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lunes, 24 de noviembre de 2025

Ciencia y Religión. Razón y Fe (3): Georges Lemaître

Hace ya varios años años (2013) escribí dos posts sobre la complementariedad entre razón y fe de dos grandes científicos, Albert Einstein (Teoría de la relatividad ) y Louis Pasteur (el "padre" de la pasteurización). Unos años después retomo el tema con Georges Lemaître, el creador de la teoría del Big Bang. 

Que es uno de los grandes científicos del siglo XX es incuestionable, como también lo es que por su condición de sacerdote era un hombre de profunda fe y convicciones religiosas. Una de sus grandes aportaciones al diálogo fe-ciencia fue descubrir que: "La ciencia y la religión no alcanzaban ambas la Verdad por caminos incompatibles y no debían prestarse a confusión". 

Quizás fue uno de los hombres de Iglesia que más se acercó a la ciencia, o uno de los científicos que más fe demostró. Lo cierto es que nos dejó perlas como "Dios está en el principio de la reflexión de un creyente y al final de las investigaciones de un científico" o "El investigador cristiano se hace como un niño delante de Dios cuando concentra su mirada en su microscopio y en su oración de la mañana, puesto que coloca toda su actividad bajo la protección de su Padre del Cielo".

Como teólogo y científico no fueron pocas las veces que tuvo que exponer la complementariedad de ambos saberes. Su talante respetuoso y dialogante le situó en una situación privilegiada para establecer puentes en dos saberes a menudo separados por excesivos muros. Precisamente utilizando su experiencia de vida y exponiendo la no oposición entre ambas disciplinas, también escribió: "Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducían a la verdad y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión". Curiosa reflexión de un sacerdote científico que rompió tópicos, esquemas y tabúes que aún hoy siguen vigentes de alguna manera.

Eso sí, dentro de la valoración positiva de ambas disciplinas, Lamaitre tenía claro la superioridad de la fe sobre la ciencia, por cuestiones obvias que expongo en la siguiente cita:

"¿Podría, acaso, la Iglesia tener necesidad de la ciencia? No; la cruz y el Evangelio le bastan. Pero al cristiano nada humano le es ajeno. ¿Cómo podría desinteresarse la Iglesia de la más noble de las ocupaciones estrictamente humanas, la investigación de la verdad?" 

Interesante camino el de descubrir más científicos creyentes o creyentes científicos. Habrá que seguir profundizando. 

Ciencia y Religión (1): Albert Einstein
Ciencia y Religión (2): Louis Pasteur
Ciencia y Religión (3): George Lamaitre

lunes, 7 de octubre de 2024

Las fases del duelo

La psiquiatra y escritora Elisabeth Kübler Ross dedicó toda su vida a recabar información sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM).  La doctora suiza llegó a definir las cinco fases que de una u otra manera toda persona atraviesa a la hora de afrontar su propia muerte. Ella avisó que no todas las etapas se dan en todas las personas ni que ocurren de una manera lineal o cronológica. Lo descubierto por la doctora suiza creo que es extrapolable a la manera en la que todo ser humano afrontamos la muerte de un ser querido, y atreviéndome a dar un paso más, intuyo que hay muchos elementos comunes que se producen a la hora de encarar cualquier contrariedad seria de la vida, no necesariamente un deceso. 

Vamos a enumerarlas y comentarlas brevemente:

1. Negación. Cuando uno recibe una noticia de este calado, la primera reacción de nuestro cerebro es negar la realidad. "Esto no puede ser verdad" o "esto no me puede estar pasando a mí" son las verbalizaciones de esa realidad.

2. Ira. No se trata únicamente de reacciones físicas, sean violentas o agresivas (que también pueden darse) sino de un estado emocional irascible con uno mismo y con los demás, que se traduce en acciones y verbalizaciones desproporcionadas. 

3. Ansiedad-Depresión. Los pensamientos negativos pueden conducir a un estado de nerviosismo generalizado, que de persistir provocan a la larga un estado mental tendente a la depresión, en la que la carencia de sentido existencial y de esperanza en un más allá aparecen como horizontes últimos,  produciendo inquietud y desasosiego.

Algunos autores añaden dos etapas menores más:

4. Confusión. Estado de aletargamiento en el que se sume nuestro cerebro, incapaz de razonar de manera fluida. 

5. Culpa. Achacar el mal sufrido (propio o de un ser querido) a un elemento desencadenante de esa tragedia, en el que se descarga la responsabilidad de lo sucedido a algo interno o externo. 

Tras estas cinco primeras etapas (la autora insiste que no tienen que darse todas ni en ese orden) suelen aparecer (o no) las otras dos, que son la raíz de la sanación:

6: Negociación. Nuestro cerebro comienza a buscar respuestas y posibles explicaciones a lo que nos está sucediendo. Pueden esgrimirse elementos de esta vida ("aún queda una posibilidad de curación", "su muerte es lo mejor que ha podido pasar porque ya estaba sufriendo mucho"...) o en el caso de personas creyentes, para otra vida ("ya está en el Cielo", "me espera una vida mejor"...). En ambas perspectivas se buscan elementos positivos que contrarresten la negatividad producida por la desestabilización.

7. Aceptación. El estado que permite la superación final de un trauma pasa por la aceptación incondicional de la situación, y reconocer que comienza una nueva etapa en la vida. 

Me parece que conocer mejor estas etapas nos ayuda a descifrar mejor nuestras reacciones en los periodos de crisis de nuestras vidas. Insisto que creo que son aplicables a muchas situaciones extremas de la vida, pero que no se reducen a las relacionadas con la muerte. Aunque no son un tratado de teología en sí, creo que también nos ayudan espiritualmente, siempre que seamos capaces de afrontar cada etapa -especialmente las dos últimas- desde la fe y la esperanza.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Teología del beso

Sería muy pretencioso por mi parte intentar agotar en una entrada todo el contenido teológico que el término "beso" tiene en la Teología, en la Biblia y en la Liturgia cristiana. Pero a modo divulgativo sí se pueden dar unas claves para encuadrar un tema que me parece bastante sustancioso. 

Por contextualizar, creo que desde la pandemia del covid´19 hemos aprendido a valorar más lo que es y representa un beso. Un beso de saludo, de amistad, de cariño o de expresión de amor. Me da igual. Todos ellos han estado "bajo la sospecha" de un contacto físico estrecho que podía conducir al contagio y la posterior enfermedad -y quien sabe si la muerte- del besado. Por ello se restringió una práctica que poco a poco se ha ido retomando, aunque aún haya personas que tengan sus reticencias al contacto de sus labios con otros objetos o personas. Por lo que a estas líneas respectan, es necesario aclarar también que hablo sobre todo de la cultura del sur de España, una cultura muy latina y muy "besucona", diametralmente diversa a la de otras culturas nórdicas o asiáticas en las que un beso es algo que solo se practica en la intimidad, ajeno a protocolos sociales. 

