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sábado, 15 de septiembre de 2012

La Pastillita Blanca


Ayer me encontré en un Centro Comercial a mi amiga Fátima. La conozco desde hace muchos años, y siempre que la veo nos ponemos al día de nuestras respectivas vidas. Ella conoce el giro que dio mi vida hace unos años, me respetó y me apoyó en su momento, y es algo que le agradeceré siempre. Después de charlar un poco de nuestras vidas, salió (como no) el tema de la Religión y de algunas cosas de la Iglesia. Me contó una anécdota que me llamó la atención y que hoy quiero compartir con vosotros.

Resulta que Fátima, además de tener la suerte de trabajar (con la que está cayendo en este país es una afortunada…) dedica parte de su tiempo a ayudar a los demás. En concreto es catequista de una Parroquia de Jerez y el año pasado hicieron la comunión “sus niños”, como ella me dijo. Estuvo dos años con ellos, a razón de una hora a la semana, salen aproximadamente 80 horas intentando transmitir la fe a esos niños. Me consta que Fátima es una mujer preparada. Estudió una carrera, le gusta leer, tiene además otra hora de preparación para catequistas en dicha Parroquia y se preocupa por su fe y por transmitirla. Os estoy poniendo en antecedentes para que veáis que ella no va por las tardes a perder el tiempo o a pasar el rato con 10 o 12 niños. Quiere enseñarles a ser mejores cristianos y pone en ello toda su dedicación y buena voluntad.

Como hago siempre que comento una conversación intento transcribir literalmente lo que Fátima ayer me contó. No serán las palabras exactas, pero sí una traducción fiel de lo que ella me dijo:

“¿Sabes lo que me paso el otro día, Jaime? Pues resulta que me encontré a una niña de las que habían hecho la Primera Comunión en mayo. Iba con sus padres y nos saludamos. ¿Quieres creerte lo que me dijo, Jaime? Me dijo que ya no había tomado más “la pastillita blanca” porque el día de su Primera Comunión le supo raro, que el vino no le gustó y que pasó un mal rato al tomársela”.

Desde esa conversación de ayer, mi cabeza no ha parado de darle vueltas al tema. ¿80 horas con una niña para que termine llamando al Cuerpo de Cristo “la pastillita blanca”? Algo falla en nuestras Catequesis, y de refilón en las clases de Religión (donde supongo que esa niña ha pasado otras 80 horas en estos dos últimos años). Evidentemente este post no es una crítica a Fátima. No voy a poner en duda su dedicación y sus esfuerzos por transmitir su fe. Pero algo está fallando. Además de la Catequesis y la Religión, yo creo más bien que son los padres los principales responsables de la incultura religiosa de esa niña. Es más, sin conocerlos, pondría la mano en el fuego porque esa niña (ingenua ella) no sólo no ha tomado “la pastillita blanca” porque no le gustara, sino porque no ha vuelto a pisar una Iglesia ni volverá a hacerlo en muchos años. ¿Cuántos niños de los que hicieron la Primera Comunión en España el año pasado hicieron hasta día de hoy su Última Comunión...? Muchos. Muchísimos. Demasiados. La familia es la primera escuela, el primer catecumenado, y si no se dan las condiciones mínimas, podremos estar 80, 200 o 1.000 horas con una niña, que si en casa no se le transmite la fe seguirá siendo una absoluta ignorante en materia de fe.

Fátima me dijo que eso no la desanimaba. Bendita ella. Este año coge otro grupo de niños que dentro de dos años harán su Primera Comunión. Te deseo, Fátima, que tengas otros padres que te respalden un poco más esta vez en tu labor. Ánimo y adelante.

martes, 14 de octubre de 2008

Reuniones de madres

Todos los años lo mismo. Resulta curioso que, aunque pasen los años, y vaya peinando alguna que otra cana, me sigan sorprendiendo la apatía y la desidia generalizada de las madres de los niños que van a prepararse para la primera comunión.
Después de hablarles de la importancia de la asistencia a la Eucaristía (que debe ser para un cristiano un deleite y no una obligación...), después de pedirles que se impliquen en la preparación de sus hijos, en las oraciones y los temas, en que estimulen a sus hijos con el ejemplo de sus vidas... etc. llega el momento del climax en la reunión. Suele ser más o menos siempre de esta manera:

