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miércoles, 22 de abril de 2009

Reflexiones al pie de una cama

Ayer por la tarde me llamaron para ir a llevarle la comunión a una anciana. Así que esta mañana cogí mi motito y me presente en su casa a las 11:30 de la mañana. Al llegar me condujeron a su habitación, donde Concha, que así se llama, pasa la mayor parte del día tumbada en su cama. A sus 92 años, Concha conserva una lucidez admirable. Es capaz de conversar durante todo el rato que se precise, con una coherencia y un orden lógico para engarzar ideas que ya quisiera yo para mí cuando alcance la mitad de su venerable edad. Hablamos de muchas cosas, de la familia, de la salud, de la comida, el sueño, de su vida pasada, de su distracción diaria -el crochet- y de lo que quería compartir hoy con vosotros: de la muerte.

Me resultó admirable ver como Concha tiene asumido que está viviendo sus últimos días. No padece ninguna enfermedad grave, pero su avanzada edad le hace percibir que esta viviendo la "prórroga" de su existencia. Lejos de una postura miedosa o angustiada, plantea el fin de su vida como un necesario e inevitable descanso y con la esperanza de otra vida. Si pudiera, me la llevaría al púlpito este domingo para hablar de la resurrección desde la alegría y la fe. En un momento dado, con la mirada fija en el infinito y como quien habla con alguien y a la vez se habla a sí mismo me dijo:

"No quedan ya amigas de mi generación. Las he visto morir a todas, así que ya no me queda nadie de mi época. Pero no le tengo miedo a la muerte. Siempre que he visto morir a alguien, -y ya van bastantes-, he visto la paz en su rostro. Al morir no se sufre, sino que se encuentra la paz."

Vaya lección de filosofía, de teología y de ética la que me regaló Concha esta mañana. Y no es la primera. Cada vez que visito a un enfermo recibo mucho más de lo que humildemente intento transmitir. La enfermedad y la ancianidad curten, hacen madurar a las personas y conceden una sabiduría que no existe ni en las mejores bibliotecas del mundo.

Hoy le pido al Señor por Concha, pero le pido también por mí, por vosotros, para que cuando nos llegue el momento de dejar este mundo lo hagamos con la consciencia y la serenidad que me ha demostrado hoy esta bendita mujer.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

De vuelta al tajo

Hola amig@s!

Con un poco de retraso vuelvo a incorporarme a mi querido Blog en el que espero seguir compartiendo con vosotros muchas y variadas experiencias cristianas.

El retraso no se debe a que haya prolongado en exceso mi asueto (malpensados...) sino a problemas con la tarjeta gráfica del ordenador. Hasta hoy no han dado con el problema, y una vez subsanado, vuelvo a tener el poder de la tecnología en mis manos y la posibilidad de comunicarme con vosotros a través de la red.

De las vacaciones poco que contar: mucha playa, sol, paseos... di buena cuenta de "Un mundo sin fin" (Dice un refrán que nunca segundas partes fueron buenas, y algo de razón lleva...) y eso sí, lo más destacado fue el susto del derrumbe del techo de la futura Iglesia del Santiscal. Gracias a Dios no hubo víctimas, todo quedo en un susto (bastante gordo, por cierto), alguna que otra noche sin dormir y las pérdidas materiales, que, en todo caso, siempre tienen remedio.

Como hacemos siempre, busquémosle la parte espiritual al asunto. Dice el Profeta Isaías 55, 5-9: «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos; como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.». Si Él ha permitido que esto suceda, todo tendrá un porqué. Aunque yo ahora mismo no se lo vea, seguro que ha sido su voluntad y nada, a seguir trabajando por la causa.

Así es que con las pilas cargadas, medio kilo de más (la báscula no se ha portado mal del todo) y muchas ganas de ver que depara este nuevo curso, os saludo y os agradezco vuestra fidelidad y vuestro apoyo en este Blog; que, a fin de cuentas, lo hacemos entre todos.

martes, 29 de julio de 2008

Nos vemos en septiembre

El título de este post me recuerda aquellas amenazas de mis antiguos maestros (que gracias a Dios nunca tuve que experimentar...) con las que intentaban motivarnos para que nos esforzáramos durante el curso y poder tener un verano tranquilito.

El motivo de la cabecera es bien distinto. Son precisamente las vacaciones en agosto las que me van a mantener alejado de mi parroquia, de mis quehaceres cotidianos y, como consecuencia de ello, también de mi blog. Cierto que podría ir a un Ciber a escribir, pero creo que viene bien descansar también de este post semanal y retomarlo con más energías e ideas nuevas en septiembre.

