sábado, 25 de febrero de 2017

20 Monumentos a la familia cristiana

Hace una semana realicé una entrada sobre los tipos de familia, haciendo hincapié en la familia cristiana en su faceta universal, no en la sociológica. No obstante, al terminar el post se me despertó la curiosidad de averiguar cómo se ha plasmado en el arte urbano de la sociedad civil el modelo de familia tradicional o cristiana, y he concluido esta búsqueda con los 20 monumentos a la familia que os dejo a continuación. 

Más allá de que unos puedan gustar más y otros menos, me gustaría destacar un par de puntos:

- En primer lugar, me ha llamado la atención que en Rusia y sus países satélites haya tanto reconocimiento a este tipo de familia. Sinceramente, no esperaba que muchos de los monumentos -y de los más bonitos- dedicados a la familia tradicional estuvieran en estos lugares. No obstante, es justo reconocer que en los últimos años Vladimir Putin es uno de los pocos gobernantes europeos que en sus discursos apela constantemente a las raíces cristianas de Europa, lo cual digo yo que de alguna manera estará relacionado.

- También me gustaría destacar el maltrato sistemático que la institución familiar cristiana sufre en España. Los resultados de esta búsqueda son un ejemplo más del poco reconocimiento que la familia tradicional tiene a nivel civil en nuestro país. No ha sido fácil, pero finalmente he encontrado dos ejemplos de monumentos a la familia en España. Se trata del número 10 (que estéticamente es un horror, sin lugar a dudas el más esperpéntico de toda la lista) y el número 20, que tiene una historia curiosa y lo he incluido únicamente por su aspecto humorístico. Se trata de un monumento en una rotonda en San Fernando (Cádiz) con un padre, una madre y sus dos hijos. Un coche chocó contra la estatua del padre destruyéndola por completo, sin ser sustituida hasta el momento. Desde entonces, el monumento es conocido popularmente como el "monumento al divorcio", ya que los habitantes del pueblo afirman con sorna que la madre se quedó con todo: con la rotonda y con los hijos...

En fin, bromas aparte, espero que disfrutéis con los monumentos, algunos de ellos realmente bellos y que merecerían una visita para verlos in situ.


1. Buenos Aires, Argentina

2. Queensland, Australia

3. Minsk, Bielorrusia.

4. Santa Cruz, Bolivia

5. Toronto, Canadá.

6. Villeta, Colombia

7. Antofagasta, Chile

8. Machalí, Chile

9. San Salvador, El Salvador

10. Salamanca, España
11. California, Estados Unidos
12. Ciudad de México. México
13. Mazatlán, México
14. Chihuahua, México
15. Saransk, Rusia.
16. Astrakhán, Rusia.
17. San Petersburgo, Rusia

18. Belgorod, Rusia
19. Kolochava, Ucrania.

20. San Fernando, España
Monumento tras el accidente

20. San Fernando, España
Monumento original

domingo, 19 de febrero de 2017

Una reflexión sobre la familia cristiana

Quizás el titulo de esta entrada pueda dar lugar a equívocos. De entrada quiero aclarar que este post no pretende hacer apología de ningún modelo concreto de familia, ni siquiera de la llamada "tradicional" o "cristiana". Es cierto que hoy está de moda atacarla y ridiculizarla, pero ya hay libros enteros y magisterio suficiente para salir en defensa de la familia cristiana, por lo que  mis intenciones son diversas en ese sentido.

Familias hay muchas. Tantas como uno quiera aplicar a la ambigua definición que da la Academia Española de la Lengua"Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas". Desde el comienzo de la humanidad hasta el presente han habido familias monogámicas, poligámicas, familia-clan, matriarcales, patriarcales, biparentales, monoparentales, homoparentales o ensambladas, cada una de ellas con sus particularidades. También se ha establecido tradicionalmente una diferencia entre familias nucleares o familias extensas, según el número de personas que contabilicemos en el agrupamiento humano, haciéndolo más o menos extenso.

Por contra, la "familia cristiana" sí que desde el comienzo de la Iglesia ha estado más definida, sin lugar a dudas condicionando el desarrollo posterior del concepto. Este modelo de familia está basado en el matrimonio cristiano, que por definición es "un contrato para toda la vida -indisoluble- entre un hombre y una mujer". La familia nace, por lo tanto, con la misión de los esposos de amarse mutuamente, engendrar hijos y educarlos en la propia fe cristiana. La propia Iglesia comprendió desde muy pronto que la mejor manera de perpetuarse en la historia era a través de la familia o "iglesia doméstica", ya que es evidente que no hay mejor manera de transmitir la fe que el ámbito familiar.

Ambas familias -civil o cristiana- se basan en el reconocimiento de ciertos derechos y deberes que tienen como fin último el bien del núcleo de personas que conviven bajo un mismo techo. En uno y otro caso se pertenece a una familia sin elección propia, por el mero hecho de haber nacido en ella o compartir unos lazos de consanguinidad (o ni siquiera eso, en los casos de adopción). Hasta aquí -como decía en la introducción de la entrada- solo he realizado un mero análisis antropológico de la realidad familiar social o cristiana.

Pero la familia cristiana tiene otra connotación que a menudo se olvida, y esa es la idea que quiero recalcar en el día de hoy. Desde un punto de vista espiritual, vemos que su idiosincrasia es bien distinta a los modelos anteriormente expuestos. Para confirmarlo basta ver la reacción del propio Jesucristo cuando le dicen que su madre y sus parientes -su familia- lo buscan: «¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mt. 12, 48-50). Creo que las palabras de Jesucristo necesitan poco comentario, ya que hablan por sí solas. La verdadera familia cristiana trasciende los lazos de consanguinidad y se adentra en los lazos invisibles de la fe. Para pertenecer a esta familia basta el Bautismo como incorporación a la gran familia de los miembros de Cristo. Precisamente una de las grandes diferencias del cristianismo con respecto al judaísmo es que mientras a este solo se puede pertenecer naciendo en una familia judía, en aquel es la decisión libre, consciente y personal la que adhiere al creyente a la religión.

Entiendo a los que defienden a la familia tradicional como el ámbito privilegiado de transmisión de la fe y de los valores cristianos. Es una dimensión importante que hoy más que nunca debemos fortalecer. Pero también invito a ampliar las miras reconociendo que la fe cristiana se debe vivir en un ámbito mayor de experiencia, en una gran familia que trasciende los lazos de la sangre y se adentra en los invisibles lazos que proporciona el Bautismo.