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lunes, 31 de julio de 2023

París bien vale una Misa

Esta frase se atribuye a Enrique III de Navarra, quien a pesar de ser bautizado como católico fue educado en la fe reformada-calvinista, concretamente en la rama de los hugonotes. En una época donde el límite entre política y religión era casi inexistente, para poder acceder al trono de Francia -tras la muerte de su homónimo Enrique III de Francia- se le exigió abjurar de su fe hugonota (practicada por apenas el 10% de la población) y volver al catolicismo, la religión mayoritaria del país. No se lo pensó dos veces. El 27 de febrero de 1594 era coronado como Enrique IV de Francia en la Catedral de Chartres. Desde ese mismo día se le atribuye la frase "París bien vale una Misa", reinando en el trono de Francia hasta que fue asesinado el 14 de mayo de 1610.

Valga esta introducción histórica para decir que por primera vez en mi vida he estado en París, la segunda ciudad europea con más turistas, solo superada por Londres y por delante de Roma. Yo a nivel personal me quedo -con mucha diferencia- con esta última, pero reconozco que no soy nada imparcial al haber vivido dos años en la Ciudad Eterna. Para mí la capital gala debería ocpar el último lugar en ese podium, pero insisto que son opiniones personales bastante condicionadas por mi historia personal. 

Vamos al recorrido. Más allá de hacerme las típicas fotos con la Torre Eiffel, la Mona Lisa o los Campos Elíseos (que quedan para mi intimidad) me he tomado este viaje como una búsqueda de las raíces cristianas de una de las capitales más importantes de Europa, que es lo que quiero compartir con vosotros. Sé que no he podido ver todos los lugares emblemáticos de París, y que muchas iglesias y obras religiosas se me habrán escapado por desconocimiento del terreno, pero al menos he sacado una buena colección que quiero inmortalizar en esta entrada. Me voy con la pena de no poder ver la Catedral de Notre Dame más allá de la fachada, pero aún hay que esperar unos meses a que vuelva a reabrir su interior tras el incendio que sufrió en 2019. Un motivo importante para inentar volver en otra ocasión.  

Así es que sin posibilidad de visitar Notre Dame, la Iglesia más destacable es la Basílica del Sagrado Corazón en la la loma de Montmartre (Monte de los mártires). Está ubicada en el lugar donde supuestamente fue decapitado San Dionisio, el primer obispo de París (s. III). Hay que subir muchas escaleras y hacer algo de ejercicio físico, eso sí, antes de quedar maravillado por unas vistas maravillosas de la ciudad. El templo en sí es bastante reciente (1885), construido en piedra blanca que la hace resaltar sobre el paisaje.


El interior es muy bonito, con una imagen-mosaico de Cristo en su advocación del Sagrado Corazón que acoge al visitante con sus brazos abiertos. Desde hace 125 años, esta iglesia es un lugar de adoración perpetua a la Eucaristía las 24 horas del día los 365 días del año, aunque el templo está abierto al público solo de 06:00 a 22:30. Para permanecer el resto de horas en adoración es necesario inscribirse previamente. 


En las capillas laterales encontramos imágenes de cuatro de los pilares fundamentales de la fe en Francia:

Saint Denis (San Dionisio de París). Llegó a Francia hacia el 250 o 270 desde Italia con seis compañeros con el fin de evangelizarla. Fue el primer obispo de París y es llamado el "apóstol de las Galias". Fue martirizado en el año 272, junto a sus compañeros Rústico y Eleuterio, durante la persecución de Aureliano. Cuenta la leyenda que tras ser decapitado, Dionisio caminó seis kilómetros con su cabeza bajo el brazo hasta llegar a un lugar en el que entregó su cabeza a una piadosa mujer descendiente de la nobleza romana, llamada Casulla, y después se desplomó. En ese punto se encuentra en la actualidad la Iglesia de Saint Denis. 


Santa Teresa del niño Jesús (o Teresa de Lisieux): fue una santa religiosa, declarada doctora por la Iglesia. Pertenció al monasterio de las Carmelitas Descalzas y murió muy joven, con solo 25 años. Destacó por su sencillez y a pesar de su corta vida es patrona de las misiones, ya que su deseo siempre fue el de ser misionera, aunque no pudo cumplirlo debido a su delicada salud. En este Blog comenté en su día la película Therese, que narra al completo su biografía. 
La Virgen María. Me sorprendió que en esta iglesia su figura principal sea con el niño Jesús en brazos, y no como la Virgen de Lourdes. Entiendo que en otras iglesias estará presente la advocación más internacional francesa, pero en esta no encontré ninguna representación escultórica ni pictórica suya. 
El Arcángel San Miguel (patrón de la Orden Militar de Francia). En la Biblia aparece en el Libro de Daniel, en la Carta de Judas y en el Apocalipsis como el defensor de los intereses divinos ante la rebelión de los ángeles caídos y como el que traerá la victoria de Dios al final de los tiempos. San Miguel es una constante que se repite en todas las iglesias de Francia, un país que -como todos los europeos- desarrolló una pontente angeología en escultura y pintura a lo largo de todo el medioevo. 


