sábado, 29 de junio de 2013

Frases para meditar

Bueno, ya he comenzado mis vacaciones de verano… Un tiempo necesario para desconectar del ritmo cotidiano, que pienso dedicarlo -además de para estar más tiempo con Dios y con mis seres queridos- a cultivar mis grandes aficiones: la lectura, la música y el cine. Así que no os extrañe si a partir de ahora comienzan una serie de posts dedicados a esos tres temas…

Este último post pre-vacacional que comparto hoy con vosotros, es fruto de una pequeña recopilación de frases que he ido haciendo durante este curso de aquellas que han llegado a través de mis redes sociales en forma de memes. Cada vez que una me llamaba la atención, la guardaba en el documento al cual hoy estoy dando forma… Algunas tienen un contenido específicamente religioso, otras no; pero todas ellas han sido importantes para mí y me han ayudado como material de reflexión o de oración en un curso intenso, difícil y algo estresante. De entre todas ellas he seleccionado las 15 que podréis leer a continuación.

Hoy quería compartirlas con vosotros. De algunas he localizado el autor, de la mayoría, no. En fin, es una especie de cajón de sastre donde he ido recolectando -cual hormiguita de Esopo- para los tiempos de carestía… Sé que no están todas las que son, pero sí son todas las que están… Podría haber frases mejores y más profundas, pero muchas de ellas ya han sido comentadas en los siete años de existencia de este blog. Hasta donde me alcanza la memoria creo que no he repetido  ninguna, y si queréis ampliar vuestro repertorio, pinchando en la etiqueta “Frases para pensar” encontraréis otro buen puñado de sentencias que ya han sido comentadas y por ello no aparecen en este listado….

En fin, buen fin de semana y espero que las disfrutéis:

Dios no elige personas capacitadas, Él capacita a los elegidos. (Anónimo)

No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio. (Proverbio hindú)

Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. (Ernest Hemingway)

Debemos orar sin desfallecer, no hasta que Dios nos escuche, sino hasta que podamos oír a Dios... (Anónimo)

Dios no habla con personas apresuradas y sin tiempo. (Anónimo)

Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar (Anton Chejov)

La tristeza mira hacia atrás, la preocupación mira alrededor, la fe mira hacia arriba. (Anónimo)

Cuando quieras emprender algo, habrá un montón de gente que te dirá que no lo hagas; 
cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer; 
y cuando finalmente lo logres, dirán que siempre han creído en ti. Dante Gebel.

No le cuentes a Dios que grande es tu problema, cuéntale a tu problema que Grande es Dios. (Anónimo)

No es tu APTITUD, si no tu ACTITUD, lo que determina tu ALTITUD. (Anónimo)

La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.  Platón

Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a si mismo. (Leon Tolstoi)

La felicidad no es un lugar hacia el cual nos dirigimos en nuestro viaje, sino el modo de hacer el viaje. (Anónimo)

Una rosa no necesita hablar, simplemente esparce su fragancia (Gandhi)

Donde hay amor no hay temor. Donde hay temor no hay amor. (Anónimo)

miércoles, 26 de junio de 2013

El Rito (The Rite, EE.UU. 2011)

Ni fú ni fá. No sé si es que ya he visto demasiadas películas sobre esta temática, pero lo cierto es que El Rito me ha decepcionado bastante. Apenas se salva la interpretación magistral -como siempre- de Anthony Hopkins. El resto es más de lo mismo, y es una pena. Siendo dirigida por el sueco Mikael Håfström, con dilatada experiencia en el cine de terror, sinceramente esperaba un poco más. La primera frase que abre la película es de San Juan Pablo II y sirve de obertura del film: 

"La batalla contra el Diablo, que es la tarea principal de San Miguel Arcángel, aún se libra hoy, porque el Diablo todavía está vivo y activo en el mundo".

A continuación se nos advierte que lo que se va a ver está basado en hechos reales. Aunque ya no se mencione, el guion ciertamente recoge gran parte de un libro autobiográfico del Padre Gary Thomas en el que narra sus experiencias como exorcista, aunque se han cambiado los nombres y algunas situaciones. 

El argumento de la película nos narra la historia del sacerdote Michael Kovak (Colin O'Donoghue) quien es inicialmente un escéptico seminarista norteamericano que es enviado por su obispo a un curso de exorcismos en el Vaticano, lo que hará que sus dudas se tambaleen y tenga que enfrentarse a terribles fuerzas demoníacas. En Roma conocerá a un jesuita, el Padre Lucas (Hopkins), un sacerdote poco convencional que le enseñará el lado oscuro de la fe y con el que tendrá que combatir al maligno. 

El argumento promete, el director y los actores también, la temática me encanta… Sin embargo, le falta algo. Falta chispa, falta expresividad en los personajes, falta profundización en sus aspectos psicológicos… No sé, la película -que llegó a ser número 1 de taquilla en todo el mundo varias semanas- no aporta nada nuevo al gran catálogo ya existente de filmes inspirados en posesiones demoníacas. Algunas ya han sido comentadas en este Blog, otras lo serán cuando tenga un poco más de tiempo, pero en general se van copiando unas de otras. Ante la falta de información de los exorcismos reales (está prohibido grabarlos y se mantiene riguroso secreto sobre ellos), las películas se van nutriendo de las informaciones dadas por el padre Amorth (Exorcista oficial de la Diócesis de Roma y uno de las pocos sacerdotes divulgadores de su trabajo) y van repitiendo elementos en los poseídos: conocimiento de lenguas extrañas, contorsionismo imposible del cuerpo, tentaciones sexuales, predicción del futuro, lectura del pensamiento del exorcista, aparición de animales desagradables, marcas corporales y como novedad en este título -algo que el padre Amorth siempre cita en sus libros- objetos extraños en la almohada del poseído (en este caso un sapo). Hay que añadir que en su interés por ser fiel a un exorcismo real, el director Mikael Håfström solicitó poder acudir a varias sesiones de exorcismos. No se le permitió la entrada, pero si pudo escuchar y plasmar lo escuchado desde detrás de una puerta.

