miércoles, 16 de octubre de 2019

Santa Margarita María Alacoque

La Iglesia hace memoria hoy de Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), religiosa francesa de la Orden de la Visitación de la Virgen María que recibió revelaciones místicas privadas del Sagrado Corazón de Jesús, a quien profesaba gran devoción. Copio para la meditación la primera de las apariciones y la revelación que hizo:

De pronto se abrió el sagrario donde están las hostias consagradas y apareció Jesucristo como lo vemos en algunos cuadros que ahora tenemos en las casas. Sobre el manto su Sagrado Corazón, rodeado de llamas y con una corona de espinas encima, y una herida. Jesús señalando su corazón con la mano le dijo:“He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud. Tú debes procurar desagraviarme”.

martes, 15 de octubre de 2019

Santa Teresa de Jesús

La Iglesia hace memoria hoy de Santa Teresa de Jesús o de Ávila (1515-1582), santa española Virgen y Doctora de la Iglesia. Gran parte de su vida ya la recogí en este blog al hablar de la decepcionante Teresa. El cuerpo de Cristo por lo que no voy a incidir en ella. Santa Teresa fue una mística carmelita reformadora de la vida religiosa al tiempo que compuso poesía y prosa de una riqueza inigualable en la literatura espiritual española. Para la meditación copio algunas de sus obras más conocidas:

Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta.


En la cruz está la gloria, Y el honor,
Y en el padecer dolor, Vida y consuelo,
Y el camino más seguro para el cielo.


Vivo ya fuera de mí después que muero de amor, 
porque vivo en el Señor que me quiso para sí. 
Cuando el corazón le di, puso en él este letrero: 
que muero porque no muero. 
Esta divina prisión del amor en que yo vivo, 
ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; 
y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, 
que muero porque no muero. 
¡Ay! ¡Qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, 
esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! 
Sólo esperar la salida me causa un dolor tan fiero, 
que muero porque no muero. 
¡Ay! ¡Qué vida tan amarga do no se goza el Señor! 
Porque si es dulce el amor, no es la esperanza larga; 
quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, 
que muero porque no muero. 
Solo con la confianza vivo de que he de morir,
 porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; 
muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, 
que muero porque no muero. 
Estando ausente de ti, ¿qué vida puedo tener, 
sino muerte padecer la mayor que nunca vi? 
Lástima tengo de mí, por ser mi mal tan entero, 
que muero porque no muero. 
Mira que el amor es fuerte: Vida no me seas molesta; 
mira que sólo te resta, para ganarte, perderte; 
venga ya la dulce muerte, venga el morir muy ligero, 
que muero porque no muero. 
Aquella vida de arriba es la vida verdadera, 
hasta que esta vida muera, no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, 
que muero porque no muero. 
Vida ¿qué puedo yo darle a mi Dios, 
que vive en mí si no es perderte a ti, para mejor a Él gozarle? 
Quiero muriendo alcanzarle, pues a Él sólo es el que quiero, 
que muero porque no muero.