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lunes, 9 de diciembre de 2024

La oración: una reflexión preciosa

Ayer leí un artículo de opinión realmente precioso. Está firmado por Miguel Ángel Robles en el ABC de Sevilla bajo el título “Reza por mí”. Hacía tiempo que no leía algo tan emotivo sobre la importancia de rezar, por lo que me ha oportuno compartirlo con vosotros. Espero que os guste tanto como a mí, en los tiempos que corren no es común leer artículos completos sobre la fe, menos si es en un periódico de tirada nacional. Enhorabuena al autor del mismo y al periódico por la valentía de publicarlo: 

“Rezar es una conversación con Dios. Es el momento de más calma del día, y, en mi caso, el de primera hora de la mañana, poco más de las seis, y el agua de la ducha caliente cayendo despacio sobre los hombros.

Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.

Es un Padre Nuestro hablando con Dios para que te ayude en los exámenes. Es el refugio del frío, y el silencio acogedor. Rezar es tener memoria.

Rezar es lo que va antes del trabajo o después del trabajo, y lo que nunca lo suplanta

Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse de quien no tiene otro medio de hacerlo, como cuando rezamos por un enfermo que se va a operar y ya está todo en manos del cirujano (y de Dios).

Rezar hace milagros, ofrece consuelo al que reza y a aquel por quien se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad.

Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.

Rezar es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser.

Rezar es optimismo, no dar nada por perdido, luchar y resistir. Rezar es fragilidad y entereza.

Rezar es desconectar y apagar el móvil. Es introspección en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. No es solo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura.

Rezar es razonar, aunque parezca lo más irracional que haya. Es la mente funcionando como cuando juegas un partido de tenis. Es planificar y anticipar las jugadas. Es abstracción en los tiempos de lo concreto y lo material. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad. Y es aburrido en la dictadura de lo divertido.

Rezar es una forma extrema de independencia.

Rezar es un placer oculto, que se reserva para la intimidad. Un acto privado, y casi a escondidas, que, cuando se hace acompañado, necesita mucha confianza.

Rezar es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos. Es derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti.

Rezar es tener a otros en tus oraciones y estar en las oraciones de otros, que es mucho más que estar solo en su memoria.

Rezar, y sobre todo que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida. Un privilegio inmenso. Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti.

¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una madre, un hermano, un hijo o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y esté siempre contigo?

Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios.

Rezar es un súper poder que nos predispone al bien.

Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor”

lunes, 8 de mayo de 2023

El punto más espiritual de Roma

En los dos años que viví en Roma encontré un rinconcito al que cada vez que podía acudía sin dudarlo, ya que me sentía espiritualmente interpelado. En mis viajes posteriores, por muy apretada que tuviera mi agenda, siempre intentaba volver a ir a ese lugar y a ubicarme en ese punto exacto de una profundidad casi indescriptible. No es un lugar especialmente indicado para hacer oración, pues el bullicio del ir y venir de los turistas apenas lo permite. Sin embargo, como en muchos otros lugares de la ciudad eterna, es un lugar donde el arte y la espiritualidad se entremezclan hasta tal punto que es difícil distinguir dónde acaba uno y comienza el otro. 

En la concurrida y bulliciosa Piazza del Popolo, hay dos templos que yo los llamaba siempre las Iglesias Gemelas, pues son prácticamente idénticas en sus fachadas: La Iglesia de Santa María de los Milagros y la Iglesia de Santa María en Montesanto. En el sentido diametralmente opuesto de la plaza está otra capilla muy pequeña, la Capilla "Cerasi", que alberga conjuntamente dos de los mejores cuadros de Caravaggio, y que a pesar de ser muy visitada, muchos otros turistas obvian la entrada por la premura de sus viajes y el priorizar otras maravillas del arte inabarcable de la capital trasalpina. A mí, personalmente, me parece que todo cristiano debería dedicar 10 minutillos de su vida (si tiene la suerte de estar en Roma) para la contemplación de estas obras pictóricas y la posterior reflexión espiritual. De los 26 cuadros de Caravaggio que hay en Roma, dos de ellos se encuentran en el mismo punto, a escasos metros de distancia el uno del otro. ¿Azar?, ¿Casualidad?, ¿Providencia?.... No lo sé, pero el mensaje de ambos lienzos no deben dejar indiferente ni al turista ni al creyente, como veremos a continuación...

Las dos obras en cuestión que se pueden contemplar en la mencionada capilla son "La Conversión de San Pablo" y "El Martirio de San Pedro". En un punto de la capilla te puedes poner en medio y tener contacto visual con ambos. Pedro y Pablo, Pablo y Pedro, el apóstol sobre el que Cristo edificó su Iglesia y el "apóstol de los paganos" frente a frente. Y los momentos reflejados de sus vidas no son tampoco cualquiera. La conversión de San Pablo marca el comienzo de su vida cristiana, de su vocación a ser enviado por Cristo a todas las naciones a anunciar el Evangelio. El martirio de San Pedro, por el contrario, marca el dolor, el sufrimiento y la terrible muerte que el primer Papa tuvo que sufrir para alcanzar la gloria. Nacimiento de la fe y el comienzo de una misión, por un lado y la conclusión de la vida y de la misión terrena por otro. Todo cristiano ha tenido un comienzo en su fe y algún día tendrá un final, por lo que a nadie deben dejar indiferentes estas escenas. Cierto que quizás no hayamos experimentado una conversión tan profunda como San Pablo (de perseguir y matar cristianos a convertirse en uno de ellos) y que seguramente no tendremos el final existencial de San Pedro (crucifixión y martirio), pero por simple analogía vital nuestra fe sí tuvo un comienzo y nuestra vida terrena también tendrá un final. 

Os invito a que si tenéis oportunidad, os pongáis en ese punto de la tierra donde el nacimiento espiritual y la muerte testimonial se dan la mano. Mientras tanto, se pueden contemplar las dos imágenes que os pongo a continuación, y que si Dios quiere, espero poder algún día volver a ver en vivo.




sábado, 21 de diciembre de 2013

Reflexiones de Navidad

Entramos en el cuarto domingo de Adviento, lo que quiere decir que estamos ya muy cercanos a la Navidad. Para preparar bien estas fechas nos puede venir como anillo al dedo estos dos textos de los “Soliloquios de Belén” de Giovanni Papini. Habréis notado que desde hace unos meses he descubierto a este autor italiano que me encanta por su sencillez y profundidad (no tienen porque contraponerse) al escribir. 