El otro día me preguntaba mi amigo Arturo que cómo era que un cura se iba de vacaciones. Evidentemente que uno no se toma vacaciones de "ser cura", pero sí de sus obligaciones parroquiales. Se trata de despejar la mente para volver con las pilas cargadas al inicio del nuevo curso.

¿Que qué hace un cura en vacaciones? Pues lo que todo el mundo: Estar con mis padres y mi hermano, ir a la playita, leer -me esperan 1.200 páginas de "Un Mundo sin Fin"-, pasear y escuchar el mp3, ver lo poco que se puede de la tv., estar con los amigos de toda la vida... en fin, lo mismo que cualquier persona. Tengo la suerte de que mis padres están en Valdelagrana y os aseguro que la playa, además de para tostarse y remojarse, es el mejor sitio para meditar y rezar -con permiso de los Templos...-. Hay que tomarse vacaciones de todo menos de Dios, que ese va conmigo a todas partes...

Pues lo dicho, felices vacaciones para el que pueda y ¡nos vemos en septiembre!

martes, 13 de mayo de 2008

Dos experiencias Extraordinarias

"Extraordinario" es lo que supera a lo ordinario, esto es, a lo común. Y extraordinario implica que esa superación es, a todas luces, gratificante.

Pues esta semana pasada he tenido dos experiencias sacerdotales (al hilo de las Primeras Comuniones) en las que no cabe mejor adjetivo calificativo que el de “extraordinarias”.

Antes de relatarlas os comento que he releído los post que escribí sobre el tema de las comuniones el año pasado. En general os puedo decir que hay “más de lo mismo”, o “sin novedad en el frente”, que diría el otro. Las comuniones siguen con su inexorable avance hacia su conversión en actos más sociales que religiosos, excesivamente multitudinarios y en celebraciones que más bien provocan insatisfacción general que otra cosa en ministros, catequistas y en todos aquellos que se toman la religión mínimamente en serio.

Sin embargo, estas dos experiencias que quiero compartir con vosotros hoy son como dos gotas frescas de rocío mañanero en el árido desierto...

La primera fue con motivo de las confesiones de los niños que se preparan para recibir a Jesús sacramentado. Una vez acaban los niños, comienzan las madres. Es curioso, siempre son las madres –rara vez un padre- los que acompañan a los niños a confesiones y ensayos. Supongo que los horarios laborales tienen mucho que ver en ello, pero yo la paridad tan cacareada hoy en día no la huelo ni de lejos. Todos son mujeres, como si los hombres no tuvieran pecados… Van viniendo una a una, y después de la ya esperada, y casi rutinaria coletilla “Estoy muy nerviosa; porque hace mucho, mucho tiempo que no confieso….” vino lo que califico como una experiencia extraordinaria.

Comprenderéis que no puedo referirme al contenido explícito de la confesión, pero sí a que una de esas madres, sollozando primero y comiéndose las lágrimas a tragos después, me relató que no confesaba desde que un día había abandonado un confesionario llorando ante una actitud poco comprensiva -y me atrevería a afirmar también que poco caritativa- de otro sacerdote. Con los niños habíamos leído y comentado el Evangelio en que Jesús dice: “Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más” (Juan 8,11) y sintió el impulso de encontrar en el sacramento de la Penitencia la reconciliación y el perdón de aquellos pecados -me los reservo- pretéritos. Ni que decir tiene que los obtuvo, y salió con una paz y una relajación que se traslucía en su rostro. En aquel momento me sentí instrumento de Dios transmisor de paz y perdón, pero también me sobrevino una desgarradora angustia al pensar el daño que podemos hacer los curas en un confesionario –o en una silla, como era el caso-. Creo, es mi opinión personal, que aún en el caso de tener que negar una absolución, hay que saber hacerlo al menos con educación, y si se me permite la expresión, “con arte”.

La segunda experiencia fue el viernes, en el Hospital. Tras recoger a mi padre a quien afortunadamente le daban el alta ese día, se me acercó el padre de un niño de otra parroquia de Arcos que por lo visto me conocía de vista. Llorando, -más lágrimas- me comentaba que su hijo estaba hospitalizado y que el sábado haría la comunión y aquel viernes debía confesar. Le iban a dar un alta provisional para hacer su Primera Comunión, pero a la confesión no llegaba. El niño había estado toda la noche sin dormir a cuenta de los nervios. Así que manos a la obra. Era la primera vez que confesaba a un niño postrado en una cama, y os aseguro que la experiencia es cuando menos impactante. Uno escucha las mismas venialidades (de pecado venial) que a los demás niños, pero de otra manera. Nunca olvidaré la sonrisa de ese niño al darle la absolución y decirle que ya podía descansar hasta el día siguiente. Al terminar y acercarme a sus padres éstos habían convertido ya sus llantos nerviosos en lágrimas de alegría. De nuevo la satisfacción del deber cumplido y el sentirme portador de Dios se apoderaron de mí.

