viernes, 23 de marzo de 2018

Semana Santa

La Semana Santa es la semana en la que los cristianos recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Una semana intensa, cargada de sentimientos encontrados y tan diferentes entre sí como complementarios en la vida de cualquier persona. Tenemos que afrontar días de Vida y días de Muerte, alternar lágrimas de pena con otras de alegría, mezclar tristeza y regocijo, angustia y esperanza... y todo ello con el respeto y el asombro que produce el Misterio. 

El Domingo de Ramos es el día que aclama a Jesús como Mesías y como Rey. Sin olvidar que los mismos que gritaron ese día "Hossana" gritaron más fuerte aún "Crucifícalo" unos días más tarde. El Jueves Santo recordaremos su Última Cena, su precepto de Amor, el lavatorio de pies y la Institución de la Eucaristía, la traición de Judas y las negaciones de Pedro. Con una madrugada para no dormir, recordando los procesos civiles y religiosos de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos que terminarían por sentenciar a Cristo a la crucifixión.  El Viernes Santo será el día de recordar el triunfo (aparente) de la Muerte. Finalmente, el Domingo de Pascua ésta quedará definitivamente vencida con la Resurrección, momento en el cambió para siempre la Historia Universal. 

Como digo son unos días para dar alimento a nuestras almas. Afortunadamente hoy tenemos muchos caminos para el encuentro con Dios. A través de la Biblia, de la asistencia a las celebraciones religiosas, de la oración personal, de las procesiones, de la caridad, y por qué no decirlo, también a través del Cine o de Internet si se saben usar bien. En estos días todo nos recuerda y nos acerca al Misterio Santo

Y por supuesto también ayudan a este propósito un buen libro espiritual o la misma poesía. De hecho, la contribución que os ofrezco hoy en el Blog es un poema de Carlos Alberto Boaglio que leí hace un tiempo pero que hoy me ha venido a la mente. Desde que me encontré con ella vi que tenía una doble lectura. En primer lugar nos recuerda a nuestros seres queridos, aquellos que ya no están con nosotros y que recordamos todos los días. En ese sentido es conmovedora y nos proporciona paz con nosotros mismos al tiempo que nos ayuda a volver a encontrarnos interiormente con ellos. Pero la última parte del poema también tiene una segunda lectura religiosa y espiritual, en el que ese ser querido que nos habla es Jesucristo, que si bien no lo hemos conocido personalmente sí que lo sentimos a nuestro lado y también nos proporciona un mensaje de consuelo y esperanza.

Os invito a que la leáis detenidamente, en la clave que queráis y poniendo el/los rostro/s que queráis, pero que la disfrutéis y os lleve a realizar un rato de oración en estos días, de acción de gracias a Dios por la salvación que nos ofrece y de petición por el eterno descanso de nuestros seres queridos. Que os aproveche:

Cuando yo me vaya, no quiero que llores,
quédate en silencio, sin decir palabras,
y vive recuerdos, reconforta el alma.
Cuando yo me duerma, respeta mi sueño,
por algo me duermo; por algo me he ido.
Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada,
y casi en el aire, con paso muy fino,
búscame en mi casa,
búscame en mis libros,
búscame en mis cartas,
y entre los papeles que he escrito apurado.
Ponte mis camisas, mi suéter, mi abrigo
y puedes usar todos mis zapatos.
Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama,
y cuando haga frío, ponte mis bufandas.
Te puedes comer todo el chocolate
y beberte el vino que dejé guardado.
Escucha ese tema que a mí me gustaba,
usa mi perfume y riega mis plantas.
Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima,
corre hacia el espacio, libera tu alma,
palpa la poesía, la música, el canto
y deja que el viento juegue con tu cara.
Besa bien la tierra, toma toda el agua
y aprende el idioma vivo de los pájaros.
Si me extrañas mucho, disimula el acto,
búscame en los niños, el café, la radio
y en el sitio ése donde me ocultaba.
No pronuncies nunca la palabra muerte.
A veces es más triste vivir olvidado
que morir mil veces y ser recordado.
Cuando yo me duerma,
no me lleves flores a una tumba amarga,
grita con la fuerza de toda tu entraña
que el mundo está vivo y sigue su marcha.
La llama encendida no se va a apagar
por el simple hecho de que yo me vaya.
Los hombres que “viven” no se mueren nunca,
se duermen de a ratos, de a ratos pequeños,
y el sueño infinito es sólo una excusa.
Cuando yo me vaya, extiende tu mano,
y estarás conmigo sellada en contacto,
y aunque no me veas,
y aunque no me palpes,
sabrás que por siempre estaré a tu lado.
Entonces, un día, sonriente y vibrante,
sabrás que volví para no marcharme.

