viernes, 4 de octubre de 2019

San Francisco de Asís

La Iglesia celebra hoy la memoria de San Francisco de Asís (1181-1226), posiblemente uno de los santos más grandes de todos los tiempos, quien a pesar de su corta vida fue el fundador de los Hermanos Menores (franciscanos) y revolucionó el estilo de vida religiosa dentro de la Iglesia. Tras una juventud alejada de Dios, decidió vivir en pobreza y rodeado de la naturaleza (por lo que es patrón de la ecología), con fidelidad al Evangelio y anunciando la Palabra de Dios viviendo de la caridad. Amigo de Santa Clara, vivió en pobreza, castidad y obediencia una vida dura e incomprendida por todos los poderes de su tiempo. Tuvo que soportar la soledad, la incomprensión y las críticas de los de fuera pero a veces también desde dentro de su comunidad. Para la meditación copio hoy la oración más hermosa de "il poverello de Assisi", el Himno de la paz:

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!      Que allí donde haya odio, ponga yo amor; 
donde haya ofensa, ponga yo perdón; 
donde haya discordia, ponga yo unión; 
donde haya error, ponga yo verdad; 
donde haya duda, ponga yo fe; 
donde haya desesperación, 
ponga yo esperanza; 
donde haya tinieblas, ponga yo luz; 
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto 
ser consolado como consolar; 
ser comprendido, como comprender; 
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe; 
olvidando, como se encuentra; 
perdonando, como se es perdonado; 
muriendo, como se resucita a la vida eterna.

jueves, 3 de octubre de 2019

San Francisco de Borja

La Iglesia hace memoria hoy de San Francisco de Borja (1510-1572), santo español que al enviudar ingresó en la Compañía de Jesús, siendo el tercer general de la Orden, además de consejero del Emperador Carlos V, destacando por su austeridad y su oración. Para la meditación copio hoy un interesante fragmento de una carta suya al beato Pedro Fabro. Aunque está escrita en castellano antiguo, se entiende perfectamente el mensaje del santo:  

En lo demás, diga ese «grande» y los otros lo que mandaren; que bien sé que no son grandes, sino los que se conocen por pequeños; ni son ricos los que tienen, sino los que no desean tener; ni son honrados, sino los que trabajan para que Dios sea honrado y glorificado. Y tras esto, venga la muerte o dure la vida, que de ese tal se puede decir que su corazón está preparado para esperar y confiar en el Señor. Plega a su bondad, que así nos haga conocer nuestra vileza, que merezcamos ver su infinita grandeza; y a vuestra reverencia tenga siempre en su amor y gracia, para que le sirva y alabe hasta la muerte y después le alabe por toda la eternidad.