- "¿Se ha entiendido todo bien?"
- "Claro que sí, claro que sí". -asienten las madres como diciendo: "Como le digamos que no, nos suelta otro tostón...".Seguro que otras están pensando en ese preciso momento: "Habla, habla, que por mucho que digas no nos vas a ver el pelo hasta el día de la primera -y última-comunión..."
- "¿Hay alguna pregunta, entonces?" -Dice uno sabiendo lo que va a venir a continuación...
- "¿Sabe ya la fecha de la Primera Comunión? Es que hay que reservar con tiempo el lugar de la celebración..."- "Eso, eso, que después está todo cogido"... jalean el resto de las madres mientras el murmullo va subiendo de tono y el orden en la reunión se va escapando de las manos...

Entonces es cuando el alma se te cae a los pies. Cuando uno se siente el tío más imbécil del mundo puesto al servicio de una estrategia-marketing social que parece ser lo único que preocupa a la mayoría del personal.
Se que estoy generalizando, pero me parece que encontrar unos padres concienciados y preocupados por la educación religiosa de sus hijos es más dificil que toparse con Pocholo en una biblioteca. Es tan difícil, que pasan desapercibidos en esas reuniones multitudinarias, y sólo en el contacto semanal de aquellos que van a misa, saludan, preguntan por sus hijos... van apareciendo algunos mirlos blancos que hacen que esta vocación siga mereciendo la pena.
Mientras la Iglesia sigue debatiendo sobre financiación, aborto o eutanasia -temas todos ellos que merecen mi máximo respeto- la poca formación o preocupación del común de los bautizados hace que la Iglesia se desangre en una hemorragía que parece no tener fin.
Esperemos que vengan tiempos mejores, aunque me estoy viendo ya, el año que viene, con alguna canita de más y volviendo a escuchar el "¿Se sabe ya cuando será el día de la primera Comunión...?"

lunes, 11 de junio de 2007

Una Iglesia sin niños

Que tristes son ahora las misas de los domingos. Como os comenté hace unas semanas, pasadas las comuniones, ni rastro de ellos. Los más puristas dirán que no hay jaleos, que no hay que mandarlos callar, que no revolucionan el misterio con sus risas o suspiros… Algo de razón hay en ello, pero yo me sitúo más bien entre aquellos que piensan como Jesucristo, “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc.10,14).

No voy a seguir hoy con las comuniones ni sus conflictos (aunque por el volumen de respuestas veo que es un tema que podría dar más de sí…). Hoy me voy a situar en otro problema igualmente importante: la desintegración de la familia tradicional cristiana.

Lejos quedan esas familias que vivían en casas de vecinos de las que aquí en San Pedro aún nos quedan las fachadas. No creo que fuera el mejor sistema de vida (entre otras cosas por que era reflejo de una penosa situación económica…) pero sí que aquel estilo de vida tenía una dimensión positiva: la familia unida. Y cuando hablo de familia lo hago en el sentido amplio: Abuelos, padres, hijos y a veces una cuarta generación convivían bajo el mismo techo. Juegos, risas, embarazos... Aquello tenía que ser alegre a la fuerza. Hemos pasado de eso a una situación donde los abuelos son enviados a los geriátricos, los padres trabajan fuera y no se ven, y los hijos se educan con la televisión y la calle. La cuarta generación ahora no llega hasta que los dos trabajen, compren un piso con una hipoteca de 25 años y lo amueblen completamente. La mayor parte se casan rondando los 30 años, dejan unos años “para disfrutar” (como si no hubieran disfrutado antes…) y teniendo en cueta que a los 35 ya se considera embarazo de riesgo para la madre eso nos da unas posibilidades de 2 o 3 hijos a lo sumo. Escaso promedio cuando (y no soy racista) sudamericanos y africanos vienen ya con esos tres hijos rondando apenas los 25…

Hoy nos decían que somos 45 millones de españoles. Curioso dato, cuando hace apenas un par de años rozábamos los 40. ¿De dónde han salido esos 5 millones?, ¿de una explosión demográfica de nuestros jóvenes? Me temo que no. Píldoras del día después y abortos indiscriminados se encargan de paliar la amplia promiscuidad sexual de las nuevas generaciones…

Se que no es "politicamente correcto" lo que hoy escribo, pero Europa envejece a la par que es colonizada por aquellos mismos que hace pocos siglos fueron conquistados (la vida da las mismas vueltas que desgraciadamente dio el sábado por la noche la liga…). La Europa cristiana desaparece, y lo que empezamos a percibir en pueblos pequeños como éste es ya toda una realidad en las grandes capitales. A este paso no sólo la Iglesia, sino Europa entera se va a quedar sin niños (auctóctonos, se entiende).