Se trata de dos posturas contrapuestas de cómo recibir -o no hacerlo- a la Sagrada Familia en nuestras vidas. Ambos tienen sus dudas, los dos son desconfiados, ninguno de ellos está a la altura de las circunstancias, pero por lo menos uno ha realizado una obra de caridad y el otro no. Uno de ellos podrá dormir tranquilo mientras la conciencia del otro no le dejará dormir esa noche.

Os dejo los textos para vuestra reflexión-oración:

EL POSADERO 

Aunque me hubiera quedado una habitación libre, desde luego no se la hubiera dado a esa pareja. Gente sospechosa. Han dicho que eran marido y mujer, pero yo no me chupo el dedo y a mí no me la pegan. 

Él es demasiado viejo y ella demasiado joven. Y como está encinta... Tal vez es el padre que la ha sacado de su pueblo para evitar el escándalo. Pero la mía es una posada honrada, y aquí no quiero partos clandestinos. 

Por otra parte, no me parece que la trate como a una hija. Este vejete la mira como si fuera una cosa santa y casi con reverencia. Acaso es un criado de confianza que ha cargado con este bonito trabajo... De todas maneras, su marido no es. Y ella con ese aire inocente y casto como si no se avergonzase de nada... Y debe de estar en los últimos días. Ya te digo yo que las apariencias... ¡Fíate de las mujeres! Parece una virgen y está a punto de ser madre. ¡Hay que ver! Y luego, como si no bastara, huelen a miseria desde una legua. Y en mi casa no quiero pobres. Serían capaces de plantarse aquí durante un mes, con la excusa de la parturienta, y al final de todo oírles decir que no tienen bastante dinero para pagar la cuenta. 

Si hubieran llegado con bonitos vestidos y con la bolsa llena acaso hubiera podido encontrar un rinconcito para ellos. El mozo podía haber ido a dormir a casa de sus hermanos durante algunas noches... Cuando el oro está de por medio todo se arregla. Pero con esos no hay nada que hacer. Ella lleva un vestido cualquiera que yo me avergonzaría de dar a mi mujer, y él un manto liso que debe de tener más años que quien lo lleva. Además, habría el peligro de que los gritos de ella y los lloros del niño molestaran a los otros viajeros. ¡Buena cosa encontrarse la posada vacía por culpa de dos vagabundos misteriosos! Aseguran que son galileos, pero el refrán dice que de Galilea nunca puede venir algo bueno. 

¡He hecho bien en sacármelos de encima! 

Un agujero en cualquier sitio lo encontrarán seguro antes que sea de noche. 

EL DUEÑO DEL ESTABLO

Ya he dicho que sí, pero casi, casi me arrepiento... En la posada no los han querido, no tenían dónde caerse muertos... Son débiles: me he dejado conmover, especialmente por ella, con esa cara humilde y sin embargo apasionada, con sus ojos de niña que ha venido de un mundo más claro que el nuestro. Y parece que lleva un gran secreto contra el pecho como otra llevaría un ramo de flores. Es tan inocente, cándida, pura, que parece imposible que tenga que parir de un momento a otro... 

No he tenido valor para sacármelos de encima, de noche, en ese estado: acaso he obrado mal, pero ya no hay remedio. Se han sentado en el establo, en silencio; como si rezaran sin palabras o esperasen un milagro. 

También el viejo parece una persona de bien. Asiste a esa pobre mujer con tantos miramientos como si ella fuese una reina y él un señor convertido en esclavo. No entiendo nada. Van por el mundo solos, sin un criado, sin una mujer que pueda ayudar a esta niña que está apunto de sufrir... ¿Por qué habrán salido precisamente los últimos días del embarazo? Llevar a esa pobrecita por los caminos, en este mes frío y en sus condiciones, no es propio de un hombre juicioso. 

Total, que no he tenido valor para dejarlos marchar desconsolados. El establo es viejo y sucio, pero, por lo menos, tienen un poco de techo sobre la cabeza y las bestias siempre dan un poco de calor. Aunque me haya equivocado, lo he hecho con buen fin: el Señor no me castigará. He sentido como si una voz interior me empujara a albergar a esos dos pobres extraviados. Y hasta el Libro ordena dar albergue a los peregrinos abandonados. ¡Dios quiera que todo termine bien para ellos y para mí! 

sábado, 26 de octubre de 2013

Conversaciones con Jesús

Esta conmovedora imagen del rodaje de La Pasión de Cristo que el otro día encontré en una red social me impactó tanto que no podía dejar pasar la oportunidad de realizar un post sobre ella.

Supongo que Mel Gibson, de ver a Jim Caviezel caracterizado como Jesucristo todos los días, terminó por acostumbrarse, pero yo me pongo en la piel del director de la película y sólo de ponerme en su lugar  siento unos escalofríos que me recorren todo el cuerpo.

Dando un paso más, y mirando la fotografía como el que contempla una obra de arte que sugiere interrogantes posteriores, se me vienen a la cabeza muchas sugerencias… Si pudiera volver a ese momento exacto de la historia, sentarme al borde del camino del Calvario y poder tener a Jesús a mi lado en medio de esa Pasión y de esos tormentos insufribles… ¿Qué le contaría?, ¿De qué hablaríamos?, ¿Qué tipo de conversación mantendríamos?, ¿Cuáles serían mis prioridades?... Seguro que no sería momento para tener ese tipo de conversación intrascendente en la que muchas veces a diario nos enredamos y perdemos: Política, trabajo, economía, deportes, personajes sociales, comidas, programas de televisión… Tonterías, banalidades que a la hora de la verdad poco importan en los momentos decisivos de nuestra existencia. 