Tras Montmartre visité el Panteón ubicado en el barrio latino, lugar de enterramiento de diversas personalidades francesas como Rousseau, Voltaire, Víctor Hugo, Zola, Braille, Monnet, Dumas o el matrimonio Curie. Siendo en un principio un lugar religioso (lugar de enterramiento de Santa Genoveva, patrona de Francia) posteriormente fue transformado en lugar de homenaje "Aux grands hommes la patrie reconnaissante" («A los grandes hombres, la patria agradecida») como se puede leer en su fachada. Con el transcurso de los años se ha eliminado la cruz que remataba la cúpula y se ha sustituido un altar cristiano por otro altar republicano. 

A pesar de la supresión de muchos elementos decorativos religiosos, aún se conservan algunos, como este que se repite en las galerias de enterramientos: El Crismón. Como se puede ver, la parte central está compuesta por la intersección de  las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (el ungido). A ambos extremos están el Alfa y la Omega, la primera y última letra del alfabeto griego. "το Αλφα και το Ωμέγα" quería decir "El primero y el último" en referencia a Jesucristo, nombrado así en el libro del Apocalipsis.


El edificio está presidido por el fresco de Hébert "Cristo enseñando al ángel de la guardia de Francia los destinos de la patria". En ella están representados, de izquierda a derecha: Santa Juana de Arco, Santa Genoveva, Jesucristo, El arcángel San Miguel y París. Esta última, arrodillada en actitud de recibir la bendición, representa a la ciudad que es puesta bajo la protección de los otros cuatro personajes.

Fuente de San Miguel. Sin salir del Barrio latino -es más, en su corazón- se puede ver esta obra escultórica de 26 metros de altura dedicada al Arcángel San Miguel, como deciamos antes omnipresente en la iconografía religiosa francesa. El conjunto representa a San Miguel, espada en mano, quien aparece sometiendo al Demonio. Se simboliza con ello la lucha del Bien y del Mal. Encima de cada columna aparece una estatua de bronce que representa a cada una de las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. El objetivo de la fuente era el de ocultar una fachada antiestética sobre la que quedaba apoyada.
De allí encaminé mis pasos hacia el Museo del Louvre. Reconozco que es difícil resaltar únicamente unas cuantas imágenes religiosas de todo lo que pude contemplar, pero yo voy a quedarme con estas tres:

1. Comienzo por mi herido orgullo patrio. La Inmaculada Concepción de Murillo. Robada por los franceses (como el 80% del Louvre) en este caso a la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla durante la Guerra de la Independencia contra los franceses (1810-12). Afortunadamente no tiene la calidad de la Inmaculada del Museo del Prado, pero lo cierto es que esta bella obra del pintor sevillano se haya en una galeria junto a otros 5 murillos, todos ellos saqueados de la capital hispalense. 

2. San Francico recibiendo los estigmas, de Giotto di Bondone. Retablo del siglo XIII expoliado a una iglesia franciscana de Pisa. Debajo y en pequeño se pueden apreciar otros tres momentos de la vida del santo: El sueño de Inocencio III, La aprobación de la regla y San Francisco predicando a los pájaros. La escena principal representa el momento en que San Francisco vio  a un serafín volando con seis alas, con sus brazos extendidos y los pies juntos, atado a una cruz. En ese mismo momento San Francisco sufre los estigmas de Cristo en pies y manos, símbolo de la presencia divina, lo que confiere al santo una alegría enorme pues se hallaba en ese momento en una profunda crisis espiritual al tiempo que un evidente deterioro físico. 

3. San Miguel derrota a Satanás, de Rafael Sancio. La obra, un encargo de Lorenzo de Médici representa el momento en el que San Miguel lucha y derrota a Satanás, el diablo. En este caso la obra fue regalada por el papa León X al rey francés Francisco I a cambio de la defensa de los derechos de la Iglesia en territorio galo. La escena representa el momento en que San Miguel aparece pisoteando a Satanás, al tiempo que clava su lanza en la espalda del diablo. 
Tras la obligada visita al Louvre tocó el turno al no menos típico paseo desde el Museo hasta los Campos Elíseos. En ese trayecto, en el Jardín de las Tullerías hay de nuevo un buen puñado de esculturas religiosas de las que destaco estas dos que me impactaron sobremanera:

1. Henri Vidal: "Caín acaba de matar a su hermano Abel". Escultura que recoge el remordimiento producido en el personaje bíblico tras el primer homicio en la tierra según recoge el libro del Génesis. Representa a un Caín completamente desnudo y abatido, del que no podemos ver su rostro pues lo oculta tras su brazo derecho. Parece en movimiento, acercándose al espectador, lo que le confiere a la obra una sensación de realismo que impresiona. Psicológicamente expone el dolor por el pecado y la incapacidad de volver el tiempo atrás. Una vez realizado el acto homicida no hay vuelta atrás, el remordimiento y la angustia se han apoderado de Caín.  