No hablo del problema político que ello acarrea, no me compete a mí juzgar lo que no entiendo, pero sí se que a nivel religioso esto lo vamos a notar pronto, mucho antes de lo que muchos creen. Tiempo al tiempo.

lunes, 28 de mayo de 2007

Primeras Comuniones (II)

La semana pasada escribí un post sobre algunas preguntas inquietantes acerca de la Primeras Comuniones. Os propongo que esta semana dejemos a un lado la vorágine de las elecciones (Como habréis comprobado por las declaraciones -de unos y otros- todos han ganado…) y sigamos dándole vueltas al tema de las primeras Comuniones. He leído detenidamente vuestros comentarios y en general estoy de acuerdo con vuestras opiniones. No todo es malo en estos actos eclesiales-sociales, y además, si quitáramos de la Iglesia estos actos “festivo-sociales” (bodas, bautizos y comuniones) ¿Con qué nos quedaríamos?... Si hablamos que la religiosidad popular acerca a muchas personas a Jesucristo, no es menos cierto que estos actos son para muchos otros el ÚNICO acercamiento a los misterios de la Iglesia. De lo bien o lo mal que se celebren depende la imagen que muchos tengan (más allá de los tópicos prejuicios) de la Iglesia.

Dicho esto, insistamos en los aspectos negativos. Mi experiencia de este fin de semana en este campo no ha podido ser más desalentadora. En el Santiscal, de 21 niños que hicieron su primera comunión la semana pasada, solo una volvió a misa este sábado. Inmediatamente me vino a la mente el pasaje del Evangelio en el que de diez leprosos curados sólo uno volvió a darle las gracias al Maestro… Comenzada la misa, la pobre se quedó un poco cortada y desorientada, como preguntándose ¿Qué demonios hago yo ya aquí?. En el momento de la paz, con las sillas a su alrededor vacías (donde se sentaban los otros niños…) y sin sus padres (que la habrían soltado allí con el acostumbrado “luego te recogemos”) me acerqué y le dí dos besitos para que al menos no se quedara sin saludar a nadie. Triste realidad de una niña que probablemente ya no venga más…

En San Pedro la cosa no fue mucho mejor el domingo. De 18 niños que la hicieron hace 2 semanas vinieron 3 (al menos el porcentaje no es tan desastroso…). Juan con mucha voluntad intentó cantar, pero aquello no se hubiera podido arreglar ni con los tres tenores en concierto… Supongo que también pronto se aburrirán y se dedicarán a otros menesteres. La estructura en sí es insostenible, deprimente por la deserción generalizada de los primerocomulgantes. Luego llegará septiembre y otra remesa de niños a los que empezar a obligar a venir los domingos… en fin, como cantaría Julio Iglesias La vida sigue igual.

Frente a ello hemos celebrado Pentecostés. Yo creo en Él. Creo en su fuerza, en que conduce la Historia, en que un día nos resucitará como lo hizo con Jesucristo. Por ello, aunque los signos de los tiempos no sean muy halagüeños le pido que nunca me falte esa fe de saber que sólo somos obreros de la viña, nunca los dueños… Termino hoy con una oración. Como decía el Evangelio de este domingo, que el Espíritu Santo nos ilumine y nos de fuerzas a todos para seguir con PAZ (“paz a vosotros”), ALEGRÍA (los discípulos se llenaron de alegría), ENVIADOS (como el Padre me envía así os envío yo), y emisarios del PERDÓN (a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados…”). Perfecto resumen de vida cristiana la que se nos planteaba en apenas unas líneas…

martes, 22 de mayo de 2007

Primeras Comuniones

Ántes que nada, pediros disculpas por haberme ausentado y dejaros "huérfanos" de comentarios espirituales. La actualidad manda, y este mes de mayo es el mes de las comuniones por antonomasia. Renovaciones del Bautismo, confesiones, ensayos y, por fin, las celebraciones litúrgicas (a caballo entre lo espiritual y lo social) me han dejado para el arrastre.