Vamos al tema. ¿Cuántas veces aparece en la Biblia algún vocablo derivado del verbo besar? Pues ni más ni menos que 22 veces. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento aparece en distintos contextos, oraciones o Cartas. Quizás el más "apasionado" lo encontramos en el libro del Cantar de los Cantares 1,2: "Que me bese ardientemente con su boca". En el Evangelio solo lo encontramos en dos ocasiones, curiosamente en dos situaciones negativas. La primera es una reprimenda de Jesucristo a Simón el fariseo al tiempo que una alabanza a la mujer pecadora que perfuma sus pies (Lc 7,45) "Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies" mientras que la otra es directamente una alusión a la traición de Judas Iscariote (Lc,22,48) "Le dijo: Judas, ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?". Al margen de los Evangelios, no puedo detenerme por razones de extensión en las múltiples ocasiones en las que San Pablo se despide en sus Cartas con el "beso -ósculo- de la paz".

Pasando a la Liturgia, es también muy interesante enumerar las veces en las que el "beso" está presente en acciones y gestos que forman parte de la expresión de la oración de la Iglesia. Voy a enumerar algunas de ellas -algunas ya en desuso- aunque estoy seguro que olvido otras tantas:

- Antes de la Eucaristía, en las oraciones preparatorias, el sacerdote besaba la estola que se impone encima del alba y debajo de la casulla. La reforma del Concilio Vaticano II suprimió esta práctica, pero de facto casi todos los sacerdotes la siguen realizando.

- Al llegar al altar y al salir de él, se venera con un beso el ara del sacrificio incruento en señal de respeto al lugar en el que se recuerda la Última Cena de Jesucristo: "Al llegar al presbiterio, el sacerdote y los ministros saludan al altar con inclinación profunda (no simplemente inclinación de cabeza); luego el sacerdote y el diácono besan el altar y si se usa incensario se inciensa primero la cruz y luego se rodea el altar" (OGMR 49) "Después el sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía" (OGMR 145)

- Al terminar de proclamar el Evangelio, el obispo, sacerdote o diácono lo besa elevándolo para que todos los fieles puedan verlo: "Después el diácono lleva el libro al celebrante, y éste lo besa, diciendo en secreto: "Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados" O bien el mismo diácono besa el libro, diciendo en secreto las mismas palabras". 

- Durante la Eucaristía, en el momento de la paz, los fieles solían besarse, abrazarse o estrecharse la mano como la acción más habitual, si bien ninguna de estas formas es impuesta por el misal, que habla de "Daos fraternalmente la paz" o "Como hijos de Dios, intercambiad ahora un gesto de comunión fraterna". Que sea un beso o no, depende -como hemos mencionado anteriormente- de las costumbres locales y de su contexto cultural. Hoy en día vemos que abundan más las inclinaciones de cabeza que eliminan el contacto físico, sobre todo con las personas menos allegadas. 

- En el Jueves Santo, en el lavatorio de pies, no está ordenado el besar los pies tras lavarlos, aunque personalmente he visto a muchos sacerdotes que lo hacen. "Los que han sido designados de entre el pueblo de Dios, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada uno y, con la ayuda de los ministros, vierte agua sobre los pies y se los seca". (Rúbrica del Triduo Pascual, nº 11).

- En los oficios del Viernes Santo, tanto el sacerdote como los fieles son invitados a besar la cruz que es el centro de la celebración de ese día, si bien pueden emplearse otros signos de afecto y respeto: "Para la adoración de la cruz, primero se acerca solo el sacerdote celebrante que, si lo juzga conveniente, puede quitarse la casulla y los zapatos. A continuación, el clero, los ministros laicos y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión simple o con algún otro signo de veneración (por ejemplo, besándola), según las costumbres de cada lugar" (Rúbrica del Triduo Pascual, nº 18).

- Tras la Misa de Nochebuena y durante la Octava de Navidad, al terminar la Eucaristía se suele exponer un niño Jesús para ser besado por sacerdote y fieles. Tampoco lo manda el Misal Romano, pero es una práctica habitual en casi todas las Iglesias del mundo. 

- En la ordenación de un obispo, según el Pontifical Romano, tras el rito de ordenación "el ordenado, dejando el báculo, se levanta y va recibiendo del obispo ordenante principal y de todos los obispos un beso" (nº56). En señal de respeto, al final de la ordenación se suele besar el anillo del Obispo, si bien esta acción tampoco está contemplada ya en la liturgia actual. 

- Según el mismo Pontifical, en la ordenación de presbíteros y diáconos, "el obispo besa a cada ordenado diciendo "la paz contigo" Y lo mismo hacen todos o algunos presbíteros/diáconos presentes" (nº 136 y 211). Al igual que con los obispos, aunque ya no lo manda la liturgia, la celebración de la ordenación de los presbíteros suele terminar con un besamanos en la que los fieles besan las manos del recién consagrado. 

- Contrariamente a lo que se cree, y para desilusión de muchos, en el Ritual del Sacramento del Matrimonio no se emplea la expresión "Y ahora el novio puede besar a la novia" que tanto se escucha en las películas americanas. En lugar de ello, en el nº 83 se indica: "Entonces, los esposos y todos se intercambian una señal de paz y de caridad". 

- Existen devociones externas a los sacramentos en las que se invita a los fieles a dar un beso a un objeto religioso, como puede ser la reliquia de un santo, los pies de la imagen de Jesucristo o las manos de la imagen de María o de algún santo. Ninguna de estas acciones debe ser entendida como litúrgica, sino que forman parte de la devoción privada o pública de un grupo de feligreses.

Seguramente algún otro "beso" se me habrá escapado, pero creo que hemos repasado los más importantes. El beso en la liturgia, por lo tanto, queda en la actualidad prácticamente restringido a los elementos más sagrados (Altar, Palabra de Dios o Cruz) y a los consagrados de Dios en el momento de su ordenación. El resto de besos son más reminiscencias de tradiciones antiguas que imposiciones de la Liturgia cristiana. No sé este "recorte" es acertado o no, pero imagino que quienes reformaron la liturgia pensaron que es mejor la calidad que la cantidad, y que un gesto de amor como es un beso debía limitarse a elementos especialmente significativos, dejando el resto para la devoción privada. 


domingo, 31 de mayo de 2015

La Trinidad

Hace unos años expuse unas pinceladas del misterio de la Santísima Trinidad. Este año me voy a conformar con compartir con vosotros una especie de parábola del teólogo Segundo Galilea que he leído hace poco a mi modo de ver muy acertada.

En ella nos transmite una idea que se corresponde con el dogma que hoy celebramos. El misterio de la Trinidad (un solo Dios pero tres personas distintas, algo inaccesible a la racionalidad humana) lejos de ser un obstáculo a la fe, es más bien una prueba de que dicho dogma no es invención de la Iglesia sino revelación divina. No tendría sentido que la Iglesia hubiera inventado algo que ni siquiera ella misma fuera capaz de explicar a sus miembros.