De tenerlo delante, seguro que -en el caso de poder articular alguna palabra- nuestra conversación sería más profunda y espiritual. No sé, quizás solo saldría de mi boca un "GRACIAS" por haber pasado por todos esos tormentos para rescatarme y perdonarme todos mis pecados. O Quizás lloraría amargamente como Pedro, sintiéndome a la vez cómplice de su injusticia y cobarde por no haberlo defendido lo suficiente con mi vida y en mis ambientes. O quizás le pediría "PERDÓN" por poder reconocerlo en ese momento y no haber sido capaz de ver su rostro en el enfermo que sufre, en el anciano que sufre la soledad, en el emigrante abandonado a su suerte, en la prostituta que es explotada o en el niño que muere de hambre mientras en mi país se tiran toneladas de comida cada día. Lo que sí sé, es que, a buen seguro, encontraría de nuevo su perdón y su consuelo, y que nuestra conversación terminaría en un abrazo acogedor y reparador; y que posiblemente cambiaría radicalmente mi existencia, valorando las cosas que de verdad hay que valorar en esta vida. Y es que, en definitiva, vamos pasando por este mundo enfrascados en mil y una "preocupaciones" y se nos olvida “Lo esencial…”, que como se dice en “El Principito”, “…es invisible a los ojos”.

Un sacerdote al que quiero mucho (que para mí es un santo en vida) me dijo una vez que el gran problema de nuestra sociedad es que no se sabe diferenciar lo urgente de lo importante. Yo me doy plenamente por aludido, y casi siempre me afano en lo primero, olvidando completamente lo segundo... y así me luce el pelo. Espero que, aunque sea virtualmente, este encuentro con Cristo sufriente cambie mi vida y me haga más sensible al dolor de los demás.

¿Y tú, si tuvieras esta oportunidad, de qué le hablarías...?

viernes, 30 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (y VII)

7. Padre, a tus manos encomiendo mi Espíritu (Lc. 23,46)

Tus últimas palabras son de nuevo una oración al Padre. Todo está cumplido y le devuelves el Espíritu. Ese espíritu que es el hálito vital que te dio la primera respiración, la primera palabra, la primera sonrisa, el primer llanto. Pero también el Espíritu Santo que penetró ya el vientre de tu madre María. Ese Espíritu que te ha acompañado a lo largo de toda tu vida, que te hizo fuerte, sabio, paciente, misericordioso. El Espíritu que al tercer día te resucitará y que tu comunicarás a los apóstoles en el día de Pentecostés.

La vida esta a punto de agotarse. ¿Pasaría también por tu cabeza esa película que nos recuerda los momentos más importantes de nuestra vida? La respiración es cada vez más acelerada, los pulmones apenas pueden sostener ya el aire, el corazón no logra bombear con normalidad la poca sangre que te queda… Lo único que te queda es el Espíritu, y se lo das a tu Padre para que él te lo cuide unos días…
Ahora te espera un viaje de tres días, dicen que irás al infierno, a rescatar el alma de los justos encadenados al poder de la muerte… la muerte va a ser vencida definitivamente, la última batalla la vas a vencer tú, y te preparas para ello. A partir de hoy una espera, la espera tensa de la resurrección, de la justicia que te reivindica y te hace Señor del Tiempo y de la Historia.

Tu te vas pero nos quedará tu Espíritu. No tu simple recuerdo, ni tu mensaje moral, sino la fuerza que cambió el mundo y que lo sigue transformando. El Espíritu que animó a los primeros cristianos a salir del anonimato de una pequeña provincia del Imperio y a convertir a ese mismo Imperio en apenas tres siglos al cristianismo. Aquellos que te han abandonado y negado van a dar sus vidas por ti. Y aquellos que han escuchado hablar de ti darán su vida a lo largo de los siglos. Es incontable el número de los mártires, de los santos, de los justos que entregaron su vida por ti. Todos ellos lo hicieron animados por tu Espíritu. Hoy no se habla de esto, pero ninguna institución de la historia puede presentar el currículum de santidad de la Iglesia. Ha tenido fallos y pecados, sí; pero su obra en la historia es lo mejor que le ha pasado al hombre. Quitad a la Iglesia de la sociedad y esta se autodestruirá en menos que canta un gallo.

Tu Espíritu nos acompaña, nos guía hasta el final de los tiempos. Nos hace hombres y mujeres de fe, de esperanza y de caridad. De fe en Dios, de caridad con el prójimo y de esperanza en que después de la tormenta viene la calma; después de la muerte siempre viene la resurrección. El cristiano sabe que ha vencido ya la última batalla. Y no la ha vencido él, sino que la has vencido tú por nosotros. Como nos dice San Pablo y repetimos en el pregón pascual, la muerte ha perdido su aguijón. ¿Qué sentido tendría la vida si todo terminara en la muerte?, ¿Para que servirían los buenos momentos y los sinsabores de la vida si todo se acabara como un sueño?

Tu nos has abierto las puertas del Paraíso, le has devuelto un sentido a nuestras vidas, nos has hecho inmortales para siempre. Gracias por dejarnos tu Espíritu que nos conduce hasta el final de nuestros días.

Señor, ¡encomienda también a nuestras manos tu Espíritu, para que sea él y no nosotros quien gobierne nuestra vidas!



miércoles, 28 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (VI)

6. Padre, todo está consumado (Jn. 19,30)

De nuevo te diriges a tu Padre. Todo se va a acabar, aunque el final es sólo el principio de la salvación. Termina la crucifixión y pronto comenzará la novedad de la resurrección. Tú ya no puedes hacer nada más. Te has dado entero, como dice san Juan, nos amaste hasta el extremo. Ya no te queda más amor, ni más perdón, ni más sangre, ni más fuerzas. El tormento de la cruz está a punto de ganar aparentemente la batalla. Será sólo una victoria de tres días, hasta que el Padre de nuevo intervenga y ponga las cosas en su sitio. El mal vence siempre aparentemente, pero luego la justicia de Dios acaba siempre imponiéndose.