martes, 13 de marzo de 2018

Cartas al Padre Jacob (Postia pappi Jaakobille / Letters to Father Jaakob, Finlandia, 2009)

Debo de estar convirtiéndome en un friki. De otra manera es incomprensible que en estos días haya visto una película finlandesa y encima me haya gustado. Atraído por su temática religiosa, me he encontrado con un film sólido, con diálogos escasos pero profundos, un argumento inquietante y unos personajes que conmueven y provocan empatía. No se puede pedir más en los apenas 72 minutos de duración de la película seleccionada al Oscar por su país en 2010. Cartas al Padre Jacob no es desde luego una película frenética tipo Hollywood, en la que la acción o los diálogos no dan respiro al espectador, sino que más bien el silencio, la austeridad de los decorados y la relajación producida por los sonidos de la naturaleza dejan un espacio abierto para la reflexión del espectador. Ambientada en la época contemporánea, la acción se desarrolla en un ámbito rural ajeno a los móviles, a internet o incluso a la televisión. La película se apoya también en una preciosa fotografía con paisajes naturales muy bellos.  Es un film de los que dejan un poso para ser reelaborado en los días posteriores a su visionado, repasando mentalmente frases y situaciones para establecer conexiones entre ellos. 

Su director, Klaus Härö, comentó en la presentación de la película que "Durante mucho tiempo había querido hacer un film que presentase la fe de una manera cálida y genuina. Quería hablar de nosotros, las personas comunes, que nos encontramos necesitados de misericordia y perdón por nuestras deficiencias, y de la esperanza y el respeto por la vida, aunque ésta no siempre sea lo que esperábamos"

El argumento es el siguiente: El Padre Jacob pasa los últimos días de su vida recluido en la casa rectoral respondiendo a las cartas que le mandan sus feligreses. Siendo ciego, necesita de otra persona que le lea y escriba las respuestas. Usando sus influencias, consigue que le envíen a Leila, una asesina que había sido condenada a cadena perpetua pero que obtiene el indulto para realizar esta labor. Entre ambos se establece una relación difícil, interesada por ambas partes y sin una aparente relación entre sus vidas y sus mundos. Los roles de los personajes cambiarán a lo largo de la película. El Padre Jacob sufrirá una crisis existencial cuando deje de recibir cartas. Leila, por su parte, encontrará en esta relación un motivo para perdonarse a sí misma y recomenzar una nueva vida cuando estaba al borde del suicidio. El final desvelará además que sus vidas estaban relacionadas de alguna forma desde hacía años.

A lo largo de esta trama, se tratan dos temas universales con los que todo el mundo puede identificarse de una u otra manera. Eso me parece que es uno de los secretos de la película. Son temas recurrentes que cualquier persona de cualquier país, sexo, religión o cultura tiene que afrontar a lo largo de su existencia:

1. El perdón. Leila, como tantas y tantas personas no consigue perdonarse a sí misma por sus malas acciones del pasado. La falta de comunicación y el aislamiento externo al que ha sido sometida en prisión es agravado por un sentimiento de culpa que le impide comunicarse con nadie de su familia. Un pasado tormentoso la persigue y la sitúa al borde de la desesperación. Sentirse perdonada por Dios, por su familia y por el Padre Jacob le ofrecerán una nueva oportunidad en la vida. En una aplicación evidente a nuestras vidas, a menudo nos resulta más difícil perdonarnos a nosotros mismos que obtener el perdón externo, como a la protagonista del film.

2. El sentido de la vida. El Padre Jacob ayuda a los demás y es una buena persona. No obstante, no tiene demasiado éxito como pastor, a excepción de la correspondencia. Su Iglesia está vacía y sin feligreses, reflejando la sociedad posmoderna en la que vivimos. Leer cartas, rezar por esas personas y responderlas es su refugio espiritual. Por contra, dejar de recibir cartas supone para él la más dolorosa de las situaciones, vaciando de sentido su existencia y provocando una angustia vital. Aquí es donde el Pastor debe realizar un replanteamiento espiritual: Responder a las cartas, ¿le servía para ayudar y amar a los demás de corazón o era únicamente una manera de sentirse útil?, ¿hay que esperar una recompensa en las buenas obras que hagamos?, ¿por qué dedicamos nuestras fuerzas a unas cosas y no a otras en la vida?... Leila y San Pablo a través del capítulo 13 de la Primera Carta a los Corintios les van a ayudar a encontrar respuestas a sus preguntas.

En fin, una película que merece la pena ver para profundizar en estos y otros temas. Un film humano y humanizador, con un optimismo vital no exento de realismo.