miércoles, 28 de noviembre de 2012

A Dios le pido (Juanes, 2002)

Comentamos hoy esta canción que este año cumple una década y que es una “oración” clásica en toda regla. Perteneciente a su segundo álbum Un día normal, A Dios le pido está concebido por el propio autor como un Himno a la Paz. 

El colombiano Juanes consiguió que especialmente las líneas “…Que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante mi gente…” calaran en la conciencia colectiva de un pueblo castigado en exceso por la violencia, la guerra y las rencillas. Con un toque claramente romántico, la canción es al mismo tiempo una llamada al amor de pareja, al amor a los semejantes y con un horizonte más amplio, al Amor universal. 
Quizás el secreto de este éxito (se vendieron más de 2.000.000 de copias del álbum) se deba a que abarca muchos de los sentimientos universales: la fe, la oración, el amor… que a todos nos llegan hasta lo más profundo de nuestra alma. 

Por cierto, una matización: Cuando hablamos de “oración”, muchas veces nos quedamos en el título de esta canción. Estoy seguro que A Dios le pido sería el comienzo habitual de millones de oraciones si hiciéramos una macroencuesta entre todos los creyentes (incluso de otras religiones…). No es que esté mal pedirle cosas a Dios, todo lo contrario, el propio Jesús nos invita a ello en el Evangelio de San Mateo 7,7 (“…Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abre…”) pero no deberíamos olvidar que existen también otros tipos de oraciones: Acción de gracias, peticiones de perdón, contemplación… que deberían estar también muy presentes en nuestras vidas espirituales. Os invito a ello, y mientras tanto, a que disfrutéis con la canción.




Que mis ojos se despierten 
con la luz de tu mirada 
yo a Dios le pido 
que mi madre no se muera 
y que mi padre me recuerde 
a Dios le pido 

Que te quedes a mi lado 
y que más nunca te me vayas mi vida 
a Dios le pido 
que mi alma no descanse 
cuando de amarte se trate mi cielo 
a Dios le pido 

Por los días que me quedan 
y las noches que aun no llegan 
yo a Dios le pido 
por los hijos de mis hijos 
y los hijos de tus hijos 
a Dios le pido 

Que mi pueblo no derrame tanta sangre 
y se levante mi gente 
a Dios le pido 
que mi alma no descanse 
cuando de amarte se trate mi cielo 
a Dios le pido 

Un segundo más de vida para darte 
y mi corazón entero entregarte 
un segundo mas de vida para darte 
y a tu lado para siempre yo quedarme 
un segundo mas de vida 
yo a Dios le pido 

Que si me muero sea de amor 
y si me enamoro sea de vos 
y que de tu voz sea este corazón 
todos los días a Dios le pido 
que si me muero sea de amor 
y si me enamoro sea de vos 
y que de tu voz sea este corazón 
todos los días a Dios le pido 
a Dios le pido.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Milagro en la Piscina

Os dejo hoy una historia corta que he visto por internet y que me ha encantado... Una historia preciosa y muy interesante, eso sí, yo como siempre la he transformado un poco, la he puesto en primera persona y le he dado mi toque personal....

Aquel día no debía ir a entrenar, ya que me habían dicho que la piscina estaría cerrada. Pero yo soy muy terco, la competición estaba ya muy cercana y no quería perder ni un solo momento para practicar. Así que fui, y me llevé una gran alegría cuando vi que la puerta del recinto estaba abierta. Eso sí, apenas había luz, por lo que casi a tientas me cambié como pude en el vestuario y subí casi a ciegas al trampolín, dónde un pequeño foco iluminaba de abajo hacia arriba débilmente el pabellón. 

“Tengo que practicar muchos saltos hoy, seguro que gano la medalla de oro si me esfuerzo...” - Pensé mientras adoptaba la postura inicial. Me puse completamente erguido, extendí mis brazos en cruz y... 

...Entonces, como un flash, quedé impactado con mi propia imagen que se reflejaba en el techo. Me vi y recordé a Cristo crucificado. Hacía años que no rezaba, y mucho más tiempo aún que no entraba en una Iglesia. Sin embargo, aquella imagen llegó hasta lo más profundo de mi corazón. Recordé aquellas imágenes que había visto de pequeño de Cristo crucificado, y lo que me habían contado mis catequistas y los sacerdotes acerca del gran sacrificio que  Cristo había hecho en la cruz muriendo por nosotros. 

"Bueno, un poco de oración no me vendrá mal"… pensé… Así es que en lugar de lanzarme a la piscina, me arrodillé en el trampolín y comencé a rezar… Quizás, volví a reflexionar,  hasta Jesús me ayudaría a que mi salto el día de la competición fuera perfecto… No recuerdo cuanto tiempo estuve arrodillado rezando, ya que me detuve un rato a recitar las oraciones que todavía lograba recordar, pero sólo recuerdo que de pronto, todo se iluminó y empecé a oír voces… 

Me incorporé en el trampolín y asomé la cabeza hacia abajo… 

Unos hombres vestidos con unos monos azules me vieron con cara de sorpresa y me dijeron: 

"¡Pero chico, que te pasa, baja de ahí…! ¿NO SABÍAS QUE LA PISCINA ESTÁ HOY VACÍA Y VENIMOS A LIMPIARLA…?"

Bonita historia, ¿verdad? como ya hemos comentado muchas veces, es otro de esos cuentecitos que nos hacen ver que Dios puede actuar en los acontecimientos más insignificantes y cotidianos de nuestra vida, ¡Solo hay que tener los ojos bien abiertos para descubrirlo...!