Dentro de unos minutos, la lanza de un soldado romano solo conseguirá vaciarte aún más si cabe de la poca sangre y agua que queda en tu cuerpo. De tu costado abierto brotarán los sacramentos, Bautismo y Eucaristía. Todo está cumplido. Ya no puedes hacer otra cosa que esperar a que los hombres se arrepientan de lo que han hecho y se enmienden en sus vidas. Muere Cristo y nace la Iglesia, la que a pesar de los pesares nos ha transmitido tu mensaje hasta nuestros días.
Has vivido una vida intensa. Un nacimiento fuera de lo común para un Rey como tú. Una infancia y juventud de lo más normalitas, rodeadas del cariño de tus padres y de tus amigos. Una maduración que te ha hecho ver que eras distinto a los demás. Así te preparabas para darte a conocer. Y tres años intensos de predicación, de milagros, de parábolas, de curaciones, de amistades, aunque también de continuos enfrentamientos con las autoridades de este mundo que te han llevado al punto en que te encuentras ahora. Ser bueno en esta vida tiene sus problemas. Tú lo experimentas con la entrega de tu propia vida. No has hecho ni dicho nada malo, has ayudado a todo quien se ha cruzado en tu camino, has luchado contra el pecado en todas sus manifestaciones, pero te ha llevado a enfrentarte con intereses poderosos, con personas que no estaban dispuestas a cambiar su situación y te han llevado al patíbulo. Tú, en vez de llamar una legión de ángeles para que te ayudaran has preferido sufrir en silencio. Has comprendido que esa era la voluntad del Padre, una voluntad que no entiendes pero que aceptas. Ha sido una vida de continúa acción de gracias al Padre, una vida en la que nos has enseñado lo que significa verdaderamente ser hombre, cual es el secreto de la felicidad, de la tranquilidad de conciencia y de cumplir la voluntad de Dios. Ya Dios no tiene que decir nada más para nuestra salvación. Quien te ve a ti ve al Padre, tu eres el camino, la verdad y la vida, el Buen Pastor que da la vida por las ovejas, el Pan vivo que ha bajado del cielo.

Todo está cumplido. Dios ya no puede dar más de sí. Ahora espera nuestra respuesta, nuestra adhesión a ese plan que quiere conquistar el mundo no desde la fuerza sino desde el amor; a ese Reino que se impone a base de ejércitos incontables, pero no de guerreros sino de santos. Sus armas no son fusiles y cañones, sino Paz, Amor, Fe y Esperanza. Todo esta cumplido por tu parte, pero ahora esperas que nosotros cumplamos con la nuestra…

Jesús, ¡Tú lo dejaste todo cumplido, que tu Pasión no sea en vano, que tú sangre derramada no sea estéril, recuérdanos cada día que ahora somos notros los que tenemos que poner de nuestra parte para que el Reino de Dios crezca!



martes, 27 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (V)

5. Tengo Sed (Jn. 19,28)

Para cumplir las Escrituras pides un poco de agua. En lugar de ello te dan vinagre e hiel. La agonía se prolonga y los hombres van desfilando junto a la cruz. “Si ha salvado a otros, que se baje de la cruz y entonces creeremos en él”. De nuevo aparece Satanás, como en las tentaciones, pero esta vez con un rostro concreto. Cuantas veces nos reímos del indefenso, del que está clavado en la cruz, del que no puede defenderse… lo que no nos atrevemos a decirle a los poderosos de este mundo se lo decimos a los crucificados, a los que tienen las manos atadas y no pueden hacer nada… Que fácil es reírse del humillado, hacerse fuerte frente al abandonado y al frágil. Lo difícil es lo que tú haces, soportar con paciencia los insultos y las risas en vez de demostrar abiertamente tu divinidad… Al pie de la cruz se reparten tu túnica, se juegan a suertes la única posesión material que te queda… ya nos habías dicho que "el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza"… ahora solo te queda la cruz, a la que estás pegado y bien sujeto para que no huyas… El Dueño de toda la creación no tiene nada material, ni siquiera un poco de agua con el que saciar la angustia…

El Maestro tiene sed… él, que le había dicho a la Samaritana que quien bebiera del agua de la vida ya nunca más tendría sed… De nuevo Jesús se solidariza con los hombres de este mundo que tienen sed… sed física y sed espiritual. El que es la Palabra de Dios, el Pan de la Vida, el manantial de agua fresca se humilla una vez más… La cruz es la escuela en la que, como dice San Pablo, Jesucristo aprendió sufriendo, a obedecer. Si la encarnación es un prodigio de humildad, la cruz es el clímax de la misma. El que pudo nacer en cualquier palacio escogió un pesebre para venir al mundo. El que era inmortal escoge morir entre los desheredados del mundo, en el lugar del escarnio y de la humillación. A Dios no le bastó hacerse uno de nosotros, sino que nos quiso dar un último ejemplo de humildad… Poco antes de hacerlo, ya había lavado los pies de los discípulos para mostrarles que el que quiera ser el primero tiene que portarse como el servidor de todos. Pedro no lo entendía, probablemente los otros tampoco, ellos que querían los primeros puestos no terminan de entender que la salvación pasa por el servicio y la humillación… por eso no están allí contigo, por que no te han comprendido del todo… hará falta la resurrección para que no tengan miedo ellos tampoco de humillarse y morir por ti…

Tengo sed, dice el que había convertido el agua en vino en Caná. Cuanto daría él en ese momento por un poco de agua con el que refrescar la boca seca y el cuerpo deshidratado por tantas heridas… Para nosotros la sed hoy ya no es una necesidad primaria. Basta abrir un grifo o entrar en un bar y pedir un poco de agua o de cualquier otro líquido para calmarla. Y sin embargo, para un tercio del mundo el agua sigue siendo cuestión de vida o muerte. En muchos pueblos de África , Asia o Sudamérica no hay grifos, hay charcos llenos de agua enlodada que son un vivero de enfermedades mortales. También ellos tienen sed, y hambre, no solo física sino también hambre y sed de la justicia, como nos dijiste tú en las bienaventuranzas. Tu sed es la sed de los pobres de este mundo, de aquellos que sufren por una riqueza mal repartida, de aquellos que nacen condenados a morir en la más absoluta de las miserias por culpa de los caprichos de unos cuantos poderosos…

Señor, ¡haznos tener sed de ti, sed de la justicia infinita, sed espiritual que aparque nuestras a menudo ficticias sedes materiales…!



lunes, 26 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (IV)


4. Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? (Mt. 27,46)

Sabemos que Jesús repetía un salmo judío cuando recitaba estos versículos desconcertantes. Pero no deja de ser grandioso para los cristianos que el Hijo de Dios se sienta distante de su Padre, aunque sea a través de una oración. Cristo se solidariza con todos los abandonados de este mundo, con aquellos que viven en la lejanía de Dios. Con los enfermos que no entienden con su sufrimiento, con los que han perdido un ser querido y no lo entienden, con los que viven angustiados o sin sentido en sus vidas, con aquellos que creen que son fruto del azar y no de una voluntad amorosa de Dios. Con los que mueren victimas de las guerras, de los accidentes, de la droga, del terrorismo, de enfermedades incurables… Con todos ellos, Cristo eleva al cielo esta oración ¿Dios mío donde estás? Hay veces que no te vemos, que no te sentimos, aunque presentimos que estás ahí. La oración no es una negación de Dios, como algunos apuntan. Es más bien un no entender la voluntad de Dios, especialmente cuando esta produce sufrimiento e incomprensión. Cristo no dijo: Dios, no existes… sino ¿Por qué me has abandonado?, ¿Porqué he tenido que sufrir hasta límites insospechados?, ¿por qué no ha sido posible la salvación de otra manera…?. En el fondo es una continuación de aquella oración que había realizado hacía poco en Getsemaní entre sangre, sudor y lágrimas: Padre, si es posible, que pase de mí este Cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya… La voluntad de Dios es a veces oculta a las mentes de los hombres. Qué gran verdad es esa de que Dios escribe derecho con renglones torcidos, o aquello del Salmo en boca de Dios: Mis caminos no son vuestros caminos ni mis planes son vuestros planes…”. Normalmente no percibimos los planes de Dios hasta que pasa un tiempo en nuestras vidas. Los sufrimientos nos curten, las decepciones nos hacen fuertes, las crisis nos ayudan… pero en el momento de la tormenta lo único que vemos es que la barca se hunde. Nos falta esa visión global que Dios tiene para relativizar los tiempos, para darnos cuenta de que, aunque aparentemente dormido, Dios está atento a nuestras necesidades y viene a socorrernos cuando ya no podemos más…

Hoy son muchos los que se sienten abandonados por Dios. Los que ya no creen en él. Los que se ríen de él. Los que piensan que es mejor vivir disfrutando el presente ajenos a un Dios que no sufrir un poco en esta vida como prueba para ser hallados dignos de Dios.

San Pablo dice que la Pasión de Cristo aún debe ser completada. ¿Qué le falta a los latigazos a los clavos, a la corona, a los salivazos, a las bofetadas, a las risas, a la soledad y a la humillación de Cristo? Pues le falta nuestros sufrimientos. Cristo no sufrió sólo para sí sino para todos los hombres. Nuestras cruces descansan en la de Cristo. Lo seguimos negándonos a nosotros mismos, cargando con nuestra cruz de cada día y siguiéndole. Y si le seguimos el no nos deja solos con nuestras cruces. El se convierte en Cireneo que nos ayuda a soportar nuestro yugo llevadero y nuestra carga ligera. Al lado de su cruz nuestros sufrimientos son más llevaderos. Cristo es nuestro consuelo y nuestra fuerza. Por eso a los mártires no les importaba morir por Cristo. Ni leones, ni cruces, ni parrillas, ni flechas podían asustarles. Porque sabían que Dios no abandona nunca. Que después de la cruz viene la resurrección, que del árbol seco del castigo brota un renuevo de nueva vida.

Jesucristo, ¡líbranos de vernos abandonados por ti, que siempre sintamos tu presencia protectora y que nos des sabiduría para apreciar y aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas!



domingo, 25 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (III)

3. Madre, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre (Jn. 19,26)

Después del doble perdón un nuevo regalo. Al pie de la cruz, un puñado de supervivientes de tus seguidores. Tu madre, San Juan y varías Marías que los acompañaban. ¿Dónde estaban las multitudes que escucharon tus predicaciones? ¿Dónde los 5.000 hombres (sin contar mujeres ni niños, nos dice el Evangelio) que comieron el pan y los peces multiplicados? ¿Dónde las masas que te aclamaron entre vítores en el Domingo de la entrada triunfal en Jerusalén solo unos días antes? ¿Dónde los 72 que habías mandado de dos en dos y que venían contentos porque hasta los demonios se les sometían? ¿Dónde los 12 que prometían morir contigo, los que nunca te abandonarían, los que se peleaban siempre por los primeros puestos?

Que cambiante es el corazón del hombre. Basta una contrariedad para abandonarlo todo. Basta que lo diga la gente para que Vicente cambie de opinión. Basta el miedo o la soledad para dejarte tirado. Sufres solo, mueres casi solo, y sin embargo te acuerdas de los demás. No quieres dejar a tu madre sola. Sabes lo que pintaba una viuda sin hijos en aquella época. Estaba condenada a la mendicidad o a la muerte rápida. Y también sabías que después de la resurrección los discípulos y la Iglesia la iban a necesitar como madre. Por ello, allí en la cruz, haces lo que habías hecho toda tu vida: unir, realizar la comunión, establecer vínculos de relación entre las personas. Dicen que de la abundancia del corazón habla la boca. Tu boca siempre hablaba de amor, de misericordia, de perdón,… ¿Por qué sería?

No nos pudiste hacer mejor regalo. Desde entonces tenemos una poderosa intercesora. Alguien que nos ayuda en nuestras dificultades y agobios porque ella los sufrió igualmente. Nos consuela saber que Dios pasó por los peores sufrimientos de esta vida y que su madre estaba allí. Así sabemos que nuestro Dios y su madre nos comprenden.

