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lunes, 23 de marzo de 2026

Un cuento para la Cuaresma: El perdón cristiano

El pasado miércoles estuve en un retiro de Cuaresma para profesores de Religión. El ponente, un sacerdote salesiano canario, estuvo hablando del perdón cristiano, y de la reconciliación que éste produce con Dios, con los demás y -especialmente- con uno mismo.

Para ilustrar esta auto-ayuda que produce el perdón a quien lo practica, el orador nos leyó un cuento muy breve de Anthony de Mello muy sugerente que hoy quería compartir con vosotros:

Un exconvicto de un campo de concentración nazi fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia. 

–"¿Has olvidado ya a los nazis?", le preguntó a su amigo.
– "Sí", dijo este.
– "Pues yo no, aún sigo odiándolos con todo mi alma", respondió el primero
– "Entonces aún siguen teniéndote prisionero", sentenció su amigo.

Creo que no cabe un mensaje más profundo en cuatro líneas. El perdón beneficia, sobre todo, a quien lo concede. Proporciona una paz espiritual y un bienestar interior que no se puede comparar a quien se deja llevar por el odio y el resentimiento. El perdón no sólo es un mandato evangélico sino que también es psicológicamente curativo.

En este sentido, me recordó el visionado de la película de Cotelo El Mayor Regalo, porque es también muy necesario su visionado para quien quiera aprender el poder curativo de el perdón.

lunes, 15 de abril de 2024

Una historia real

El post de hoy está basado en un hecho real ocurrido en un lugar de España en 2024. Los nombres están modificados para ocultar la identidad de sus protagonistas...

A mí, personalmente, me llama poderosamente la atención la disparidad de criterios con los que un joven de nuestros días debe tomar ciertas decisiones vitales y existenciales y de las leyes que los protegen. No os adelanto más, os transcribo -más o menos- la historia del encuentro entre una joven de cualquier Instituto y su orientadora y vosotros sacaréis vuestras propias conclusiones...


- "Buenos días. Mi nombre es Mercedes pero puedes llamarme Yeye. Me han contado que me querías consultar un montón de cosas... Soy la Orientadora del Instituto y voy a ayudarte en todo lo que esté en mi mano. ¿Cómo te llamas tú?"
- "Me llamo María. Soy alumna de 4º ESO y ayer cumplí los 16 años"
- "Anda, que mayor eres ya María... Encantada de conocerte... ¿Qué puedo hacer por ti?"
- "Verás, me da un poco de palo pedírtelo...."
- "No te preocupes María. Recuerda que estoy aquí para ayudarte"
- "Verás, llevo un par de veranos bebiendo con mis amigas en el lugar donde veraneo. Al principio una cerveza, luego pasamos a los gin tonics... Lo cierto es que me gusta, pero ahora he llegado al pueblo y todo el mundo nos conocen a mí y a mis amigas y nadie nos lo quiere vender. ¿Tú podrías conseguirme una botella para tomármela con mis amigas?"
- "Uy que va, María. Lo que me pides es imposible. Sabes que no puedo hacerlo. Hasta que no tengas 18 años no debes beber alcohol. Tu cuerpo no está preparado para asimilarlo. Es muy malo para tu salud y tu desarrollo. Quien te lo haya vendido en el lugar de veraneo era alguien sin escrúpulos que solo quería lucrarse a costa de tu salud... Hasta que no tengas 18 años hay una ley que te protege, no puedes comprar ni siquiera una cerveza, así que lo siento pero no puedo ayudarte. ¿Algo más en lo que pueda ayudarte?"
- "Sí. en aquellas noches de verano también fumábamos... ¿Podrías conseguirme al menos un paquete de cigarrillos?. La verdad es que me he enganchado y aquí tampoco me lo quieren vender".
- "Estamos en lo mismo, María. Hay otra ley hecha precisamente para proteger la salud de los jóvenes. Hasta los 18 años no debes fumar, aunque yo personalmente te recomiendo que no lo hagas nunca. Es muy malo para tu salud, sea a la edad que sea, pero especialmente ahora que aún os estáis desarrollando. Pídeme algo en lo que sí pueda ayudarte"
- "Vaya plan. En fin, a ver si en esto otro puedes ayudarme. Mis amigas y yo queremos ir al pueblo de al lado los fines de semana, porque hemos escuchado que los bares son más permisivos, pero ninguna de mis amigas tiene carné porque no tenemos edad. ¿Podrías hablar con alguien para que una de nosotras se lo pudiera sacar antes de los 18 años?
- "María, sabes que eso es imposible. Existe también una ley -para todo el país- que prohíbe conducir un coche a menores de 18 años. Un coche es algo muy peligroso y se necesita madurez para conducirlo. Podríais provocar un accidente y arruinar vuestra vida y la de gente inocente. Podéis ir en moto pero es muy peligroso, es una carretera con muchas curvas y no os lo recomiendo... Pero con estas peticiones empiezo a pensar que has venido aquí a tomarme el pelo...."
- "No, no, de verdad, Yeye. Creía que podrías ayudarme... Lo que me cuentas de las leyes es un rollo. Me gustaría poder votar para escoger un partido político que me dejara beber, fumar y conducir, pero claro, como no puedo votar hasta los 18, estamos igual, ¿no?"
- "Pues sí, María. Además es de nuevo por tu bien. No estás aún preparada para tomar ese tipo de decisiones. Se necesita madurez para entender la política y las diferencias entre los partidos. Además creo que no encontrarás ninguno que se adapte a tus gustos...¿Algo más o lo dejamos aquí?"
- "Sí. Desde el curso pasado estoy saliendo con Juan, un compañero de clase. Estamos muy enamorados. Queremos casarnos el verano que viene. ¿Qué tenemos que hacer?"
- "Pues de momento esperar.... En España uno no se puede casar hasta los 18 años, aunque aquí si tengo una buena noticia para ti. A partir de ayer, que cumpliste 16, con consentimiento de vuestros padres si os podréis casar. No obstante, es muy importante que vuestros padres conozcan vuestra situación y os den su permiso. Por algo son los responsables últimos de vuestra educación. De todos modos, yo te aconsejaría que esperarais. Es pronto para tomar una decisión así que implica compartir tu vida con otra persona. En fin, creo que no te voy a poder ayudar en nada..."
- "Creo que no. Las dos últimas peticiones sí que las veo difíciles..."
- "Cuéntame, a ver..."
- "Pues hace tres meses estuve con mi novio en mi dormitorio y ya sabes.... Ahora tengo dos retrasos y me temo lo peor. Lo hemos hablado los dos y si la prueba sale positiva queremos abortar"
- "Vaya... por fin, algo en lo que te puedo ayudar... si lo tienes claro me firmas unos papeles y ponemos el proceso en marcha lo antes posible, en estos casos no hay tiempo que perder"
- "Pero ¿Y mis padres? Me matarán cuando se enteren que estoy embarazada. Y si se enteran que he abortado ni te cuento...."
- "No te preocupes María, no tienen porque enterarse. No es necesario tener el consentimiento de tus padres para este tipo de decisiones. Con 14 años ya eres lo suficientemente madura y responsable para tomar este tipo de decisiones. Firma y empezamos el proceso cuando quieras. Dijiste que eran dos peticiones, ¿Cuál es la otra?".
- "Pues que desde hace un tiempo no me siento mujer. Quiero ser un hombre, lo tengo super-claro. ¿Hasta que edad tengo que esperar para cambiar mi sexo?, ¿Me va a costar mucho dinero?"
- "Hala, hija, has dejado para el final las cuestiones más fáciles... Eso también es posible sin que tus padres lo sepan, basta que tú quieras y estés convencida de ello. Disfrutamos de una ley que te permite -desde que cumpliste los 16- realizarlo, y tampoco se necesita el consentimiento de tus padres, así que también podemos empezar el procedimiento cuando quieras..."
"Gracias Yeye, eres un encanto... Así que resumiendo: beber, fumar, conducir o votar tengo que esperar hasta los 18, pero para abortar o cambiar de género basta haber cumplido los 16 años, ¿cierto?"
"Cierto"

