miércoles, 21 de agosto de 2019

San Pío X

La Iglesia recuerda hoy a uno de sus pontífices, en concreto al número 257, Giuseppe Sarto o San Pío X (1835-1914). Sus biógrafos destacan de él la pobreza, la humildad y la bondad. Copio para la meditación una anécdota referida a su elección como Papa:


Durante la elección los Cardenales se inclinaron en principio y por mayoría por el Cardenal Rampolla, sin embargo el Cardenal de Checoslovaquia anunció que el Emperador de Austria no aceptaba al Cardenal Rampolla como Papa y tenía el derecho de veto en la elección papal, por lo que el Cardenal Rampolla retiró su nombre del nombramiento. Reanudada la votación los Cardenales se inclinaron por el Cardenal Sarto quien suplicó que no lo eligieran hasta que una noche una comisión de Cardenales lo visitó para hacerle ver que no aceptar el nombramiento era no aceptar la voluntad de Dios. Aceptó pues convencido de que si Dios da un cargo, da las gracias necesarias para llevarlo a cabo. 
Escogió el nombre de Pío inspirado en que los Papas que eligieron ese nombre habían sufrido por defender la religión.

martes, 20 de agosto de 2019

San Bernardo

Celebramos hoy a San Bernardo de Claraval (1090-1153), santo francés abad y doctor de la Iglesia que fundo el Monasterio de Claraval que gobernó con su testimonio, doctrina y ejemplo. Fue llamado "cazador de almas y vocaciones" debido a su alto poder de persuasión y oratoria. De su biografía destaco hoy su devoción mariana, copiando algunas oraciones muy bellas:


Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir". El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. "Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial"