lunes, 11 de junio de 2007

Una Iglesia sin niños

Que tristes son ahora las misas de los domingos. Como os comenté hace unas semanas, pasadas las comuniones, ni rastro de ellos. Los más puristas dirán que no hay jaleos, que no hay que mandarlos callar, que no revolucionan el misterio con sus risas o suspiros… Algo de razón hay en ello, pero yo me sitúo más bien entre aquellos que piensan como Jesucristo, “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc.10,14).

No voy a seguir hoy con las comuniones ni sus conflictos (aunque por el volumen de respuestas veo que es un tema que podría dar más de sí…). Hoy me voy a situar en otro problema igualmente importante: la desintegración de la familia tradicional cristiana.

Lejos quedan esas familias que vivían en casas de vecinos de las que aquí en San Pedro aún nos quedan las fachadas. No creo que fuera el mejor sistema de vida (entre otras cosas por que era reflejo de una penosa situación económica…) pero sí que aquel estilo de vida tenía una dimensión positiva: la familia unida. Y cuando hablo de familia lo hago en el sentido amplio: Abuelos, padres, hijos y a veces una cuarta generación convivían bajo el mismo techo. Juegos, risas, embarazos... Aquello tenía que ser alegre a la fuerza. Hemos pasado de eso a una situación donde los abuelos son enviados a los geriátricos, los padres trabajan fuera y no se ven, y los hijos se educan con la televisión y la calle. La cuarta generación ahora no llega hasta que los dos trabajen, compren un piso con una hipoteca de 25 años y lo amueblen completamente. La mayor parte se casan rondando los 30 años, dejan unos años “para disfrutar” (como si no hubieran disfrutado antes…) y teniendo en cueta que a los 35 ya se considera embarazo de riesgo para la madre eso nos da unas posibilidades de 2 o 3 hijos a lo sumo. Escaso promedio cuando (y no soy racista) sudamericanos y africanos vienen ya con esos tres hijos rondando apenas los 25…

Hoy nos decían que somos 45 millones de españoles. Curioso dato, cuando hace apenas un par de años rozábamos los 40. ¿De dónde han salido esos 5 millones?, ¿de una explosión demográfica de nuestros jóvenes? Me temo que no. Píldoras del día después y abortos indiscriminados se encargan de paliar la amplia promiscuidad sexual de las nuevas generaciones…

Se que no es "politicamente correcto" lo que hoy escribo, pero Europa envejece a la par que es colonizada por aquellos mismos que hace pocos siglos fueron conquistados (la vida da las mismas vueltas que desgraciadamente dio el sábado por la noche la liga…). La Europa cristiana desaparece, y lo que empezamos a percibir en pueblos pequeños como éste es ya toda una realidad en las grandes capitales. A este paso no sólo la Iglesia, sino Europa entera se va a quedar sin niños (auctóctonos, se entiende).

No hablo del problema político que ello acarrea, no me compete a mí juzgar lo que no entiendo, pero sí se que a nivel religioso esto lo vamos a notar pronto, mucho antes de lo que muchos creen. Tiempo al tiempo.

lunes, 4 de junio de 2007

La Santísima Trinidad

Ayer celebrábamos en la liturgia dominical una de las fiestas más importantes del dogma cristiano. No pretendo aquí dar una clase de teología, ni tampoco desentrañar un misterio que de por sí es inabarcable. Pero sí me parece oportuno traer ese Misterio a la vida de cada día, que en el fondo, es de lo que tratan los dogmas cristianos.

En la Teología clásica se han propuesto dos explicaciones a la pregunta: ¿Cómo puede haber un solo Dios y tres personas?, ¿Cómo puede ser a la vez Dios Uno y Trino?...

La primera respuesta es la Analogía de la Mente, comenzada por Santo Tomás de Aquino. Según éste, Dios es como nuestro cerebro, con tres potencias –memoria, inteligencia y voluntad- que actúan independientemente pero en perfecta conjunción.

La segunda analogía es la del Amor, iniciada por Hugo de San Víctor. Según este otro autor, la Trinidad sería reflejo del amor, donde siempre se da un amante (en este caso el Padre), un amado (el Hijo) y el fruto de ese amor (El Espíritu Santo).

Hace unos quince días, un feligrés, menos intelectual pero para mi gusto muy acertadamente, me proponía otra analogía. Se le podrán poner muchas objeciones, pero la intuición me parece muy válida. “Mire usted, padre” –me decía- “Yo el misterio de la Trinidad me lo aplico a mi mismo y lo entiendo perfectamente. Yo fui hijo, y como hijo me comporté de una manera. Ahora soy padre, y como tal actúo. Y en todo momento soy espíritu, independientemente de mis relaciones familiares…” Bonita sugerencia, ¿no os parece?...

De todas formas, no deja de ser un intento, como decía antes, de penetrar en lo inabarcable para la mente humana. De esta fiesta, yo me quedo con su sentido más práctico: Dios no es solitario, sino comunión de personas. Tres personas que actúan como un solo Dios porque se aman tanto que tienen unidad de criterio, voluntad, acción etc. Un Dios en comunión que nos pide a los hombres que estemos en comunión de amor los unos con los otros. Como dijo el filósofo francés Voltaire, el Dios cristiano es tan grande que si no existiera habría que inventarlo…