Evidentemente a estas alturas el lector ya se habrá dado cuenta de que no es un caso real, lo que no quiere decir que situaciones parecidas no estén sucediendo hoy en nuestro país... Todos los datos en los que está basada esta historia son ciertos y reales, formando parte de los derechos y deberes de cualquier joven con nacionalidad española. No sé que pensaréis vosotros, yo los encuentro un poco contradictorios, será que me estoy haciendo mayor...
 

lunes, 8 de enero de 2024

El Testimonio antes que la Palabra

He encontrado una bella historia que hoy quiero compartir con vosotros. Habla de una dicotomía que suele ser recurrente en los debates pastorales desde que la Iglesia es Iglesia: ¿Qué debe ir antes, la predicación de la Palabra de Dios o la Caridad?. Creo que no hay que ser simplistas y quedarse con una rechazando a la otra, sino que hay que buscar fórmulas para conjugar ambas. Lo que sí nos aclara esta historia es el orden en el que deben ir: Primero la Caridad (el testimonio de fe), luego la catequesis sobre la Palabra de Dios. Y no se trata sólo de un orden lógico, sino incluso -me atrevería decir- estratégicamente recomendable: una predicación que no va acompañada del testimonio de quien la proclama es un mensaje vacío, son simples palabras huecas que no pueden calar en ningún corazón porque no convencen ni si quiera a quien las anuncia. Sin más preámbulos, os dejo con la historia, que por cierto hace ya la número 64 en "Historias para Pensar" del Blog. Espero que os haga disfrutar y reflexionar a partes iguales:

El capellán se acercó al soldado malherido, en medio del fragor de la batalla, y le preguntó:
- "¿Quieres morir en paz con Dios?"
- "Primero dame agua, que tengo sed", dijo el herido. 
El capellán le convidó el último trago de su cantimplora, aun sabiendo que el agua distaba kilómetros y tardaría más de un par de días en conseguir reponerla.
- "¿Ahora?", preguntó de nuevo.
- "Antes dame de comer", suplicó el herido. 
El capellán le dio el último mendrugo de pan que guardaba en su mochila, a sabiendas también de que tardaría días en reponerlo.
- "Tengo frío", fue la siguiente petición; y el hombre de Dios no dudó en despojarse de su abrigo de campaña (pese al frío y la humedad que calaban) y cubrir al moribundo.
- "Ahora sí", le dijo el agonizante al capellán. "Háblame de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. Quiero conocerlo antes de morir".

lunes, 30 de octubre de 2023

El buscador

Hoy os presento este cuento de Jorge Bucay (ya os he compartido algunas de sus historias en otras entradas) que como casi siempre no deja indiferente al lector. El psicólogo y escritor argentino tiene la capacidad de explicar con palabras sencillas mensajes profundos y trascendentales, un poco al mismo estilo -salvando las distancias- con el que Jesucristo proponía sus parábolas.

El relato de hoy responde indirectamente a una pregunta que yo me he realizado varias veces a lo largo de mi existencia: Si supiera exactamente el día que me iba a morir, ¿A qué dedicaría el resto de mi vida..?. Bucay lo tiene claro: "a ser feliz". Yo añadiría también: "a hacer felices a los demás", pero esto es cosecha propia.

Sin más preámbulos, vamos con la historia, que te engancha desde el principio:

Un día, un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años… Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. -¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano sonrió y dijo:

– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…: “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.

A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana?, ¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?, ¿Y la boda de los amigos?, ¿Y el viaje más deseado?, ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?, ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿Horas?, ¿Días?... Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento cuenta.

Después, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”.

Lo dicho, aunque el cuento peca un poco de hedonista y echo en falta algo de altruismo, el relato nos transmite una gran verdad. La mayor parte de nuestras vidas las malgastamos en cosas que ni nos llenan ni nos aportan una felicidad verdadera. El amor a los demás, la felicidad, el perdón, la familia, la verdadera amistad... En eso sí deberíamos emplear todos nuestros recursos, esfuerzos y nuestro tiempo. Todas estas facetas deberían estar apuntadas en nuestra libreta con un montón de horas empleadas. 

Termino esta breve reflexión con mi reconocimiento a Bucay por su constante originalidad y profundidad y mi deseo de que todos seamos capaces de irnos de este mundo con muchas horas acumuladas. Por cierto, el relato me ha recordado una frase que escuché un día y que también me impactó: "No vivas para contar días, sino para hacer que los días cuenten..."

lunes, 24 de abril de 2023

El cuento de la naturaleza humana: El sabio y el escorpión

Sigue aumentando la colección de "Historias para pensar" ya que con este post llevo 62, una buena colección de relatos que encierran un mensaje profundo. En el caso de hoy se ilustra toda una reflexión sobre la naturaleza humana: El ser humano, de por sí, ¿Es bueno, neutro o malo?, ¿Dependen sus comportamientos -y sus acciones- de la educación recibida y del contexto social en el que vive o hay una predisposición interna a ser "buenos" o "malos" por naturaleza"?.

Es imposible resumir en unas líneas todo el pensamiento que encierra estas preguntas, ya que tanto la gran variedad de corrientes filosóficas como las distintas religiones han intentado de alguna manera responder a estos interrogantes. Incluso dentro del cristianismo, por ejemplo, hay matices. La doctrina católica, por ejemplo, piensa que toda persona nace "mala" por naturaleza (fruto del pecado original) pero sostiene que esa "maldad" es borrada inmediatamente al ser bautizado, restaurando la bondad en el ser humano, quien con su libertad puede elegir vivir en ese estado de gracia de Dios. El luteranismo, por el contrario, es más pesimista antropológicamente hablando, y sostiene que esa "maldad" no es borrada completamente, afirmando que la naturaleza humana tiene un carácter pecaminoso de por sí, negando el libre albedrío de la persona y concluyendo que solo seremos salvados por la gracia de Dios, nunca por nuestras buenas obras.

