sábado, 20 de abril de 2013

Ama y haz lo que quieras...

Hay un texto de San Agustín que he releído estos días y que quería compartir hoy con vosotros, ya que me parece tremendamente hermoso. A propósito de la corrección fraterna, en su homilía VII, el párrafo 8 nos dice: 

“Entonces, os doy un precepto breve: Ama y haz lo que quieras. Si te callas, hazlo por amor; si gritas, también hazlo por amor; si corriges, también por amor; si te abstienes, por amor. Que la raíz del amor esté dentro de ti y nada puede salir sino lo que es bueno.” 

San Agustín expresa con bellas palabras un pensamiento semejante al de San Pablo en su Carta a los Romanos

“No tengáis con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido toda la ley.” (13,8). 

¡Que mensaje tan fácil nos transmitió Jesús y cuánto lo hemos complicado los hombres…! Precisamente Cristo pasó parte de su vida terrena desmontando todo el entramado legal de los preceptos judíos para resumir la vida perfecta en un doble mandamiento: Amor a Dios y Amor al prójimo. Este pensamiento se resume en el Evangelio de San Marcos 2, 27, cuando denunciando la hipocresía de los fariseos les presenta un giro revolucionario en la concepción fundamentalista de la Religión:

"El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado."  

El amor a Dios y al prójimo son el núcleo de nuestra fe. Son como las dos caras de una misma moneda, inseparables por esencia. No se puede amar a Dios sin amar a las personas, y si amas a las personas, lo sepas o no, estarás amando a Dios. ¿Tan difícil es de entender y de cumplir…? 

Me temo que sí, ya que pasan los años -y los siglos- y seguimos empeñados en complicar lo que en esencia es sencillo. El pecado que está en nuestro interior nos nubla la vista de lo que verdaderamente nos conduce a la perfecta felicidad, y el egoísmo y la codicia que campan a sus anchas a nuestro alrededor hacen que no nos demos suficientemente a los demás sino que nos repleguemos y pongamos barreras entre el otro y yo. Nuestro corazón se va endureciendo con costras de resentimiento y de incomprensiones haciéndolo cada vez más impermeable a la inocencia genuina que Dios desea para nuestras vidas. 

Mucho me temo que los palos que vamos recibiendo en la vida, las personas que nos decepcionan, los fracasos personales, las traiciones o simplemente la rutina hacen que se enfríe y se entibiezca nuestro interior cristiano y cambiemos el amor a Dios y al otro por el amor a nosotros mismos. El narcisismo, el no ver más allá de nuestro propio ombligo y creernos el centro del Universo es la raíz de todos los males. Y, sin lugar a dudas, es lo opuesto al mensaje de Jesús de Nazaret

Os invito a amar sin medidas, a amar sin esperar nada a cambio, aunque, paradójicamente, siendo el amor necesariamente desinteresado, es la clave de la felicidad personal. Yo lo he experimentado en mi vida: cuanto más das, más recibes; cuanto más te guardas, más se aísla uno. Sólo el que es capaz de vencerse y negarse a sí mismo es capaz de recibir con generosidad. 

Suena a manual de autoayuda, suena a tópico -rancio, quizás-, pero es la pura verdad. Ama, y haz lo que quieras…

jueves, 4 de abril de 2013

Más del Papa Francisco


El Papa Francisco ha retomado la cuenta de twitter de su antecesor Benedicto XVI. Hoy acaba de escribir su décimo mensaje, y la verdad es que ninguno tiene desperdicio. Los va lanzando con cuentagotas, pero con una profundidad y una carga simbólica que invitan a la meditación y la oración.

Personalmente, si me tengo que quedar con uno y comentarlo con vosotros subrayaría el tercero, twiteado el 19 de marzo y en el que nos decía: “El verdadero poder es el servicio. El Papa ha de servir a todos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños”.

Muchos han dicho ya que son palabras de cara a la galería, pero la trayectoria personal y los primeros gestos del hasta hace poco Cardenal Bergoglio nos hacen pensar que su reflexión parte del convencimiento de que la vocación es un servicio a los demás, no un instrumento del que sacar un provecho personal. Ya hay quien desde la atrevida ignorancia ha dicho que ahora que es Papa está haciendo cosas que antes no hacía. Pronto se han tragado sus palabras al ver fotos como ésta en la que como Cardenal besaba un Jueves Santo los pies de un niño enfermo.

Creo que la autocrítica -como todas las críticas- cuando es constructiva, es un sano ejercicio que todos debemos practicar. Por ello, en esta mi Iglesia a la que tanto quiero y defiendo públicamente, creo que más de uno debería darse por aludido y cambiar su manera de entender el ministerio. En nuestra Iglesia sobran los prepotentes y los soberbios y falta mucha humildad y modestia. El Papa nos alerta de ello, nos previene contra la tentación del poder, del prestigio y de la fama y lo hace no solo con palabras sino con hechos.

Saltarse el protocolo y "volver locos" a los guardias de seguridad" para firmar una escayola de  una niña impedida me parece un gesto admirable.  Vivir en una humilde habitación y no habitar las estancias pontificias también lo es. Celebrar el Jueves Santo en una cárcel de menores de Roma y no en una Basílica Mayor es también todo un alarde de valentía. Besar los pies de doce menores reclusos es una lección de humildad. No utilizar las ostentosas vestiduras papales que hasta hace poco se exhibían merecen al menos un halago. Llamar a tus amigos de siempre para mantener una simple conversación con ellos en lugar de aislarse en el vacío del poder son también actos dignos de mención. Podríamos seguir con un sinfín de gestos y palabras con los que Francisco nos está deleitando casi a diario.

Me gusta este Papa. No me gusta, me encanta. Si le dejan hacer, le va a dar un necesario giro a la Iglesia. No será tarea fácil. Le aguardan muchas críticas (sobre todo internas) y mucho sufrimiento. No es fácil enfrentarse a un sistema establecido y anquilosado en el pasado. No es fácil pero sí necesario. Francisco nos está mostrando el rostro de una Iglesia más humana y por lo tanto más cristiana. En mi ámbito laboral todo el mundo habla bien de él, incluso los que se profesan no creyentes o no practicantes. Mucho me temo que ese juicio no será tan benévolo en círculos donde el ansia de poder y la corrupción acechan como una jauría de lobos harían temblar a un manso rebaño. 

Yo estoy con el Papa, me alineo con él. Todo Papa merece nuestra obediencia, pero me temo que éste, más que ningún otro, va a necesitar nuestra oración y nuestro apoyo. La tarea que tiene por delante no es fácil, aunque se ve que tiene las ideas muy claras y a buen seguro va a seguir mostrando la misma valentía y determinación que hasta ahora nos está regalando. Que Dios y el Espíritu Santo lo sigan iluminando en este largo y arduo camino. De momento, ya está siendo una voz profética en medio de un mundo necesitado más que nunca de auténticos testigos del Evangelio de Cristo.