirían los latinos. Si Dios me va concediendo lo que yo le pido, es mi amigo y me interesa el asunto. Si se corta el grifo, siempre existe la posibilidad de buscar otra trascendencia más beneficiosa para el devoto. Me abstengo de comentar muchas prácticas santeras: velitas, reliquias, novenas... más propias de otras épocas pero vigentes en la actualidad. Creo que es lo que más prolifera -en general- en el mundo de las imágenes y de ciertas prácticas piadosas más cercanas a la superstición que a la religión. Conlleva una religión en la que de lo que se trata es de conquistar el favor divino que se resiste a ser accesible al hombre.

3. También tenemos el Dios "espejo" o el Dios "proyección". No le faltaba razón a los maestros de la sospecha -fundamentalmente Feuerbach, Marx, Nietzsche o Freud- cuando afirmaban que para muchas personas su experiencia religiosa no es sino una proyección, una alienación, una fantasía o un sentimiento de culpa no asumido. Evidentemente no tenían razón en todas sus acusaciones, pero sí desenmascararon muchas idolatrías e hipocresías. Es un universo tan amplio de actitudes que resulta imposible transcribirlas en unas líneas. Espero otro día poder explayarme más en este apartado.

4. Por último está el Dios de Jesucristo. El Nuevo Testamento nos deja algunas pistas para conocerlo. Para empezar, el mismo Cristo es el rostro visible de ese Dios invisible. Es un Dios Padre, pero no tonto; es un Dios justo, pero no sádico, es un Dios providencialista, pero no "apagafuegos", es un Dios, resumido y en una palabra, AMOR.

Os recomiendo una oración para purificar en el día de hoy nuestra imagen de Dios. En ella se nos invita a creer en un Dios que no es lo que yo espero de él, sino lo que el es y punto. Además de su pureza gramatical -es un soneto de rima perfecta del s. XVI- como oración cristiana no tiene desperdicio. Aunque atribuido a Santa Teresa de Jesús, se considera Anónimo. Seguro que sí el autor/a no es la Santa de Ávila su creador de seguro estará con ella -anónimamente- en los altares.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera;

pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Oración a la Virgen

Yo no soy poeta ni artista, pero hoy he decidido hacer mis pinitos inventándome una oración... Para ello he escogido una vieja técnica del Talmud de los judíos: comenzar cada frase con una letra del abecedario. Es lo que en Castellano llamamos un acróstico. Se la he dedicado a la Virgen María. La verdad es que me he divertido, y el resultado final creo que no está nada mal... juzgadlo vosotros mismos...





Ave María,
Bienaventurada tú eres;
Corazón inmenso,
Dios te salve.

Esperanza nuestra,
Fuerza en la debilidad;
Guíanos hasta tu Hijo,
Haznos dóciles a su Palabra.

Invade nuestras almas,
Jardín divino;
Líbranos del maligno,
Madre de Dios.

Nunca nos abandones,
Océano de amor;
Protégenos siempre,
Quédate a nuestro lado.

Ruega por nosotros,
Santa María;
Ternura infinita,
Únenos bajo tu manto.

Vela por nosotros Virgen María,
Y en la hora de nuestra muerte,
Zambúllenos en tu regazo.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Oración litúrgica de Adviento

Como siempre que ando justillo de tiempo, os propongo hoy simplemente una oración-poesía que encontramos en el oficio de lectura, concretamente en las Laudes del tiempo de Adviento. Es interesante conocer estos textos que a menudo sólo los sacerdotes y religiosos/as rezamos, cuando en realidad están hechos para todo el Pueblo de Dios. Cierto que los afanes de la vida nos privan de muchas cosas, pero al menos que lo conozcáis... Ésta, en concreto, me parece la más bonita y la que mejor expresa el anhelo de la venida del Señor:

Preparemos los caminos
ya se acerca el Salvador
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.

Ven, Señor, a libertarnos,
ven, tu pueblo a redimir;
purifica nuestras vidas
y no tardes en venir.

El rocío de los cielos
sobre el mundo va a caer,
el Mesías prometido,
hecho niño, va a nacer.

De los montes la dulzura,
de los ríos leche y miel,
de la noche será aurora
la venida de Emmanuel.

Te esperamos anhelantes
ya sabemos que vendrás;
deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar.

Consolaos y alegraos,
desterrados de Sión,
que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.

viernes, 15 de diciembre de 2006

Oración de la paz de San Francisco






Os propongo hoy contemplar la oración de San Francisco de Asís. Un día de estos hablaremos de la impresionante vida de Francesco "il Poverello" (1182-1226), de momento, vamos a abrir boca con esta genial petición a Dios:








Oh Señor, haz de mi un instrumento de tu paz:
Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la unión.

Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.
Oh Maestro, haz que yo no busque tanto:

El ser consolado, sino el consolar.
El ser comprendido, sino el comprender.
El ser amado, sino amar.
Porque: Es dando, que se recibe;

Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Oración al Cristo del Calvario

¡Qué gran suerte tenemos los cristianos! En efecto, a diferencia de toda otra religión (Judaísmo, Hinduísmo, Islam, Budismo...) nosotros no le rezamos a un ente abstracto, a un ser trascendente y lejano al hombre. También los cristianos creemos en ese ser creador y providente (el Padre de la Santísima Trinidad), pero lo que nos diferencia es nuestra fe en que ese Dios se ha hecho hombre, ha asumido nuestra condición humana. Por ello, nuestras oraciones suelen estar dirigidas por medio del Hijo (Jesucristo) o de la Santísima Virgen María.

Me parece que por eso la música, la pintura, la literatura, la escultura e incluso la arquitectura de inspiración cristianas son sin duda lo más sublime del arte. Veo difícil de igualar, por ejemplo (por el mismo orden que he citado las disciplinas) el Requiem de Mozart, los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, la obra de Santa Teresa de Ávila, la Macarena de Sevilla o cualquier Catedral del Medioevo. No son sólo expresiones artísticas, sino que condensan una fe y una mística difíciles de equiparar.

Hoy os presento una nueva oración, de Gabriela Mistral, que conjuga todos esos factores: fe, oración, mística, belleza literaria y capacidad de empatía con quien la lea:

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

Espero que os ayude a rezar, es un tratado completo del sufrimiento del hombre asumido desde la perspectiva de un Dios que se compadece (del latín cum-padecere= padecer con) del los hombres. Dios no es ajeno a nuestro sufrimiento, todo lo contrario: Él padeció por nosotros, para nosotros, antes que nosotros, y sin duda, más que nosotros.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Alma de Cristo






Hoy ando justillo de tiempo, así que voy a aprovechar mi agenda apretada y la poca lucidez de mi cerebro para simplemente copiar una oración anónima, que sirve, entre otras gracias que Cristo concede, para ahuyentar los malos espíritus.

Espero que os guste y que la añadáis a vuestras oraciones. Dice así:





Alma de Cristo, santifícanos.
Cuerpo de Cristo, sálvanos.
Sangre de Cristo, embriáganos.
Agua del costado de Cristo, lávanos.
Pasión de Cristo, confórtanos.
¡oh buen Jesús! Óyenos.
Dentro de tus llagas, escóndenos.
No permitas que nos apartemos de Tí.
Del maligno enemigo, defiéndenos.
En la hora de nuestra muerte, llámanos.
Y mándanos ir a Tí,
para que con tus santos te alabemos.
Por los siglos de los siglos. Amén.