Independientemente de este debate, aquí va el cuento-relato para hacernos pensar un rato. 

Un hombre sabio paseaba junto a su discípulo por la orilla de un río. Durante su camino, vio como un escorpión caía al agua y se ahogaba, decidiendo inmediatamente salvarlo sacándolo del agua con sus propias manos. Una vez el escorpión se posó en su mano, el animal le picó instintivamente. El fuerte dolor del pinchazo hizo que al sabio se le cayera el escorpión, volviendo al agua y hundiéndose poco a poco. El anciano sabio intento de nuevo con su otra mano salvarlo de una muerte segura, pero por segunda vez el animal le picó, provocando nuevamente que el escorpión se cayera al agua. La historia se repitió por tercera vez. El discípulo del sabio, pensando que su maestro estaba poseído por la locura, decidió romper el silencio de la situación con un par de preguntas:

- "Maestro, ¿Por qué intentas salvar a ese escorpión?, ¿No se da cuenta de que su naturaleza es la de picar?", inquirió de manera atrevida.

El sabio, manteniendo la calma y sonriendo, le respondió:

- "Lo sé, pero mi naturaleza es la de ayudar y salvar a quien lo necesita".

Finalmente, el sabio tomó un palo largo y, acercándoselo al escorpión, consiguió sacarlo del agua sin sufrir esta vez su picadura.

Respecto al debate anterior (si hay una naturaleza de bondad o de maldad en cada ser humano) cada cual que se sitúe donde quiera, pero creo sinceramente que parece evidente que en el mundo hay personas que tienden a hacer obras buenas y otros escogen por el contrario el camino del mal. Que sea fruto de su naturaleza, de sus condicionantes externos o de sus elecciones vitales no soy yo quién para juzgarlo. Allá cada uno con su conciencia. Pero ojalá hubiera en este mundo más personas como el sabio del cuento, que se preocuparan de ayudar a los demás sin importarle el perjuicio que ello le provocaba a nivel personal. 

lunes, 13 de marzo de 2023

El cuento de las dos vasijas

Hacía tiempo que no compartía con vosotros una de esas bellas historias para pensar que suelen tener una bonita moraleja al final. El otro día, leyendo un libro de cuentos, me impactó esta historia que hoy quería postear para darle repercusión. Es la siguiente:

Una joven muchacha de Japón iba todos los días a buscar agua a un pozo distante unos cien metros de su mansión. Para traerla a la casa usaba dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que portaba tras sus hombros. Una de las vasijas tenía una pequeña grieta, mientras que la otra estaba en perfectas condiciones y conservaba toda el agua hasta el final del camino. Cuando llegaba, la vasija rota apenas tenía un poco del agua con la que la joven la había llenado en el pozo. Durante un año completo la joven hizo diariamente el mismo recorrido todos los días sin desfallecer. La vasija sin defectos estaba muy orgullosa de sí misma, pues se sabía perfecta para el fin para la que fue creada. Sin embargo, la pobre vasija agrietada se sentía cada vez más avergonzada de ser vieja y defectuosa, y se frustraba cada día al llegar semivacía a la casa.

Finalmente, la vasija agrietada se armó de valor en el borde del pozo y le habló a la joven diciéndole:

- “Estoy muy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mi grieta sólo puedes usar un poco de mi carga y el resto se queda desparramado por el camino.”

La joven, sin cambiar su semblante feliz con el que caminaba todos los días, le contestó alegremente:

-“Cuando volvamos hoy a la casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.” 

Así lo hizo durante el camino de vuelta la vasija. Y se maravilló de ver tantas flores hermosas a lo largo del camino, que el resto de los días no había contemplado por estar tan preocupada por su grieta. Al llegar a la casa. la joven le volvió a decir: 

-“¿Te diste cuenta de que las flores sólo han crecido en tu lado del camino? Desde el primer viaje -hace ya un año- me di cuenta de tu grieta, pero busqué cómo sacar el lado positivo de ello. Al día siguiente comencé a sembrar semillas de flores, pero solo por el lado con el que voy contigo en el camino de vuelta. Sin darte cuenta, todos los días las has regado y has hecho que florezcan y den un colorido y una belleza especial al paisaje inhóspito del primer viaje. Si no fueras exactamente cómo eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

Creo que la moraleja está más que clara. A nivel psicológico nuestros defectos no nos dejan ver lo maravilloso que posiblemente es el paisaje a nuestro alrededor. Nuestros pensamientos nocivos nos pueden llegar a amargar de tal manera que no valoremos todo lo bueno y lo bello que tenemos delante de nuestros propios ojos. En clave cristiana, Dios nos ha hecho imperfectos, pero nos ama a pesar de esas imperfecciones, y puede sacar lo mejor de nosotros si nos dejamos guiar por el camino que Él nos indique. ¡Ay de aquel que se crea perfecto pues puede que a su alrededor no esté brotando la verdadera vida!. Por cierto, al hilo de este cuento-parábola, también vienen como anillo al dedo las palabras de San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, capítulo 4 versículo 7: "Pero nosotros llevamos ese tesoro en vasijas de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios". Poco más que añadir a las palabras del santo de Tarso

miércoles, 18 de marzo de 2020

Coronavirus y Apocalipsis

Era inevitable. La psicosis ha llegado ya y es necesario realizar una entrada sobre coronavirus. ¿Será esta pandemia el anuncio del fin de los tiempos? 

De lo mejor que he leído últimamente es esta reflexión que hoy comparto con vosotros, y después realizo la mía propia:

Malas noticias: tengo un amigo médico trabajando en China, y ¡me ha dicho que vamos a morir todos! ¡Allí ya ha pasado! no hay salvación posible, ¡es muy grave!

Primero morirán los de más edad, y así sucesivamente ¡iremos muriendo todos! 

Dice que aprovechemos antes de morir para intentar ser felices al máximo, ayudar a todos los que podamos, ser solidarios, disfrutar la vida, olvidarnos de envidas, de lo material, pasar todo el tiempo que podamos con nuestros seres queridos y decirles cuánto los queremos....

Dice que morirán primero los de más de 85 años, después los de 75, etc, etc

La dinámica es la siguiente: A los de 50 dice no les quedan más que unos 40 años; a los de 40 pueden quedarles unos 50 años....incluso los que ahora tienen 30 no vivirán más de 60 años... ¡es una tragedia! Insiste en que antes de morir intentemos aprovechar la vida al máximo y ayudar todo lo que podamos a la gente...

