domingo, 19 de febrero de 2017

Una reflexión sobre la familia cristiana

Quizás el titulo de esta entrada pueda dar lugar a equívocos. De entrada quiero aclarar que este post no pretende hacer apología de ningún modelo concreto de familia, ni siquiera de la llamada "tradicional" o "cristiana". Es cierto que hoy está de moda atacarla y ridiculizarla, pero ya hay libros enteros y magisterio suficiente para salir en defensa de la familia cristiana, por lo que  mis intenciones son diversas en ese sentido.

Familias hay muchas. Tantas como uno quiera aplicar a la ambigua definición que da la Academia Española de la Lengua"Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas". Desde el comienzo de la humanidad hasta el presente han habido familias monogámicas, poligámicas, familia-clan, matriarcales, patriarcales, biparentales, monoparentales, homoparentales o ensambladas, cada una de ellas con sus particularidades. También se ha establecido tradicionalmente una diferencia entre familias nucleares o familias extensas, según el número de personas que contabilicemos en el agrupamiento humano, haciéndolo más o menos extenso.

Por contra, la "familia cristiana" sí que desde el comienzo de la Iglesia ha estado más definida, sin lugar a dudas condicionando el desarrollo posterior del concepto. Este modelo de familia está basado en el matrimonio cristiano, que por definición es "un contrato para toda la vida -indisoluble- entre un hombre y una mujer". La familia nace, por lo tanto, con la misión de los esposos de amarse mutuamente, engendrar hijos y educarlos en la propia fe cristiana. La propia Iglesia comprendió desde muy pronto que la mejor manera de perpetuarse en la historia era a través de la familia o "iglesia doméstica", ya que es evidente que no hay mejor manera de transmitir la fe que el ámbito familiar.

Ambas familias -civil o cristiana- se basan en el reconocimiento de ciertos derechos y deberes que tienen como fin último el bien del núcleo de personas que conviven bajo un mismo techo. En uno y otro caso se pertenece a una familia sin elección propia, por el mero hecho de haber nacido en ella o compartir unos lazos de consanguinidad (o ni siquiera eso, en los casos de adopción). Hasta aquí -como decía en la introducción de la entrada- solo he realizado un mero análisis antropológico de la realidad familiar social o cristiana.

Pero la familia cristiana tiene otra connotación que a menudo se olvida, y esa es la idea que quiero recalcar en el día de hoy. Desde un punto de vista espiritual, vemos que su idiosincrasia es bien distinta a los modelos anteriormente expuestos. Para confirmarlo basta ver la reacción del propio Jesucristo cuando le dicen que su madre y sus parientes -su familia- lo buscan: «¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» (Mt. 12, 48-50). Creo que las palabras de Jesucristo necesitan poco comentario, ya que hablan por sí solas. La verdadera familia cristiana trasciende los lazos de consanguinidad y se adentra en los lazos invisibles de la fe. Para pertenecer a esta familia basta el Bautismo como incorporación a la gran familia de los miembros de Cristo. Precisamente una de las grandes diferencias del cristianismo con respecto al judaísmo es que mientras a este solo se puede pertenecer naciendo en una familia judía, en aquel es la decisión libre, consciente y personal la que adhiere al creyente a la religión.

Entiendo a los que defienden a la familia tradicional como el ámbito privilegiado de transmisión de la fe y de los valores cristianos. Es una dimensión importante que hoy más que nunca debemos fortalecer. Pero también invito a ampliar las miras reconociendo que la fe cristiana se debe vivir en un ámbito mayor de experiencia, en una gran familia que trasciende los lazos de la sangre y se adentra en los invisibles lazos que proporciona el Bautismo.

sábado, 11 de febrero de 2017

Simbolos Cristianos (IV): Símbolos de la Pasión

La cuarta y última (de momento, nunca se sabe...) entrada sobre los símbolos cristianos va a ser la más larga. El motivo es que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son los momentos de su vida -que junto a su nacimiento- más repercusión han tenido en la Historia Universal del Arte. Es por ello que en la práctica totalidad de Iglesias desde la Edad Media hasta la actualidad se encuentran símbolos que aluden directa o indirectamente a estos momentos de la vida de Cristo, siendo el total de estos símbolos casi incontable. De manera general se conoce al conjunto de estos elementos como Arma Christi.