La historia dice así: 

Un joven deseoso de conocer la verdadera religión se acercó a un sabio para que lo aconsejara. El sabio lo envió a entrevistar a teólogos de varias religiones.
Un teólogo le explicó su religión, haciéndole ver que en ella no todo se podía comprender, y que se requería fe para aceptar misterios y verdades que nuestra inteligencia no podía abarcar. Al joven le atrajo esta religión, pero no le gustó que hubiera tantos puntos misteriosos. 
Otro teólogo le explicó su religión, que era muy fácil, sin misterios y con creencias que se entendían claramente.Al joven le gustó. 
Volvió al sabio y le dijo:
−Encontré la religión que buscaba, donde uno comprende todo y no hay misterios ni dogmas de fe.
El sabio le respondió:
−Precisamente ésa es la prueba de que la religión que te gustó no es la religión verdadera, sino que es hecha por hombres a la medida de los hombres. 
En cambio, una religión con misterios y verdades que no entendemos con claridad, pero que son razonables, viene de Dios. Dios es tan diferente de nosotros, y nuestra inteligencia tan limitada frente a él, que al comunicarnos sus verdades, éstas nos deslumbran y quedan oscuras para nosotros. La demasiada luz nos enceguece, por eso necesitamos de la fe para recibir la luz.

domingo, 15 de febrero de 2015

Jesús, la enfermedad y el pecado

Las lecturas del domingo de hoy me parecen sencillamente geniales. Quien las haya ubicado de manera conjunta es precisamente eso, un gran genio conocedor de la Biblia como de la palma de su mano. 

En primer lugar, lo evidente es que la ley judía prohibía a nadie tocar a ningún leproso, ya que quien lo hiciera inmediatamente sería considerado impuro. Evidentemente Jesucristo para curar al leproso se salta olímpicamente esta ley del mismo modo que la del Sabbat o tantas otras. Pero más allá de este dato hay otro no tan evidente que merece mi consideración.

La primera lectura, del libro del Levítico, que nos narra el comportamiento que el pueblo judío debía tener hacia los que contraían la lepra -por aquel entonces considerada consecuencia del pecado y del castigo divino- termina con la siguiente frase amenazante:  "Mientras le dure la lepra seguirá impuro y vivirá solo, fuera del campamento". 

El Evangelio de san Marcos, termina a su vez con los efectos de la curación del leproso por parte de Jesús: "De modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes."

He subrayado lo que a mi modo de ver es la clave de ambas lecturas. Mientras que en el Antiguo Testamento el leproso era condenado a abandonar la ciudad y vivir marginado (consecuencia lógica del miedo al contagio encubierto como un mandamiento divino) en el Nuevo Testamento se nos presenta a Jesucristo como el gran liberador de enfermos y pecadores, quien por solidaridad con ellos huye de las grandes ciudades, símbolo de la corrupción y del pecado del que precisamente pretendían quedar intactos. Los poderes civiles, militares, religiosos y económicos de hace 2.000 años, -y en gran parte los actuales- presentan una bonita fachada exterior (Jesucristo los llamará "sepulcros blanqueados") pero por dentro están podridos y llenos de muerte. No me parece casualidad tampoco que el nacimiento de Jesús tuviera lugar en un establo a las afueras de Belén y su muerte en el monte Gólgota, en los exteriores de la Ciudad Santa de Jerusalén. Tanta insistencia en que Jesucristo se queda al margen de las ciudades me parece un desmarque simbólico en toda regla de los centros de poder y decisión, de lo que a los ojos de este mundo es lo más importante pero que sin embargo a los ojos de Dios es el centro de los dominios del Maligno. Jesús viene a rescatar a los que se quedan fuera de las leyes judías (paganos, pecadores, prostitutas, recaudadores de impuestos, extranjeros, samaritanos...) y es condenado a muerte por las autoridades religiosas y civiles que actúan en nombre de Dios y del César. Los primeros son conscientes de que necesitan la conversión y el perdón de sus pecados, los segundos creen que son santos y puros, pero a pesar de actuar en nombre de Dios no hacen sino mostrar lo lejos que están de Él...

En fin, me parece una buena reflexión para abrir boca de la Cuaresma que este miércoles comenzaremos. En la medida en que nos sintamos pecadores, estaremos abiertos a la misericordia de Dios. El que se crea puro, allá él, le está cerrando de golpe la puerta al Dios que quiere salvarnos...

lunes, 30 de junio de 2014

Apocalipsis

Hoy estoy un poco escatológico. Ignoro el porqué de vez en cuando me pongo a pensar que todo puede acabar, pero a veces creo que es bueno estar en sobreaviso de que nuestros días pueden ser los últimos. Se funciona mejor a todos los niveles cuando uno está en esa tensión emocional. Se relativiza lo secundario y uno fija sus metas en lo verdaderamente importante de la vida.

La Biblia lo llama Apocalipsis, Armageddon, Parusía o Juicio Final, del cual desconocemos el día y la hora. Cristo nos da muchas indicaciones para que estemos alerta, aunque a veces preferimos pensar en otras cosas más livianas. No quiero parecer un telepredicador de una secta barata, pero lo cierto es que en la Palabra de Dios tenemos suficientes citas al respecto como para asustar al más ingenuo.

Os aporto una cuantas:

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni siquiera el Hijo de Dios. Solamente el Padre lo sabe» (Mt. 24, 36)

«A vosotros no os toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente Él tiene autoridad para hacer» (Hch. 1, 1-7)

«Vosotros, estad preparados, porque cuando menos lo penséis vendrá el Hijo del Hombre» (Mt. 24, 44)

«El día del Señor vendrá cuando menos se espera, como viene un ladrón de noche» (2 Pedr. 3, 10)

«Nadie os engañe en ninguna manera; porque el final no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de la perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios». (2ª Tes. 2, 3-4)

Creo que hay motivos para pensar que esta última cita no está lejos de cumplirse, ya que nuestra sociedad ha endiosado y colocado en el lugar de culto elementos ajenos a tal dignidad, leanse dinero, poder, corrupción... y un largo etcétera.

Me gustaría terminar esta reflexión-desahogo con una cita del danés Soren Kierkegaard muy ilustrativa de lo que hoy estamos tratando, y de cómo a veces preferimos pensar en quien ganará el Mundial de Brasil o lo que vamos a hacer en estas vacaciones que en lo realmente importante de nuestra vida. El filósofo, teólogo y pastor protestante, padre del Existencialismo y maestro de la angustia vital nos dejo este fragmento (el 54) que es uno de mis favoritos:

“Una vez sucedió que en un teatro se declaró un incendio entre bastidores. El payaso salió al proscenio para dar la noticia al público. Pero éste creyó que se trataba de un chiste y aplaudió con ganas. El payaso repitió la noticia y los aplausos eran todavía más jubilosos. Así creo yo que perecerá el mundo, en medio del júbilo general de la gente respetable que pensará que todo se trata de un chiste” 

sábado, 22 de junio de 2013

Ciencia y Religión. Razón y Fe (2): Louis Pasteur

Al hilo de mi último post sobre la compatibilidad de ser científico y creyente, he recibido un mail muy interesante para apoyar el mismo. En él se puede leer varias citas de la Biografía de Louis Pasteur (1822-1895) el conocido científico químico, bacteriólogo y microbiólogo francés.

