sábado, 5 de septiembre de 2015

Peregrinación a Roma (Apéndice)

Jardínes Vaticanos desde la
Cúpula de San Pedro
"Roma: Non basta una vita" es una expresión italiana que casi no necesita traducción. En ella se encierra una verdad incuestionable: El tiempo dedicado a Roma nunca es suficiente, ya que siempre queda algo por descubrir. Ello supone que por muy bien que un viaje se prepare, es más, incluso por mucho tiempo que uno viva en Roma, nunca se la llegará a conocer del todo.  Siempre hay algo nuevo que ver o una nueva perspectiva desde la que disfrutar algún monumento. Roma es cara, muy cara... y cada minuto en ella vale millones. Desgraciadamente, en todo viaje el tiempo disponible es el que es y el nuestro no iba a ser una excepción. Por ello, muchas cosas han tenido que posponerse para otra visita.

El Tíber a su paso por el
Ponte Sant´Angelo
Quién haya leído las diez entradas anteriores, echará de menos algunos sitios emblemáticos de Roma que, o bien por la distancia, o bien por una jerarquía personal de intereses han sido aplazados hasta mejor ocasión. Algunas Iglesias que hubieran merecido una visita son: San Clemente, San Sebastián, San Francesco a Ripa, Santa Cecilia o San Pietro in Montorio. Las vistas desde el Gianícolo o el Aventino no tienen nada que envidiar a muchas de las que hicimos nosotros. La Galleria Borguese, el Castel Sant´Angelo, Porta Portese, el Ponte Milvio... deberían haber sido visitas obligadas. De igual manera tuvimos la suerte de visitar las Catacumbas de San Pedro en el Vaticano pero precisamente por ello dejamos a un lado la visita a las catacumbas de San Calixto, de San Sebastián, de Domitila o de Priscila. De todas ellas yo todavía solo conozco las dos primeras. Esta última circunstancia también nos privó de acercarnos a otra Iglesia de los extrarradios, la Chiesa del Quo Vadis, edificada en el lugar en el que San Pedro se encontró con Jesucristo Resucitado cuando huía de Roma y decidió volver para defender la fe y ser crucificado boca abajo.

Fachada del Coliseo
Hacer un recorrido a pie de tres horas paseando tranquilamente por la rivera del Tíber era algo previsto pero que desgraciadamente tuvimos que sacrificar. El viaje también se podía haber completado con una visita a Ostia Antica, situada,a menos de 20 km. de Roma. De no haber ido a Pompeya (donde se conservan las ruinas en mejor estado) la visita hubiera sido imprescindible. Como amante del fútbol esta vez me quedé sin ir al Estadio Olímpico, en la que tantas tardes-noches de fútbol disfruté en mi vida de estudiante... Por suerte para Patricia la fecha tampoco acompañaba, que de haber sido el viaje en temporada futbolística no la hubiera librado nadie...

Fachada de San Pablo
Extramuros
De todas formas, la Peregrinación - Luna de Miel ha sido bastante completa. He alcanzado niveles espirituales y culturales no muy lejanos a los éxtasis de los antiguos místicos. He disfrutado en cada lugar que volvía a visitar, he descubierto algunos lugares nuevos y, sobre todo, el contexto era bien distinto a mis anteriores estancias. Ir a estrenar mi matrimonio y poder pasear por Roma cogido de la mano con el amor de mi vida es una experiencia arrebatadora. He disfrutado tanto en el viaje como recordándolo a través de estos posts que he compartido con vosotros y en los que he vuelto a recrear la experiencia. En palabras del escritor argentino José Luis Borges"Cuando uno escribe, el lector es uno"...

Laoconte, Museos Vaticanos
Esta tarea de sentarme a recrear imaginariamente el viaje me ha ayudado también a hacer recuento: han sido finalmente 32 Iglesias-Basílicas-Catedrales visitadas, 14 Plazas, dos Museos, dos Cúpulas, dos Iglesias subterráneas y un número -elevado, que me reservo para mí- del conjunto pizzas-cervezas-helados que fueron la base de nuestra alimentación romana. Ver de nuevo al Papa, visitar la tumba de San Pedro, asistir a una ópera al aire libre o transportarnos a una ciudad como Pompeya que quedó dormida en el sueño de aquella fatídica noche del 24 de agosto del año 79 son experiencias, que -como dice el anuncio- no tienen precio.

Interior de la cúpula
del Panteón
¿Cuándo podremos volver...? Espero que pronto.

El deseo de estar en Roma es como una droga que ya ha comenzado a producir en mí el consabido síndrome de abstinencia. Cuantas más veces se está en Roma más intenso es el deseo de volver a pasear por sus calles y admirar su grandeza.

Nosotros cumplimos nuestra parte simbólica y tiramos la moneda a la Fontana de Trevi, así que si Dios quiere y la leyenda se cumple algún día volveremos... Será cuestión también de poner en casa una hucha y procurar que la monedita de la Fontana vayan acompañadas de muchas otras que hagan posible el regreso lo antes posible a la Ciudad Eterna.


Mater Ecclesiae, en la fachada
de las estancias papales
De todas formas, soy consciente que haber estado ya tantas veces en la Ciudad Eterna es un enorme privilegio que Dios me ha concedido en esta vida y del que le estaré eternamente agradecido. Aún así, lo tengo claro y no me gustaría morirme sin volver algún día. Pero ya se sabe, el hombre propone y Dios dispone...

Para animaros a vosotros a que compartáis la experiencia, me gustaría despedir esta serie de entradas con dos citas muy sugerentes. Iba a poner solo una, pero me ha resultado imposible escoger cualquiera de ellas y dejar fuera la otra, ya que comparto totalmente el mensaje de ambas y además las encuentro plenamente complementarias.


Marforio, Dios fluvial de los
Museos Capitolinos
La primera, es del escritor estadounidense Herman Melville, autor de la famosa novela Moby Dick, quien quedó prendado de la belleza de Roma en su viaje de 1849. Así la describía en sus escritos: "...En Roma saludan al visitante miles de estatuas que, como representantes de un pasado poderoso, alargan sus manos hacia el presente y conectan los siglos. Han cambiado gobiernos, caído imperios, desaparecido naciones, pero estos mudos mármoles permanecen, oráculos del tiempo, obras de arte perfectas. Los crearon aquellos que aspiraban a algo mejor, y se esforzaron por conseguirlo encarnándolo en fría piedra..."

La segunda, es del dramaturgo y poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe, el creador de la inmortal obra Fausto: "...Quien no ha cruzado Roma bajo la luna llena no tiene ni idea de la belleza que se ha perdido. Quien la ha visto, lo ha visto todo..."

Por suerte, por caprichos del calendario o por providencia divina (cada uno es libre de pensar lo que quiera...) tuvimos semana de luna llena y tiempo despejado. Para que pedir más...

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