sábado, 30 de marzo de 2024

Jesucristo Superstar (Jesus Christ Superstar, EE.UU., 1973)

Los musicales no me gustan en exceso. Quizás ese sea el motivo por el que un cinéfilo empedernido como yo haya tardado 49 años en ver Jesucristo Superstar, un musical -o una Ópera-rock, para ser más precisos- sobre la vida de Cristo. Vaya esta consideración por delante de la crítica, pues me temo que no seré excesivamente benévolo con ella, aunque reconozco que más por mi animadversión al género que por la calidad del producto.

"Y ahora, la película", es el slogan promocional de un film que adaptó el exitoso musical de Brodway a la gran pantalla. En España fue durante años interpretado genialmente por Camilo Sexto, pero en el Cine nos tenemos que conformar con la versión anglosajona subtitulada. 

La película fue dirigida por Norman Jewison, quien ha muerto este pasado mes de enero a la edad de 97 años. El longevo cineasta estuvo activo hasta comienzos del milenio, con obras reseñables como Huracán Carter (1999). El elenco de actores es más desconocido, pues casi todos ellos -debido al éxito del film- consagraron su carrera a seguir interpretando el musical en los teatros, caso de Ted Neeley (50 años haciendo el papel de Cristo, apenas tuvo tiempo para aparecer en 8 películas como secundario) Carl Anderson (Judas Iscariote) o Yvonne Elliman (María Magdalena). Escapó de este encasillamiento Barry Dennen (Pilato), quien apareció posteriormente en 14 largometrajes dilatando así su carrera cinematográfica. 

Rodada integramente en Israel, el paisaje desértico dell Mar Muerto es casi un personaje más de la película. La aridez, el calor, el viento y la polvareda son elemento común de toda la trama. Con temperaturas cercanas a los 40º, el elenco necesitaba refrescarse continuamente para evitar deshidrataciones. Los decorados y el vestuario son intencionadamente anacrónicos, reflejando un conjunto hippie de los años 70 que se traslada a la tierra que vio nacer a Jesús. El pacifismo imperante en la cultura hippie es el contexto en el que deben ser entendidos los elementos bélicos del siglo XX que aparecen en el film (tanques, ametralladoras, aviones) así como numerosos elementos del atrezzo. En una de las canciones hay también una crítica feroz a los manipuladores medios de comunicación. Un autobús con matrícula 666 (el número de la bestia) traslada a los miembros del conjunto. Entre ellos destacan un Judas Iscariote de raza afroamericana y una María Magdalena con facciones asiáticas.

Vamos con el apartado espiritual, con bastantes cosas que comentar.

En primer lugar, el papel principal está bastante repartido entre Cristo y Judas Iscariote. Protagonista y antagonista se reparten los duelos interpretativos más interesantes. Cristo es tratado con bastante fidelidad a los relatos bíblicos, aunque es criticado por Pilato como querer su auto-sacrificio a toda costa. En esta línea, Judas aparece más como una víctima de los planes sádicos de Dios. Es presentado como un apóstol desencantado del liderazgo de Cristo ("Todos tus seguidores están ciegos, demasiado Cielo en sus mentes, era hermoso pero ahora es amargo, sí, todo se ha vuelto amargo"). Su libertad queda en entredicho y es presentado más como víctima que como verdugo. María Magdalena, por su parte, asume el rol femenino del film, sin que en éste aparezca María, la Madre de Cristo. Enamorada platónicamente de Cristo, se la identifica con la prostituta que cambió de vida al conocerlo ("Es un hombre, es sólo un hombre. Y he tenido tantos hombres antes, en muchos sentidos, que él es sólo uno más"). El papel de San Pedro es bastante secundario (en línea con la teología protestante) y completamente irrelevante el de San Juan. Anás, Caifás, el díscolo Herodes (en el musical una Drag Queen, en el film más suavizado) y Pilato configuran a los jueces y responsables de la muerte de Cristo, con un orden en el proceso muy cercano al evangélico. Todo ello encaja bastante bien en las corrientes teologicas de los años 70 dentro de la llamada "Teología ascendente". 

Varias escenas me han llamado poderosamente la atención, algunas en negativo y otras en positivo. La que menos me ha gustado fue presentar la Última Cena como picnic campestre. En la Biblia queda claro que es en un lugar cerrado, si bien la justificación es que todo el film se desarrolla al descubierto. La expulsión de los mercaderes del Templo ("¡Mi templo debería ser una casa de oración, pero vosotros lo habéis convertido en cueva de ladrones! ¡Salid! ¡Salid!"), el suicidio de Judas y los 39 latigazos suponen, cada uno de ellos, una escena impactante. De entre todas ellas, la más acertada (a mi gusto) visualmente hablando, es el lavatorio de unas manos ensangrentadas de Pilato. Nunca me lo había imaginado así, y aunque no es históricamente probable, es artísticamente conmovente. A nivel de letras, me parece muy poderosa la oración de Cristo en Getsemaní, un desarrollo espiritual de las palabrass bíblicas "Que pase de mí este cáliz, pero que no se cumpla mi voluntad sino la tuya": "Dios, tu voluntad es dura. Pero tienes todas las cartas. ¡Beberé tu copa de veneno, clávame en tu cruz y rómpeme, desángrame, golpéame, mátame!, ¡Llévame ahora, antes de que cambie de opinión!".

