RESPUESTA.- La de la Iglesia, soy hijo de la Iglesia.

Ahora vienen las matizaciones. Tocar este tema convierten a este post en algo muy arriesgado. Muy políticamente incorrecto en los tiempos que corren. Tengo la convicción de que no va ser del agrado de muchos, pero la verdad sea dicha, me la trae al pairo. De hecho, puedo presumir de tener varios amigos homosexuales, a los cuales respeto y saben que la palabra “
homófobo” no me define en absoluto. Así que este post no es un ataque ni a ellos ni a su colectivo ni a sus libertades, ni a sus derechos como ciudadanos, los cuales respeto. Respeto que por cierto no suele tener carácter recíproco, ya que la ofensa, la burla y el escarnio de los símbolos religiosos suelen ser una característica habitual de una gran parte de este colectivo (tampoco sería justo generalizar, pero los documentos gráficos con los que vamos a ir "adornando" este post me han costado 15 escasos segundos encontrarlos en Google imágenes…)
Dejando en un primer momento a un lado la relación cristianismo-homosexualidad, a la que me referiré más tarde, me gustaría comenzar con la relación homosexualidad-medicina, la cual comenzó oficialmente en 1886, cuando Richard von Krafft-Ebing, uno de los padres de la psiquiatría moderna consideraba la homosexualidad como una enfermedad degenerativa en su manual «Psychopatia Sexualis».
Resumiendo mucho para no cansar al personal, un siglo después, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros problemas de Salud. ¿Qué pasó en esos 100 años?, ¿Qué estudio hizo que la comunidad científica cambiara de parecer?...
Para responder a estas preguntas, como para casi todas las cosas modernas, nos tenemos que trasladar a EE.UU. Allí diversos estudios científicos de mediados del s.XX comenzaron a pensar que la homosexualidad no es una patología genética ni hereditaria, sino más bien una alteración de la conducta social. En ese siglo, la homosexualidad pasó por las siguientes definiciones dadas por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA): Enfermedad, trastorno de desviación sexual, perturbación en la orientación sexual, homosexualidad egodistómica, y finalmente, trastorno sexual no especificado.
Unos años antes que la OMS excluyera a la homosexualidad de sus listados, en 1972, la APA realizó una votación entre todos sus profesionales y se decidió no considerarla una enfermedad… ¡Por el 58% de los votos! Como veis, 4 de cada 10 profesionales americanos en la materia seguía considerando la homosexualidad como una enfermedad que podía ser tratada, medicada y curada. Es curioso que quienes afirman que la homosexualidad no es una enfermedad a menudo obvian este dato estadístico para mi gusto muy revelador. Se aferran a la conclusión final pero en todo momento ocultan lo ajustado y estrecho de la votación final, que dio un giro a esta historia.
Para añadir más picante al tema, no pocos de los profesionales que se manifiestaron en contra de la decisión de suprimir el término enfermedad declararon que la decisión fue el resultado de la presión política de grupos activistas –los famosos lobbys- de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT), y no producto de la investigación científica. Afirmaron que muchos colegas suyos habían cambiado su voto por amenazas de muerte a ellos y a sus familiares, amenazas que también ellos y sus familias habían sufrido. Leyenda o realidad, nunca sabremos la verdad. Lo cierto es que 50 años después de esta resolución, la comunidad científica aún anda dividida, y se encuentran médicos, psicólogos y psiquiatras igual de respetables en ambas posiciones: los que la consideran un trastorno y los que no. A menudo los estudios de los primeros son silenciados. La realidad (aunque nos quieran vender otra en nuestra querida España) es que no hay ningún estudio científico definitivo que demuestre si la homosexualidad es o no es un trastorno genético, cromosómico o hereditario. Quizás, con los avances en el campo de la genética lo haya dentro de unos años, pero a día de hoy no existe, mal que le pese a muchos. Enfermedad o trastorno, lo cierto es que queda mucho en este campo por descubrir. Hasta ahora, me he ceñido a lo estrictamente científico, independientemente de mis creencias.