En fin, que bendito sea Dios que nos regala el sentirnos de vez en cuando útiles en medio de esta sociedad que cada vez valora menos lo que somos y lo que hacemos los sacerdotes.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Las vacaciones de un cura

Ya he vuelto de las vacaciones. A muchos les extraña que un cura tenga días libres, así me lo ha expresado mucha gente que me he visto por Sanlúcar y El Puerto; y así lo he comprobado también por algunas alusiones a mi último comentario... Por cierto, vistos los 28 comentarios, creo que voy a abandonar este blog de experiencias cristianas y abriré uno de fútbol, que creo que trae mas cuenta...

Sinceramente, volviendo al tema que hoy trato, creo que las vacaciones son más que nunca necesarias en la sociedad en que vivimos. Evidentemente, uno no deja de ser cura (se es sacerdote las 24 horas del día 365 días al año), pero si deja la labor cotidiana para hacer otras cosas que en el trajín de cada día es difícil realizar (pasear, ir a la playa, leer una buena novela, conversar distendidamente sin pensar que al día siguiente hay una obligación...) Todo ello humaniza y es sano. De paso se dejan de hacer otras cosas, como encender el ordenador o la Tv, gracias a que la programación televisiva en verano es más nefasta aún (si cabe) que durante el resto del año.

Pero sigamos haciendo apología de las vacaciones. Respondiendo incluso a un amigo anónimo (no nos quiso dejar su nombre...) que insinúa que Dios no toma vacaciones, le respondería que precisamente las invento él... ¿o no le suena aquello de "al séptimo día descansó..."?. Evidentemente no dejó ese último día (para los judíos el sábado, pera nosotros el domingo) de ser Dios, pero sí se tomo un merecido descanso después de la ardua tarea de la creación...

Bromas aparte, todos nos cansamos. El trabajador merece su descanso, y así lo entiende nuestro sistema liberal capitalista. No son buenas unas vacaciones permanentes como tampoco es sano un trabajo asfixiante. Como en casi todo, en el término medio está la virtud. A un buen trabajo, gratificante y bien hecho (y remunerado) corresponden unas buenas vacaciones. Sólo así se reinicia de nuevo el ciclo laboral con ganas de volver al tajo.

Precisamente por el estado de cansancio de los últimos días no os comente dos actividades de las que de nuevo me siento orgulloso por la respuesta obtenida: La peregrinación al Santuario de Consolación de Utrera para ganar el jubileo (y unos Eurillos para la nueva Iglesia..) y la salida procesional del titular de mi parroquia, San Pedro; en el día de su onomástica, el 29 de junio. Muchas gracias a los que hicieron posible esos dos eventos, tan fructíferos personal y pastoralmente.

Bueno, para ser el primer día creo que basta con este alegato pro-vacacional, del que ahora espero que esté disfrutando mi amigo y colega del Barrio Bajo. Un saludo para él (si decide encender el ordenador, cosa que no le recomiendo) y para todos vosotros.

domingo, 11 de febrero de 2007

Ejercicios Espirituales

Esta semana dejamos descansar el Blog, ya que me voy de Ejercicios Espirituales a El Puerto de Santa María. A la vuelta ya os comento la experiencia...

Espero volver con las pilas espirituales cargadas...

Rezaré por vosotros, para que Dios os bendiga en vuestras vidas.

martes, 6 de febrero de 2007

Un dilema

Ayer se presentó un hombre en mi archivo con muy mala pinta. Estaba extremadamente delgado, tenía las muñecas tatuadas y presentaba un aire medio agresivo medio histérico, que hacía presagiar un “mono” galopante. Los peores pronósticos se confirmaron. Enseñando un papel en el que demostraba ser portador del VIH, me pedía dinero para ir a un viaje. Creo que en el fondo no me engañó, porque el viaje alucinógeno que se pegaría a mi costa sería de aúpa… En fin, que le dije que no podía ayudarle siempre, pero que por esta vez le pagaría su “viaje”.

