Vamos primero con los aspectos positivos. La novela recrea un buen ambiente y contexto histórico de la vida de la persona más importante de la historia, Jesús de Nazaret. Una figura que por más que lleva XXI siglos siendo analizada nunca se agota. Se nota que el autor se ha esmerado a conciencia en recrear detalladamente tanto la vida romana como la judía de la época, con buenas y documentadas fuentes de información. Los capítulos son muy breves y la lectura se realiza de una manera amena, muy entretenida, en la que se entremezclan los evangelios, la novela histórica, las costumbres paganas y judías al tiempo que el personaje principal (el ficticio Lucio Fedro) pasa por todas partes de peripecias y desventuras. A pesar de ello no he sentido el enganche que me han producido otros volúmenes en los que no puedes parar de leer. Quizás influya que no se trata de ninguna obra que destaque por su originalidad, ya que retoma la senda de "Cartas a Nicodemo", "Caballo de Troya" y tantos otros intentos de escribir variaciones sobre un mismo tema de la vida de Jesucristo. Siempre en positivo, también me gustaría destacar que en una época y con una temática en el que resulta tan fácil añadir elementos morbosos o fantásticos (Como por ejemplo en La última tentación de Kazantzakis), es justo resaltar que el autor se mantiene todo el tiempo dentro de la ortodoxia católica, no apartándose ni a derecha ni a izquierda de lo contenido en los cuatro relatos evangélicos. En este sentido el libro es previsible y las pocas pizcas de intriga y acción son aportadas por el personaje inventado de Lucio Fedro.
Sin embargo -y aquí comienzan los aspectos menos positivos- el que "mucho abarca poco aprieta", como dice el refranero español. Un periodo tan largo (3 años de predicación del Maestro) y una historia romana paralela de amor-celos-romanticismo desbordan el libro en un galimatías en el que se abren tantos frentes que por todos ellos se pasa de manera superficial. Los personajes no calan, porque las situaciones y los protagonistas van pasando tan rápidamente que no se ahonda especialmente en los sentimientos de ninguno de ellos. La falta de originalidad es manifiesta, con la típica perspectiva de un soldado romano que es testigo directo de los acontecimientos. Aparte de los libros reseñados anteriormente, el libro reproduce los caminos iniciados en el cine por "Ben Hur", "Una historia que comenzó hace 2.000 años", "En busca de la tumba de Cristo" o "Resucitado". Pero siendo esto importante, hay elementos más sorprendentes. He comentado que el libro no presenta errores teológicos o espirituales de la doctrina cristiana, lo cual es cierto, pero sí contiene bastantes omisiones imperdonables. La mayor de ella, para mi gusto, es rebajar las "7 Palabras de Cristo en la Cruz" a solo 6. Incomprensible si es un error y de dudosa intención si se trata de algo buscado por el autor. Lo cierto es que se ha obviado el "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", con lo que la novela termina ensombreciendo la dimensión redentora del perdón de Cristo en la cruz. Más allá de este imperdonable error, el vocabulario empleado (especialmente en los duelos) provoca cierta incredulidad o sonrojo en el lector: Basten como muestras, "Bribón" o "Cobarde", algunas de las perlas con las que se aderezan las batallas de espadachines.
Una pregunta me lanzo a mí mismo: ¿Para qué público puede ser el libro de cierta utilidad? En lugar de preguntarle a la IA voy a atrever a responderla: Creo que quien más disfrutará de su lectura será quien esté buscando una lectura de la vida de Cristo fiable (evangélicamente hablando) y que al mismo tiempo carezca de una formación religiosa profunda, teológica o espiritualmente hablando. Un público que quiera tener un primer acercamiento a las figuras históricas de los Evangelios de una manera amena y poco profunda. Pienso especialmente en adolescentes o adultos neo-conversos que sientan una cierta inquietud por el fenómeno cristiano que comienza a repuntar y busquen conocer de primera mano el origen de los hechos históricos narrados hace casi 2.000 años de una manera verosímil. Para el resto de lectores, la obra se presenta como una de tantas de la cultura contemporánea: Un libro más de Novela Histórica de los de leer y tirar, que no dejará excesiva huella con el paso del tiempo y cuya relectura sería una pérdida de tiempo y esfuerzo. Eso sí, valga en su defensa que ha sido escrita y promocionada en un momento oportuno para aprovechar el renacer espiritual cristiano al que cada vez parece apuntarse más gente. En este sentido, no cabe ningún reproche, pues el producto cumple con creces con su propósito.

