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lunes, 24 de marzo de 2014

Las dudas del Papa Francisco

Preciosas y sorprendentes de nuevo las palabras del Papa Francisco el otro día. Sin embargo, en la vorágine mediática en la que se encuentra, creo que han pasado desapercibidas cuando para muchos habrán supuesto un escándalo.

¿Un Papa que ha reconocido dudas en su fe? No puede ser. Pero sí precisamente está ahí como sucesor de San Pedro para confirmar en la fe al rebaño de Cristo... Pues sí, mire usted. Ha demostrado una vez más que es un Papa humano, un Papa que entiende la fe como una lucha diaria, como una conquista que hay que realizar a diario, como una planta que si no se riega se seca, como un norte vital que a veces atraviesa "noches oscuras", como un regalo de Dios que debe ser trabajado por la persona. Ese es mi Papa, ese es el padre y el hermano que me señala el camino, no por encima mía, sino a mi lado. Os dejo sus palabras literales para que las disfrutéis también vosotros:

"¡Porque es bueno para apoyarse mutuamente en la maravillosa aventura de fe! Digo esto porque la tendencia a cerrarse en lo privado también influye en el ámbito religioso, que muchas veces es difícil pedir ayuda espiritual a quienes comparten con nosotros la experiencia cristiana. Acerca de nosotros -¡todos, todos! -¿Quién de nosotros no ha experimentado aún dudas en el camino de fe, pérdida e inseguridades? ¡Todo el mundo! Todos hemos experimentado esto: Yo también. Todos. Todos. Es parte del viaje de la fe, es parte de nuestras vidas. Esto no debe extrañarnos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y los límites. Somos muy frágiles, todos tenemos límites: no os asustéis. ¡Todos los tenemos!".

No voy a caer en la papolatría, pero reconozco que estoy muy cercano a ella. A mi este hombre cada día me cae mejor. Y además, me acerca a Cristo y me reconcilia con una porción de la Iglesia que muchas veces no comprendía. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

El Papa Francisco y los enfermos

Todavía recuerdo la primera vez que le di la mano a un enfermo de VIH. Yo tendría por entonces unos 24 años. A pesar de tener toda la información sobre la enfermedad y de saber como se contagiaba, no pude evitarlo: Al terminar de charlar con él y darle la mano (porque el me la acercó) busque disimuladamente un cuarto de baño para lavarme las manos. 

Hoy creo que no lo volvería a hacer. O quizás sí. Pero de ahí a darle un abrazo media un mundo. No me veo preparado. Y si en lugar de ser un enfermo de SIDA es alguien desconocido del que ni siquiera sé si su enfermedad es contagiosa, no quiero ni imaginarme cómo reaccionaría.

Pues bien, ya tengo (de nuevo) un ejemplo a seguir. El Papa Francisco me ha emocionado al abrazar a Vinicio Riva, un enfermo de neurofibromatosis, enfermedad cuyo nombre, de por sí solo, ya asusta. No sólo lo ha abrazado, no. Lo ha besado con cariño. No por compromiso, ni por buscar la foto. Al tirar de hemeroteca, he visto que el Papa Francisco tiene, como Jesucristo, unos predilectos: los enfermos. Si entráis en Google Imágenes son muchísimas las fotos (como Cardenal y como Papa) en las que aparece mostrando su cercanía a todo tipo de enfermos: físicos y mentales. Ésta no es la foto de un político (sea del partido que sea) al cual le preparan delante un niño o niña muy bien vestidito y arregladito para que en campaña electoral lo bese y ser portada del periódico del sía siguiente. Es la foto de un encuentro de ternura, de un marginado de nuestra sociedad (porque los marginamos entre todos, simplemente por el hecho de ser distintos) al cual el Papa ha devuelto su dignidad como persona

Profundizando un poco, y leyendo el testimonio y las palabras de Vinicio Riva, me he conmovido más aún. Os dejo un extracto para que las disfrutéis también vosotros.

"El Papa ni se detuvo a pensar si me abrazaba o no. Mi enfermedad no es contagiosa, pero él no lo sabía. Bajó del altar a saludar a los enfermos. Yo le besé la mano mientras que él con la otra me acariciaba la cabeza y las heridas. Después tiró de mi, abrazándome con fuerza y besándome el rostro. Yo tenía la cabeza en su pecho, sus brazos me rodeaban. Me tenía muy pegado a él, mimándome, no se apartaba. No me dijo nada, pero yo sentí su amor. Duró poco más que un minuto, pero a mi me pareció una eternidad. Mi corazón iba tan deprisa que creí que iba a morir".

Qué mas se puede decir sin estropearlo...