Nuevamente he realizado una selección de los mas representativos de entre estos símbolos, sin el propósito de ser exhaustivo ni agotar el tema. Unos son más evidentes y otros más rebuscados, pero todos ellos los podemos encontrar en muchas decoraciones pictóricas o escultóricas de las Iglesias. En esta ocasión quedan recogidos 30 símbolos que unidos a los 41 de las tres entradas anteriores hacen un total de 71 símbolos cristianos, lo cual no está nada mal. Para enriquecer la reflexión, en esta ocasión aporto la cita Bíblica donde se encuentra recogido el símbolo en el Nuevo Testamento. Están ordenados además por orden cronológico según los relatos de la Biblia.

1. Las 30 monedas de plata: Es el precio que las autoridades judías pagaron a Judas por traicionar a Jesús y revelar el sitio donde se iba a encontrar en la noche de Pascua. ¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré? Ellos le asignaron treinta monedas de plata (Mt. 26, 15)Como es lógico las 30 monedas de plata han quedado para la historia como símbolo de la ambición humana y de la traición, aunque posteriormente también del arrepentimiento imperfecto de Judas:  Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás. El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó. (Mt. 27, 3-5).



2-3. El Cáliz - el vino: Símbolos de la sangre derramada por Cristo en la cruz. "De igual modo, después de cenar, tomo el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros." (Lc. 22,20).




4-5. La espiga - el pan: Tanto el pan como el elemento del que procede se convierten en la Última Cena en símbolos de la Eucaristía. "Tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo." (Mt. 26,26).


6. La antorcha: Refleja que el prendimiento de Jesús ocurrió durante la noche, simbolizando la hora de las tinieblas. "Judas, pues, llegó allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas." (Jn. 18, 3)


7. La espada de Pedro: Los 4 Evangelios narran que uno de los discípulos uso la espada para defender a Jesús. Solo San Juan dice el nombre de quien la usó: San Pedro. "Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco" (Jn.18,10).


8. La mano de la bofetada: Símbolo de otro de los ultrajes a los que fue sometido durante los interrogatorios, en este caso, en los de los Sumos Sacerdotes Anás y Caifás: Cuando dijo esto, uno de los alguaciles que estaba cerca, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? (Jn. 18,22)


9. La palangana de Pilato: A partir de esta acción, la expresión "lavarse las manos de un asunto" simboliza el desentenderse del mismo. Pilato se lavó las manos para dejar constancia de que no era responsable de la sangre de Jesucristo, a quienes los dirigentes judíos querían ver crucificado. "Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»" (Mt. 27, 24).



10-11. La columna y los látigos de la flagelación: representan el castigo que sufrió Jesús antes de ser crucificado: "Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado" (Mc.15,15)



12-13-14. La Corona de espinas, la caña y el manto: Atributos de burla que los soldados de Pilato ponen a Jesús como "rey de los judíos" para humillarlo: "Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!" (Mt. 27, 28-29).














15: La Santa Faz: La aparición de una mujer que enjuga el rostro de Cristo mientras carga con su cruz no aparece en ninguno de los 4 Evangelios canónicos, pero forma parte de la tradición piadosa de la Iglesia. Como reliquia se la conoce con el nombre de Mandylion, del que se tiene constancia que desapareció en Edesa en el año 609. La primera referencia a nuevas reliquias de este tipo se tienen del año 1137. Su nombre procede probablemente del latín "vera-icon" (verdadera imagen). Fuera de los 4 evangelios canónicos, en el evangelio apócrifo de Nicodemo tampoco aparece esta escena pero aparece la mujer Verónica en otro contexto: sería el nombre de la mujer de la que Jesús curó los flujos de sangre, milagro atestiguado por los tres evangelios sinópticos. Quizás la tradición haya unido estas dos ideas, pero lo cierto es que artísticamente la faz del Señor plasmada en un lienzo es uno de los temas más recurrentes de la Pasión.



16. La cruz: Por su gran importancia y diversidad de formas fue presentado en un post aparte. Pinchando en el link se encuentran los 14 tipos de cruces más representativas del cristianismo. "Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz..." (Jn. 19, 17).