Su yerno, René Vallery-Radot, escribió la biografía del microbiólogo: "La vida de Pasteur". En cierto modo, se repite a grandes rasgos el esquema de Einstein, con la variante de que Pasteur siempre fue un cristiano practicante, si bien es cierto que en sus últimos días se acercó aún más a la fe cristiana buscando la ayuda de Dios cuando la ciencia ya nada podía hacer por él. Así se describe en dicha biografía:

"La fe absoluta en Dios y en la eternidad, y la convicción de que el poder para hacer el bien nos fue dado en este mundo, eran los sentimientos que impregnaban toda su vida. Las virtudes del Evangelio estuvieron siempre presentes en él. Lleno de respeto por la forma de religión que había heredado de sus antepasados, se apegó a ella simplemente y de forma natural, en busca de ayuda espiritual, especialmente en sus últimas semanas de vida"

En el mismo volumen se cuenta una anécdota acontecida en 1886 y que no tiene desperdicio.

"Louis Pasteur viajaba en tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía un libro de Ciencias. Mi suegro, a su vez, leía un libro de portada negra. Pasado un rato, el joven percibió que aquel libro se trataba de la Biblia, abierto por el Evangelio de San Marcos.

Sin mucha diplomacia, el muchacho interrumpió la lectura y le preguntó:

- Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?

- Sí, muchacho, pero no es un libro de cuentos, para mi es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado en algo?

- Pues claro que lo está. Creo que usted, señor, debería estudiar un poco más. Vería que la Revolución Francesa mostró lo absurdo de la religión. Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted, señor, debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen de todo eso.

- Y... ¿Qué es exactamente lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?

- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme una tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo a la mayor brevedad.

Pasteur entonces, con mucha parsimonia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, se quedó cabizbajo, sintiéndose avergonzado. En la tarjeta decía:

Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia

Pasteur, con una sonrisa, le añadió:

Hijo, te voy a dar un consejo que espero no olvides nunca: 

“Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.
Mucha, nos aproxima”.

Creo que la historia es preciosa, y las últimas palabras de Pasteur resumen el objetivo de estos dos últimos posts: Ciencia y Religión, razón y fe no sólo no se contraponen sino que son complementarias. La fe debe tener una dimensión racional y la razón no tiene porqué alejarnos de la fe, más bien al contrario, nos acercan al Dios infinito creador y sostenedor de todo. 


miércoles, 19 de junio de 2013

Ciencia y Religión. Razón y Fe (1) Albert Einstein

Uno de los grandes caballos de batalla de la educación religiosa es intentar hacer compatibles Ciencia y Religión. No es tarea fácil hacer entender que relatos como los once primeros capítulos del Génesis son simbólicos, y que la Biblia no es un tratado de Ciencia sino de un libro de Fe. Poco ayudan lecturas fundamentalistas de la Palabra de Dios, y todavía abundan profesores de Religión y Catequistas que más que ayudar, estorban. 

¿Qué tenemos que creer, la Biblia que nos dice que Dios creó el mundo en 7 días o la teoría del Big Bang que nos enseña el profe de Cono?, ¿Quién tiene la razón, el relato de Adán y Eva o que venimos del mono como nos dice la teoría de Charles Darwin que nos ha explicado la Seño? Preguntas como éstas y semejantes se producen casi a diario en nuestros Colegios, Institutos y Parroquias. Miedo me dan las respuestas que más de uno darán a las mismas. Nada más pensarlo se me ponen los pelos como escarpias….

Ya lo he adelantado antes: La Biblia no nos dice el “cómo” de las cosas, sino el “porqué” y el “para qué”. La Palabra de Dios respeta el genuino campo de la Ciencia, que es el encargado de investigar las causas de la Naturaleza, sus leyes y sus efectos. A la fe corresponde darle un sentido a esos descubrimientos y unas acotaciones morales a todo posible desorden o abuso de la tecnología. La fe aporta una cosmovisión creyente sin la cual la Ciencia tampoco tendría un sentido en sí misma.

Para rematar este entuerto, la mayor parte de nuestros niños y jóvenes, tienen siempre la desgracia de tropezarse con algún profesor ateo o agnóstico, quien en aras de la “libertad” y del “respeto” a las creencias, se jactan y se vanaglorian de su falta de creencia, cuando no directamente se burlan con sorna de los alumnos creyentes. Muy seguros de sí mismos, les aseguran que ciencia y religión, razón y fe, no son compatibles. Y claro, en un mundo tan científico y tan tecnológico como el que vivimos, esas aseveraciones hacen dudar a cualquiera, más si es a adolescentes que aún no tienen una fe sólida. Para este tipo de afirmaciones gratuitas, tiran de los archiconocidos tópicos de Galileo Galilei o de Charles Darwin, como ejemplos de intolerancia fundamentalista cristiana y de incompatibilidad entre la Biblia y un tratado científico. Cierto es que la Iglesia ha tenido momentos de la historia en la que ha estado abiertamente enfrentada a la Ciencia, pero no es menos cierto que en otras épocas de la historia la Iglesia ha sido el único bastión cultural y científico del orbe conocido. Hoy en día ambos -ciencia y fe- tienen sus campos bien delimitados y deberían respetarse mutuamente, ya que más que opuestas, son totalmente complementarias. mucho me temo que en los tiempos que corren no es la Iglesia la que persigue a la Ciencia, sino la Ciencia la que acosa a la fe... He tenido que soportar alumnos que me discutían que Galileo había muerto quemado en las hogueras de la Inquisición, cuando en realidad murió de viejecito -confinado, eso sí- en su Florencia natal.

Esos mismos pseudo-profesores, maestros del engaño y la falacia, a menudo ocultan o no cuentan la película completa. Claro, que si contaran esto se les desmontaría su chiringuito falsario. Estos mindundis, cuya toda su sabiduría se resume en haber leído algún libro de Dan Brown o haber visto algún documental de Stephen Hawking o de Carl Sagan, se olvidan de mencionar, que, por poner un ejemplo, el más grande científico del siglo XX, Albert Einstein, fue un gran creyente. A su manera, pero un gran creyente. Judío de nacimiento, no excesivamente practicante, conforme se fue acercando el fin de su vida fue abriéndose a una perspectiva creyente del mundo sobrenatural. Mucha ciencia, mucha ciencia, pero cuando se le ven las orejitas al lobo el hombre se vuelve por naturaleza más sensible a los temas religiosos… Seguro que muchos de estos maestros del tres al cuarto, un ratillo antes de dejar este mundo, lo mismo tienen también su apertura religiosa….