Efectivamente si algo bueno tiene esta historia es que nos ha hecho conscientes de que todos vamos a morir, antes o después todos dejaremos este mundo. Hemos vivido sin querer ser conscientes de ello salvo cuando se nos muere un ser querido. Ahora esta conciencia es generalizada y el miedo a la muerte ha aflorado con toda su intensidad. Esto sin duda nos va a hacer valorar cada minuto de nuestras vidas y lo verdaderamente importante. Podemos vivir sin fútbol, sin toros, sin cines o sin bares. Sin pasear, sin playas, sin hacer ejercicio.... Pero no podemos vivir sin amor, sin sentirnos queridos por la familia y los seres queridos. Todo lo anterior está muy bien y algún día lo recuperaremos, pero ahora mismo es una oportunidad para recuperar tiempo útil con nuestros seres queridos. Espero que sepamos aprovechar esta oportunidad. También Dios y la oración deberían ocupar una parte central de nuestros días. 

Y sobre si este es el final o no, si se acerca el apocalipsis y el final de los tiempos... nunca viene mal recordar las palabras de Jesús en Mateo, 25, 13: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir". Una llamada a la vigilancia y a la penitencia que nos viene que ni pintada para este tiempo cuaresmal. Independientemente de que haya uno general, cada uno vamos a tener nuestro apocalipsis particular, y hay que estar preparado para ello...

miércoles, 26 de febrero de 2020

Miércoles de Ceniza. El Judas de Leonardo Da Vinci

Nos disponemos a comenzar una nueva Cuaresma, tiempo de conversión y arrepentimiento. Recientemente me tropecé con esta historia que quería compartir con vosotros. Supongo que es ficticia, pero eso no la hace menos interesante y valiosa espiritualmente hablando:

Cuando se supo que Leonardo Da Vinci iba a representar la Última Cena y que necesitaba modelos para pintar a Jesucristo y los doce apóstoles, una gran cantidad de personas se presentaron como voluntarios. El artista quiso empezar con Jesús, por lo que escogió a un modelo de apenas 20 años. El joven tenía una cara inocente, reflejaba paz e inocencia, y estaba libre de las marcas que la vida va dejando en el rostro.

Cuando Da Vinci terminó de pintar a Jesucristo siguió buscando otros modelos para representar al resto de apóstoles, dejando al más complicado, Judas, para el final. Tardó unos seis años en pintar a los once apóstoles. Cuando le tocó el turno a Judas, buscó sin suerte a un modelo con una cara fría, dura, y a ser posible marcada por cicatrices que evocaran la traición, la avaricia. Cuando andaba desesperado por no encontrar a nadie semejante, un amigo le dio una pista.

-Leonardo, tengo lo que buscas. En el calabozo de Roma hay un hombre que está sentenciado a muerte y reúne las características que buscas. ¡Es perfecto para Judas!

Leonardo, sin pensárselo dos veces, fue hasta el calabozo y encontró lo que había estado buscando. Aquel hombre tenía el pelo largo, un cuerpo maltrecho, una mirada asesina y la cara marcada por los estragos de la vida. Tras elegirle, permitieron al reo trasladarse al estudio del pintor mientras durara su trabajo.

Día tras día, el artista iba dando pinceladas maestras a la representación de Judas mientras el modelo le miraba en silencio. Cuando Leonardo terminó de pintar el cuadro y llamó a los guardias para que devolvieran al prisionero a los calabozos, este se resistió y cayó de rodillas ante el pintor. Le gritó desesperado.

-¡Leonardo! ¡Mírame bien! ¿Es que no me reconoces? -Da Vinci negó con la cabeza. No recordaba haber visto a aquel hombre antes de la visita al calabozo- ¡Soy yo! ¡El joven al que hace siete años elegiste para ser el modelo de Cristo!

Las vueltas que da la vida.... ¿Verdad? 

Hace unos años en una entrada parecida afirmé que todos tenemos algo de Pedro y algo de Judas. A veces traicionamos a Cristo como hicieron ambos, pero si somos capaces de arrepentirnos y pedirle perdón estaremos más cerca de la actitud de la roca de la Iglesia que de la del traidor. Hoy podemos dar un paso más al hilo de esta historia y afirmar que a veces nos asemejamos a Cristo y otras a Judas. Depende de la vida, de sus circunstancias y de las decisiones que vayamos tomando. Ahora que comienza una nueva Cuaresma propongo como reto espiritual eliminar de nuestras vidas todo lo que nos separa de Cristo y retomar la inocencia y la pureza que nos acerca a Él. Espero que así sea....

miércoles, 29 de enero de 2020

La princesa busca marido

Hoy he leído este bonito cuento que creo que encierra un pensamiento que puede ayudar bastante a la vida espiritual. Es un relato de Jorge Bucay que habla sobre el amor. Amar al otro, sin duda, es querer lo mejor para él o ella. Muchas veces el egoísmo y la satisfacción de los propios placeres se ocultan tras una pátina de amor y cariño y hay que saber cribarlo como el grano de la paja. En ese sentido nada como el versículo del Cantar de los Cantares 8, 6-7 para describir el amor verdadero:

Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el sheol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh. Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.

Bueno, os dejo con el cuento, espero que lo disfrutéis y saquéis vuestras propias conclusiones:

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro, al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue. Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven. Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente este joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días. La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en octubre, había pasado frente a él noviembre, y en diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

"Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el 
hombre que de verdad me quiere."

El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él. Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y esta le dijo:

"Hijo, querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?"

Y el hijo contestó:

"¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi Amor, ¿verdad madre?"

miércoles, 15 de enero de 2020

¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¡Quién sabe!

Hoy voy a compartir con vosotros una historia muy bonita que me contó por primera vez una religiosa contemplativa mercedaria. Ignoro su autor, pero la he buscado por internet y la he encontrado. Habla de lo variable que pueden ser los acontecimientos según pasa el tiempo y vamos tomando plena conciencia de ellos o las circunstancias van cambiando. En ese sentido, me recuerda a una cita bíblica muy conocida de Isaías 55, 8-9: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo del Señor. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros.". Os dejo con la historia y espero que la disfrutéis tanto como yo: 

“Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada. Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.

Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. El hijo del anciano, al oír el ruido de los cascos del caballo en el establo, y al constatar que un magnífico ejemplar había entrado en su propiedad, decidió poner la madera en la puerta de la cuadra para impedir su salida.

La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo. Era una gran suerte que ese bello y joven rocín salvaje fuera a parar a su establo. Era en verdad un animal que costaría mucho dinero si tuviera que ser comprado. Pero ahí estaba, en el establo, saciando tranquilamente su hambre y sed.

Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y no entendieron…

Pero sucedió que, al dia siguiente, el caballo ya saciado, al ser ágil y fuerte como pocos, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, éste les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y volvieron a no entender…

Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa y llevándoles, uno a uno, a ese establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Hembras jóvenes en edad de procrear, potros de todos los colores, más de cuarenta ejemplares seguían al corcel que una semana antes había saciado su sed y apetito en el establo del anciano labrador. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada. Su patrimonio crecía por fruto de un azar generoso con él y su familia. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza. Era indudable que tener, de repente y por azar, más de cuarenta caballos en el establo de casa sin pagar un céntimo por ellos, solo podía ser buena suerte.

Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes, aquél que había llegado la primera vez, huido al día siguiente, y llevado de nuevo a toda su parada hacia el establo. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Teniendo al jefe de la manada bajo control, no había riesgo de pérdida. Pero ese corcel no se andaba con chiquitas, y cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. A lo que los vecinos ya no supieron qué responder.

Y es que, unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino. Los vecinos que quedaron en la aldea, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Los tres filtros de Sócrates

Esta semana me he tropezado con otro de esos cuentos que te hacen reflexionar. Es una historia inventada que tiene multitud de versiones, unas hablan "tres rejillas" otras de "tres preguntas", aunque la versión de este relato que más me ha gustado es esta de los "tres filtros". De la misma manera, unos textos la atribuyen al pensador griego Sócrates, mientras que otros lo hacen a un maestro oriental anónimo. Lo más probable es que se trate de este último caso, un relato no histórico atribuido a un personaje célebre para darle mayor popularidad.

Sea como fuere, lo más importante es que si de verdad lo pusiéramos en práctica acabaríamos con los rumores y las maledicencias, que sin lugar a dudas son auténticos enemigos de la convivencia y de la armonía en las relaciones humanas. Os lo copio, espero que lo disfrutéis y a partir de hoy lo apliquemos a nuestras vidas espirituales:


Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:
- “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”
Sócrates lo interrumpió diciendo: -“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?
-“¿Los Tres Filtros…?”
-“Sí” – replicó Sócrates. El primer filtro es la VERDAD. –“¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”
-“No… lo oí decir a unos vecinos…”
-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”
-“No, en realidad no… al contrario…”
-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”
– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”
– “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”

lunes, 19 de noviembre de 2018

Dos Ángeles viajeros

Comparto hoy este bonito cuento con moraleja que nos debe hacer pensar que las cosas siempre tienen una doble lectura. En ese sentido, esta historia me recuerda a otro cuento  que comenté en el Blog hace un par de años. Os lo dejo para vuestra lectura y vuestras propias conclusiones:

Dos ángeles viajeros se detuvieron a pasar la noche en la casa de una familia adinerada. La familia era grosera y les negaron a los ángeles la estancia en el cuarto de huéspedes de la mansión. Se les dio un pequeño espacio en el frío sótano. Mientras hacían su cama sobre el frío y duro suelo, el ángel mayor vio un hoyo en la pared y lo reparó. Cuando el joven ángel preguntó porqué los ayudaba, el mayor le contestó:
"- Las cosas no siempre son lo que parecen".

La siguiente noche el par de ángeles fueron a descansar en la casa de un granjero y su esposa, quienes eran muy hospitalarios. Después de compartir con ellos la poca comida que tenían, la pareja dejó a los ángeles dormir en su cama donde pudieran tener a una buena noche de descanso. Cuando el sol salió la siguiente mañana los ángeles encontraron al granjero y a su esposa llorando. Su única vaca, cuya leche había sido su único sustento, había muerto en el campo. El ángel joven se enojó y le preguntó al mayor cómo había dejado que eso pasara:
"- El primer hombre tenía todo y aún así lo ayudaste" - le dijo- "La segunda familia no tenía nada pero compartía amablemente lo que tenía y tú dejaste que su vaca muriera".

El ángel mayor respondió:
"- Las cosas no siempre son lo que parecen. Cuando estuvimos en el sótano de la mansión, noté que había oro dentro del hoyo en la pared. Ya que el dueño estaba obsesionado con la avaricia y no compartía lo que tenía con los demás, sellé el hoyo para que no encontrara el oro. Anoche mientras dormíamos en la cama de los granjeros, el ángel de la muerte llegó por la esposa del dueño. En su lugar le di la vaca. Te repito que las cosas no son siempre lo que parecen...".

Cada uno puede sacar sus propias conclusiones y aplicar la enseñanza que le parezca -ya que en eso consiste una de las virtudes de los buenos cuentos- pero a mi la idea que se me vino a la cabeza al leerlo es que a menudo cuando juzgamos situaciones cotidianas nos falta información y sacamos conclusiones erróneas debido a ello. Conocer todos los detalles de una historia es fundamental para saber interpretar bien los resultados. Desde una perspectiva creyente esto es esencial, ya que la totalidad del conocimiento solo la posee Dios y los seres humanos debemos conformarnos con una visión parcial de la Historia y el devenir de los acontecimientos. Quizás por ello Jesucristo nos recomendó en el Evangelio de San Mateo: "No juzguéis y no seréis juzgados..."

lunes, 11 de junio de 2018

Las siete maravillas

Hace poco leí una de esas historias de las que te hacen pensar. Se trata de una historia relacionada con lo que los psicólogos contemporáneos denominan "pensamiento divergente" o "pensamiento lateral", el cual en el ámbito académico se relaciona directamente con la creatividad de un alumno.

En este caso la historia tiene además un componente espiritual y casi trascendente, por lo que me parece muy completo para reflejar de manera simbólica varios temas distintos y muy sugerente para la reflexión.

Ahí os lo dejo para vuestro provecho:

"En una clase de Geografía e Historia, los alumnos trabajaban sobre las Siete Maravillas del Mundo. Al término de la sesión, se les pidió hacer una lista de las que ellos consideraban deberían ser actualmente las Siete Maravillas del Mundo. 


A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente: 

1. Las Pirámides de Egipto. 
2. El Taj Mahal. 
3. El Gran Cañón. 
4. El Canal de Panamá. 
5. El Empire State. 
6. La Basílica de San Pedro. 
7. La Muralla China. 

Mientras se recontaba la votación, el maestro notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía problema para terminar de hacer su elección. 

La muchacha tímidamente respondió:
 -Si, un poco. No podía decidirme pues son tantas las maravillas. 

El maestro dijo: 
-Bueno, dinos lo que has escrito y tal vez podamos ayudarte. 

La muchacha titubeo, y después leyó:
- Creo que las Siete Maravillas del Mundo son: 

1. Poder tocar. 
2. Poder saborear. 
3. Poder ver. 
4. Poder escuchar. 

Titubeando un poco continúo: 

5. Poder sentir. 
6. Poder reír. 
7. Y… Poder amar. 

Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto, mientras el maestro, asintiendo con la cabeza, comprendió que la respuesta de la chica encerraba maravillas que en nuestras vidas damos por descontadas, pero que en el fondo deberían emocionarnos cada día..."

jueves, 26 de octubre de 2017

La felicidad

Hace unos días hablaba con varias personas acerca de la felicidad. Creo que no todo el mundo tiene claro el concepto de felicidad en la vida. En concreto una de ellas me decía que el dinero da la felicidad plena, justificándolo con que con ella podría comprar todo lo que quisiera, incluso a las personas. Creo que quienes piensan como él ya han sido totalmente absorbidos por la sociedad de consumo que cosifica al ser humano. Si hay personas que creen que el dinero da la felicidad es porque su confianza y el sentido de sus vidas están puestos únicamente en las cosas materiales. Desde ese prisma, por supuesto que el dinero da la felicidad. El dinero te da la posibilidad de consumir sin límites, una de las panaceas de la sociedad actual. A más dinero, más felicidad, y a mayor pobreza mayor desdicha. El anterior es un silogismo que puede entender hasta un niño de 5 años. 

