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sábado, 8 de octubre de 2016

Sacerdotes y religiosas asesinados

Llevamos unos meses en las que rara es la semana en la que algún sacerdote o religioso/a no es asesinado en algún rincón del mundo. Parece algo novedoso, pero desgraciadamente no lo es. Últimamente parece incluso que esa estadística se está disparando.

El día 3 de septiembre fue asesinada a tiros una religiosa española en Haití. Su único delito fue levantar una escuela tras el terremoto de enero del 2010. Vivía en uno de los barrios más pobres de Puerto Príncipe, entregando su vida y su tiempo por los más necesitados y convirtiéndose en una "pobre entre los pobres", como gustaba ser llamada Santa Teresa de Calcuta.

Hace una semana han sido asesinados a sangre fría dos sacerdotes en Veracruz (México). Unos días más tarde ha sido asesinado otro sacerdote en Michoacán. Diversas instituciones han denunciado en varias ocasiones que los sacerdotes en México son “sistemáticamente víctimas de intentos de extorsión, amenazas de muerte, e intimidación por parte de grupos criminales organizados”.

Tirando de estadística, se calcula que más de 7.000 cristianos fueron asesinados en 2015 por sus creencias religiosas. De ellos, 25 fueron sacerdotes o religiosos/as. Y digo "se calcula" porque hay países africanos y asiáticos donde el número es mucho más elevado pero al estar prohibido el cristianismo no trascienden a la luz pública sus asesinatos. 

Creo que estas cifras hablan muy claras del riesgo de ser cristiano en el mundo. Ciertamente no en Europa, donde estas noticias son afortunadamente raras, pero sí a nivel mundial. Abrazar la palma del martirio (morir por Jesucristo y el Evangelio) sigue siendo una realidad incuestionable. 

Por cierto, cuando ciertas personas critican alegremente algunos temas de la Iglesia (riquezas, exceso de autoridad, pederastia...) casi nunca hacen referencia a estos datos. Me parece un análisis sesgado, parcial e interesado del tema. Deberían poner todos los sacos en la balanza antes de emitir un juicio tan subjetivo.

Creo sinceramente que el martirio es una bendición para la Iglesia. Una bendición dolorosa, pero una bendición al fin y al cabo. La antigua sentencia latina sanguis martyrum semen christianorum» (la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos) así lo confirma. Nadie da su vida por algo de lo que no está seguro o en lo que no cree firmemente. Por ello, el ejemplo de estos 7.000 mártires de 2.015 y de los millones de asesinados por su fe a lo largo de toda la historia son un ejemplo y un estímulo para quienes como yo tenemos una fe más mediocre que necesita ser alimentada, al tiempo que se convierten en motivo de conversión para quienes comienzan a ser cristianos gracias a su testimonio de entrega incondicional. Benditos sean y en la gloria de Dios están.

domingo, 17 de agosto de 2014

Sobre las matanzas de cristianos en Irak

Llevo casi tres semanas sin escribir en el Blog, tomándome un pequeño respiro veraniego aderezado con varias dosis de pereza intelectual. Durante este tiempo, mis redes sociales se han colapsado de las peores imágenes que creo he visto en mi vida: Niños descuartizados, hombres y mujeres decapitados, bárbaros que hacen alarde de su religión sosteniendo en sus manos las cabezas de sus ejecutados, y un sinfín más de atrocidades que hoy con las redes sociales nos hacen llegar lo que hasta hace un año se autocensuraban los mismos periodistas por no herir la sensibilidad de nadie.