Por citar algunas perlitas de Einstein, ateo “traidor” para unos, creyente convencido para otros, podríamos poner estas cinco de su etapa final:

"Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la legítima armonía de todo lo que existe"

“Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen los milagros, otra es creer que todo es un milagro”

“El admitir que existe Algo en lo cual no podemos penetrar; el pensar que las razones más profundas, que la belleza más radiante que nuestra mente pueda alcanzar, son sólo sus formas más elementales de expresión; ese reconocimiento, esa emoción, constituye la actitud verdaderamente religiosa. En ese sentido yo soy profundamente religioso”

“¿Qué sentido tiene la vida, y cuál es el de la vida de los vivientes en general? Poder dar una respuesta a esta pregunta significa ser religioso...Yo lo soy… Tú preguntas si tiene algún sentido formular tal interrogante. Y yo respondo: quien encuentra carente de sentido su propia vida y la de sus hermanos, no sólo es desgraciado, sino que apenas está capacitado para vivir”

“El sentimiento religioso guarda estrecha relación con el tenor de vida del investigador serio de la naturaleza, porque este sentimiento no puede significar, en cualquier caso, que las relaciones extraordinarias que el científico contempla son ideadas por él. En un universo incomprensible se revela una Razón Infinita superpuesta. La objeción de moda "soy un ateo" se apoya en un error craso. Quien interprete a través de mis teorías esta objeción, apenas las ha comprendido”

Para mi esta última es la más bonita. Es la que reconoce la limitación del hombre, de su razón y de su conocimiento y la que reconoce la existencia de un ser Superior que lo ha planificado y ordenado todo.

Osea, en otras palabras, y aunque Einstein no utilice ese nombre: de Dios….


miércoles, 15 de agosto de 2012

Citius, Altius, Fortius.

Comienzo mi reflexión con estas tres palabras pronunciadas por el Barón de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna en 1896 en Atenas. Creo, que a pesar de estar escritas en latín, no necesitan mucha traducción: Más rápido, más alto, más fuerte. Creo que son un buen resumen no sólo del espíritu competitivo vivido en estos 20 días de JJ.OO., sino también de lo que la sociedad nos exige diariamente a cada uno de nosotros.


Demos el salto a la experiencia personal. Llevo ya un par de años en los que, junto a otras materias, imparto clases de Religión. Mi vida, en el fondo, tampoco ha cambiado tanto. No ejerzo el ministerio, eso es cierto; a cambio tengo una familia, pero el resto es prácticamente lo mismo. El fútbol y el cine siguen siendo mis hobbies favoritos, a los que dedico el poco tiempo que puedo. Mi jornada laboral suele desarrollarse hablando de religión, leyendo cosas teológicas o de valores humanos e intentando descubrir los signos de Dios en los pequeños detalles de cada día.

Incluso  mis pequeñas frustraciones siguen siendo las mismas. Hace unos años, casaba unas 50 parejas, bautizaba 70-80 niños y le daba la comunión a otros 100 cada curso. Al final de cada temporada, siempre me hacía la misma pregunta: ¿Quedarán algunos de estos para el año que viene...? Hoy intento educar en valores, fundamentalmente los cristianos. Planteo a niños y jóvenes que Jesucristo quiere que compartamos cuando en sus casas –mayoritariamente- les enseñan a ser egoístas. Les digo que Cristo predicó que hay que ser humildes y ponerse en los últimos puestos cuando nuestra sociedad les invita de infinitas formas distintas a ser los primeros, aún a costa de pisotear a los que están debajo tuya. Les aconsejo que potencien los valores espirituales mientras que son bombardeados durante todo el día por mil y una campañas publicitarias materialistas. Les hablo de la importancia de la familia y de la fidelidad cuando muchos de ellos viven en familias desestructuradas. Les hablo de amor pero ellos solo quieren (los jóvenes) que les explique cuestiones sexuales. Cuando les hablo de dedicar tiempo a los más necesitados se miran desconcertados entre ellos como cuestionándose de que extraño planeta habré salido… En definitiva, es lo mismo pero desde otra perspectiva. Y es que da igual que seas sacerdote, fraile, monja, catequista, profesor de religión o simple laico. Hablar de Dios no es fácil. Seguir a Jesucristo implica nadar contracorriente. Si viviéramos con la radicalidad que él nos pidió nos tacharían de locos, aunque simplemente cuando predicamos su utópico mensaje de hace 2.000 años ya piensan que realmente lo somos. Vivimos en una sociedad donde lo único que cuenta, el único rasero con el que los demás nos miden es idéntico con el que hace 3.000 años competían en la Grecia Clásica: Citius, Altius, Fortius.

martes, 8 de mayo de 2007

El Amor cristiano

Dicen que una monja se fue de un convento porque allí le hablaban mucho de amor pero en su casa la querían más...

Valga esta broma como introducción a que no os voy a dar la vara con charlas metafísicas y volátiles sobre el amor. Pero si quiero reflexionar algunos puntos sobre este tema capital con vosotros.

El Evangelio de este domingo era corto pero intenso. "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn. 13,34) nos decía Jesús. Bonitas palabras. La belleza en estado puro sale de los labios de Cristo. ¿Pero es posible darle cumplimiento a tan buenos propósitos...?
Que trabajo nos cuesta amar. Y digo amar, no querer o tener cariño. Amar es más profundo. Amar es darse sin esperar nada a cambio. A menudo nosotros somos como los bancos: Damos de nuestro "amor" pero esperando que nos devuelvan pronto lo mismo y con los intereses... eso no es amor. Eso es una forma incipiente de prostitución. Eso no deja de ser un amorcillo que entra en los comercios de la compraventa. El amor es otra cosa. Es completamente desinteresado, hace que uno se olvide de sí mismo y de sus intereses y que sólo se preocupe del otro. Ese es el amor de los auténticos esposos. El amor natural entre padres e hijos. El amor de los amigos de verdad. El amor al trabajo como realización vocacional. El amor cristiano al prójimo. Todo puede ser auténtico amor si se enfoca desde la entrega incondicional al otro. Humanamente hay que salir de uno mismo para poner al otro en el lugar privilegiado de nuestro corazón. Cristianamente hay que poner a Cristo en ese lugar privilegiado para con su amor amar a los otros. No hay otra forma de amar que ésas.

Demos un paso más: El amor humano puede fallar, puede venir a menos, puede incluso desaparecer. Si no hay correspondencia es lo más normal del mundo. Lo vemos en las rupturas matrimoniales, en los múltiples cuernos físicos o de pensamiento que se dan hoy en día. Se acaba la chispa, la pasión, el enamoramiento... y a buscarlo por otro lado. Dicen que dos no se pelean si uno no quiere. Humanamente tampoco dos personas se pueden amar si uno no quiere. Y digo humanamente, porque cristianamente sí. El amor cristiano - la caridad- no entiende de correspondencias. Jesucristo, San Francisco, la Madre Teresa o la legión de Santos del cielo obraban sin esperar a veces otra cosa que no fuera incomprensión e insultos. Cristo y los mártires murieron perdonando -amando- a sus enemigos. Ni lo más importante de este mundo, la propia existencia personal, tiene valor en sí comparable al amor cristiano.

A nosotros nos resulta relativamente fácil amar a las personas queridas. Amamos a los padres, a las personas de las que nos enamoramos, a los amigos, a los hijos... es un amor fácil: "Si amáis a los que os aman ¿qué merito teneis? también los paganos lo hacen..." (Lc. 6, 32). Lo difícil es el amor cristiano, el amor al otro porque es hijo-a de Dios y hermano-a en Cristo. Y si nos odia o nos la juega... ¡más lo tenemos que amar! ¿difícil, verdad? Evidentemente. La cruz no fue fácil, el seguimiento del crucificado tampoco puede serlo...