2. François-Léon Sicard: "El buen samaritano". Este impresionante conjunto escultórico formado por dos personas recoge el momento en el que el buen samaritano atiende al viandante asaltado por el camino como nos cuenta Jesucristo según su parábola del Evangelio de San Lucas 10, 25-37: "Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él". La imagen capta el justo momento en el que el samaritano coge en peso el cuerpo dolorido del herido, mostrando el esfuerzo del primero y el sufrimiento del segundo de una manera dramática. 
Sé que me faltaron muchas iglesias e imágenes que ver. Si Dios quiere, y cuando Notre Dame vuelva a estar abierto al público, este post tendrá una segunda parte para completarlo....

sábado, 5 de septiembre de 2015

Peregrinación a Roma (Apéndice)

Jardínes Vaticanos desde la
Cúpula de San Pedro
"Roma: Non basta una vita" es una expresión italiana que casi no necesita traducción. En ella se encierra una verdad incuestionable: El tiempo dedicado a Roma nunca es suficiente, ya que siempre queda algo por descubrir. Ello supone que por muy bien que un viaje se prepare, es más, incluso por mucho tiempo que uno viva en Roma, nunca se la llegará a conocer del todo.  Siempre hay algo nuevo que ver o una nueva perspectiva desde la que disfrutar algún monumento. Roma es cara, muy cara... y cada minuto en ella vale millones. Desgraciadamente, en todo viaje el tiempo disponible es el que es y el nuestro no iba a ser una excepción. Por ello, muchas cosas han tenido que posponerse para otra visita.

El Tíber a su paso por el
Ponte Sant´Angelo
Quién haya leído las diez entradas anteriores, echará de menos algunos sitios emblemáticos de Roma que, o bien por la distancia, o bien por una jerarquía personal de intereses han sido aplazados hasta mejor ocasión. Algunas Iglesias que hubieran merecido una visita son: San Clemente, San Sebastián, San Francesco a Ripa, Santa Cecilia o San Pietro in Montorio. Las vistas desde el Gianícolo o el Aventino no tienen nada que envidiar a muchas de las que hicimos nosotros. La Galleria Borguese, el Castel Sant´Angelo, Porta Portese, el Ponte Milvio... deberían haber sido visitas obligadas. De igual manera tuvimos la suerte de visitar las Catacumbas de San Pedro en el Vaticano pero precisamente por ello dejamos a un lado la visita a las catacumbas de San Calixto, de San Sebastián, de Domitila o de Priscila. De todas ellas yo todavía solo conozco las dos primeras. Esta última circunstancia también nos privó de acercarnos a otra Iglesia de los extrarradios, la Chiesa del Quo Vadis, edificada en el lugar en el que San Pedro se encontró con Jesucristo Resucitado cuando huía de Roma y decidió volver para defender la fe y ser crucificado boca abajo.

Fachada del Coliseo
Hacer un recorrido a pie de tres horas paseando tranquilamente por la rivera del Tíber era algo previsto pero que desgraciadamente tuvimos que sacrificar. El viaje también se podía haber completado con una visita a Ostia Antica, situada,a menos de 20 km. de Roma. De no haber ido a Pompeya (donde se conservan las ruinas en mejor estado) la visita hubiera sido imprescindible. Como amante del fútbol esta vez me quedé sin ir al Estadio Olímpico, en la que tantas tardes-noches de fútbol disfruté en mi vida de estudiante... Por suerte para Patricia la fecha tampoco acompañaba, que de haber sido el viaje en temporada futbolística no la hubiera librado nadie...

Fachada de San Pablo
Extramuros
De todas formas, la Peregrinación - Luna de Miel ha sido bastante completa. He alcanzado niveles espirituales y culturales no muy lejanos a los éxtasis de los antiguos místicos. He disfrutado en cada lugar que volvía a visitar, he descubierto algunos lugares nuevos y, sobre todo, el contexto era bien distinto a mis anteriores estancias. Ir a estrenar mi matrimonio y poder pasear por Roma cogido de la mano con el amor de mi vida es una experiencia arrebatadora. He disfrutado tanto en el viaje como recordándolo a través de estos posts que he compartido con vosotros y en los que he vuelto a recrear la experiencia. En palabras del escritor argentino José Luis Borges, "Cuando uno escribe, el lector es uno"...

Laoconte, Museos Vaticanos
Esta tarea de sentarme a recrear imaginariamente el viaje me ha ayudado también a hacer recuento: han sido finalmente 32 Iglesias-Basílicas-Catedrales visitadas, 14 Plazas, dos Museos, dos Cúpulas, dos Iglesias subterráneas y un número -elevado, que me reservo para mí- del conjunto pizzas-cervezas-helados que fueron la base de nuestra alimentación romana. Ver de nuevo al Papa, visitar la tumba de San Pedro, asistir a una ópera al aire libre o transportarnos a una ciudad como Pompeya que quedó dormida en el sueño de aquella fatídica noche del 24 de agosto del año 79 son experiencias, que -como dice el anuncio- no tienen precio.

Interior de la cúpula
del Panteón
¿Cuándo podremos volver...? Espero que pronto.

El deseo de estar en Roma es como una droga que ya ha comenzado a producir en mí el consabido síndrome de abstinencia. Cuantas más veces se está en Roma más intenso es el deseo de volver a pasear por sus calles y admirar su grandeza.

Nosotros cumplimos nuestra parte simbólica y tiramos la moneda a la Fontana de Trevi, así que si Dios quiere y la leyenda se cumple algún día volveremos... Será cuestión también de poner en casa una hucha y procurar que la monedita de la Fontana vayan acompañadas de muchas otras que hagan posible el regreso lo antes posible a la Ciudad Eterna.


Mater Ecclesiae, en la fachada
de las estancias papales
De todas formas, soy consciente que haber estado ya tantas veces en la Ciudad Eterna es un enorme privilegio que Dios me ha concedido en esta vida y del que le estaré eternamente agradecido. Aún así, lo tengo claro y no me gustaría morirme sin volver algún día. Pero ya se sabe, el hombre propone y Dios dispone...