Pero afortunadamente hay vida más allá de la sociedad de consumo. Si el sentido de la vida no lo ponemos en las cosas materiales sino en otros valores, la cosa cambia. La fe, el amor o la esperanza, por ejemplo, no se pueden comprar ni con todo el oro del mundo. Por ello las personas que tenemos  estas virtudes en cualquiera de sus grados somos los más afortunados sobre la Tierra, siempre y cuando las valoremos como lo que son, tesoros espirituales. 

A propósito de ello me acordé de una historia que leí hace ya muchos años de José Luis Martín Descalzo, quien en su libro “Razones para la Esperanza” escribía:

Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: «La Felicidad». Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: «Por favor, ¿Qué venden aquí ustedes?» 
«¿Aquí? —respondió en ángel—. Aquí vendemos absolutamente de todo». 
«¡Ah! — dijo asombrado el joven—. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con sus hijos...» 
Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo: «Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, sino semillas.»

En conclusión, la felicidad, como las virtudes, no son algo que se pueda comprar, sino que constituyen el objeto mismo de nuestra propia existencia. Cuanto más luches por la paz, la familia, el amor, la justicia... más feliz serás; no con la felicidad efímera que los bienes materiales producen, sino con una satisfacción interna que nadie nunca te podrá arrebatar. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Dios escribe derecho con renglones torcidos

Qué gran verdad es que de una desgracia Dios puede sacar algo positivo, según la frase lapidaria atribuida a Santa Teresa de Jesús "Dios escribe derecho con renglones torcidos". Así, lo que aparentemente parece una desgracia, un contratiempo, un fastidio... al cabo de los años y con la distancia lo vemos desde otra perspectiva y ya no nos lo parecen tanto. Seguro que las preocupaciones que uno tenía hace 10 años -por decir un tiempo- no son las mismas que las que uno tiene en la actualidad. Nos centramos siempre en el presente, el aquí y el ahora, absolutizándolo y con poca capacidad de relativización.    

Supongo que la explicación desde una perspectiva no creyente a este fenómeno es que el ser humano es consciente de que "no hay mal que cien años dure" y nuestra mentalidad termina superando las contrariedades de la vida con la capacidad humana que los psiquiatras y psicólogos contemporáneos denominan "resiliencia".

No obstante, desde una perspectiva de fe a la que yo me adhiero, prefiero pensar que formamos parte de un plan divino, incomprensible para nuestras mentalidades finitas. Según este parecer, los momentos en que nuestra fe es probada a través de distintos acontecimientos son precisamente una posibilidad que se nos brinda para fortalecernos interiormente y demostrar nuestra confianza en Dios. Así al menos intento yo ir encajando los duros golpes que la vida me va proporcionando con el transcurso de los años.

Una historia para pensar ahonda en esta idea. Actualmente está siendo muy utilizada en técnicas de empresa para invitar a los trabajadores a salir de la "zona de confort" en la que habitualmente nos movemos y adentrarnos en lo desconocido, en el ámbito de la creatividad y la innovación. Creo que también tiene una lectura espiritual evidente y por eso la quería compartir con vosotros:
  
Un maestro paseaba con su discípulo cuando llegaron a un poblado muy pobre. Visitaron a una familia del lugar, que los recibieron con ropa vieja y maloliente. Les explicaron que no obstante fueran humildes se sentían afortunados de tener una vaca, gracias a la cual podían sobrevivir a pesar de sus precarias condiciones.  El padre de la familia dijo que bebían la mitad de la leche que les proporcionaba cada día, y la otra parte la vendían a cambio de otros alimentos en una ciudad vecina. 

Cuando se marcharon del lugar, el sabio le dijo al joven discípulo: “coge la vaca de estos señores y lánzala por el precipicio”. El joven no lo entendió, pero lo hizo. 

Unos años después, remordido de culpa por haber realizado aquello, decidió volver a aquel poblado. Cuando llegó se sorprendió al encontrarlo repleto de jardines, tiendas y fuentes. Parecía un lugar totalmente distinto, y también le extrañó que la casucha donde había estado en su día visitando a aquella familia era una casa bonita. Se horrorizó imaginando cómo aquella familia, tras perder a su vaca, habrían tenido que vender su casa y marcharse. 

Preguntó entonces a un hombre que vio junto a la puerta: “¿Sabe dónde puedo encontrar a una familia que vivía aquí hace unos cuatro años?” a lo que el hombre le contestó: "Somos nosotros". 

El joven, extrañado, le preguntó: “¿Cómo lo hicieron para cambiar de vida?” y el hombre le contestó: “Teníamos una vaca que murió, y entonces tuvimos que arreglárnoslas para sobrevivir de otra manera. Montamos un negocio que ha funcionado bien y ahora nos sobra de todo”.

La historia se puede adaptar a lo que os digo. Una desgracia se transformó en oportunidad de mejora para una familia que lo único que hacía era subsistir de mala manera. Los planes de Dios actúan también de esta manera, sacando bienes de donde en apariencia solo hay desgracias.  Eso sí, la vaca no creo que estuviera conforme ni con la moraleja del cuento ni con mis reflexiones... En fin, como casi siempre, todo depende de la perspectiva desde la que uno analice las cosas.

sábado, 22 de octubre de 2016

Tener la conciencia tranquila

Qué verdad es que nunca se puede tener a todo el mundo contento. Puedes dar una limosna y habrá quien te diga "seguro que el dinero es para drogas...". Puedes hacer una buena obra a alguien y también habrá quien te diga -o lo piense- "seguro que quiere algo a cambio...". Ni siquiera el Hijo de Dios, Jesucristo, pudo contentar a todas las personas de su época. Muchos lo criticaron, lo acusaron, lo condenaron y lo mataron finalmente a pesar de sus buenas obras. Está claro que si tuviéramos que hacer las cosas con el único objeto de contentar a la gente haríamos mejor en quedaríamos inmóviles, ya que no podríamos hacer nada. Tal parece la condición humana que nunca se contenta y siempre anda buscando los tres pies al gato. Supongo que pecados como la envidia o los celos andan también detrás de la advertencia de Cristo sobre los que prefieren "buscar la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio" (Lc. 6, 42).

En relación con esto he escrito el título de esta entrada. Yo soy de los que piensan que en esta vida lo verdaderamente importante es tener la conciencia tranquila, independientemente de lo que los demás opinen de nuestras acciones. Poder acostarte por las noches y dormir tranquilo, sabiendo que al menos no has hecho daño a nadie y sin embargo has intentado hacer todo el bien que estuvo en tus manos ese día creo que es el mejor regalo que nadie puede tener.

