Juan 20, 20: "Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor."
Lucas 24,32: "Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
Filipenses 4,4: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca."
No dejemos que la tristeza de los afanes de cada día, los agobios, los remordimientos del pasado o las inquietudes del futuro nos oculten o nos roben esa alegría. La victoria final es de Dios, y desde el momento presente tenemos que adherirnos a ella. Si dejamos entrar a la alegría de la resurrección en nuestras vidas, los temores y miedos que a veces nos acechan tendrán que huir de nuestro corazón.

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