Basta dar una ojeada a las advocaciones marianas de Semana Santa para intuir todo lo que ella pasó: Santa María del Desconsuelo, de las Angustias, de la Soledad, del Mayor Dolor, de la Amargura, del Desamparo, de los Dolores, de las Lágrimas

Aunque viendo esas mismas advocaciones ella es baluarte de los valores poderosos de esta vida: Santa María de la Paz, del Consuelo, de la Esperanza, de la Piedad, de la Confortación, del Perpetuo Socorro, del Dulce Nombre, de los Remedios, del Amor y Sacrificio…Tú eres la mujer fuerte que nos ayuda en el camino de la vida. La que nos ayuda en este Valle de lágrimas, como se dice en la Salve y la que está a nuestro lado en los momentos felices de nuestra vida, en los que normalmente nos olvidamos con más facilidad de Dios. Nos recuerdas constantemente que nuestro lugar está al lado del Maestro. Si es en Belén, allí estabas tú. Entre la alegría de pastores y magos. Si es en el Gólgota, allí estás también tú. Entre los sufrimientos y los llantos de quienes le querían y lo acompañaron hasta el final

Eres el regalo de Cristo para nosotros. Eres la madre de la Iglesia, una Iglesia que con sus virtudes y sus pecados intenta hacer visible hoy a los hombres el rostro del Dios de la misericordia. Pero en nuestros días sólo se ve de ella lo malo. Sólo nos recuerdan sus pecados. Sólo es noticia para ridiculizarla. Madre, hacen con tu Iglesia lo mismo que hicieron con tu hijo. La quieren matar. La crucifican constantemente en los medios de Comunicación. No la abandones como no abandonaste a tu Hijo. Quédate con nosotros, sufre con nosotros, acompáñanos que algún día nos alegraremos de nuevo con la resurrección con tu misma alegría.



viernes, 23 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (II)

2. Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lc. 23,43)

Poco después de perdonarnos a todos vuelves a darnos una lección de amor y misericordia. Dos bandidos hay a tu lado. Uno te recrimina y te dice que te bajes de la cruz y lo bajes a él. El otro, al que llamamos el Buen ladrón reconoce que tú no has hecho nada para morir crucificado. Tú lo perdonas y le prometes la salvación. De nuevo desafías nuestro concepto de justicia. Ha bastado un minuto de arrepentimiento en la vida de ese malvado para darle la salvación. El buen ladrón no había sido bueno hasta ahora. ¿Qué habría hecho para morir en la cruz? Posiblemente nada bueno. La cruz estaba reservada para los peores malhechores, aquellos que atentaban contra la paz romana o contra el orden judío establecido: asesinos, ladrones, revolucionarios, blasfemos… ¿Cuál de ellos sería el buen ladrón? Lo ignoramos, pero podemos asegurar que no era un santo, como él mismo se reconoce: “Y lo nuestro es justo, pero éste ¿Qué ha hecho?”. Su pasado lo borra Cristo de un plumazo. Basta un momento de lucidez para recibir toda la misericordia de golpe. El buen ladrón es uno de esos trabajadores de la parábola contratados al anochecer. Recibe su denario igual que el que trabajó desde el amanecer. La misericordia de Dios choca de nuevo con nuestro concepto de justicia. El buen ladrón es el hijo pródigo que recibe todas las atenciones de su padre, que recupera el anillo, las sandalias, el vestido y que recibe una fiesta por que ha regresado a su casa. Y todo ello ante la incomprensión y los celos de su hermano mayor, el “justo” que no ha hecho nada malo, pero cuyo corazón está cerrado a su propio egoísmo. No valora lo que es la alegría de estar siempre en la casa de Dios. Esto se repite constantemente en nuestros días. ¿No llevo yo toda mi vida en la Iglesia?, ¿No mereceré yo los primeros puestos en el Reino de los cielos?, ¿no estaré yo mejor pagado que aquellos que se conviertan a última hora? Fantasías de nuestras cortas mentes…


El perdón de Dios es inmediato. El “Hoy” nos hace ver la inmediatez de la salvación. No se le pregunta al buen ladrón cuantas veces había ido al templo en su vida ni cuantas oraciones había realizado. La misericordia de Dios no entiende del pasado, solo atiende al presente de salvación. En esto, los hombres tenemos más memoria que Dios. Nos gusta ver el pasado de los demás para condenarlos, para encontrar una motivación para no perdonarlos. Somos como los ancianos que acudían a Cristo a que condenara a la prostituta: “Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio y la ley de Moisés dice que debe ser lapidada, ¿tú que dices?”. Nosotros tenemos también la tentación de creernos que no tenemos pecados. Pecadores son los otros. Echamos las culpas a los políticos a la sociedad, a los mayores, a los jóvenes, a los niños, a los extranjeros, a todo el que no sea como yo… seguimos viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Pero la respuesta de Cristo sigue teniendo validez para todos: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Nadie la tiró en tiempos de Cristo y nadie la tiraría hoy… nos volveríamos a nuestras casas con la piedra en la mano pero esperando que te crucificaran para poder tirarla… A los pecadores no les damos la oportunidad de cambiar. Porqué lo mismo nos sucede con nosotros mismos. Muchas veces nuestro pasado nos paraliza. No nos perdonamos a nosotros mismos, ¿Cómo vamos a perdonar a los demás? No cambiamos o no nos convertimos por que ya ni siquiera creemos en nosotros mismos.

Jesús, ¡que en mi último día también me asegures que estaré contigo inmediatamente en tu paraíso!




jueves, 22 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (I)

Os voy a proponer un nuevo "Septenario" como el del viaje. Se trata esta vez de una charla que he dado a las maestras de religión y a las catequistas como reflexión cuaresmal. Son 7 puntos tomados de las 7 frases pronunciadas por Cristo en la cruz:

