jueves, 30 de noviembre de 2017

Calvary (Irlanda, 2014)

El fin de semana pasado pude por fin ver Calvario, un thriller irlandés que tiene como protagonista a un sacerdote, entremezclando sutilmente comedia ácida y drama a partes iguales.

La película está ambientada teniendo muy en cuenta el contexto religioso de Irlanda, el único país con mayoría católica del norte de Europa, y no evita abordar temas tan delicados como la pederastia, la homosexualidad, la eutanasia, las riquezas de la Iglesia o la posición excesivamente acomodada de la jerarquía. También aparece un retrato perfecto de la sociedad occidental actual y sus pecados más frecuentes, con un elenco casi interminable de vicios e inmoralidades cometidas por personas corrientes. En el film, junto a estos temas tan espinosos y controvertidos aparecen otros más espirituales como el perdón, la amistad, la vocación, el servicio, la fidelidad o la realización de la persona.

El argumento de la película es muy interesante: El padre James Lavelle (Brendan Gleeson), sacerdote católico, escucha en el confesionario un domingo a un feligrés que le dice que le va a asesinar al siguiente domingo. Comienza por lo tanto una semana intensa en la vida del cura en la que a través de su relación con la feligresía y con su propia familia tendrá que afrontar su propio "Calvario" espiritual y prepararse por si la amenaza llega a consumarse.

El film comienza con este impactante diálogo en el que no vemos quien es el que amenaza al sacerdote, en una escena hitchcockiana:

Padre James Lavelle: [mientras escucha la confesión] "¿Qué quieres decirme? Estoy aquí para escuchar lo que tengas que decir".
Amenazador: "Le voy a matar, padre".
Padre James Lavelle: "Sin duda, una frase inicial sorprendente".

Sobre le título del film, la palabra Calvario remite al monte en el que Jesucristo fue crucificado, en hebreo "Gólgota". Pasar un calvario se ha interpretado tradicionalmente como una serie de calamidades y desgracias que afligen a una persona. Esta será la situación que debe afrontar el Padre Lavelle, quien irá conociendo a una serie de personajes a cada cual más peculiar-depravado y que pueden ser su potencial asesino.

No voy a hacer de spoiler y revelar si finalmente el penitente cumple su propósito o no, pero sí voy a apuntar las personas con las que el Padre Lavelle toma contacto a lo largo de la película, ya que no tienen desperdicio.

Los primeros son aquellos que en función de su sexo o su cercanía al sacerdote no pueden ser sus asesinos:

- Fiona, hija del sacerdote (se hizo sacerdote tras enviudar), quien acaba de intentar suicidarse cortándose las venas tras un desengaño amoroso y pasa una temporada de recuperación con su padre.  
- El obispo Montgomery, quien no se preocupa en exceso de las cosas espirituales pero sí de las materiales.
- El Padre Leary, El compañero sacerdote del Padre Lavelle, quien tiene dudas de fe y vive un sacerdocio acomodado y poco comprometido.
- Teresa, Una mujer francesa que acaba de perder a su marido en un accidente de tráfico. A pesar de su delicada situación será un ejemplo de fe y fortaleza fundamental para el sacerdote en sus momentos más difíciles.
- Freddy Joyce: Un preso que está en la cárcel por asesinato y canibalismo. El padre Lavelle mantendrá una interesantísima conversación con él sobre la naturaleza humana.
- Verónica, la mujer del carnicero del pueblo que reconoce abiertamente su adulterio y afirma que no es el único que ha cometido en su vida, no mostrando arrepentimiento alguno ni deseo de conversión, sino mostrándose provocativa en todos sus acercamientos al sacerdote.

A partir de aquí comienza la lista de candidatos a asesino:

- Inspector Stanton, Un policía homosexual poco partidario de la estrechez moral de la Iglesia Católica.
- Milo Herlihy, un joven marginado cuyo poco éxito con las chicas le he llevado a enrolarse en el ejército para -en sus propias palabras- saber que se siente al matar a una persona.
- Leo: Un homosexual que se prostituye, afirmando que su primera experiencia homosexual fue con un obispo.
- Frank Harte, Un médico ateo que dice haber perdido la fe en sus primeros años de ejercicio de la medicina al interpretar el sufrimiento y la muerte como ausencia de Dios. Desde entonces vive amargado ya que sabe que en su trabajo más tarde o más temprano siempre perderá su lucha contra la muerte.
- Jack Brennan, Un carnicero cuya mujer (Verónica) le es infiel con un africano. Su desencanto le lleva a tener sed de venganza contra todo ser humano.
- Simon, el africano, un mecánico que alardea de sus múltiples conquistas, entre ellas Verónica. Vive para el sexo y no entiende de normas que no se puedan traspasar.
- Brendan Lynch, El dueño de la taberna del pueblo, un budista violento que odia la Iglesia Católica.
- Michael Fitzgerald, El rico del pueblo, que reconoce abiertamente que ha ganado toda su riqueza de manera ilícita y sin escrúpulos, y a quien toda su familia ha abandonado por lo que se encuentra  en un momento de vacío y de sinsentido existencial.
- Un anciano escritor (en la película no se menciona su nombre) fracasado que quiere suicidarse antes de sufrir más, pidiendo al sacerdote que le proporcione una pistola para ello.