17. La calavera: Es muy frecuente ver un cráneo a los pies de las representaciones de la cruz de Cristo. Dicho hueso es símbolo universal de la muerte y a su vez traducción literal del nombre del monte en el que fue crucificado Jesucristo"Llegaron al sitio llamado Gólgota, que quiere decir lugar de la calavera" (Mt. 27, 33).


18. Las tres cruces: "Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda" (Lc. 23,33). Los evangelios, por lo tanto, nos narran que junto a Jesús fueron crucificados dos bandidos o malhechores, uno a cada lado. Uno de ellos es conocido como el buen ladrón por su arrepentimiento y la promesa que Jesús le hace: "Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc. 23,43). Sus nombres quedaron recogidos en el ya mencionado evangelio apócrifo de Nicodemo: Dimas (el buen ladrón) y Gestas.


19-20. Los clavos de la cruz y el martillo: Con frecuencia no es la cruz sino algunos elementos accesorios de ella  los que son representados a modo de símbolos, como los tres clavos de la cruz o el martillo para clavarlos. El número de clavos es tres ya que aunque no hay certeza de ello, se piensa que los pies fueron clavados con un solo clavo. Respecto al martillo no se suele representar en exceso en la iconografía actual, posiblemente pos su cercanía a otros símbolos como el comunista o el masón.


21. El letrero INRI: Al igual que el anterior, el letrero INRI remite a la cruz. Se trata de un acrónimo de la causa de la condena de Cristo, tal y como nos narra el Evangelista San Juan: "Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego." (Jn. 19, 19-20)INRI, por lo tanto, es el acrónimo de Iesvs Nazarenvs, Rex Ivdæorvm. En representaciones de las Iglesias orientales, hay una letra final que varía, ya que se cambia Rex por Basileus, siendo el acrónimo resultante INBI: Ἰησοῦς ὁ Ναζωραῖος ὁ Bασιλεὺς τῶν Ἰουδαίων. Por motivos lógicos de espacio no suele aparecer casi nunca la frase completa, sino únicamente la abreviatura:












22. Los dados: "Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca." (Jn 19, 23-24). Los dados son, por lo tanto, símbolo de echar a suertes la túnica de Cristo, aunque el Evangelista San Juan no habla específicamente de dados. Sin embargo, sí parece que era la forma más común en la que en aquella época se jugaban la suerte, tal y como se han encontrado en muchos yacimientos arqueológicos de la época.


23. La vara con la esponja empapada en vinagre: Se trata de un elemento que refrescaba la boca de los torturados prolongando su agonía. Las últimas palabras de Jesús en vida hacen alusión a esta escena: "Jesús dijo: «Tengo sed.». Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca." (Jn. 19,29)


24. La lanza: Es un símbolo más que recuerda la muerte física de Cristo, en este caso, la manera en que los soldados romanos se aseguraron de que verdaderamente estaba muerto: "Al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua" (Jn. 19, 33-34).


25-26. Las tenazas y las escaleras:  Elementos relacionados con el descendimiento del cadáver de Cristo de la cruz. "Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,(...) se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y después de descolgarle..." (Lc. 23, 50-53). Como tal no aparecen en la Biblia ni las escaleras ni las tenazas, pero ambos fueron elementos imprescindibles para bajar el cuerpo de la cruz.


27-28. El sol y la luna: Los evangelios narran ciertos fenómenos extraños tras la muerte de Jesús: terremotos, oscuridad y aparición de resucitados. De entre todos ellos se suele utilizar el símbolo del sol y la luna unidos a la cruz para representar el dominio de Dios sobre los elementos de la naturaleza. "Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona." (Lc. 23,44)



29. El velo del templo: De la misma manera tras la muerte de Jesús nos narran los evangelistas que se rasgó el velo del templo. "En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron" (Mt. 27, 51). Dicho velo era símbolo a su vez de la separación entre Dios y los hombres. Al rasgarse, se da a entender que con la muerte de Jesús se elimina esa separación existente.


