miércoles, 31 de enero de 2007

Ser catequista hoy

Dedico este post a todas aquellas (casi siempre son mujeres…) que dedican su tiempo a la transmisión de la fe a través de la catequesis. Dar catequesis no es impartir un libro, sino hacer visible la fe a aquellos que comienzan a descubrirla. Sean niños, jóvenes o adultos, no importa. El-la Catequista es aquel que introduce en los misterios de la fe a quien tiene sed de la trascendencia.

Son tiempos difíciles, ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Para las catequistas no es una excepción. A las críticas habituales (que si son las pelotas del cura, que si cobran por su tarea…) se une hoy el desaliento por una labor de la que cada vez se ven menos frutos. Los sacramentos se han convertido en meros actos sociales y eso hace la tarea más ardua si cabe. Encontrar un niño que siga en postcomunión o un joven que tras confirmarse permanezca en la parroquia es casi una quimera. Además, nadie está dispuesto a dar nada gratis, y ello produce que nadie crea que un catequista realiza su labor por amor al Evangelio y a la Iglesia. En nuestra cultura del ocio, niños y jóvenes tienen cientos de distracciones más entretenidas que la catequesis. Por ello, ir a catequesis se ha convertido en una obligación más, como el colegio, el judo o el refuerzo de inglés. Son pocos los que buscan a Dios a través de la catequesis. Pocas familias interesadas, pocos niños interesados. Es de cajón.

Y sin embargo, allí están ellas. Dejando por un momento a sus familias, sus ocupaciones -o simplemente su descanso- dedican su tiempo y su esfuerzo a poner ladrillos espirituales en el Reino de Dios. Sin importarles las críticas. Tentadas (pero no vencidas) por el desaliento. Incomprendidas muchas veces incluso por las madres que les tendrían que estar agradecidas. Rebanándose los sesos para hacer más atrayentes sus esfuerzos. Me consta que a algunas las catequesis les cuesta incluso dinero de sus bolsillos. Aparte de la formación continua que ellas son conscientes que necesitan y que les quita más tiempo aún.

En fin, que como cura me quito el bonete. A todas ellas, ¡Gracias! Y no olvidéis nunca dos textos fundamentales de la Biblia: Primero, la parábola del sembrador (Mc. 4, 1-9). Vosotras sembráis en todas partes, que cada uno recoja lo que pueda… Y segundo Cristo nos promete el ciento por uno y la vida eterna (Mc. 10,28-31) … merece la pena arriesgar nuestra vida por Él, que nunca falla…

lunes, 29 de enero de 2007

Eclesiastés: Amargura Sagrada

Os presento hoy un libro de la Biblia realmente fascinante: El Eclesiastés. Se trata de uno de los más cortos (apenas 11 capítulos) pero intenso en su contenido. Está escrito desde la amargura y la decepción por una vida que no tiene sentido. Este hombre tuvo un mal día (como todos…), cogió la pluma, e inspirado por Dios (no lo olvidemos) escribió todo un tratado sobre la angustia vital. Por ello creo que es uno de los libros que más conecta con la mentalidad postmoderna de hoy en día. Ansiedades, depresiones, desengaños, decepciones… encuentran comprensión y reflejo en estas líneas que no ocultan las penalidades de esta vida. La Biblia no es esencialmente pesimista, pero posee un optimismo que parte de un gran realismo existencial. Veamos algunos párrafos interesantísimos de Qohelet (así se autonombra el autor de este libro):

- Vanidad de vanidades; todo es vanidad. ¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol?

- Una generación pasa, otra generación viene, y la tierra permanece siempre. Todas las cosas cansan, y nadie es capaz de explicarlo; ni el ojo se sacia de ver ni el oído de oír. Lo que fue, eso será, lo que se hizo, se hará: Nada hay nuevo bajo el sol. Y si alguno dice: “Esto es nuevo”, eso ya existió en los siglos que nos precedieron.

- Donde abunda la sabiduría, abunda el sufrimiento, y a más ciencia, más dolor.

- Aborrecí la vida, porque me disgustaba cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y caza de viento. ¿Qué le queda al hombre de todos los trabajos y afanes que persiguió bajo el sol? Todos sus días son sufrimiento, disgusto sus fatigas, y ni de noche descansa.

- Y comprendí que la única felicidad del hombre consiste en alegrarse y disfrutar de la vida.

- He observado otra cosa bajo el sol: En el puesto de la ley, está el delito; en el puesto de la justicia, la injusticia.

- Una misma es la suerte de los hombres y los animales: la muerte de unos es como la de los otros.

- Vi llorar a los oprimidos sin que nadie los consolase, y consideré a los que ya han muerto más afortunados que a los que todavía viven. Y más afortunados aún a los que todavía no han nacido y no han visto los atropellos que se cometen bajo el sol.

- Quien ama el dinero no se harta de él; quien ama las riquezas, no saca provecho. También esto es vanidad. Un hombre a quien Dios da bienes riquezas y honores, sin que le falte nada de cuanto puede desear, pero al que Dios no le concede disfrutar de ello, porque un extraño lo devora, también esto es vanidad y gran desgracia.

- He visto de todo en mis días sin sentido: Justos que perecen a pesar de su justicia, malvados que perviven a pesar de su maldad…

La respuesta a este libro tenemos que buscarla en los Evangelios, que son nuestra fuente primordial de salvación. Cristo viene a liberarnos de estas penalidades, a dar un sentido a la vida y a la muerte, a llenar nuestras vidas de esperanza. Concluyo pues, que el libro del Eclesiastés es el modelo de vida sin Cristo, Dios nos libre…