A propósito de ello os lanzo algunas preguntas profundas: ¿Que queda en los niños después de dos años de preparación?, ¿Qué buscan los padres cuando van a apuntar a sus niños?, ¿Sabe un niño distinguir entre el pan y el Cuerpo de Cristo?, ¿Como podríamos hacer más serias las celebraciones de las comuniones?... Por otro lado también, entre la ironía y la pena, comparto con vosotros otras preguntas más jocosas: ¿Por qué la gente va a la Iglesia en vez de ir directamente al convite?, ¿Por qué no apagan los móviles o en su defecto los ponen en el vibrador?, ¿Dónde regalan las cámaras que todo el mundo lleva a las comuniones?, ¿Alguien tiene estómago para ver un vídeo de una primera comunión?, ¿Por qué las mujeres van tan ligeritas de ropa aunque haga frío?, ¿Por que los niños van de marinerito si en el lago de Arcos no caben buques?, ¿Por que las niñas se disfrazan de princesas si en el castillo de la Plaza del Cabildo no vive el rey?, ¿Por qué hay que darle de comer a 50-100 personas con todo el fasto del mundo cuando Cristo lo que predicó fue la austeridad?...

Conste que yo me divierto con los niños, lo pasó bien y no me altero en exceso en el maremagnum de las misas, pero eso no quita que sea crítico y reconozca que hay mucha paja que barrer en este circo de las comuniones...

Comentemos, que aquí seguro todos tenemos alguna sugerencia, crítica, opinión... etc.

miércoles, 31 de enero de 2007

Ser catequista hoy

Dedico este post a todas aquellas (casi siempre son mujeres…) que dedican su tiempo a la transmisión de la fe a través de la catequesis. Dar catequesis no es impartir un libro, sino hacer visible la fe a aquellos que comienzan a descubrirla. Sean niños, jóvenes o adultos, no importa. El-la Catequista es aquel que introduce en los misterios de la fe a quien tiene sed de la trascendencia.

Son tiempos difíciles, ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Para las catequistas no es una excepción. A las críticas habituales (que si son las pelotas del cura, que si cobran por su tarea…) se une hoy el desaliento por una labor de la que cada vez se ven menos frutos. Los sacramentos se han convertido en meros actos sociales y eso hace la tarea más ardua si cabe. Encontrar un niño que siga en postcomunión o un joven que tras confirmarse permanezca en la parroquia es casi una quimera. Además, nadie está dispuesto a dar nada gratis, y ello produce que nadie crea que un catequista realiza su labor por amor al Evangelio y a la Iglesia. En nuestra cultura del ocio, niños y jóvenes tienen cientos de distracciones más entretenidas que la catequesis. Por ello, ir a catequesis se ha convertido en una obligación más, como el colegio, el judo o el refuerzo de inglés. Son pocos los que buscan a Dios a través de la catequesis. Pocas familias interesadas, pocos niños interesados. Es de cajón.

Y sin embargo, allí están ellas. Dejando por un momento a sus familias, sus ocupaciones -o simplemente su descanso- dedican su tiempo y su esfuerzo a poner ladrillos espirituales en el Reino de Dios. Sin importarles las críticas. Tentadas (pero no vencidas) por el desaliento. Incomprendidas muchas veces incluso por las madres que les tendrían que estar agradecidas. Rebanándose los sesos para hacer más atrayentes sus esfuerzos. Me consta que a algunas las catequesis les cuesta incluso dinero de sus bolsillos. Aparte de la formación continua que ellas son conscientes que necesitan y que les quita más tiempo aún.

En fin, que como cura me quito el bonete. A todas ellas, ¡Gracias! Y no olvidéis nunca dos textos fundamentales de la Biblia: Primero, la parábola del sembrador (Mc. 4, 1-9). Vosotras sembráis en todas partes, que cada uno recoja lo que pueda… Y segundo Cristo nos promete el ciento por uno y la vida eterna (Mc. 10,28-31) … merece la pena arriesgar nuestra vida por Él, que nunca falla…