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viernes, 1 de diciembre de 2006

¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos?, ¿Adónde vamos?

Dicen que estas son las tres preguntas fundamentales del hombre, a las que religión, filosofía y ciencia intentan dar respuestas satisfactorias.

Hoy voy a recordar mi pasado de hombre de ciencias (antes de meterme en esto de ser sacerdote...) y reflexionar con vosotros sobre la relación fe-filosofía-ciencia. Muchos dicen que aparentemente se contraponen, y a menudo, a lo largo de la historia, la ciencia ha aparecido como la nueva religión-filosofía que viene a liberar al hombre de sus supersticiones religiosas. Sin embargo, mi opinión es justo la contraria; me parece que los descubrimientos científicos son más bien la confirmación clara de que Dios existe.

Os voy a poner un ejemplo: Cuando vemos una obra de arte realizada por una persona, ¿no vemos la mano del artista? Escuchamos La Quinta Sinfonía e inmediatamente pensamos en Beethoven, vemos la Sagrada Familia de Barcelona y pensamos en Gaudí, leemos Rimas y Leyendas y pensamos en Gustavo Adolfo Bécquer..., y así sucesivamente. ¿Cómo puede ser entonces, que el hombre descubra el orden y la infinitud del cosmos, los milagros cotidianos de la naturaleza y no vea la mano de Dios?, ¿Tan ciegos estamos?

Por más que avanza la ciencia, nuestros telescopios nunca llegan a abarcar el final del universo, ni nuestros microscopios descubren nunca una última partícula que ya no se pueda dividir más. El cosmos se rige por perfectas leyes matemáticas: bastaría un grado más o un grado menos para que todo desapareciera. Bastaría una desviación en unos pocos kilómetros de una órbita de un planeta para que el caos se apoderara del universo y todos los planetas chocarán entre sí. Bastaría un poco más o menos de luz del sol para que la vida desapareciera de la Tierra... ¿No es Dios un perfecto matemático que lo ha organizado todo al milímetro....?

Otro ejemplo: un libro cualquiera, de unas 200 páginas, contiene 1.000.000 de letras, comas y puntos. Si pusiéramos todas esas letras, puntos y comas en un contenedor gigante y los lanzáramos al suelo... ¿Cuál sería la probabilidad de que apareciesen en orden las letras, las comas y los puntos para que el resultado final fuera un libro legible en cualquier idioma del mundo? La respuesta, evidentemente es que existe la misma probabilidad de que eso sucediera como que decir que el cosmos es fruto del azar y no de alguien que ha puesto todo lo creado en un orden perfecto.

Creo que la idea de que Dios creó el universo es tan obvia como necios son los hombres que la niegan. Pese a ello, cabe recordar que los cristianos no creemos sólo en el Dios creador, sino en el Dios que se ha hecho hombre y ha venido al mundo a salvarnos. Eso ya es menos demostrable científicamente, y exige de nosotros un esfuerzo de fe. Una fe que no es obvia, pero que exige de nosotros una respuesta ineludible. Bendita libertad la que nos da Dios, que hace de cada una de nuestras vidas una elección entre considerarnos criaturas divinas o fruto del azar. Que cada uno responda por sí mismo...