viernes, 14 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (2)

Fachada de la Basílica de San Pedro
El segundo día comienza con buenas noticias. El Hotel cuenta con un desayuno buffet excelente, lo cual –junto con la piscina- era uno de los motivos por el que lo habíamos escogido a pesar de su distancia al centro histórico. Además yo había preparado todos nuestros desplazamientos en Metro y bus, pero el recepcionista nos informa que hay una parada de tren cerca que nos deja en la estación de San Pedro en 10 minutos. Eso nos va a agilizar mucho los desplazamientos. Genial.

La Piedad de Miguel Ángel
Así que bien desayunados, con las fuerzas casi intactas y la ilusión por las nubes nos plantamos en el Vaticano en un abrir y cerrar de ojos. Allí nos aguarda una cola de casi un par de horas para poder entrar en la Basílica. Hace 15 años uno entraba y salía de ella como le daba la gana, pero la amenaza de atentados ha traído consigo estrictas medidas de seguridad y los detectores de metal ralentizan mucho la cola. Así que decido dejar a mi esposa en la cola e irme al centro de la plaza para tomar unas fotos. Como hay tanta gente, tomo de referencia a un guía pakistaní con un pañuelo rojo más grande que una plaza de toros. Localizar a Patricia posteriormente iba a ser coser y cantar. Varias fotitos después -para mi que no pasaron ni 10 minutos- acudo al punto en el que intuía que estarían Patricia y el pakistaní. Qué raro, no veo ni a uno ni a otra. Recorro la fila hasta el final y ni rastro. Decido volver al inicio de la cola y realizar el mismo recorrido, pero tampoco a la segunda tengo suerte. Es entonces cuando empiezo a sospechar que quizás me he entretenido con el tema de las fotos, la cola ha aligerado y mi esposa ya está dentro de los controles de seguridad. Debe ser eso, seguro. Así que pido permiso a unos japoneses muy amables que no entendieron nada y me pongo delante de ellos justo delante del control de seguridad. Lo paso sin problemas y subo directo a la Basílica, que seguro que Patricia está allí esperándome. Una vez dentro, Basílica arriba, Basílica abajo... y nada. Ni veo a Patricia ni al pakistaní, que a esas alturas empezaba a dejar de ser una referencia válida. Como unos 10 minutos más tarde (el tiempo real no es el verdadero sino el psicológico...) la angustia ya se había apoderado de mí. No tanto en este caso por mi suerte sino por la de ella. Yo llevaba el dinero, sé italiano, se volver al Hotel... pero ella no gozaba de ninguna de esas facilidades. Así que me dirijo al Servicio Vaticano de la Policia Italiana para que la localicen y se ponen en su búsqueda. Como llevo la cámara les muestro una foto y comienzan a peinar la zona. Eso sí, mucho empeño tampoco le pusieron, porque una hora más tarde y después de haberla buscado incluso dentro del mini-coche de policía que ronda por la plaza me la encuentro tan tranquila delante de uno de los múltiples detectores de metales un poco tensa porque he tardado mucho en hacer las fotos... Al pedirnos explicaciones mutuas me entero que el pakistaní se impacientó a los 5 minutos de estar en la cola -su grupo posiblemente era de los de un crucero con prisas- y había desertado de la fila al poco de yo irme. Yo me quedé sin referencia y Patricia entabló amistad con unas colombianas que le hicieron la fila tan amena que apenas se había dado cuenta del tiempo que había pasado, por lo que el mal rato solo me lo había llevado yo... 

Vista desde la Cúpula de San Pedro
En fin, que deshecho el nudo de la garganta reanudamos la jornada turística entrando ya por fin juntos en la Basílica, saludando a los amables Policías que a esas alturas ya eran como de mi familia, haciendo la visita turística pertinente, una oración en el Sagrario y subiendo a la cúpula para disfrutar sin duda de las mejores vistas de Roma.

Dado que el tren nos deja tan cerca del Hotel, decidimos comer en los alrededores, pegarnos una siestecita y continuar la marcha por la tarde. Antes de la siesta, un baño reparador en la piscina del Hotel, aunque descubrimos que el nombre le viene grande. Quizás el término alberca resulte más apropiado. Afortunadamente con el desayuno las referencias sí habían sido las correctas. A fin de cuenta, de la piscina al final íbamos a hacer poco uso...

Fachada del Pantheon

Retablo de Santa María
in Trastevere

La ruta de la tarde la voy a simplificar al ser menos ajetreada. Comenzamos de nuevo en Piazza Venezia, entramos en el Pantheon que a esa hora estaba abierto, nos pasamos por Santa María Sopra Minerva, que en este caso estaba cerrada y vemos por fuera las ruinas de Largo di Torre Argentina, el lugar donde Brutus apuñaló a Julio César. Tomamos un autobús hacía el barrio más animado por la noche en Roma, el Trastevere, y visitamos su Iglesia principal, Santa María en Trastevere, donde posteriormente hacemos una oración con la Comunidad de San Egidio a las 20:30 hs. Cenamos una pizza en Cavecanem, tomamos un helado dando un paseo por los concurridos puestecitos y nos vamos al hotel a reponer fuerzas, ya que al día siguiente cogemos el tren a Florencia bien tempranito...