Para animaros a vosotros a que compartáis la experiencia, me gustaría despedir esta serie de entradas con dos citas muy sugerentes. Iba a poner solo una, pero me ha resultado imposible escoger cualquiera de ellas y dejar fuera la otra, ya que comparto totalmente el mensaje de ambas y además las encuentro plenamente complementarias.


Marforio, Dios fluvial de los
Museos Capitolinos
La primera, es del escritor estadounidense Herman Melville, autor de la famosa novela Moby Dick, quien quedó prendado de la belleza de Roma en su viaje de 1849. Así la describía en sus escritos: "...En Roma saludan al visitante miles de estatuas que, como representantes de un pasado poderoso, alargan sus manos hacia el presente y conectan los siglos. Han cambiado gobiernos, caído imperios, desaparecido naciones, pero estos mudos mármoles permanecen, oráculos del tiempo, obras de arte perfectas. Los crearon aquellos que aspiraban a algo mejor, y se esforzaron por conseguirlo encarnándolo en fría piedra..."

La segunda, es del dramaturgo y poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe, el creador de la inmortal obra Fausto: "...Quien no ha cruzado Roma bajo la luna llena no tiene ni idea de la belleza que se ha perdido. Quien la ha visto, lo ha visto todo..."

Por suerte, por caprichos del calendario o por providencia divina (cada uno es libre de pensar lo que quiera...) tuvimos semana de luna llena y tiempo despejado. Para que pedir más...

lunes, 31 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (y 10)

Panorámica de Roma
Comenzaba el último día de nuestra Luna de Miel - Peregrinación a Roma. Había que aprovecharlo bien y no perder ni un minuto del que pudiéramos arrepentirnos cuando volviéramos a España. Había que encontrar tiempo, además, para las compras de recuerdos de última hora. Parte de ese trabajo estaba hecho, por lo que únicamente se trataba de rematar la faena y procurar no olvidarse de nadie. El cansancio iba haciendo mella, pero un esfuerzo final era necesario para aprovechar bien el día. Decidimos desayunar bien y no volver al Hotel a mediodía para aprovechar mejor la jornada.

Interior de San Giovanni
in Laterano
La mañana tenía un objetivo claro, ya que nos faltaba peregrinar a una de las cuatro Basílicas Mayores y había que ir sí o sí. Se trataba de San Giovanni in Laterano, la Catedral de Roma. Muchos creen que ese título pertenece a San Pedro, aunque se trata solo de un matiz territorial. San Pedro es la Catedral del Estado Vaticano mientras que San Juan de Letrán es la Catedral de la ciudad de Roma. Ambas son, a todos los efectos, las sedes del Papa. La Basílica, de estilo barroco, es otra de las grandes maravillas de Roma. El suelo, los techos, el ábside y las enormes estatuas de los doce apóstoles te transportan a otra época. En el fondo de la Iglesia, bajo el ábside, se encuentra la cátedra de San Pedro y las cabezas de San Pedro y San Pablo. tras una oración, visitamos brevemente el Baptistero y el Claustro, exteriores a la Basílica.

Scala Santa
A unos 100 metros de San Juan de Letrán se encuentra la Iglesia de la Scala Santa y el Sancta Sanctorum. La Scala Santa es la escalera que Jesucristo subió para ser juzgado por Poncio Pilato, mandada traer en su integridad desde Jerusalén por Santa Helena, la madre del Emperador Constantino en el año 326. La tradición dice que hay que subirla de rodillas meditando los misterios de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. La escalera está protegida por madera de nogal, aunque en algunos tramos unos cristales dejan ver restos de sangre, según la tradición, de Jesucristo. A mi manera de entender, pensar que 300 años más tarde se mantuvo intacta esa sangre es hilar muy fino, pero cada uno es libre de pensar lo que quiera, ya que no se trata de un dogma de fe. La escalera conduce al Sancta Sanctorum (santo de los santos), la capilla privada de los Papas que contiene un arca con todo tipo de reliquias de Jesucristo y los Santos abierto por última vez en 1905.

Santa Croce in Gerusalemme
De allí, andando por Viale Carlo Felice nos desplazamos hasta la Basílica de la Santa Croce in Gerusalemme, otra de las Siete Iglesias que todo peregrino debe visitar en Roma para alcanzar la Indulgencia Plenaria y la última que nos quedaba a nosotros. En ella se conservan -igualmente según la tradición- reliquias de la Pasión de Cristo tales como parte de la Vera Cruz, la inscripción del INRI, la corona de espinas, los clavos y la esponja empapada en vinagre. Fueron traídos también por Santa Helena en el siglo IV, pero su autenticidad es también bastante cuestionable.

Luperca o Loba Capitolina
De allí nos fuimos en autobús a los Museos Capitolinos, los segundos Museos de nuestra estancia e incluidos en la tarjeta Roma Pass. Se encuentran en el Campidoglio, dividido entre el Palacio de los Conservadores y el Palacio Nuevo, comunicados de manera subterránea. De entre todo lo que vimos, destacan la estatua ecuestre de Marco Aurelio, el Gálata moribundo, el joven de la espina y la estatua de bronce de la loba Capitolina. La Pinacoteca también cuenta con obras importantes, especialmente varios Caravaggios. La galería de las lápidas conduce a unas vistas de los Foros sencillamente espectaculares.

