lunes, 20 de noviembre de 2023

Teología del beso

Sería muy pretencioso por mi parte intentar agotar en una entrada todo el contenido teológico que el término "beso" tiene en la Teología, en la Biblia y en la Liturgia cristiana. Pero a modo divulgativo sí se pueden dar unas claves para encuadrar un tema que me parece bastante sustancioso. 

Por contextualizar, creo que desde la pandemia del covid´19 hemos aprendido a valorar más lo que es y representa un beso. Un beso de saludo, de amistad, de cariño o de expresión de amor. Me da igual. Todos ellos han estado "bajo la sospecha" de un contacto físico estrecho que podía conducir al contagio y la posterior enfermedad -y quien sabe si la muerte- del besado. Por ello se restringió una práctica que poco a poco se ha ido retomando, aunque aún haya personas que tengan sus reticencias al contacto de sus labios con otros objetos o personas. Por lo que a estas líneas respectan, es necesario aclarar también que hablo sobre todo de la cultura del sur de España, una cultura muy latina y muy "besucona", diametralmente diversa a la de otras culturas nórdicas o asiáticas en las que un beso es algo que solo se practica en la intimidad, ajeno a protocolos sociales. 

Vamos al tema. ¿Cuántas veces aparece en la Biblia algún vocablo derivado del verbo besar? Pues ni más ni menos que 22 veces. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento aparece en distintos contextos, oraciones o Cartas. Quizás el más "apasionado" lo encontramos en el libro del Cantar de los Cantares 1,2: "Que me bese ardientemente con su boca". En el Evangelio solo lo encontramos en dos ocasiones, curiosamente en dos situaciones negativas. La primera es una reprimenda de Jesucristo a Simón el fariseo al tiempo que una alabanza a la mujer pecadora que perfuma sus pies (Lc 7,45) "Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies" mientras que la otra es directamente una alusión a la traición de Judas Iscariote (Lc,22,48) "Le dijo: Judas, ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?". Al margen de los Evangelios, no puedo detenerme por razones de extensión en las múltiples ocasiones en las que San Pablo se despide en sus Cartas con el "beso -ósculo- de la paz".

Pasando a la Liturgia, es también muy interesante enumerar las veces en las que el "beso" está presente en acciones y gestos que forman parte de la expresión de la oración de la Iglesia. Voy a enumerar algunas de ellas -algunas ya en desuso- aunque estoy seguro que olvido otras tantas:

- Antes de la Eucaristía, en las oraciones preparatorias, el sacerdote besaba la estola que se impone encima del alba y debajo de la casulla. La reforma del Concilio Vaticano II suprimió esta práctica, pero de facto casi todos los sacerdotes la siguen realizando.

- Al llegar al altar y al salir de él, se venera con un beso el ara del sacrificio incruento en señal de respeto al lugar en el que se recuerda la Última Cena de Jesucristo: "Al llegar al presbiterio, el sacerdote y los ministros saludan al altar con inclinación profunda (no simplemente inclinación de cabeza); luego el sacerdote y el diácono besan el altar y si se usa incensario se inciensa primero la cruz y luego se rodea el altar" (OGMR 49) "Después el sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida reverencia con los ministros, se retira a la sacristía" (OGMR 145)

- Al terminar de proclamar el Evangelio, el obispo, sacerdote o diácono lo besa elevándolo para que todos los fieles puedan verlo: "Después el diácono lleva el libro al celebrante, y éste lo besa, diciendo en secreto: "Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados" O bien el mismo diácono besa el libro, diciendo en secreto las mismas palabras"

- Durante la Eucaristía, en el momento de la paz, los fieles solían besarse, abrazarse o estrecharse la mano como la acción más habitual, si bien ninguna de estas formas es impuesta por el misal, que habla de "Daos fraternalmente la paz" o "Como hijos de Dios, intercambiad ahora un gesto de comunión fraterna". Que sea un beso o no, depende -como hemos mencionado anteriormente- de las costumbres locales y de su contexto cultural. Hoy en día vemos que abundan más las inclinaciones de cabeza que eliminan el contacto físico, sobre todo con las personas menos allegadas. 

- En el Jueves Santo, en el lavatorio de pies, no está ordenado el besar los pies tras lavarlos, aunque personalmente he visto a muchos sacerdotes que lo hacen. "Los que han sido designados de entre el pueblo de Dios, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada uno y, con la ayuda de los ministros, vierte agua sobre los pies y se los seca". (Rúbrica del Triduo Pascual, nº 11).

- En los oficios del Viernes Santo, tanto el sacerdote como los fieles son invitados a besar la cruz que es el centro de la celebración de ese día, si bien pueden emplearse otros signos de afecto y respeto: "Para la adoración de la cruz, primero se acerca solo el sacerdote celebrante que, si lo juzga conveniente, puede quitarse la casulla y los zapatos. A continuación, el clero, los ministros laicos y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión simple o con algún otro signo de veneración (por ejemplo, besándola), según las costumbres de cada lugar" (Rúbrica del Triduo Pascual, nº 18).

- Tras la Misa de Nochebuena y durante la Octava de Navidad, al terminar la Eucaristía se suele exponer un niño Jesús para ser besado por sacerdote y fieles. Tampoco lo manda el Misal Romano, pero es una práctica habitual en casi todas las Iglesias del mundo. 

- En la ordenación de un obispo, según el Pontifical Romano, tras el rito de ordenación "el ordenado, dejando el báculo, se levanta y va recibiendo del obispo ordenante principal y de todos los obispos un beso" (nº56). En señal de respeto, al final de la ordenación se suele besar el anillo del Obispo, si bien esta acción tampoco está contemplada ya en la liturgia actual. 

- Según el mismo Pontifical, en la ordenación de presbíteros y diáconos, "el obispo besa a cada ordenado diciendo "la paz contigo" Y lo mismo hacen todos o algunos presbíteros/diáconos presentes" (nº 136 y 211). Al igual que con los obispos, aunque ya no lo manda la liturgia, la celebración de la ordenación de los presbíteros suele terminar con un besamanos en la que los fieles besan las manos del recién consagrado. 

- Contrariamente a lo que se cree, y para desilusión de muchos, en el Ritual del Sacramento del Matrimonio no se emplea la expresión "Y ahora el novio puede besar a la novia" que tanto se escucha en las películas americanas. En lugar de ello, en el nº 83 se indica: "Entonces, los esposos y todos se intercambian una señal de paz y de caridad"

- Existen devociones externas a los sacramentos en las que se invita a los fieles a dar un beso a un objeto religioso, como puede ser la reliquia de un santo, los pies de la imagen de Jesucristo o las manos de la imagen de María o de algún santo. Ninguna de estas acciones debe ser entendida como litúrgica, sino que forman parte de la devoción privada o pública de un grupo de feligreses.

Seguramente algún otro "beso" se me habrá escapado, pero creo que hemos repasado los más importantes. El beso en la liturgia, por lo tanto, queda en la actualidad prácticamente restringido a los elementos más sagrados (Altar, Palabra de Dios o Cruz) y a los consagrados de Dios en el momento de su ordenación. El resto de besos son más reminiscencias de tradiciones antiguas que imposiciones de la Liturgia cristiana. No sé este "recorte" es acertado o no, pero imagino que quienes reformaron la liturgia pensaron que es mejor la calidad que la cantidad, y que un gesto de amor como es un beso debía limitarse a elementos especialmente significativos, dejando el resto para la devoción privada. 


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