Desvelar quien de los nueve es el posible asesino (y si cumple o no con su palabra) os lo dejo a vosotros; pero sí os adelanto desde ya que merece la pena ver la película y disfrutar de la trama y de lo característico de cada personaje...

Un apunte espiritual más. La película tiene varios diálogos interesantes, yo personalmente me quedo con este:

Padre James Lavelle: "Creo que se habla demasiado de los pecados y poco de las virtudes".
Fiona Lavelle: "¿Cuál sería tu número uno?"
Padre James Lavelle: "Creo que se ha subestimado mucho el perdón".

jueves, 23 de noviembre de 2017

City of Angels (EEUU, 1998)

Hace unas semanas escribía sobre la película favorita del Papa Francisco. Alguien me preguntó en una conversación privada que cuál era mi película religiosa favorita. Ciertamente son tantas que me resulta complicado quedarme con una en concreto. Sin embargo, le prometí a esa persona que iba a escribir un post sobre una de ellas. Esa conversación me animó definitivamente a escribir esta entrada que he evitado durante años, pero que creo que ya puedo afrontar sin tapujos. El motivo de mi preferencia por este film es que se establecen tantas similitudes entre la vida del protagonista y mi propia vida que ineludiblemente me toca la fibra sensible hasta el tuétano.

En efecto, City of Angels es es uno de mis largometrajes favoritos, de visión -y revisión- obligados. Soy consciente que como película no tuvo mucho éxito en los cines comerciales, aunque sí lo tuvo su B.S.O. interpretada por auténticos números uno como Eric Clapton, U2, Alanis Morissete, Peter Gabriel o Jimi Hendrix entre otros.

Respecto al filme, ya me encantaba y me hacía cuestionarme muchas cosas cuando la vi por primera vez a finales de los años 90 y evidentemente sigue haciéndolo hoy. Se trata de un remake de la película alemana El Cielo sobre Berlín (1987). La versión de Hollywood está dirigida por Brad Silberling (director televisivo, a parte de esta, su filmografía solo es destacable por "Casper") y protagonizada por dos grandes de la pantalla como Nicolas Cage y Meg Ryan. No me extiendo en los detalles técnicos, pero en cuanto os cuente el argumento entenderéis porque me gusta tanto. City of Angels cuenta la historia de Seth, un ángel de Dios que se enamora de Maggie, una médico que pasa por un momento de crisis humana. Seth tendrá que tomar la decisión más trascendental de su vida: escoger entre seguir sirviendo a Dios como ángel espiritual o experimentar el amor humano y comenzar una nueva existencia como hombre carnal. Salvo en que yo no soy ningún ángel, los paralelismos son más que evidentes. Siempre he contemplado esta película con la precisión que requiere el verse tan identificado con el protagonista, escudriñando cada frase, paladeando y saboreando los diálogos (más bien escuetos, la película privilegia muchos momentos de silencio que provocan la reflexión del espectador) entre la pareja protagonista. El final –que no desvelo- es sorprendente e irritante, bastante distante de muchas películas románticas empalagosas. 

Hay frases que solo el que ha vivido una situación semejante a la del protagonista puede valorar en toda la plenitud de su significado, como esta de Seth: "Preferiría una sola vez haber sentido el olor de su cabello, un beso de su boca o un toque de su mano, que tener toda la eternidad sin ello. Una vez sola". 

Inevitablemente, al terminar de ver la película, siempre brota en mi interior la misma pregunta: ¿Por qué tiene que escoger Seth entre dos cosas perfectamente compatibles, entre dos amores que no son excluyentes...? Esta fase de Maggie es tremenda: "No entiendo a un Dios que nos dejaría encontrarnos, si no hay forma de que podamos estar juntos".  Los dos grandes amores de Seth son Dios y Maggie, ambos potentes y ambos compatibles, al menos en mi opinión. Ambos amores, además tienen en común que son intangibles y por ello indemostrables... De nuevo con Seth se puede afirmar que "Algunas cosas son verdaderas, tanto si las crees como si no...".  Yo personalmente asumo y acato la doctrina de la Iglesia Católica en cuestión de celibato. Nadie obliga a ser célibe y nadie impide dejar de serlo. Pero no es menos cierto que el celibato es solo una ley eclesiástica, no de derecho divino, lo cual hace que pueda ser derogada en cualquier momento por la autoridad competente. Que ello vaya a pasar no depende de mí ni de mis gustos, por lo que solo el tiempo dirá si historias como la de Seth tendrán que seguir repitiéndose. Si algún día la Iglesia Católica diera ese paso -y seguimos en el terreno de la hipótesis- pasado un tiempo prudencial sería el momento justo para comparar el antes y el después de los ministros ordenados y poder sacar conclusiones acerca de si el celibato fue bueno o no para la Iglesia Católica durante su vigencia. 

Aparcando ese tema y volviendo a la película, deciros que espero que os guste. Si ya la habéis visto y si es posible, os pediría que la veáis desde esta nueva perspectiva que os propongo para que empaticéis conmigo y con tantas personas que un día tuvimos que escoger entre dos formas distintas de amor y de existencia.