Moisés de Miguel Ángel
Como se nos había hecho un poco tarde, y empachados de cultura, nos conformamos con almorzar un trozo de pizza al taglio y un helado en Della Palma tomado de nuevo enfrente del Panteón, que se encontraba tan bullicioso como de costumbre. De allí nos desplazamos en autobús y Metro a la parada Cavour para visitar la última Iglesia de nuestra peregrinación, San Pietro in Vincoli (San Pedro encadenado). En ella se encuentran las cadenas con las que San Pedro fue apresado antes de ser crucificado boca abajo y una de las mayores obras de Arte de la Historia Universal: el Moisés de Miguel Ángel. La perfección de la obra es tal, que cuenta la leyenda que al concluirla, el artista florentino la golpeó con un martillo en la rodilla al tiempo que le preguntaba: ¿Por qué no me hablas?, dejando en ella esta marca para la posteridad a modo de firma.

Antipasti
Con tan buen sabor de boca nos fuimos al Hotel a realizar una tarea menos agradable: hacer las maletas. El colofón culinario lo tuvimos en el ristorante Nori a base de antipasti y un par de buenas pizzas. El último helado supo un poco más amargo de lo habitual. Tras asegurarnos que todo estaba bien preparado, pusimos el despertados a las 03:00 A.M. (volar low cost es lo que tiene...) y nos dispusimos a dormir unas cuantas horas...Habían concluido 10 días de auténtica vorágine cultural y espiritual. Aunque resulte paradójico, necesitábamos unas vacaciones de las vacaciones y descansar un poco.

La reflexión final habrá que dejarla para un último post...¿no?

domingo, 30 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (9)

Santa María in Cosmedin
Enfilábamos los dos últimos días de estancia en Roma con muchas cosas aún por ver. El lunes por la mañana estaba dedicado a la Roma Clásica, por la que habíamos pasado en varias ocasiones pero sin detenernos. La razón era que esa mañana íbamos a comprar la tarjeta Roma Pass, que durante 72 horas permite la entrada gratuita y sin colas a los Foros Romanos, el Coliseo y los Museos Capitolinos, además de transporte gratuito durante ese periodo.Tras el desayuno nos dirigimos hacia la zona 0 del Imperio Romano, aunque por medio había una Iglesia importante que no se podía dejar detrás. Se trata de la situada junto al Tempio di Portuno Santa María in Cosmedin, una pequeña Basílica del S. VI de estilo bizantino que alberga en su pronao una de las joyas ornamentales más peculiares de Roma, la Bocca della Veritá, la máscara de un fauno del siglo I inmortalizada en la célebre película estadounidense "Vacaciones en Roma" (Roman Holiday), de William Wyler.

Bocca della Veritá
Según cuenta la leyenda romana, a aquellos que meten la mano siendo unos mentirosos se les corta dicho miembro en el interior de la Bocca. Según cuenta la leyenda cinematográfica, en la película se iba a rodar un diálogo delante de la Bocca en la que Joe Bradley (Gregory Peck) tenía que contar esa anécdota a la Princesa Anna (Audrey Hepburn). Al terminar la explicación y sacar la mano, Gregory Peck decidió improvisar ocultándose la mano debajo de la manga de la chaqueta, sin que ni el director ni su compañera de reparto supieran nada de esta treta. La escena resultó por ello tan espontánea,  provocando primero el susto y después la risa de Audrey Hepburn, y convirtiéndola de paso en una de las escenas más emotivas y entrañables de la Historia del Cine.

Sinagoga Mayor de Roma
De allí fuimos haciendo el camino del Lungotevere hasta la Sinagoga y el Barrio judío, pasando por el Ponte Fabricio y llegando hasta la Isola Tiberina, una mini-isleta situada en medio del río Tíber. Deshicimos nuestros pasos para volver a la Sinagoga -la más grande de Europa- y el Guetto Judío, el cual  conserva aún múltiples inscripciones de las deportaciones que sufrieron los semitas durante la Segunda Guerra Mundial. Haciendo de nuevo un recordatorio del Séptimo Arte, uno no puede dejar de pensar al recorrer aquellas callejuelas en una de las mejores películas italianas y europeas de todos los tiempos, "La Vida es Bella", que a pesar de estar ambientada en Arezzo recoge todo este drama desde la  genial visión de Roberto Benigni.

Detalle de la Columna Trajana
A través de las ruinas del Teatro Marcello y bordeando Piazza Venezia llegamos a los Foros Trajanos. La Colonna Traiana merecería por sí sola una entrada de post, pero desgraciadamente no tengo tanto espacio. La columna conmemorativa de la guerra contra los Dacios solo puede verse a cierta distancia, lo que impide contemplar en toda su hermosura los magníficos relieves que la adornan. Valga esta foto con todo el zoom disponible para hacerse una idea del contenido de los 18 anillos, en los que se han contado más de 2.500 figuras humanas.

Foros Imperiales
De allí se avanza por la Via de los Foros Imperiales sin saber hacia que lado mirar. A izquierda, según se avanza hacia el Coliseo, los Foros Trajanos. A la derecha, en la misma dirección, los Foros Imperiales. Éstos últimos habían sido gratuitos en todas mis visitas anteriores, pero ahora hay que pasar por caja. Con la tarjeta Roma Pass nos ahorramos las incómodas colas y en un santiamén estábamos en su interior. Allí hicimos el incomodo recorrido que permite la antigua Calzada Romana: el Tabularium, el Arco de Septimio Severo, el Templo de Saturno, la Curia, el Altar de César (donde fue depositado y honrado su cadáver), la Basílica de Majencio y el Arco de Tito, conmemorativo de la destrucción de Jerusalén en el año 70 profetizada por Jesucristo décadas antes y el Arco de Constantino, al exterior de los Foros.