Comienzo mi reflexión. Si a pesar de las fuertes campañas que recibimos todos los días desde los grupos de presión homosexuales -el famoso lobby gay al que se refiere el Papa Francisco y que controla gran parte de los medios de comunicación- sigue habiendo tantas dudas razonables: ¿Por qué se puede dudar de todo pero hay que creerse a pié juntillas todo lo que parcial y subjetivamente nos cuentan sobre la homosexualidad?, ¿Por qué con el relativismo moral de nuestra sociedad y con la destrucción de la familia tradicional se extiende la homosexualidad?, ¿No hay un claro componente social y educacional que se está fomentando desde una sociedad que moralmente deja mucho que desear?, ¿Por qué me tienen que decir que soy un homófobo simplemente por tener un criterio distinto y unos valores distintos a los de este colectivo?, ¿Por qué no puedo esperar a que la comunidad científica llegue a un consenso mayor en este campo?, ¿Por qué en la cultura africana no existe o es insignificante la homosexualidad?, ¿Por qué las uniones de este colectivo se llaman “matrimonio” si este término procede del latín “matris” (madre) “munium” (cuidado de la)?, ¿Por qué no puedo decir que mientras no se clarifique su situación la adopción por parte de una pareja homosexual me parece un ataque a los derechos del niño?, ¿Por qué todos los días vemos personas que ponen a parir a la monarquía, a la Iglesia o a cualquier otro estamento pero nunca oigo decir ninguna discrepancia en contra del colectivo homosexual...?, ¿Porqué el lobby gay impone que en cualquier libro, película, programa o serie de televisión... tenga que salir un/os homosexual/es?, ¿Porqué tengo que soportar callado sus continuos ataques a mi fe y a mis símbolos religiosos? Todas ellas son preguntas que me gustaría que alguien en un tono sosegado y sin aspavientos ni exabruptos me contestara. A lo mejor, y si no me faltan al respeto, estoy seguro que podemos llegar a un consenso en muchos puntos…

Yo, como el Papa, no condeno a nadie, no soy quien, pero sí pido respeto a mis –nuestras- creencias. Y aquí es donde entra la opinión de la Iglesia. La Iglesia Católica y el cristianismo en general se basan en la doctrina de San Pablo y de los Santos Padres para condenar los actos homosexuales (no la homosexualidad en sí, que es muy distinto) condena que por cierto era ya anterior al cristianismo en los escritos romanos de Tácito y Suetonio. Cierto que existe el perdón al pecador, pero también la condena al pecado. San Pablo en su Carta a los Romanos lo expone en los versículos 25 y 26: “Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.” En su Carta a los Romanos, capítulo 6 versiculos 9 y 10 añade: "¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios."
En el Catecismo de la Iglesia Católica al que el Papa Francisco se refiere se expresa la doctrina actual, más a tenor de los tiempos que corren, más pastoral, menos hostil que la de San Pablo, pero en la misma línea: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.” (números 2358-2359).
En su documento de 1994 “Matrimonio, Familia y uniones homosexuales” la Conferencia Episcopal Española expone que «la inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, debe ser considerada como objetivamente desordenada, ya que es una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral».
Es su Magisterio, su doctrina y debe ser respetada y acatada por quienes libremente formamos parte de ella. El que la comparta que continúe en la barca de Pedro –y de Francisco- y el que no la comparta que se baje de la misma. Así de sencillo.
Lo que no le aconsejo a quien abandone el catolicismo por esta razón es que se cambie de religión. La homosexualidad se expone a la Pena de Muerte en Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Sudán y Yemen, mientras que también es perseguida y castigada con Cadena Perpetua en: Birmania, Malasia, Bangladesh, Bután, Guyana, India, Maldivas, Nepal, Singapur y Uganda. Como podéis ver y comprobar, países todos de una clara herencia cultural cristiana. Y sin embargo, al menos aquí en España, nunca escucho una palabra de crítica al Islam, al Hinduismo o al Budismo que sustentan a dichos países. En este caso, como en muchos otros, y parafraseando el dicho: “Todos los palos conducen a Roma”.

Lo dicho, el que quiera ser homosexual, allá él. Yo lo respeto. Pero que no me cuenten historias. Y si me las cuentan, que me las argumenten. Y de paso, que me respeten. Termino el post con una foto de una lesbiana masturbándose con una imagen de la Virgen y varios crucifijos en público en Río durante las JMJ. Muy ilustrativo y representativo de la tolerancia y el respeto. Eso sí, me parece que mi post, aunque discrepe de este tipo de manifestaciones, es más respetuoso.