Como véis el Evangelio del domingo tiene mucha miga...

miércoles, 11 de abril de 2007

¿Cuándo resucitamos?

Una amiga me hace está pregunta en un email. Acaba de morir su padre y me pregunta si tendrá que esperar hasta el final de los tiempos para resucitar. Seguramente todos nos hemos hecho una pregunta parecida alguna vez: ¿Qué pasa cuando morimos? Voy a intentar dar una respuesta sin pretender ser exhaustivo en el tema (se escriben libros acerca de esta problemática...)

Las distintas teorías que se han dado a lo largo de la historia de la teología las podríamos resumir en tres:

1. Hay que esperar a la resurrección del último día: Basada en los datos del Apocalipsis, "los sepulcros se abren" para el juicio universal. Así lo inmortalizó también Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. De esta teoría derivó la práctica (presente hasta nuestros días) del respeto a los huesos como "semilla" de la resurrección. Es una imagen quizás un poco anacrónica, demasiado materialista y reduccionista del problema.

2. Juicio inmediato: Una vez que morimos somos juzgados y considerados justos (cielo), condenados (infierno) o dignos del cielo pero aún imperfectos (purgatorio). Los vivos pueden interceder por estos últimos a traves de oraciones, misas, etc. Esta teoría se basa en las palabras de Cristo al Buen ladrón "Hoy estarás conmigo en el paraíso".

3. Postura intermedia: Habrá un día en el que se acabe el mundo y los que vivan en ese momento serán allí juzgados. Los que hayan muerto antes serán juzgados también en ese último día, pero a diferencia con la primera teoría, en esta postura no hay un concepto de espera, ya que las nociones de espacio y tiempo se acaban al morir. para el que fallece, por lo tanto, el juicio es una prolongación temporal de su muerte.

No obstante sea un tema interesante para nuestra inquietud, no debemos olvidar (y releer) el capítulo 25 de San Mateo. Nos juzgamos en el presente: Dando de comer, de beber, de vestir, visitando... en una palabra: con la caridad. La salvación nos la jugamos en el amor al prójimo en esta vida. El J
uicio no es sino una consecuencia de nuestros propios actos (y del amor de Dios que a buen seguro intervendrá, porque sino...)

viernes, 9 de febrero de 2007

Clarificando términos

Soy consciente de que no se puede agotar este tema en unas líneas, e incluso que puedo caer en un simplismo, pero me propongo hoy clarificar algunos términos que están en la boca de todos y que a menudo se utilizan indiscriminadamente. Lo voy a hacer en un lenguaje accesible a todos (creo…) consciente también de que eso lleva a generalizar en exceso… de todos modos, ahí va lo que espero que os ayude a clarificar el panorama religioso actual:

Creyentes: Son aquellos que atribuyen la creación y la vida a un Ser Superior creador, sostenedor y juez de todo. Los judíos lo llaman Yahvé. Los cristianos creen en la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Los Musulmanes lo llaman Aláh. Los hinduistas creen en otra “trinidad” (Visnú, Shiva y Krishna) y los budistas en un Ente superior indefinido, más un estado que una persona, a la que se puede llamar Nirvana. El sentido ético de la vida radica en los libros sagrados de cada religión. Se puede ser más o menos practicante, pero se adopta una postura de que la vida tiene sentido y que hay una recompensa eterna en el más allá.

Ateos: Son aquellos que niegan tajantemente la existencia de Dios. Piensan que el mundo es fruto del azar y se rige por leyes matemáticas que lo crearon y lo conservan. El hombre es fruto de esa casualidad evolutiva y a nadie hay que pedirle cuentas ni de lo bueno ni de lo malo. La muerte es el fin último de la existencia, donde el hombre se integra en la nada de la que había salido. Lejos del pesimismo, el ateo suele aprovechar la vida “Carpe Diem” sin más horizonte ético que su propia autosatisfacción.

Agnósticos: Frente a creyentes o ateos, los agnósticos piensan que no podemos saber si existe un Dios o no. Hay motivos para creerlo y motivos para rechazarlo. Por ello se mantienen neutros en esta cuestión. Es el sistema que más angustia provoca, pues no se tiene nunca ninguna seguridad de ir por el camino correcto. Su concepción ética suele derivar de una mera filantropía o de un consenso convivencial. Lo bueno o lo malo es lo que piensa la mayoría.

Sincretistas: Cada vez proliferan más. Son aquellos que tienen la fe “del supermercado”. Van cogiendo a su antojo lo que más les gusta de cada religión: Jesús como modelo ético, la espiritualidad oriental, la magia o la superstición de las religiones primitivas… etc. Se da por ejemplo que alguien se llame cristiano y niegue la resurrección, creyendo por el contrario en la reencarnación budista… En fin, un “gazpacho” espiritual donde todo (o nada) vale.

Apóstatas: De moda también últimamente, son aquellos que por discrepancias con la jerarquía eclesiástica o por cambio de religión renuncian a su bautismo y a su pertenencia eclesial. Deben firmar un documento formal que acredite oficialmente su renuncia a sus derechos y deberes como cristianos.

Sectarios: Son aquellos que no pertenecen a una religión oficial, sino a algún conjunto de ritos y normas que proceden de alguna escisión de una de las religiones oficiales. En América se cuentan por miles, en España proliferan también cada vez más. Cito solo algunas: Iglesia de la Cienciología, Mormones, Testigos de Jehová, Pentecostales, Sikhs, Meditación Trascendental, Gnósticos, Teosofía, Nueva Acrópolis, Nueva Era… En muchas de ellas el factor religioso suele ser una tapadera que oculta otros fines económicos o sexuales.

viernes, 5 de enero de 2007

Hablemos del Islam

Tras mi compromiso de ayer de escribir acerca de la relación entre Islam y Cristianismo, me dispongo a esbozar algunos puntos que puedan suscitar un diálogo (espero que pacífico y fructífero) entre mis lectores.

Comienzo citando de nuevo el nº 3 de la declaración del Concilio Vaticano II “Nostra Aetate” sobre el dialogo interreligioso referido al Islam: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios… veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su madre Virginal, y a veces la invocan también devotamente… el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando el pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”.

¿Qué nos une fundamentalmente a los cristianos con el Islam?