En la escena de la cruz se producen las únicas frases recitadas del film. De las Siete Palabras de Cristo se han seleccionado estas tres:

"Padre, perdónales porque no saben lo que hacen" (Lc. 23, 34)
"Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?" (Mt. 27,46)
"Padre, a tus manos encomiendo mi Espíritu" (Lc. 23,46)

Se omiten el "Tengo sed", el diálogo con los ladrones, la entrega de María a Juan y el "Todo está consumado"

La muerte de Cristo en el atardecer con el sol al fondo es visualmente bella, aunque oculta de nuevo la tormenta y el terremoto bíblicos. 

No es mi género favorito, tampoco es una película 100% ortodoxa, es hija de su época... pero a pesar de todo ello no pierde excesiva frescura. Merece la pena un visionado, tiene intuiciones y originalidades que sin duda hacen comprender mejor el desarrollo posterior de muchas películas sobre la Pasión. 

lunes, 25 de marzo de 2024

Los diez Mandamientos (The Ten Commandments, EE.UU., 2007),

Aprovecho esta Semana Santa lluviosa para seguir viendo cine religioso. No sé si la figura de Moisés es una de las que más películas han proporcionado a la historia del séptimo arte, pero que es la figura del Antiguo Testamento que más veces ha sido llevada a la gran pantalla creo que es una realidad. 

Esta película de animación de escasos 80 minutos, dirigida por Bill Boyce y John Stronach, es una prueba más de ello. Bastante fiel al relato bíblico, es inferior en calidad a El Príncipe de Egipto (1998) y aporta muy pocas novedades respecto a esta, salvo que la animación utiliza técnicas modernas de 3D. 

Su argumento es archiconocido, pues no es otro que la vida de Moisés, desde su nacimiento hasta su muerte. Para abreviar la historia -y contextualizarla- un narrador va contando con una voz en off algunos detalles importantes.

Se comienza con el mandato del faraón de matar a los varones israelitas, motivo por el que Moisés (que significa "Salvado de las aguas") es abandonado en el río Nilo y recogido por la hermana del faraón, quien lo criará en palacio. Tras esta primera escena llegan los títulos de crédito, bastante originales y dispuestos en una especie de marco con escenas animadas de Egipto.

Tras ese comienzo, la acción en sí nos presenta a un Moisés ya adulto, que rivaliza en importancia con Ramsés en palacio, hasta que un día el primero conoce su origen hebreo, asesina a un soldado egipcio y huye a Madian, donde conoce y desposa a Séfora. Dedicado al pastoreo, se produce allí la teofanía de la zarza, con un diálogo fiel al relato bíblico -con algunas licencias- bastante interesante: 

Dios: “¡Moisés!, ¡Moisés!, ¡Moisés!”
Moisés: “Estoy aquí, estoy aquí”
D.: “Descálzate porque estás pisando tierra sagrada”
M.: “Ya me he descalzado, Señor”
D. “Soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado sus lamentos porque conozco sus penas. Por consiguiente, te enviaré a ti Moisés para que los liberes y traigas a mi pueblo para que me sirva en estas montañas”
M.: “¿Quién soy yo Señor para hacer eso? Si regreso a Egipto y digo que me envía Dios, nadie me creerá me preguntarán: ¿Qué Dios?, ¿Cómo se llama ese Dios? Y ¿Qué les diré?”
D.: “Soy el que soy. Diles: “Yo soy” me ha enviado a vosotros. Ese es por siempre mi nombre. Ahora vete, estaré contigo”.

Este mandato provoca su vuelta a Egipto, las plagas, la Pascua y el Éxodo atravesando el Mar Rojo con la derrota del ejército egipcio. Tras esta victoria, la marcha por el desierto con la providencia de Dios dando al pueblo el maná, el agua y las tórtolas como alimento. La llegada al Monte Sinaí propicia el episodio del becerro de oro y la entrega de los Diez Mandamientos, que sí destaco porque son algo diversos a los mandamientos cristianos (ciertamente en el libro del Éxodo 20, 2-17 aparecen así...)

"Soy el señor, tu Dios.
1. No tendrás más Dios que yo.
2. No adorarás a dioses falsos
3. Jamás tomarás mi nombre en vano
4. Santificarás el sábado
5. Honrarás a tu padre y a tu madre
6. No matarás
7. No cometerás adulterio
8. No robarás
9. No mentirás
10. No desearás los bienes ajenos"

Como castigo por la idolatría, los israelitas vagan 40 años por el desierto y Moisés no puede entrar en la Tierra Prometida, que únicamente ve de lejos. Tras entregar el poder a Josué, la vislumbra y mantiene este diálogo con Dios:

Moisés: "Ya voy, Señor. Ya voy" (mira de lejos la Tierra Prometida)
Dios: "Este es tu lugar, Moisés. Este es tu lugar"

A nivel espiritual es, como he mencionado anteriormente, bastante fiel al relato bíblico, no apartándose de él en exceso. Presenta a Moisés como el mayor de los profetas, incidiendo en aspectos de liderazgo y visionarios del personaje veterotestamentario. Su formato de animación la hacen propicia para un primer acercamiento a los relatos bíblicos, si bien su perspectiva y lenguaje es más judía que cristiana, lo que requeriría algunas aclaraciones posteriores al visionado. De todas formas, no desmerece un buen uso para catequesis o clases de Religión. Aparte de ello, no se me ocurre otra finalidad en una obra que es decente, pero que incide en un tema ya bastante manido y en el que no aporta excesivas novedades.