No he podido encontrar otra historia mejor para ilustrar estos pensamientos que la fábula de Esopo que os dejo a continuación: El molinero, su hijo y el burro. Seguro que alguna vez ya la habéis oído, pero es de esos relatos que merecen la pena ser releídos y meditados de vez en cuando.

Que os aproveche.


Un molinero y su hijo llevaban su burro a una feria en la ciudad vecina para venderlo. No habían andado todavía muy lejos cuando se encontraron con un grupo de mujeres alrededor de un pozo, hablando y riéndose.

"¡Miren eso!" - gritó una de ellas. "Han visto alguna vez a semejantes compañeros, andar con dificultad a lo largo del camino a pie cuándo podrían montar sobre el burro?"

El anciano, que oyó aquello, rápidamente hizo montar a su hijo sobre el burro, y siguió andando alegremente a su lado. Poco después toparon con unos ancianos que discutían entre ellos. 

"¡Ahí está!" - dijo uno del grupo, "Demuestra lo que yo les decía. ¿Cuál respeto hay para la vejez en estos días? Vean ustedes esa ociosa tranquilidad juvenil mientras su viejo padre tiene que andar. ¡Baje usted, agraciado joven, y deje al anciano descansar sus cansados miembros!"

Por aquellas palabras, el anciano hizo a su hijo desmontarse del burro, y montarse él mismo. Y siguiendo adelante, no habían llegado muy lejos cuando encontraron un grupo de mujeres y niños: 

"¿Por qué, usted, viejo perezoso..." - Gritaron varios a la vez "...puede montar sobre la bestia, mientras a ese pequeño pobre chaval le cuesta seguir el ritmo al lado de usted?

El molinero bondadoso inmediatamente tomó a su hijo y lo montó detrás de él. Y ya ahora casi habían alcanzado la ciudad. 

"¡Dios con ustedes, buenos amigos!" - Dijo un ciudadano, "¿Es ese burro de ustedes?"

"Sí" - Contestó al anciano. 

"¡Oh, no lo habría pensado así!"- Dijo el ciudadano, "Y a propósito, veo que ustedes van encima de él. ¿Por qué ustedes dos juntos, no llevan a la bestia sobre ustedes, y no ustedes sobre ella? Así llegara descansado y podrán sacar más dinero por él"

"Podríamos complacerle" - dijo el anciano. "Así lo haremos".

De este modo, bajando ambos del burro, le ataron juntas las piernas, y con la ayuda de un poste lo llevaban en sus hombros. Cerca de la entrada de la ciudad pasaron sobre un puente. Esta vista divertida atrajo a la gente en muchedumbres para reírse, y hasta el burro, no gustando del ruido ni del manejo extraño al cual era sujeto, rompió las cuerdas que lo ligaban y, cayendo del poste, todos fueron a dar al río. 

Por todo esto, el molinero, fastidiado y avergonzado, decidió que lo mejor era regresar a casa otra vez, convencido de que procurando complacer a cada uno, en realidad no había complacido a nadie, y además de que perdió la oportunidad de vender a su burro.

Moraleja: Toma tus decisiones con tu mejor parecer, no con el parecer ajeno.

sábado, 17 de septiembre de 2016

El saco de plumas (o el daño irreparable de la calumnia)

Cuando la calumnia te toca de cerca es sencillamente devastadora. Alguna que otra vez lo he sufrido en primera persona, aunque en el momento presente no soy yo quien la sufre (que yo sepa...) pero sí una persona muy cercana a mi a quien va dedicado este post.

Es cierto que la mentira tiene las patas muy cortas y que tarde o temprano el tiempo pone a cada uno en su sitio. Pero no es menos cierto tampoco que basta un bulo, una invención y dar rienda suelta a la imaginación para que el afectado sufra en sus carnes el desasosiego que produce saber que tu prestigio está siendo mancillado y que no te puedes defender si no es a base de la honradez y la coherencia de vida.

A propósito de ello os dejo hoy este cuento que viene como anillo al dedo:

"Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, haciéndolo por la envidia que le tenía al ver el éxito que había alcanzado. Se inventó toda suerte de mentiras para desprestigiarlo, contándolas a grandes voces por las plazas del pueblo y poniendo carteles anónimos para difamarlo.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, por lo que decidió ir a pedir consejo a un hombre muy sabio a quien le dijo: 

"He calumniado a un amigo pero estoy arrepentido. Quiero arreglar todo el mal que le hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el sabio respondió: "Es sencillo. Solo tienes que hacer dos cosas. La primera de ellas es tomar un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y soltarlas al aire en una jornada de ventisca. Cuando lo hayas hecho, vuelve a por la segunda instrucción". 

El hombre se fue muy contento por la tarea tan fácil que el sabio le había encargado. Compró un montón de plumas y llenó un saco. Esperó a que las condiciones climatológicas fueran las oportunas, tomó el saco lleno de plumas y las soltó para que el viento se las llevara bien lejos. Con esto pensó que parte del daño estaba reparado. "Son como las calumnias que he dicho, que se las habrá llevado el viento", se dijo. "Me siento mejor y más tranquilo", pensó.

Volvió entonces donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado la primera parte de la tarea, la segunda no será tan sencilla, ¿verdad...?

A lo que el sabio contestó: "Efectivamente esa era solo la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle, búscalas y me las traes todas".
Entonces el hombre se sintió muy triste, pues sabía que lo que el sabio le pedía ahora era imposible de cumplir ya que no podría encontrar casi ninguna de las plumas lanzadas al aire. 

Al comprobar su tristeza y que el hombre no se movía de su sitio, el sabio le dijo: 
"Así como no podrás juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, de la misma manera las mentiras que dijiste volaron de boca en boca y el daño ya es irreparable. No obstante, si de verdad estás arrepentido, lo único que puedes hacer es pedirle perdón de corazón a tu amigo, y confiar en su misericordia, pues no hay otra forma de revertir lo que hiciste...".

lunes, 18 de julio de 2016

Un cuento sobre la constancia

Este cuento que he encontrado tiene una moraleja preciosa: Hay que ser constante hasta el final de nuestras vidas, porque no sabemos lo que el futuro nos tiene deparado. No os adelanto más para no hacer de spoiler. Espero que lo disfrutéis:

Un obrero ya entrado en años pensó que había llegado el momento de retirarse a disfrutar de su pensión de jubilación. Fue a hablar con su jefe y le contó sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Sin lugar a dudas iba a perder dinero con esa decisión, pero ganaría en calidad de vida. Lo había hablado con su mujer y ya saldrían adelante como habían hecho en muchas otras ocasiones. Le explicó que durante más de 40 años había trabajado sin desfallecer, siendo un perfecto profesional y poniendo su corazón en lo que hacía. Estaba orgulloso de ello pero ahora le había llegado el momento de disfrutar y no veía la hora de comenzar su nueva vida. 