- El Monoteísmo: Ellos creen en Aláh y nosotros en el Padre de Jesús (En Arameo Elí, semánticamente muy parecidos… ) De hecho, la raíz “El” (Dios), se halla como prefijo o sufijo de infinitud de nombres judeocristianos: Elías, Eleazar, Elvira, Eladio, Elena, Elisa, Eloy, Daniel, Miguel, Rafael, Gabriel, Manuel, Natanael, Joel, Samuel, Noel, Raquel, Fidel, Isabel…

- Las figuras de Jesús y María. Aunque rebajado en su divinidad, los musulmanes veneran a Jesús como el último profeta, y su madre María ¡sorpresa! es la única mujer citada por su nombre en el Corán (Maryam o Sayyida –Señora-, 34 veces). Ni siquiera Fátima, la hija predilecta de Mahoma, aparece mencionada por su nombre en el libro sagrado del Islam. Los musulmanes defienden la virginidad de María, siendo en este punto más semejantes a los católicos que confesiones cristianas como Anglicanos, Luteranos o Calvinistas, que niegan dicha concepción virginal…

- Algunos aspectos de la vida moral del Islam, como por ejemplo:

*La oración (Salat): 5 veces al día el musulmán debe rezar a Aláh. Los cristianos tenemos 7 momentos para alabar a Dios a través de la Liturgia de las Horas: Maitines, Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. Desgraciadamente, la oración en la Iglesia parece que se reduce a “curas y monjas”. Mucho tenemos que aprender de ellos en este campo…
*La limosna y el ayuno (Ramadán), la prohibición de comer carne… ¿No os recuerda a la Cuaresma? Ellos se privan un mes (durante el día, porque de noche se ponen púos)… ¿Y los cristianos, lo hacemos si quiera los viernes…?

¿Qué nos separa del Islam? (infinitud de cosas, esbozo unas cuantas…)

- Monoteísmo cerrado (Aláh) frente a Sagrada Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo)
- La encarnación de Jesús como Hijo de Dios. María como Madre de Dios.
- El Corán frente a la Biblia como libro sagrado
- La Guerra Santa frente al amor a los enemigos proclamado por Cristo.
- La noción de un más allá cuasi-terreno frente a la resurrección como comunión con Dios y los Santos.
- La obligación de peregrinar una vez a La Meca (ojala fuera obligatorio para los cristianos ir a Tierra Santa…).

Vaya por delante que el Islam no es un sistema cerrado, sino que se divide en miles de “sectas” (las más conocidas, suníes y shiítas) por lo que un diálogo serio no parece posible: ¿Quién se erige en portavoz del Islam?. Por otro lado está el problema de los fundamentalismos, la noción de la yihad, que impide al Islam convivir pacíficamente con otras religiones. Donde el Islam es mayoría, se acaban las demás religiones. El Islam sólo respeta cuando está en minoría, lo que dificulta todo tipo de convivencia. Los que hablan de Al-Andalus como sistema pacífico de convivencia ignoran (deliberadamente) los fuertes tributos económicos que había que pagar para ser respetado en tus creencias, así como que cristianos y judíos debían de vivir en guetos de los que no podían salir sin autorización…
En fin, que el diálogo es necesario pero difícil, no sé que pensaréis vosotros…

domingo, 31 de diciembre de 2006

No os metáis con mi Madre

Termino el año con un post tan desagradable como necesario. Últimamente proliferan en los periódicos columnistas de pacotilla que sin estar informados hablan de religión y de Iglesia a su antojo. El fenómeno no es nuevo, pero en el último Arcos Información podéis leer dos columnas tan erróneas en su contenido como injustas en las formas. Por ello, he tenido que escribir la respuesta que a continuación reproduzco y que espero sea publicada por el mismo medio este jueves. Creo también, para aquellos que no tengáis acceso a ambas columnas, que se entienden los ataques por mis respuestas. También sé que me expongo a que me tachen de político, incluso de facha. No me importa, ya que no lo soy; pero estos dos señores han atacado perversamente a la Iglesia (que es mi madre) y yo como buen hijo la tengo que defender me cueste lo que me cueste. Ahí va el artículo:

"Leo en el último Arcos Información dos columnas que me producen naúseas, las del sr. Antonio Jiménez y la del sr. Luciano Lozano. Después de tomar un poco de primperan para calmar las fatigas producidas por la lectura de los mismos, me dispongo a darles la necesaria réplica.

En primer lugar, decirles que al hablar de religión se han metido en tremendos charcos de los que no saben salir. A mí me pasaría igual si escribiera de física cuántica o de literatura árabe, como no tengo ni idea de esos temas, metería la pata hasta el fondo. Por ello le recomiendo a ambos que antes de escribir de lo que no saben cuenten hasta diez, se lo piensen mejor y hablen de temas más intrascendentes como el fútbol, los toros, el tabaco o la comida basura. Hay miles de temas de los que opinar sin estar necesariamente informado de los mismos. Pero para hablar de religión, es preciso hacer algo más que leerse “El Código da Vinci”. Yo estudié 8 años y aún tengo lagunas en algunos temas. Sin embargo, estos dos señores, en un tema que les sobrepasa hasta límites insospechados dogmatizan en todo como si estuvieran en posesión de la misma verdad absoluta que le critican a la jerarquía eclesiástica…

Vamos por partes, que hay para ambos…

Al artículo “Laicistas y Católicos”, del sr. Jiménez:

1. El debate sobre un estado laico no lo han inventado los obispos, sino el partido actualmente en el gobierno. Todos éramos felices con la definición de España en la constitución como estado aconfesional, pero son los poderes ideológicos de los medios de comunicación actuales los que prefieren cambiar esa definición (igual que ya han hecho con los términos “nación” o “matrimonio”) por la de estado laicista. La diferencia esencial es que la aconfesionalidad respeta todas las confesiones religiosas, mientras que el laicismo reduce las mismas a meras supersticiones, como vd. malintencionadamente y citando a Russell cierra su artículo.

2. Dicho laicismo lleva a las agresiones que hemos contemplado estas Navidades: Una directora de Málaga, en nombre del laicismo, tiró a la basura un belén montado por la profesora y los alumnos de religión con el respaldo de la Junta de Andalucía. Un director de un colegio de Zaragoza, abanderado también del laicismo, prohibió los Villancicos por ser propaganda religiosa. ¿Eso es respeto a la minoría u odio a las tradiciones cristianas?

3. El laicismo pretende sustituir la formación religiosa de los colegios por una “Educación para la Ciudadanía”. Eso no lo ha inventado el PSOE; en España lo inventó Franco, se llamaba “Formación en el Espíritu Nacional” y es propio de todos los regímenes totalitarios, los de derecha y los de izquierda… Ahora, en vez de cantar el “Cara al Sol” como antaño, habrá que cantar el “Himno de Andalucía” (el de España no, porque suena a facha…), estudiar la biografía de Blas Infante, entender España como un Estado plurinacional y no sé cuantas chorradas más…

Al artículo “Obispos contra el Gobierno”, del sr. Lozano:

1. Habla vd. del “acoso de la jerarquía eclesiástica contra el gobierno central”, dice que la Iglesia “se sienten perseguida y nadie les ataca”. Por favor, acláreme en que casos concretos la Iglesia se equivoca:

- ¿En el de proteger los términos “familia” y “matrimonio” de su acepción lingüística comúnmente aceptada hasta que una facción filo-masónica entró en el gobierno?

- ¿El de defender el respeto a la vida condenando el aborto, la eutanasia o que una pareja del mismo sexo no pueda adoptar niños?

- ¿El de defender una educación religiosa frente a una “Educación para la ciudadanía” en la que no se sabe bien quien impondrá su doctrina?