A la noche, con el silencio y la soledad es cuando llegan las preguntas. ¿Hice bien en darle dinero aún a sabiendas de que seguramente era para droga?; pero, ¿No hubiera sido peor que lo hubiera robado?; y mañana, ¿Cómo conseguirá su dosis?; aunque, ¿No tiene ya bastante desgracia con su “condena a muerte” como para negarle uno de sus últimos caprichos...?; por otro lado, ¿No he colaborado cómodamente a mantener una situación de dependencia?...

Las preguntas no son fáciles de responder. Sí es mas sencillo presagiar que este hombre terminará sus días mal. Es una víctima de la sociedad que lo ha engendrado. Ha actuado y ha caído en la droga libremente, de eso no cabe duda; pero seguramente condicionado por una penosa vida familiar y educacional. Ahora, rechazado y estigmatizado por esa misma sociedad, apura sus días pordioseando unos cuantos Euros para sus “picos” diarios. Si tiene suerte no terminará sus días en la calle, sino en la casa de acogida “Siloé” (la única casa para enfermos terminales de Sida en toda la provincia, “curiosamente” gestionada por la Iglesia…).

No se si lo volveré a ver más, pero ahora que lo pienso fríamente ese hombre puede ser la experiencia más cercana que he tenido del rostro de Cristo sufriente. Enfermo, abandonado, sentenciado a muerte y menesteroso pasa su particular calvario físico y espiritual. Yo me acostaba calentito y bien cenadito mientras él, ¿Dónde estaría…?

En fin, que no se si practiqué la caridad o fui un imbécil, sólo me pregunto que habría hecho Jesucristo en mi lugar…

martes, 21 de noviembre de 2006

Un testimonio de fe

Me llamaron ayer para ir a visitar a un anciano de 82 años, que está bien de salud pero que se encuentra muy solo. Es soltero y muy culto, mantiene toda su lucidez, pero su problema es que casi todos los parientes más cercanos de su generación ya han dejado este mundo, así que le resulta muy difícil entablar conversaciones que le entretengan lo más mínimo. Dice que la Tv le distrae, aunque prefiere la radio, "el transistor" como él le llama, en el que escucha "el parte" (las noticias). Mi intención no era otra que la de estar un rato con él, ya que es hombre religioso y sale todas las mañanas a dar un paseíto, luego no necesitaba otra cosa más que lo escucharan. Para nosotros los curas, es un alivio que nos avisen para visitar personas así, ya que la mayoría de las veces que nos reclaman para ver un anciano o un enfermo es ya en una situación más cercana a la muerte, donde el diálogo es más bien inexistente...
Como digo, fui esta mañana a verle. rezamos un rato juntos y hablamos de religión, de fútbol, de política y hasta de toros (menos mal que a pesar de mi incultura en este último tema pude salir al quite, nunca mejor dicho...). Cuando ya la conversación había llegado a un punto muerto, y me disponía a abandonar la sala por falta de repertorio, me dice el amigo: (voy a intentar transcribir la conversación textualmente)

"Padre, ¿sabe porqué estoy viviendo tanto?"

Tengo que reconocer que la pregunta me bloqueó. Meneé la cabeza en señal de absoluta ignorancia y deje que él siguiera hablando.

"Pues se lo voy a explicar a usted. Yo no soy el más bueno de mi familia, pero si el que más reza. Así que he llegado a la conclusión de que Dios me quiere aquí para que rece por todos mis difuntos, que son ya muchos."

Mi silencio era aún mas profundo. Aquel hombre, un estorbo para lo que la sociedad considera hoy "un ser productivo" me acababa de dar una lección de las que no se aprenden en los libros. Su reflexión, lejos de ser una chochez senil es un tratado completo de espiritualidad cristiana.

Ya esta tarde, reflexionando, me he dado cuenta de que ese bendito anciano ha llegado por su propia experiencia personal a descubrir lo único que merece la pena en esta vida: el amor a Dios y el amor a los seres queridos, conjugados perfectamente a través de la oración.

Hoy, por ello, quiero romper una lanza en favor de aquellos que lo han dado todo por nosotros, nuestros mayores. Aquellos que están lúcidos y aquellos que son victimas del alzhéimer o la demencia senil. Aquellos que están en sus casas y aquellos que han sido abandonados en asilos llenos de confort y vacíos de cariño. Aquellos que encuentran un sentido a sus días y aquellos que solo desean que la muerte los recoja pronto. A todos ellos, gracias por ser tal y como sois. Así os quiere Dios y así llegaréis un día a su presencia.

Seguiré visitando a mi amigo, y a buen seguro, seguiré aprendiendo más cosas de él.

martes, 14 de noviembre de 2006

Primera piedra

Primera piedra puesta en los terrenos de El Santiscal (Arcos de la frontera): el 11-11-2006.