Cruz en el Coliseo
A la salida de los Foros repetimos la operación, saltándonos la interminable cola de entrada al Coliseo y entrando directamente a su interior. Poco ha cambiado desde mis anteriores estancias, a pesar de las continuas promesas de restauración del hipogeo que nunca se producen. Solo una pequeña porción ha sido restaurada, y me temo que no será hasta dentro de varias generaciones cuando al igual que la Domus Aurea el Anfiteatro Flavio pueda ser admirado en todo su esplendor, tal y como se reconstruyó por ordenador para la película Gladiator. Desde el año 2000, una inmensa cruz recuerda el lugar de martirio de miles de cristianos, en la cual da comienzo el Via Crucis que todos los Viernes Santo el Papa preside en su interior.


Cartel de la Ópera
Al salir del Coliseo, el calzado de Patricia decidió que ya había realizado demasiados kilómetros en Roma, lo que precipitó nuestra vuelta al Hotel a buscar recambio. De paso repusimos fuerzas a base de pizza al taglio y nos fuimos preparando para otro de los momentos estrella del viaje, la ópera "La Bohème"  de Puccini, interpretada al aire libre en las Termas de Caracalla. A pesar de que ya he estado en varias óperas en el Teatro Villamarta, era mi primera experiencia en Roma y esperaba la llegada de este momento con gran ilusión. Las entradas las habíamos comprado también desde España, por lo que pudimos descansar un poco y arreglarnos como la ocasión se merecía. Por una vez nos deshicimos de la ropa cómoda para ponernos otra más apropiada para el evento.

Circo Máximo
Antes de llegar al Teatro hicimos una pequeña parada en el Circo Massimo, el lugar de las carreras de carros de la ciudad situada a la espalda de los Foros Imperiales. Poco hay aquí que ver, salvo forzar la imaginación de nuevo y ayudados una vez más de la cinematografía pensar que en el rodaje de la película Ben Hur este lugar logró recuperar todo su esplendor y ambientación para la mítica carrera de cuádrigas. De momento es solo un descampado a la espera de que vengan tiempos mejores y alguna fuente de financiación adecente el que fue uno de los lugares más representativos del ocio en el Imperio Romano.

Momentos previos a la Ópera
La ópera no defraudó. La noche de luna llena, la ambientación al aire libre, las ruinas de las Termas de Caracalla y una perfecta audición convirtieron la obra en un derroche para los sentidos. El impacto emocional volvía a aparecer como en tantos otros momentos del viaje, convirtiendo cada instante en mágico e inolvidable. Eso sí, lo tarde del evento y la duración del mismo hicieron que tuviéramos que volver al Hotel en taxi. Afortunadamente la empresa organizadora del evento se asegura que todos los taxis que recogen a los asistentes en la obra sean oficiales y no se cuele ningún pirata abusivo, lo cual es de agradecer. Buen detalle.

Saludo final del elenco
Llegados a las inmediaciones del Hotel, y dado que prácticamente todo estaba cerrado, nos tuvimos que conformar con las provisiones que teníamos en nuestra habitación y un helado en las inmediaciones. Con ello concluía nuestra penúltima jornada en Roma y nos preparábamos para afrontar el esprint final del viaje.

Sí, era triste, pero se acercaba el final...

sábado, 29 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (8)

Cristo Redentor de la
 fachada de San Pedro
Llevábamos ya una semana en Roma, pero todavía quedaba mucho por ver. Desgraciadamente la realidad se imponía y había que realizar muchos recortes en el ambicioso programa que llevábamos desde España. 

Por ser domingo sí realizamos una pequeña concesión al descanso, y dado que íbamos a ir a las 12:00 al Ángelus con el Papa tampoco había excesiva prisa, por lo que estiramos el despertar y el desayuno un poco más de lo habitual. Al finalizar el mismo volvimos a tomar el tren hacia San Pedro y en pocos minutos volvíamos a estar ya en la Plaza de San Pedro. Era la cuarta vez que íbamos en una semana y según el programa previsto, también la última. La oportunidad de ver al Papa en vivo era cuestión de minutos, y la sensación de vivir un momento importante en nuestras vidas volvía a hacerse presente una vez más.

Cúpula de San Pedro
 Hacía calor, pero afortunadamente no era excesivo. Eso sí, la plaza estaba llena de paraguas que protegían del sol a los turistas y peregrinos. Teníamos pensado comprar algunos recuerdos más que habían quedado en el tintero, así que fuimos a las calles adyacentes a la plaza para aprovisionarnos de nuevo. A las 11:30 volvimos a la Plaza, que a esa hora estaba mucho más concurrida que anteriormente, pero al ser solamente dos pudimos meternos entre los grupos de peregrinos y coger un sitio bastante bueno cerca del Obelisco para ver al Papa. La distancia era aún así considerable, pero una pantalla gigante ayuda a ver los gestos del Papa y no perder detalle. Al toque de las campanas de las 12 del mediodía hacía acto de presencia ante la primera ovación de la mañana. Tras unos breves saludos con la mano, dio comienzo al sencillo acto dominical.