1. Padre, perdónales porque no saben lo que hacen (Lc. 23, 34)

Te han escuchado en las plazas, en los templos, en las sinagogas… pero no te han comprendido. Tú lo sabes. Tus palabras de paz, justicia, perdón… no han calado en sus corazones. El Sermón de la Montaña, el Padrenuestro, tus mandamientos, la parábola del hijo pródigo… no han encontrado eco ni siquiera en los apóstoles que te han abandonado. Todos tenemos que ser perdonados, porque ninguno sabemos lo que hacemos. No lo sabían los judíos que se cerraron a sus mandamientos y preceptos para no escucharte. No lo sabían los romanos que se divertían haciendo sufrir a un hombre destrozado, escupido, coronado, vejado, humillado hasta límites insospechados. No lo sabían sus discípulos: Uno lo traiciona, otro lo niega, los demás lo abandonan… no sabe lo que hace este mundo: guerras, robos, pornografía, terrorismo, violaciones, mentiras, abusos de menores, drogas, insolidaridades…. No lo sabemos tampoco nosotros con nuestras pequeñas infidelidades de cada día, con nuestras negaciones al evangelio, con nuestras cobardías, nuestras perezas, nuestro no complicarnos la vida y mirar hacia otro lado… Ninguno sabemos lo que hacemos. Somos ignorantes que nos creemos dioses, que creemos que somos perfectos, ilimitados, los mejores…. Nada de eso es verdad. La verdad es que te crucificaron y si volvieras a venir te crucificaríamos. Nuestros celos y nuestras envidias siguen sin soportar la bondad infinita que viniste a traernos. Todos los días apretamos un poco más los clavos, te azotamos con nuestras debilidades, te ceñimos la corona de espinas para que se apriete mejor a tu cabeza. Siempre buscamos culpables fuera de nosotros, pero todos somos culpables. Tras la resurrección, los romanos culparán a los judíos y los judíos a los romanos. Adán culpó a Eva y Eva a la serpiente… se nos da bien eso de escurrir el bulto…

Pero menos mal que tú nos perdonas a todos… Tu que dijiste que había que perdonar 70 veces 7, tu que defendías el perdón no solo a los amigos sino también a los enemigos, tu que nos mostraste que el perdón de Dios es infinito como el del Padre del Hijo pródigo… Ahora nos das la última lección, la de la acción, muy superior a la de las palabras… En el padrenuestro nos decías que le pidiéramos a Dios que nos perdonara como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Tú que no necesitas el perdón de Dios lo pides para nosotros… y lo solicitas sin que nosotros pongamos de nuestra parte… eres un Dios grande, un hermano perfecto, un padre, una madre… eres sublime…

Pero parece que este mundo ya ni siquiera quiere tu perdón. Es curioso que los sacerdotes vamos relegando al Dios de la infinita justicia por el de la infinita bondad… y sin embargo en nuestra sociedad nunca se reivindica el perdón, sino que se apela a la justicia… nuestro mundo ya no es cristiano, ya no cree ni practica tu perdón… a lo sumo reclama justicia, cuando no se toma la justicia por su mano… un mundo cada vez más descristianizado, menos humano y menos cristiano. Cuando el mundo vuelve la espalda a Dios vemos lo que sucede… el hombre devora al hombre como los lobos, la ley del más fuerte es la única que vale, el más corrupto y el más vivo es el que triunfa en la vida… ¡fuera Dios! Ha dicho el hombre ¡fuera los valores! Ha dicho la propia naturaleza de las cosas…

Pero tú Padre, no nos abandones. Padre, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos, porque la última lección sobre la cruz no la hemos llegado a comprender, porque nos pueden las circunstancias de la vida a nuestra fe en ti… Tu perdón es nuestra salvación, tu esfuerzo en la cruz no fue en vano… aunque a veces lo parezca.


Enlaces al resto de comentarios:


martes, 19 de diciembre de 2006

Informe sobre los doce apóstoles

En unos Ejercicios Espirituales nos dieron un artículo en el que se esgrime la capacidad "empresarial" de los doce apóstoles. Os lo copio porque no tiene desperdicio:

Estimado Señor Jesús:

Gracias por habernos confiado los Curriculum Vitae de los doce hombres que usted ha elegido para puestos de responsabilidad en su nueva organización. Los hemos sometido a una serie impresionante de tests, y los resultados han sido codificados por ordenador. Además hemos realizado una entrevista personalizada con nuestro psicólogo y consultor en aptitudes para el marketing y gestión de empresas.

Nuestro despacho llegó a la conclusión de que la mayoría de sus candidatos carecen de experiencia y apenas tienen formación y aptitudes para el género de empresa al que usted tiene previsto lanzarse. Les falta espíritu de equipo y continuamente discuten entre ellos. Le recomendamos continuar su búsqueda para descubrir otros candidatos que tengan mayor experiencia en la gestión de tales negocios y que den pruebas de su competencia.
Simón Pedro, por ejemplo, es un inestable emocional, muy cambiante en su estado de ánimo. Demasiado terco e impulsivo para ser un líder como usted proponía. Su hermano Andrés no tiene verdaderamente ningún don especial para asumir responsabilidades. Los otros dos hermanos, Juan y Santiago, los hijos del Zebedeo, sitúan su promoción personal por encima de los intereses del colectivo. Tomás es un incrédulo total en cuanto al éxito del proyecto. Mateo figura en nuestras listas negras de honradez en los negocios económicos. Felipe ni siquiera ha terminado de conocerle a usted lo suficiente como para embarcarse es esta aventura. Bartolomé, Santiago el de Alfeo, Judas Tadeo y Simón el Cananeo son muy reservados y han pasado las pruebas con más pena que gloria.

No obstante la incompetencia general, uno de los candidatos tiene grandes posibilidades. Es capaz e imaginativo, apto para cerrar tratos y con un sentido muy desarrollado para los negocios económicos. Se hará pronto con influencias entre los más poderosos. Por todo ello, le aconsejamos tomar a Judas Iscariote como administrador y brazo derecho. Es el más motivado, el más ambicioso y no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones drásticas. Del resto de candidatos es mejor que se desprenda usted lo antes posible.

Le deseamos mucho éxito en su nueva aventura. Con nuestros mejores saludos:
Galilea Consulting.

Seguro que os ha gustado. Más allá de la gracia que pueda hacernos, el informe transmite una enorme verdad: Si la Iglesia avanza, no es gracias a los hombres sino al Espíritu Santo... Ya lo dice San Pablo en la segunda Carta a los Corintios: "Llevamos este tesoro (el Evangelio) en vasijas de barro..." (2ª Cor. 4, 7) Que nos sirva de consuelo para nuestras incapacidades...

lunes, 18 de diciembre de 2006

Carta de Jesús a los hombres

La asociación de Belenistas "La Adoración" de Arcos de la frontera me pidió un artículo para su revista de estas Navidades. Se me ocurrió que podría inventarme un cuento que fuera original y a la vez con contenido. Así es que hoy me plagio a mi mismo y os copio dicho artículo:

Espero que os guste...