En breve, más... 

domingo, 9 de agosto de 2015

Peregrinación a Roma (1)

Tal y como hice hace ya 8 años, me dispongo a dejar constancia de lo mucho y bueno que ha acontecido durante mi última peregrinación a Roma. Las circunstancias han sido en este caso bien distintas, ya que a diferencia de los 7 viajes anteriores en esta ocasión lo que se conmemoraba era una luna de miel, pero el resultado es prácticamente el mismo, ya que a la Ciudad Eterna es imposible acudir y no tener una experiencia incomparable a nivel cultural, artístico y espiritual en el mismo pack. Adelanto que las fotos serán generales, ya que mi santa no es partidaria de que su imagen esté circulando por el mundo de la web.

Vista desde el avión
Partimos de Jerez dos días después de la boda, el 26-07 a las 07:00 gracias a un alma caritativa que nos acercó al aeropuerto de Sevilla. Allí tomamos vuelo de las 10:05 directo a Roma que llega puntual a las 12:45. La imagen corresponde a nuestro paso por Ibiza o Menorca, desconozco cuál de las dos islas era. De allí partimos en autobús a Termini y de nuevo en autobús al Hotel H10 Roma Citá. De toda esta parte poco que destacar, comimos nuestra primera pizza al taglio y bebimos nuestra primera birra alla spina. Tras acomodarnos en el hotel, comenzamos, ahora sí, nuestra primera ruta romana, que paso a describir a continuación. Su duración, toda a pie, fue de unas 4 horas. Conforme avanzaron los días, iríamos tirando más de autobús y metro, pero todavía las piernas estaban frescas....

Foros Imperiales
Piazza Venezia
Detalle de la Fontana di Trevi
Partimos de la base del Campidoglio, ascendiendo las escaleras proyectadas por Miguel Ángel que dan acceso a la plaza del mismo nombre. Damos un primer vistazo rápido a los Foros Romanos Imperiales, vemos la fachada de los Museos Capitolinos y bajando las escaleras y subiendo las laterales subimos a nuestra primera Iglesia romana, Santa María en Aracoeli. Bajamos a Piazza Venezia, visitamos la Chiesa di San Marco y enfilamos la Vía della Pilotta que nos conduce a la que hace 15 años fue mi Universidad durante dos cursos académicos. Antes, parada obligada en otra Iglesia, la Basílica de los Santos Apóstoles. Por Via dei Lucchesi vamos a la Fontana di Trevi donde nos llevamos la primera desilusión del viaje, ya que se encuentra en proceso de restauración que según me comentaron durará hasta diciembre. Se puede salvar esta fotito donde los andamios tapan poco. 

Barcaccia de Bernini
Monumento a la Inmaculada
 en Piazza Spagna
Callejeando por el centro de Roma llegamos a Piazza Spagna, donde me hizo mucha ilusión ver el monumento a la Inmaculada con el ramo de flores que cada 8 de diciembre el Colegio Español de Roma entrega a la Virgen. Inevitablemente me vino a la cabeza aquel año 2.000 en el que junto a otro compañero fui el escogido por el Colegio para realizar la ofrenda floral. Pasando por la Barcaccia de Bernini subimos las escaleras de la Piazza, que nos condujeron a la Chiesa dei Trinità dei Monti, cuya fachada también estaba en restauración. Afortunadamente la Iglesia estaba abierta. Bordeando Villa Borghese nos acercamos al Pincio, uno de los atardeceres más bellos de Roma, desde el que pudimos observar el que sería el objetivo del día siguiente: La Basílica de San Pedro y su Cupúla. Mirando hacia abajo, eso sí, comprobamos que el  obelisco de la Piazza del Popolo también estaba en restauración. A estas alturas empezaba a creer que habían desmontado Roma entera en una especie de confabulación contra nuestros intereses, pero afortunadamente era solo una impresión. En los 9 días restantes prácticamente no nos encontramos ninguna desagradable valla más. Bajando a la Piazza visitamos las dos "Iglesias Gemelas" (Santa Maria in Montesanto) que nos hicieron adentrarnos en Vía del Corso, la calle más comercial de Roma. Al final de la misma, Piazza Colonna donde terminamos la ruta. Para reponer fuerzas, segunda pizza del día y helado en della Palma con vistas al Panteón, una de esas experiencias que te dejan extasiado durante un buen rato.
Santa María in Montesanto
Cúpula de San Pedro desde el Pincio

La jornada había concluido. Balance de la tarde: 5 interiores de Iglesias y un número indeterminado de plazas y  fachadas. Autobús de vuelta al Hotel y a descansar. El primer día se había saldado sin ningún incidente destacado, cosa que no iba a ser la tónica habitual del viaje, pero eso aún no lo sabíamos...

Si os ha gustado, Mañana más...