Gran parte del argumento plantea el tema de la fe. Los dos protagonistas, el seminarista y el sacerdote, atraviesan momentos de crisis de fe. No hay nada extraño en ello, casi todos los santos han experimentado esa "noche oscura del alma" en la que creencia, agnosticismo y ateísmo se confunden. Me parece muy interesante a este respecto la "confesión" del padre Lucas:

"Lo interesante de los escépticos, los ateos, es que siempre estamos buscando pruebas, certezas. La pregunta es, "¿Qué diablos haríamos si las encontráramos?" Hay momentos en los que experimento una pérdida total de fe. Días, meses, en los que no sé en qué creo: Dios, o el diablo, Papá Noel, o Campanilla. Pero, solo soy un hombre. Soy un hombre débil. no tengo poder. Sin embargo, hay algo dentro de mí que sigue cavando y arañando dentro de mí. Siento como la uña de Dios. Y finalmente no puedo soportar más el dolor, y me empujan fuera de la oscuridad, de regreso a la luz".

A partir de aquí tengo que hacer algo de spoiler para aclarar algunos temas.

Acerca de la identidad del maligno, el demonio se revela en la película con el nombre de Baal, que en la Biblia aparece como uno de los dioses falsos de los cananeos (fenicios). En dicha cultura representaba a la diosa de la tormenta y de la fertilidad, dos elementos que aparecen en el desarrollo de la trama. En la demonología clásica se le considera el asistente personal de Satanás. Símbolo de su presencia son los animales que constantemente van apareciendo: sapos, gatos y el burro de ojos rojos.

Otro detalle curioso es que el espectador puede anticipar las posesiones diabólicas del niño, de Rosaria y del Padre Lucas, porque los tres conocen "detalles ocultos" de cosas que han sucedido o sucederán. El niño sabía cómo había muerto el padre de Michael, Rosaria conocía detalles íntimos de la vida de Michael y el padre Lucas predice una lluvia en un día soleado. 

El final es muy discutible, al menos teológicamente hablando. Ante la ausencia de un sacerdote, el seminarista Michael Kovak es el encargado de realizar el exorcismo final, pero esa tarea está reservada solo para los exorcistas oficiales de cada diócesis, por lo que es imposible "actuar por libre". En este sentido el film se aparta del "basado en hechos reales" del que se hace gala al comienzo. 

En fin, que si se tiene un rato, no está mal del todo, pero no se deben esperar grandes novedades. Eso sí, la película repite una y otra vez la idea fundamental del padre Amorth: el Demonio es el príncipe de la mentira, sólo se puede luchar contra él con fe y oración y su gran victoria en nuestra sociedad actual es hacer creer que ya no existe. En palabras del protagonista del Padre Lucas: "Ten cuidado Michael, elegir no creer en el diablo no te protegerá de él." o "¿Crees que un ladrón enciende las luces mientras está robando en tu casa? No. Prefiere que creas que no está... ¡como el diablo!" . En fin, algo, como veis, aporta, aunque sea el hecho de saber que las fuerzas del mal siguen operativas y recordarnos que hay que luchar contra ellas… Otro aspecto positivo es que se trata de una película donde los dos protagonistas principales, el sacerdote exorcista y el aspirante, son muy bien tratados y se percibe una visión positiva de ambos, algo que no es muy común en el panorama cinematográfico actual…

Un detalle más, espero que no suceda lo mismo… Cuando el 29 de noviembre de 2006 comenté en este mismo Blog “El exorcismo de Emily Rose, mi correo electrónico literalmente se saturó de mails procedentes de todo el mundo comentándome situaciones paranormales y posibles casos de posesiones. Sigo estando a vuestra disposición, pero, aunque me gusta la materia, y soy de los pocos que escriben y hablan abiertamente sobre ella, poco puedo hacer más que aconsejaros que acudáis a vuestros respectivos párrocos y le contéis lo mismo que a mí…

El problema que muchas de estas personas me contaban es que cuando exponían sus casos, unos sacerdotes se echaban a temblar y otros a reír… En este campo no hay término medio, ni desgraciadamente, excesiva formación. Me costó cerca de seis meses hacerme con un Ritual de Exorcismos, ya que estaba descatalogado… Por cierto, en aquel año, solicité a mi Vicario Pastoral que el Obispo nombrara un exorcista oficial para nuestra Diócesis. Fue de los que se sin reparo alguno, en mi misma cara, se rio de mi sugerencia, y siete años después, seguimos sin exorcista… Una verdadera lástima. Hace 15 días, sin embargo, me alegró leer la noticia de que la Diócesis de Madrid ha nombrado 8 nuevos exorcistas. Quizás haya “efecto contagio” y pronto tengamos uno… Ojalá.