martes, 15 de abril de 2008

¿En que Dios crees?: Oración de verdadera fe

Os propongo hoy una pregunta que alguna vez todos seguramente nos habremos hecho: ¿Qué hace que el hombre sea un ser religioso?, ¿Que factores mueven al hombre a abrirse a la trascendencia?
Sería simplista y pretencioso por mi parte dar una respuesta en unas líneas a lo que ha necesitado ríos de tinta para ser estudiado. No pretendo hacer un tratado de Teología Fundamental o de Fenomenología de las Religiones, sólo exponer algunos peligros que me parecen rondan a todo cristiano.

1. Se puede tener la visión de un Dios "castigador". Creo que es lo que más ha abundado en la historia, ese miedo al Dios "vengador", celoso y hasta un poco "sádico" que disfruta con el sufrimiento humano. El miedo al infierno y la angustia del castigo eterno hacen el resto. Conlleva una religión ritualista, escrupulosa, asustadiza y hasta cierto punto masoquista.

2. También podemos tener un Dios "comercial". Yo te doy, tú me das. Quid pro quod, que dirían los latinos. Si Dios me va concediendo lo que yo le pido, es mi amigo y me interesa el asunto. Si se corta el grifo, siempre existe la posibilidad de buscar otra trascendencia más beneficiosa para el devoto. Me abstengo de comentar muchas prácticas santeras: velitas, reliquias, novenas... más propias de otras épocas pero vigentes en la actualidad. Creo que es lo que más prolifera -en general- en el mundo de las imágenes y de ciertas prácticas piadosas más cercanas a la superstición que a la religión. Conlleva una religión en la que de lo que se trata es de conquistar el favor divino que se resiste a ser accesible al hombre.

3. También tenemos el Dios "espejo" o el Dios "proyección". No le faltaba razón a los maestros de la sospecha -fundamentalmente Feuerbach, Marx, Nietzsche o Freud- cuando afirmaban que para muchas personas su experiencia religiosa no es sino una proyección, una alienación, una fantasía o un sentimiento de culpa no asumido. Evidentemente no tenían razón en todas sus acusaciones, pero sí desenmascararon muchas idolatrías e hipocresías. Es un universo tan amplio de actitudes que resulta imposible transcribirlas en unas líneas. Espero otro día poder explayarme más en este apartado.

4. Por último está el Dios de Jesucristo. El Nuevo Testamento nos deja algunas pistas para conocerlo. Para empezar, el mismo Cristo es el rostro visible de ese Dios invisible. Es un Dios Padre, pero no tonto; es un Dios justo, pero no sádico, es un Dios providencialista, pero no "apagafuegos", es un Dios, resumido y en una palabra, AMOR.

Os recomiendo una oración para purificar en el día de hoy nuestra imagen de Dios. En ella se nos invita a creer en un Dios que no es lo que yo espero de él, sino lo que el es y punto. Además de su pureza gramatical -es un soneto de rima perfecta del s. XVI- como oración cristiana no tiene desperdicio. Aunque atribuido a Santa Teresa de Jesús, se considera Anónimo. Seguro que sí el autor/a no es la Santa de Ávila su creador de seguro estará con ella -anónimamente- en los altares.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera;

pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

martes, 8 de abril de 2008

Aprovechemos el día presente

"Existen únicamente dos días durante los cuales es imposible hacer cosa alguna: ayer y mañana. El resto –o sea hoy- nos da todas las herramientas necesarias para conseguir aquello que deseamos."

Hoy me gustaría compartir con vosotros esta frase de Paulo Coelho. Hace poco llegó a mis manos -mejor dicho cayó en mi correo electrónico- y desde entonces veo que puedo encuadrarla con mi cosmovisión cristiana.

Está claro que el pasado nos condiciona y que el futuro nos provoca a veces ansias frente a lo desconocido. El hombre es un ser temporal y no podemos obviar que tenemos que asumir nuestro pasado y proyectar nuestro futuro en busca de nuestra felicidad y la de los que nos rodean. Por eso creo que la frase de Coelho quiere defendernos de dos peligros que atentan contra la salud mental y la fe del hombre: El sentirnos esclavos de un pasado que puede paralizarnos y el angustiarnos obsesivamente frente a un futuro incierto.

Con respecto a la primera dimensión, el Evangelio es muy revelador. El pasado es siempre superado por el presente. No hay tentación, ni pecado, ni acto alguno de nuestra historia que sea definitivo en nuestra relación con Dios, ni para bien, ni para mal. La condenación o la salvación se juegan hasta el último minuto. Usando un símil taurino, hasta el rabo todo es toro; y empleando otro futbolero, el partido no se acaba hasta que el árbitro pita el final. Sin ir más lejos, el sábado hubo que esperar 93 minutos para el Xerez ganara su derbi contra el Cádiz... La afición del Cádiz había sido desalojada cinco minutos antes con la miel del empate en los labios, y muchos del Xerez se habían marchado pensando que ya estaba todo el pescado vendido... Un gol en el instante postrero cambió el estado de ánimo de todos y dio una dimensión nueva a la clasificación de ambos equipos.

Pues lo mismo pasa en nuestra relación con Dios: no se puede vivir de rentas positivas ni tampoco pensar que por nuestro mal comportamiento Él nos ha cerrado todas las puertas. Cristo nos lo clarifica con esa parábola del Dios Padre-Madre que perdona al hijo pródigo y que a la par reprende al hijo celoso. Ni los méritos de uno ni los deméritos pretéritos del otro marcan sus relaciones paternas de manera definitiva. Dios concede un presente nuevo a ambos, unas nuevas relaciones superadoras del pasado basadas en el amor y el perdón. Podríamos concluir que Dios no tiene memoria, o si la tiene, nunca la utiliza para nuestro perjuicio.

Con respecto al futuro la reflexión es más fácil. Me limito a copiar las palabras de Cristo en el capítulo 6 de San Mateo: "No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su afán.". Cristo no estudió psicología, pero sabía perfectamente que el futuro es capaz de paralizar nuestras vidas.

Podemos concluir que Dios es el Señor de la Historia. En el encuentra sentido nuestro pasado, se realiza nuestro presente y se proyecta nuestro futuro. Sabiendo que Dios nos acepta como somos, con toda nuestra carga histórica, y que nos promete un futuro dichoso y que es fruto de su magnanimidad y no de nuestros méritos, Paulo Coehlo lleva razón; esforcémonos sólo por construir nuestro HOY, eso sí añadámosle que sea según la voluntad divina.