Papa Francisco en la
Catequesis dominical
Como siempre comenzó con una pequeña catequesis sobre el Evangelio del día, en este caso la multiplicación de los panes y los peces. En voz queda le iba traduciendo a mi esposa sus palabras. En ellas instó a buscar el pan espiritual y no solo el pan material que se acaba. Habló del amor, del perdón y de la misericordia de Dios Padre que todo lo perdona provocando una mirada cómplice entre nosotros. Posteriormente saludó en varios idiomas a los grupos presentes, siendo respondido con vítores, aplausos y ovaciones. Finalmente, rezamos la oración a la Virgen, el Ángelus, para posteriormente retomar la palabra y desearnos buena estancia en Roma. Por unos minutos, la plaza se convirtió en un ir y venir de gente en todas direcciones, muchas de ellas con lágrimas en los ojos y notablemente emocionados. Nosotros no éramos ajenos a todo ello.

Curiosa imagen del Papa con
 avión al fondo de la imagen
Es el tercer Papa que tengo la suerte de haber conocido in situ y todos ellos han supuesto para mi una emoción diferente. Entre los años 1999-2001 tuve ocasión de comprobar la fortaleza interior de  Juan Pablo II ante su declive físico, en 2007 la pujanza de Benedicto XVI en su primer año de Pontificado y ahora al Papa Francisco con el soplo de aire fresco que ha traído a la Iglesia. En  los tres he sentido la presencia de hombres de Dios entregados a su misión, luchadores aferrados a sus convicciones que tienen que gobernar una barca que transporta a más de 1.000 millones de almas, lo que no es en absoluto tarea sencilla. Tratándose al mismo tiempo de la Institución religiosa más numerosa del mundo y de un Estado -con la burocracia y la Diplomacia que ello conlleva- nos podemos imaginar que sus vidas a menudo quedan aisladas en la soledad del poder y la incomprensión de quienes no manejamos sus mismos conocimientos ni sus mismas experiencias. Todo el mundo opina, todo el mundo critica... pero en última instancia solo a ellos corresponde la toma de decisiones, en algunas ocasiones, con miles de vidas en juego. Pienso ahora en los cristianos de Siria, de Irak, de Afghanistán, de China, de Cuba, del Congo... y en tantos países donde la fe cristiana aún está prohibida o se castiga con la pena de muerte a quien lo profesa. Ver al Papa te hace respirar la catolicidad de la Iglesia y hace que uno se sienta refugiado en el abrazo materno de la columnata de Bernini, que no hace distinción de raza, lengua, cultura o nacionalidad.

Estatua de Santiago -
 Jacobo - Jaime
En fin, con todos estos y muchos más pensamientos en mente nos volvimos al Hotel para almorzar algo de pasta y descansar antes de reemprender la marcha.

La ruta de la tarde también fue tranquila. El objetivo era revisitar de nuevo las plazas más significativas y recuperar alguna Iglesia de las que siempre encontrábamos cerrada. Al ser domingo había posibilidades de encontrarlas abiertas para el culto, como efectivamente así sucedió.Comenzamos de nuevo en Piazza Venezia y tomando Via del Corso llegamos hasta Piazza del Popolo. Unos metros antes de llegar a la misma se encuentra la Chiesa de San Giacomo in Augusta, mi santo patrón. Dentro de una fachada no excesivamente impactante nos encontramos una auténtica preciosidad, como casi todas las Iglesias de Roma.

Elefante obeliscóforo de Bernini
 Pasada la plaza llegamos a Santa María del Popolo, otra coqueta Iglesia que alberga en su interior dos de las más importantes obras de Caravaggio: La crucifixión de San Pedro y la Conversión de San Pablo. Por Via del Babuino volvimos a Piazza Spagna -pasando por la embajada de España- y a la Fontana de Trevi, donde lanzamos la habitual moneda con la esperanza de volver algún día a la Ciudad Eterna. A pesar de la restauración han dejado un hueco para lanzar las monedas, por lo que el simbólico acto pudo celebrarse. Volvimos a pasar por Santa María Sopraminerva para admirar el Obelisco del Elefante.

Pizzas y birras del Trastevere
Era momento de reponer fuerzas, así que nos desplazamos de nuevo al Trastevere a probar nuevas delicias culinarias romanas. Allí nos encontramos con nuestra rubia amiga Peroni, quien no quiso faltar un día más al encuentro. Alternamos las pizzas con los antipasti variados, dando buena cuenta de todos ellos. La jornada concluía con el ya consabido helado reparador de camino al Hotel.

Quedaban dos días más y había que aprovecharlos bien...

jueves, 27 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (7)

Cuenta el Génesis que el séptimo día -curiosamente como en nuestro viaje el sabbat-  Dios descansó... pero nosotros no. Entre otras cosas, porque teníamos dos visitas concertadas con antelación desde España y había que aprovecharlas, ya que ambas eran oportunidades excepcionales para enriquecer el viaje. Además así reivindicamos que el día de descanso cristiano es el domingo (el dominicus, día del Señor) y no el sábado.