No son, ni mucho menos, imágenes agradables a la vista. Por ello no voy a iluminar este post con ninguna de ellas. Basta que el interesado/a busque en Google Imágenes con algunas palabras clave y las encontrará todas ellas. Suficientes como para alimentar las ansias de morbo y encender el odio visceral de quienes claman venganza. No son ésos los propósitos de este post. Si me he decidido a escribir unas líneas sobre este drama, es porqué mi conciencia me lo reclamaba a voces y porqué quería clarificar los siguientes puntos:

1. Estas matanzas-genocidios no son hechos aislados. Sistemáticamente, facciones politico-religiosas del Islam aniquilan a miembros de otras religiones. Lo sé, no es lo políticamente correcto, pero es así. Es más bonito hablar de la "Alianza de las Civilizaciones" o del "Diálogo Interreligioso", pero dentro del Islam (no es justo tampoco generalizar) hay varias corrientes muy poderosas que varios siglos después de que los cristianos cesasen en sus hostilidades siguen manteniendo la Guerra Santa como uno de los pilares de su fe. Apoyados por supuesto en gobiernos totalitarios y teocráticos que alientan las masacres. Nigeria, Libia, Argelia, Siria, Sudán, Uganda, Ruanda, Afganistán... han precedido a Irak y forman ya una lista donde los mártires cristianos se cuentan por cientos de miles. Es curios que incluso en la India los cristianos son masacrados no por los hindúes, sino por los musulmanes que cuentan, eso sí, con el silencio cómplice de las autoridades indias. En este mismo Blog, sin ir más lejos, el 10 de agosto de 2012 tenéis una entrada sobre una de las masacres de Nigeria. Cambia el país pero los protagonistas son siempre los mismos, tanto las víctimas como los verdugos.

2. Debemos intentar que nuestra bilis amarga y nuestro odio visceral no clamen venganza, sino que se transformen en admiración hacia los mártires y en oraciones de conversión hacia los asesinos, además de nuestra colaboración económica cuando se nos solicite. Flaco favor le haríamos a nuestra fe sino optamos por este camino. No se trata de mirar para otro lado ni de no auxiliar a las víctimas, pero sí de honrar su memoria. Luchar con todas las armas legales y militares posibles es compatible con el mayor de los homenajes a quienes dieron su vida PERDONANDO a sus asesinos. No se nos olvide que la condición sine qua non para abrazar la palma del martirio es la defensa de la fe y el perdón a los enemigos hasta el último hálito vital, a ejemplo de Cristo crucificado. Con miedo y sudando sangre por el terror como Cristo en Getsemaní, sí; pero con el alma llenos de amor y de perdón de aquellos a quienes arrebatan la vida terrenal pero confían en la recompensa celestial.

3. Debemos hacer examen de conciencia de nuestra mediocre vida como cristianos. Pienso en primer lugar en mi. En mi vida acomodada, en una persecución que no pasa de lo verbal y de aquella que los medios de comunicación realizan a todo lo cristiano en nuestro país. Cuánto me quejo y nos quejamos de esa intransigencia que se ha apoderado de nuestra sociedad, pero que en el fondo, se conforma con eliminar los símbolos religiosos o que todo lo más se limita a ridiculizar lo que para nosotros es sagrado (leánse Carnavales, cabalgatas de orgullo -dejémosló ahí-, programas politicos laicistas... etc). Como he dicho antes, pienso y me acuso en primer lugar a mí, pero tampoco puedo dejar de pensar en estos momentos en muchos "cristianos" que a la vista de los mártires dudo mucho que sean dignos de llevar ese nombre. Me refiero a los que se pegan codazos en Semana Santa por llevar una vara, o a los que acuden en masa al Rocío para que lo único que sufra sea su hígado, o a los que acuden a una Iglesia y protestan porque no había suficientes flores el día de su boda, o los que reclaman que el turno de la primera Comunión de sus hijos no puede ser a las diez de la mañana porqué es una mala hora para la comilona posterior, o a aquellos que protestan porqué el cura se les hace pesados, o etc, etc, etc. A todos ellos, conmigo el primero, repito, los ponía en la fila de un pelotón de fusilamiento para comprobar si su fe es digna del nombre de cristianos-nazarenos. Si a mi me pusieran el símbolo nun en mi casa quizás no sería tan valiente ni tan elocuente como lo soy con estas palabras. Sólo le pido a Dios que me de fuerzas si llega ese día y que se la dé a los que en estos momentos pasan por la prueba de la persecución y el martirio. A ellos la Gloria y la recompensa eterna.