El Cielo, 15 de diciembre de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

Se que estos días os estáis preparando para recordar mi nacimiento. Se calcula que fue hace 2007 años aproximadamente, pues ni los sesudos teólogos se ponen de acuerdo para decir en que año exacto nací. Yo no os lo voy a decir tampoco, que no está bien que yo ande poniéndome o quitándome años después de tantos siglos de tradición…

A pesar de todos los años que voy cumpliendo, no me siento cansado, al revés, estoy deseando que mi Padre me mande algún “trabajito” para cumplirlo de inmediato. No sabéis la vitalidad que da esto de la resurrección, aunque si os portáis como yo os mandé, confío que también vosotros seáis un día jóvenes eternamente. Para ello, ya sabéis, sólo os deje dos mandamientos; que améis a mi Padre sobre todas las cosas y que os queráis los unos a los otros como yo os quise, que sabéis que fue intensamente…

Bueno, si os escribo esta carta es para intentar ayudaros a que celebréis mi cumple lo mejor posible. Aquí mi madre no para de preparar cosas, ayudada por muchas personas que dicen que este año la reunión va a ser especial. Y es que aunque en el cielo siempre estamos de fiesta, celebramos mi día por todo lo alto. Yo siempre me voy al salón de los niños, que es donde mejor me lo paso. Damos vueltas por todo el paraíso, después nos vamos con Noé a que nos enseñe los animalitos y siempre terminamos jugando un gran partido de fútbol. Hay que ver que lástima que en mi vida terrena no se hubiera inventado, pero bueno, los chicos me han enseñado las reglas y no se me da mal, aunque siempre me ponen un ángel de portero y no veáis como me para los disparos que le pego, aunque vayan por toda la escuadra… Todos los niños quieren jugar en mi equipo, aunque en el otro pongo a todos mis apóstoles para compensar… Por cierto, que las niñas antes no jugaban, se iban a hablar de sus cosas, pero ya se van animando y tampoco se les da nada mal…

Pero bueno, como os decía, no me preocupa tanto como se celebra aquí, sino como lo vais a celebrar vosotros. Me encanta que os reunáis en familia, que sean días especiales y que en esas fechas comáis cosas especiales (por cierto, que aquí, Santa Teresa, hace unos pestiños de chuparse los dedos, ya los probaréis un día y me contaréis). Son días de fiesta, los niños no tenéis que ir al colegio y los mayores dejáis por unos días de pensar como podéis ganar dinero (gracias a mi padre la lotería es el día 22 de diciembre, así no estáis todas las Navidades pensando en el gordo…). Todo ello me parece muy bien, pero me da mucha pena aquellos que en mi cumple no se acuerdan de mí. El día 24 y el 25 no vienen a la Iglesia a felicitarme, y eso me pone un poco triste. Algunos ni siquiera ponen una imagen mía en sus casas, que les recuerde que nací pobre y humilde en un portal de Belén porque nadie quiso recibirme en su casa… Cuando lo veo, me dirijo a San Juan (que siempre está a mi lado) y le pregunto: ¿si no se acuerdan de mí, que es lo que celebran…? El se encoge de brazos y me dice que no me preocupe, que por lo menos no están celebrando el día de Zeus y de Apolo. Luego viene lo peor: Al terminar el día, sube un rato Satanás (solo le dejamos entrar ese día 5 minutos) con una lista llenas de estadísticas y hablando sin parar…: ¡solo el 2 % de los cristianos ha ido a misa en tu día!, ¡solo el 27 % tiene un niño Jesús en su casa!, ¡solo el 17% te ha rezado esta noche!, ¡he ganado un año más!, ¡necesito que me ampliéis mi terreno, que no cabemos y además hace mucho calor!... Cuando le dejamos desahogarse, hago que lo bajen otra vez al infierno, y se va refunfuñando porque él sabe que no tiene razón. Mi Padre me dice que sólo grita para chincharme, pero que en el infierno no hay tanta gente como él dice. Mi Padre me cuenta, que hay un momento en la vida de los hombres (llegando al final…), que todos los hombres y mujeres de la tierra se acuerdan de mi o de mi madre, y que entonces su misericordia hace el resto… Y yo se que es verdad, porque aquí si que hay overbooking, para que os hagáis una idea, esto es como los encuentros de la juventud con el Papa pero a lo bestia…

Por eso me gustaría que este año a ninguno se os olvidara poner una imagen mía en vuestra casa, que le habléis de vez en cuando, y que vengáis un día a verme a la Iglesia, a ver si entre todos le cerramos el pico al bocazas de pacotilla…

Bueno, y no se os olvide el segundo mandamiento: lo de amaros unos a otros vale más que nunca en Navidad. Acordaos de hacer una obra de caridad especial en estos días. No olvidéis a los que están solos, id a visitar ancianos, enfermos, presos…, procurad que ningún niño se quede sin regalo en el día de Reyes ni que ninguna familia no pueda comer en estos días, esperemos que no haya rencores entre vosotros, y que por favor, se acaben las guerras, las drogas, la violencia, los maltratos… Se que pido mucho, pero bueno, yo también os di mucho en aquella cruz, sabéis que todos aquellos dolores los soporté por vosotros…

Bueno, me voy a ir despidiendo que he quedado con San Pablo. Siempre está viajando de aquí para allá, y cada vez que vuelve me cuenta un montón de historias divertidas. Todo el mundo lo escucha atentamente, y terminamos con una oración por todos vosotros que estáis ahí abajo. Recordad mis consejos y hasta pronto (si mi Padre quiere, os volveré a escribir en Semana Santa)

P.D. No os creáis las tonterías que van contando por ahí sobre mi vida. María Magdalena es mi amiga, pero nada más. No tuve un romance con ella y, como todo el mundo sabe, tampoco tuve hijos. Ella se rió mucho con ese libro que han escrito sobre mí y que este año han hecho película… Dice la de Magdala que con lo charlatana que es ella no hubiera podido guardar el secreto y que se lo habría contado a todo el mundo… En fin, ya sabéis como son algunas mujeres…