Entrada a las catacumbas
de la Basílica de San Pedro
La primera de las visitas era un auténtico regalo de Dios. Unas semanas antes de la boda había escrito sin muchas esperanzas al Ufficio Scavi Vaticano para poder realizar la visita a la tumba de San Pedro, privilegio reservado a unas 100 personas al día, lo que da una idea de la dificultad de obtener el permiso. Desconozco si será la manera en que lo supliqué, el esfuerzo de escribir en italiano o pura casualidad, pero comoquiera que fuese, unos días antes de la boda recibí la confirmación de la posibilidad de la visita. La hora fijada era las 12:15 y la duración de la visita guiada de una hora.


Obelisco de la
Plaza de San Pedro
Por lo tanto, bien desayunados para no perder la costumbre, nos marchamos en el tren a la estación de San Pedro. Una vez allí -bien cogidos de la mano para no perdernos en esta ocasión- nos dirigimos a Soprani para comprar la primera tanda de souvenirs, en este caso religiosos. Para quien no lo conozca Soprani es como El Corte Inglés de los artículos religiosos, cestita de mano incluida. Medallas, llaveros, rosarios, estampas, bendiciones... el paraíso que te permite además tener la seguridad de que lo que buscas lo encuentras y no demasiado caro (Es sintomático que la palabra "barato" en italiano no existe, se sustituye por las expresiones que no necesitan traducción  "meno caro", "a buon mercato"...). Allí compramos un buen número de recuerdos al tiempo que curioseamos por toda la tienda para hacer tiempo para la visita.


Tumba de San Pedro
Realizadas las compras, a las 12 como un reloj suizo estábamos delante de la guardia del mismo país para entregar nuestras acreditaciones. Allí coincidimos con un grupo de 8 españoles más que habían tenido la misma suerte que nosotros. La visita en sí fue conmovedora por lo simbólico del lugar y por lo bien explicada que estuvo. La guía italiana que nos tocó tenía un castellano perfecto y vivía las explicaciones como si fuera la primera vez que lo hacía, no con la desidia que poco después nos tocaría sufrir. Moviéndonos por debajo de la Basílica peregrinamos por el cementerio pagano, el cementerio cristiano y finalmente, la que se cree que es la tumba de San Pedro. Para afirmar esto hay dos claros indicios: primero, la antigüedad de la tumba y de los restos óseos encontrados en ella, datados en el siglo I d.C. y segundo, que su posición localizada por GPS coincide exactamente con el centro de la cúpula diseñada por Miguel Ángel. La frase de Jesucristo "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" parece haber encontrado corroboración en las nuevas tecnologías. Al salir de la Basílica, dimos una nueva vuelta por las tres naves y nos dirigimos al Metro, para realizar la segunda visita del día.

Fresco de la Domus Aurea
La segunda reserva que habíamos realizado desde España gracias a Internet era la "Domus Aurea" (La casa de oro), el majestuoso palacio de Nerón situado a escasos metros del Coliseo. De la misma manera solo grupos de 15 personas pueden acceder a ella los sábados, ya que de lunes a viernes continúan los trabajos de excavación en todo el recinto y los domingos no abren. El megalómano césar Nerón se mandó construir la que cuentan que era la perla del Imperio Romano. Desgraciadamente, poco queda de aquello. La visita guiada apenas muestra largos corredores y múltiples salas desprovistas de toda ornamentación. Aquí fue encontrado el Laoconte que vimos en los Museos Vaticanos y muchas obras de arte más, pero nada de ello perdura en el recinto, que ha sido completamente expoliado a lo largo de los siglos. Apenas unos restos de frescos dejan entrever lo que debió ser algo espectacular, pero a mi sinceramente me dejó tibio.

Cata de restauración de las
paredes de la Domus Aurea
Pasábamos de una sala a otra con la esperanza de ver algo, pero cada sala superaba en soserío a la anterior. La guía, a diferencia de la anterior, tenía la sangre de horchata y más mala cara que Marco el día de la madre. La hora no ayudaba (las 14:30), pero se debería tirar de profesionalidad y ella no supo hacerlo. Nos contó, eso sí, que los trabajos de restauración siguen adelante y que se pretende devolver parte del esplendor del palacio en unos años. Yo hubiera dicho décadas para no engañar al personal, ya que como ella mismo dijo los trabajos son muy lentos y costosos.. Una hora más tarde, abandonamos el recinto y almorzamos (sí, pizza, para variar...) por los alrededores.

Vista de Roma desde el Hotel
La tarde fue una concesión a la vida social. Disfrutamos un poco de la alberca del hotel que a falta de espacio si proporcionaba unas vistas excelentes y nos arreglamos para ir a cenar con unos amigos de mis anteriores estancias en Roma, Cristina y sus hijos. Una pena que su marido Juan estuviera en España por cuestiones laborales para que el reencuentro hubiera sido completo. Fuimos en Autobús cerca de su casa, a Vía Gregorio VII, y allí nos llevaron al Risky Point, donde aunque su nombre anglosajón pueda sugerir otra cosa nos volvimos a atiborrar de pizzas, en esta ocasión acompañadas de unas deliciosas mozzarelline fritte y unas olive ascolane.

Tras una copita y un helado para celebrar el reencuentro y ponernos mutuamente al día dimos por concluida la jornada. Tras despedirnos de nuestra famigllia romana volvimos en autobús al Hotel y nos fuimos a descansar, que la jornada de nuevo, había sido pródiga en kilómetros andados y en sensaciones...

Poco a poco se iban desgranando los días, y el final comenzaba a vislumbrarse a la vuelta de la esquina...