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado -el mejor de la empresa, sin duda- dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construirle una casa más, una vivienda de lujo a las afueras de la ciudad. El obrero accedió y comenzó su trabajo, pero lo hizo a regañadientes. No contaba con este último trabajo, y no tenía ninguna gana de hacerlo. Además de cobrar por él, en esta ocasión pensó en aprovecharse de esta oportunidad que se le presentaba. Usó materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, fue muy deficiente. Lo hizo todo rápido y mal, para ganar el mayor dinero posible en el menor tiempo. Era una desafortunada manera de poner punto final a su carrera, pero al menos tendría un beneficio económico que le ayudaría en su nueva vida.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe lo acompañó a inspeccionar la casa. Al terminar de verla, le entregó un sobre y le dijo: "Ábrelo, es un regalo para ti".

El albañil comenzó a abrir el sobre con las manos temblorosas. Quizá fuera más dinero como recompensa por tantos años de trabajo...

Pero cuando terminó de abrir el sobre lo que encontró fueron... las llaves de la casa que acaba de construir, la que su jefe le regalaba por tantos años de dedicación y esfuerzo y que él había estropeado con un trabajo chapucero...

domingo, 22 de mayo de 2016

Oración de un niño

He visto esta oración en la red que me ha conmocionado. Supongo, que como en muchos de estos casos, el origen de la historia es real, aunque después alguien la haya adornado y embellecido con otras palabras. Pero el solo hecho de pensar que a un niño de nuestra época se le ha pasado esta oración por la cabeza es estremecedor...


En fin, algo estaremos haciendo mal como sociedad cuando un pensamiento como el siguiente nos parece tan real y posible:

Señor, esta noche quiero pedirte algo especial: conviérteme en un televisor. 
Quisiera ocupar su lugar para ser el centro de mi casa. 
Tendría un cuarto especial para mí, y toda la familia se reuniría a mi alrededor horas y horas. Siempre me estarían todos escuchando sin ser interrumpido ni cuestionado, y me tomarían en serio cuando hablara. 
Cuando me enfermara, llamarían enseguida al médico y estarían todos preocupados y nerviosos hasta que volviera a funcionar perfectamente, como cuando el otro día se estropeó el televisor y todos andaban disgustados y aburridos. 
Mi papá y mi mamá se sentarían a mi lado cuando vuelven cansados del trabajo, mis hermanos se pelearían por estar conmigo como se pelean por coger el mando a distancia. 
¡Cómo me gustaría poder disfrutar de la sensación de que lo dejan todo por pasar algunos momentos a mi lado! 
Por todo esto, Señor, conviér­te­me en un televisor, yo te lo ruego.

domingo, 10 de abril de 2016

La mariposa, símbolo de la resurrección

No existe en la Naturaleza un mejor ejemplo para hablar de la resurrección que el proceso gusano-crisálida-mariposa para realizar un paralelismo con el de Jesucristo cruz-tumba-resurrección.

Desconozco porqué la simbología cristiana ha recurrido tan poco a este símil tan gráfico que incluso tiene una referencia bíblica en Isaías 41, 14: No temas, gusano de Jacob, vosotros hombres de Israel; yo te ayudaré --declara el Señor-- y tu Redentor es el Santo de Israel.. Quizá sea cierto que presentar a Cristo como gusano no sea lo más apropiado, pero sí que la mariposa podría haberse convertido en símbolo de los cristianos al estilo del pez, el ancla, la paloma o el Alfa y la Omega.

Sea como fuere, os presento hoy un cuentecito que me he inventado para ilustrar esta realidad y que me puede venir bien para que los niños se aproximen a conceptos tan abstractos como la muerte-resurrección. Espero que os guste.

- "¿Qué te pasa, mamá?" - Le preguntó el pequeño gusano a su mamá, preocupado porque últimamente la veía más amarilla que de costumbre.
- "Nada, hijo. Estoy un poco cansada, eso es todo". - Respondió mamá gusano mientras seguía dando vueltas dentro de una bola de seda que la ocultaba cada vez más.
- "¿Pero... por qué haces esa casita si nunca hemos tenido una?" -Volvió a preguntar el inquieto gusanillo.
- "Cuando era tan pequeña como tú vi a mi madre hacer una como ésta, y ahora creo que ha llegado mi hora". -Volvió a responder pacientemente mamá gusano.
- "¿Por qué es tan pequeña?, ¿podré estar yo contigo en la casita?" Inquirió de nuevo el pequeño gusano que cada vez estaba más desconcertado.
- "Me temo que no, hijo mío. Algún día tú serás grande y podrás hacer la tuya". - Dijo mamá gusano a quien ya apenas si se le veía la cabeza.
- "Mamá, tengo miedo de no volver a verte. No quiero que sufras. Ni yo quiero sufrir". - Sollozó el pequeño gusano al tiempo que le daba un último beso a su mamá.
- "No te preocupes, confía en mi. Estoy agotada y necesito descansar un poco. Te prometo que volveremos a vernos, pero ahora debes seguir comiendo tus hojas para ponerte grande y fuerte. Ten fe en mí y volveremos a vernos más adelante". - Gritó mamá gusano mientras cerraba el último boquete con un poco más de seda.
Pasaron los días, y la casita de mamá gusano no se movía. Ni un solo ruido se oía ya como en las primeras horas. Ni siquiera mamá gusano roncaba como hacía cuando dormía profundamente. Tras tres días a la puerta de la casa, el pequeño gusano sintió hambre y decidió que ya no podía esperar más a su mamá. Debía obedecerla y comer todas las hojas que pudiera para ser grande y hacer su propia casita. Muchos días después recordó de nuevo las palabras de mamá y decidió ir a hacerle una visita. La casita tenía un boquete y mamá ya no estaba dentro. Arriba, en un árbol, había alguien parecido a mamá, pero mucho más bella y joven que ella. Tenía alas, antenas, y había recuperado la vitalidad que mamá había perdido en sus últimos días.
- "¡Mamá!, ¡Mamá!... Eres tú... Has vuelto... Estás viva... Creía que me habías dejado solo... Mira que grande me he puesto comiendo las hojas que me dijiste" - Comentó el pequeño gusano con lágrimas en los ojos.
- "Hijo, te dije que volveríamos a vernos... Ahora puedo hacer cosas que antes ni siquiera me atrevía a soñar... Escucha, antes de que me vaya a un país lejano, mi último consejo: Nunca tengas miedo, porque lo que nos pasa dentro de la casita es lo más maravilloso que te puedas imaginar..". - Habló mamá gusano antes de alzar el vuelo y desaparecer en el horizonte.
Y el pequeño gusano, con una gran sonrisa en su cara, despidió a su madre con la esperanza de que un día él también haría su pequeña casita...