miércoles, 31 de julio de 2019

San Ignacio de Loyola

La Iglesia recuerda hoy a San Ignacio de Loyola (1451-1556), santo presbítero español fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas). Fue militar hasta que herido en una guerra se convirtió en soldado de Cristo, siendo uno de los referentes espirituales del cristianismo, sobre todo gracias a sus "Ejercicios Espirituales" además de otros escritos. Su lema era: "Todo para mayor gloria de Dios". Para la meditación copio la introducción de dichos ejercicios, para abrir boca y que entren ganas de profundizar en ellos. Está en castellano antiguo pero se entiende bien el mensaje:

Para que así el que da los exercicios espirituales, como el que los rescibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve.  

Dejo también para la reflexión otra frase para enmarcar de la misma obra: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima"

martes, 30 de julio de 2019

San Pedro Crisólogo

La Iglesia celebra hoy a San Pedro Crisólogo (380-450), santo italiano obispo de Rávena y Doctor de la Iglesia. Fue considerado uno de los mejores oradores de la antigua Iglesia. Copio para la meditación el final de un sermón sobre la encarnación de Cristo:


Nace, pues, Cristo para restaurar con su nacimiento la naturaleza corrompida; se hace niño y consiente ser alimentado, recorre las diversas edades para instaurar la única edad perfecta, permanente, la que él mismo había hecho; carga sobre sí al hombre para que no vuelva a caer; lo había hecho terreno, y ahora lo hace celeste; le había dado un principio de vida humana, ahora le comunica una vida espiritual y divina. De este modo lo traslada a la esfera de lo divino, para que desaparezca todo lo que había en él de pecado, de muerte, de fatiga, de sufrimiento, de meramente terreno; todo ello por el don y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, ahora y siempre y por los siglos inmortales. Amén