martes, 20 de enero de 2009

Otro cuento sobre el cielo y el infierno

Una semana más me han mandado un cuento que quiero compartir con vosotros. Casualmente, presenta la misma temática cielo-infierno del de hace unas semanas -aquel de los pucheros y las cucharas- aunque este me parece más tierno si cabe. Está extraído del libro de Paulo Coelho "El demonio y la señorita Prym". Con su espiritualidad habitual, el brasileño nos deja esta joyita que me parece un auténtico y refrescante caramelo que espero saboreéis.

"Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente. Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga, cuesta arriba. El sol era fuerte y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Precisaban desesperadamente agua. En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que desde una garita cuidaba de la entrada.

-Buen día -dijo el caminante.

-Buen día -respondió el hombre.

-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.

-Esto es el cielo -fue la respuesta.

-Qué bueno que llegamos al cielo, tenemos mucha sed -dijo el caminante.

-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.

-Mi caballo y mi perro también tienen sed. -dijo el hombre

-Lo lamento mucho -le dijo el guarda-. Aquí no se permite la entrada de animales.

El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar cuesta arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra, con árboles de ambos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía...

-Buen día -dijo el caminante.

-Buen día -respondió el hombre.

-Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.

-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.

-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.

-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.

-A propósito -dijo el caminante- ¿Cuál es el nombre de este lugar?

-Cielo -respondió el hombre.

-¿Cielo? ¡Pero si el hombre en la guardia de al lado del portón de mármol me dijo que allí era el cielo!

-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.

El caminante quedó perplejo. Dijo:

-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.

-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos."

martes, 13 de enero de 2009

Reflexiones acerca del Bautismo

En un comentario a mi último post, el amigo Alfonso hacia mención a la problemática que surgirá cuando parejas homosexuales quieran bautizar a sus hijos. Ha coincidido sacar este tema con que este domingo hemos celebrado la fiesta del bautismo de Jesucristo como colofón a las celebraciones litúrgicas Navideñas. Ambos temas me parecen propicios para exponer algo de la doctrina católica sobre el Bautismo y aclarar algunos conceptos. De entrada comentaros que el tema lo tengo bastante estudiado, ya que al ser el profesor de sacramentos en el obispado de Jerez he tenido que documentarme abundantemente al respecto y resolver muchas dudas de casos semejantes a éste.

No me cabe duda que el tema de los bautizos de los hijos de las parejas homosexuales traerá cola. Y no porque se trate de casos demasiado distintos al de los hijos de las parejas que no están casados canónicamente, sino porque intuyo que las veces en los que se niegue el bautismo a los hijos de estas parejas serán utilizados por la maquinaria mediática (especialmente por la más mayoritaria y afín al gobierno) para denostar a la Iglesia. Conviene por ello precisar términos y estar preparados para un nuevo e injusto linchamiento que no tardará en llegar.

Lo primero que tenemos que clarificar, y es algo comúnmente desconocido, es que el Bautismo no es ningún derecho de nadie. Nadie es digno de recibirlo ya que es un don de Dios que a través de la Iglesia se concede gratuitamente. La Iglesia sí tiene como deber Evangelizar y sacramentalizar a los que libremente acepten, profesen y vivan la fe católica. En la Iglesia primitiva, este esquema quedaba muy claro ya que los que se bautizaban eran adultos convertidos del paganismo o del judaísmo, que abrazaban la fe en Cristo y recibían el bautismo tras un largo catecumenado. El sacramento del Bautismo es una consecuencia de la fe creída, profesada y vivida moralmente. Era impensable bautizar a alguien que no viviera y creyera la fe y la moral de la Iglesia.

La conversión del Imperio Romano al cristianismo, la amplia mortandad infantil y una desafortunada expresión de San Agustín (“Los niños que mueren sin ser bautizados van directamente al infierno”) hacen que lo habitual a partir del siglo III sea la práctica del Bautismo de infantes. A nivel teórico, sin embargo, nada cambia con respecto a la teología sacramental. Es impensable en estos siglos el Bautismo de un niño que no sea fruto de un matrimonio cristiano. Son los padres, por ello, los que se hacen cargo de que el niño sea educado en un contexto de fe adecuado, dentro de la familia, y con unas garantías de que ese Bautismo será eficaz a la llegada del uso de razón en el niño. La figura del padrino surge precisamente para asegurar la transmisión de la fe en ausencia de los progenitores.

De unas décadas a esta parte surge el problema práctico que hoy estamos viviendo: ¿Qué pasa cuando no hay un matrimonio cristiano?, ¿Qué pasa con los hijos de divorciados, separados vueltos a casar civilmente, madres solteras o inseminadas artificialmente, (en esta retahíla entrará este nuevo caso de parejas homosexuales)?, ¿Dónde queda la garantía de la fe cuando ya se ha renunciado a vivir el sacramento del Matrimonio?, ¿No habría que negar el Bautismo a los hijos de quienes libre y públicamente ya no viven cristianamente?.

Y aquí es donde entra el follón (permítaseme la expresión) ya que no hay una legislación canónica taxativa al respecto. Se intenta llegar a acuerdos arciprestales o diocesanos pero éstos no son vinculantes más que moralmente, nunca jurídicamente. Lo único que se pide a la hora de bautizar a un niño es que alguien (no necesariamente los padres, aunque es lo más común) se haga cargo de la educación cristiana del niño. Así es que te puedes encontrar con un párroco más estricto (que te niegue el sacramento) o más permisivo (que te bautice al niño). Generalmente sí se puede asegurar que la práctica más común hoy en día es la de la laxitud. No se si cambiará con el tiempo, pero lo que normalmente hacemos los sacerdotes en todos los casos enunciados anteriormente es buscar unos padrinos que cumplan el requisito de estar casados canónicamente, para que así el niño tenga al menos un modelo de matrimonio cristiano.

Pero insisto, en ningún caso (ni heterosexual ni homosexual) podemos hablar del derecho a bautizarse. El Bautismo, estrictamente hablando, no es ningún derecho de nadie, por lo que al ministro le cabe la posibilidad de discernir si bautizar o no a un niño según su criterio de garantía de la educación cristiana posterior.

Aquí es donde aviso que surgirán los problemas, ya que habrá que estudiar caso por caso y cualquier decisión recaerá únicamente (si no hay criterios pastorales comunes en el pueblo, arciprestazgo, diócesis, Conferencia Episcopal…) sobre la conciencia del ministro. Si un sacerdote ve garantías de educación y pone padrinos correctos y bautiza al niño, obrará bien. Si un sacerdote no ve garantías de educación cristiana y se niega a bautizar, también obrará correctamente. Las comparaciones no tardan en llegar (¿Por qué al hijo de fulanito se le bautiza el niño y a mí no?) pero os aseguro que ya hoy en día convive esta doble práctica sin salir en los telediarios.

El debate está abierto, el problema traerá cola. Como veis la normativa será la misma para parejas heterosexuales no casadas canónicamente que para parejas homosexuales, pero la repercusión mediática no será la misma.

Será Roma o los obispos los que tendrían que proponer unos criterios orientadores a los ministros previendo la nueva situación que va a venir, pero me temo que la polémica se adelantará a esos criterios.

Ahora os toca opinar a vosotros. Espero vuestros comentarios y vuestro voto en la encuesta. por cierto, aseguraros que cuando votáis el voto queda registrado y sube un número donde pone "número de votos". No sé que le pasa que me han comentado que falla más que una escopeta de caña. 

Gracias