- ¿La de defender que el clero (que ahorra al Estado mas de 600 millones de € al año a través de organismos como Manos Unidas, Cáritas…etc) obtenga una subvención del mismo modo que la obtienen, por citar algunos, el “Colectivo de Gays y Lesbianas”, “Ecologistas en Acción”, “Payasos sin Fronteras”, o “Salvemos las Nutrias y las Focas Árticas”, que no ahorran al Estado un solo céntimo?

Puede que no nos quemen Iglesias o no nos asesinen como en tiempos de la República, pero no me negará vd. que no paran de meternos el dedo en el ojo…

2. Dice vd. que la Iglesia considera inmoral el matrimonio entre personas del mismo sexo… amigo, aquí patina vd. bastante… el término moral se refiere a convicciones religiosas cristianas y por supuesto que la Iglesia lo considera inmoral…¿O también quiere vd. cambiar la moral de la Iglesia? Hable vd. de ético o no ético y no meterá tanto la pata…

3. Dice vd. que la Iglesia se opone a la Ley de Memoria Histórica. Falso también. Se opone a la manipulación de la Memoria histórica que algunos quieren hacer. La Iglesia no tiene nada que perder al hablar de la Guerra Civil, pues sin disparar un sólo tiro perdió a más de 20.000 (entre obispos, sacerdotes, religiosos/as y seminaristas). Vd., malintencionadamente o por ignorancia mete a la Iglesia en el bando nacional, pero estas personas murieron mártires sin ejercer la violencia (cosa que no podemos decir del Frente Nacional, pero tampoco del Republicano -cuestión que hoy tiende a olvidarse con suma facilidad-…)

4. Habla de que Franco iba “bajo Palio”. Yo no digo que Franco fuera bueno (como todo dictador de derecha o de izquierda fue un sanguinario), pero con los datos anteriormente expuestos hasta un niño de cinco años puede sacar la siguiente conclusión: De haber triunfado la República, alentada por socialistas, comunistas y anarquistas, el futuro de la Iglesia en España hubiera sido el mismo que el de las Iglesias de la extinta URRS. ¿Recuperamos también la memoria histórica del Telón de Acero…? Allí se calculan en más de medio millón de personas los eclesiásticos exterminados o deportados a trabajos forzados en Siberia… Yo no digo que hubiera que sacarlo bajo palio, pero si que nos libró de una buena…

5. Por último, miente vd. de nuevo (o está malinformado, que viene a ser lo mismo…) cuando dice que la Iglesia no condenó la guerra de Irak. Revise las hemerotecas de la Conferencia Episcopal Española y del Magisterio de Juan Pablo II y no calumnie más, por favor… A nivel local, Monseñor del Río escribió una preciosa carta pastoral “Vientos de Paz” al respecto (se la puedo facilitar si vd. lo desea) y tres sacerdotes de Arcos fuimos en la manifestación contra la guerra que comenzó en la Plaza del Cabildo. Vd. no se informa, sino que deforma la realidad a su antojo. La Iglesia condena toda guerra, no solo la tan politizada de Irak, sino también la de Afganistán, la de Liberia, la de Chechenia, la de Zaire, la del Congo, la de Haití y todas aquellas que no tienen repercusión en los medios de comunicación de PRISA.

Esperando su pronta rectificación pública, o lo que sería mejor, que ninguno de los dos escriba más sin informarse del tema religioso, les mando a todos los lectores de Arcos Información mi felicitación navideña."

viernes, 24 de noviembre de 2006

Perder a un ser querido

Un amigo anónimo me pide en el anterior comentario que le escriba sobre que se le puede decir a alguien que está a punto de perder a un ser querido y que duda en la fe.
De entrada te diré que se trata de un asunto espinoso, de muy difícil respuesta, pues la fe no es un jarabe o una píldora que uno se toma y ya está. La fe es algo distinto, algo dinámico, que sube y baja a menudo en relación a nuestro estado de ánimo. Y eso no es malo, al contrario. La fe es un camino, un proceso, crece o mengua dependiendo de nuestras experiencias vitales y de cómo las vayamos integrando en nuestra vida. Lo contrario si es malo: una fe siempre idéntica, que no duda, que no se interroga, que no avanza, es como un encefalograma plano, que indica ausencia de vida. Así que lo primero que te diría es que lo que puede parecer un mal (una duda de fe) puede transformarse luego en algo positivo (un fortalecimiento de la misma). Dios acostumbra a sacar bienes hasta de las situaciones más negativas.
La muerte de un ser querido es una de las experiencias de la persona que más afecta a la fe. Toda despedida en esta vida duele, cuánto más aquella última que parece definitiva. La Biblia está llena de ejemplos de cómo la muerte nos afecta. Jesucristo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Las mujeres lloraban por la cercana muerte de Jesús. María lloraba al pie de la cruz. ¿Eran personas sin fe? Evidentemente no. Pero nuestra naturaleza humana se rebela siempre ante la muerte de un ser querido. Pero ahora bien, no todas las formas de encajar la muerte son idénticas.
¿Cómo puede un no creyente afrontar la muerte? Únicamente caben dos salidas, la angustia y el sinsentido; por un lado, o el "Carpe Diem" (aprovecha el presente, lo único que cuenta) por otro. Ninguna de las dos posturas responde al sentido de la muerte, aunque la segunda busca una escapatoria en la evasión de la realidad, lo que conduce a un respiro momentáneo.
En la Biblia encontramos la respuesta creyente, la única respuesta esperanzadora frente al misterio de la muerte. Esta respuesta no se trata de una idea, ni de un tratado filosófico, sino de una experiencia de los primeros cristianos: Jesucristo ha resucitado. Él ha vencido a la muerte y nos ha abierto las puertas de una nueva vida. Sólo eso puede darnos consuelo, y hablo de dar consuelo porque el sufrimiento no nos lo puede quitar nadie. Podemos pensar que en el cielo nuestros seres queridos estarán mejor, pero eso no suprime totalmente nuestro deseo de que hubieran estado con nosotros para siempre.
Resumiendo: ¿Qué le diriamos a alguien en una situación así? Yo, personalmente, en los días cercanos a la pérdida no diría nada. Las mujeres lloraron tres días ante la tumba de Jesucristo, y creo que es lo más humano. Dejar que nuestro dolor y nuestra rabia fluyan fuera de nosotros es lo más sano. En estos primeros días bastan nuestro silencio y nuestra compañía. En un segundo momento, pasados unos días, le hablaría del sentido cristiano de la muerte, que como hemos dicho antes es la resurrección. Entonces el alma está más receptiva que nunca a un anuncio de salvación, y una palabra así seguro que es acogida con agradecimiento y estima.
Por cierto, ¡qué trabajito nos cuesta hablar de nuestra fe! Antes, temas como el sexo o la muerte eran temas tabúes de los que estaba poco menos que prohibido hablar. Hoy las tornas han cambiado y de lo que nos da más reparo hablar es de nuestra fe. ¡Rompamos esa absurda barrera, la fe es comunicación e intercambio de testimonios!
Espero que esta reflexión te ayude, estimado amigo.