30. El sudario: Al igual que la Santa Faz es una de las reliquias más veneradas por los cristianos. La existencia de esta sábana o síndone queda atestiguada por los evangelistas: "José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo" (Mt. 27,59). Muchos identifican esta sábana bíblica con la que a día de hoy se conserva en la Catedral de Turín, la cual sigue siendo objeto de estudio y de controversia por la comunidad científica y religiosa.


sábado, 4 de febrero de 2017

Símbolos Cristianos (III): Símbolos varios

Tercera entrega sobre simbología, y mantengo la impresión que cuanto más lee uno sobre el tema más cosas interesantes aprende y más aspectos relevantes aparecen. De momento, después del estudio de la cruz y de los símbolos de animales, hoy toca el turno a otros elementos no menos interesantes aunque sin una temática específica que los aglutine. Dejo para otra entrega todos los símbolos relacionados con la Pasión de Cristo, que son muchos y muy variados. En esta ocasión han salido 14 símbolos que vienen a enriquecer los que ya hemos señalado en posts anteriores.

1. Alfa y Omega. Primera y última letra del alfabeto griego. "το 'Αλφα και το Ωμέγα" quería decir "El primero y el último". El libro del Apocalipsis aplica esta definición a Dios: "Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que es, que era y que va a venir, el Todopoderoso." (Ap. 1, 8). Hay que notar que en el alfabeto griego las letras son distintas en mayúsculas o en minúsculas, por lo que  hay cuatro combinaciones posibles, Α-Ω, α-ω,  Α-ω o α-Ω.


2. El ancla. En las catacumbas de Roma aparece el ancla como un compendio de símbolos. Por un lado tiene forma de cruz para relacionarla con los misterios cristianos. Por otro lado aparece unida al pez (Ichthus),  símbolo de Cristo. Como símbolo propio, el ancla representa la fe y la esperanza en Jesucristo, siendo imagen de la firmeza, solidez y tranquilidad que proporciona un elemento estable (la fe) en medio de las tormentas de la vida (las contrariedades y dificultades).


3. El buen pastor. Uno de los símbolos más antiguos aparecidos en las catacumbas cristianas es el que refiere a Jesucristo con la figura del Buen Pastor, a la que alude en varias ocasiones a lo largo de N.T.: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?" (Lc. 15, 4). De hecho, el Buen Pastor es un título con el que llega directamente a identificarse: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas" (Jn. 10,11). Por ello los primeros cristianos escogieron esta imagen como reconocible para un cristiano pero que a su vez pasaba desapercibida para los perseguidores de la fe.



4. El orante: Representación de una persona levantando las manos al Cielo en señal de oración. Era muy común encontrar esta representación en las tumbas cristianas de los primeros siglos. Como curiosidad se puede apuntar que suele ser siempre una figura femenina - incluso en las tumbas de los varones-, ya que lo que se representa es el alma de la persona que se dirige a Dios una vez terminada su peregrinación por el mundo. Los brazos están siempre extendidos y levantados, postura en la que rezaban en la antigüedad tanto los paganos como los judíos y los primeros cristianos.   


5. El sembrador: Una nueva imagen Bíblica, que aunque no fue usada por los primeros cristianos sí ha sido muy desarrollada posteriormente. Procede de la parábola del sembrador (Mt. 13,3), en la que Jesucristo compara a cualquier persona que anuncie el Evangelio con un sembrador: "Una vez salió un sembrador a sembrar..."


6. El Staurograma. Es, posiblemente, uno de los primeros símbolos cristianos de la literatura escrita. Se trata de una abreviatura procedente de la unión de dos letras griegas contenidas en la palabra cruz (σταυρός). De esta forma, la ρ se ubica encima de la τ dando como resultado una figura que se asemeja a un crucificado.
7. Monograma XP o Crismón: Procede de la intersección de  las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (el ungido). Fue adoptado por el emperador Constantino tras el edicto de Milán (313) para acuñar las monedas romanas y los estandartes romanos, universalizando su significado.


8. Monograma IHS: Su origen son las tres primeras letras griegas del nombre de Jesús.  ΙΗΣΟΥΣ. Con el paso de los años, la Σ (S mayúscula griega) fue sustituida por la minúscula s, llegando al actual IHS, siendo en latín el origen de las palabras Iesus Hominum Salvator (o JHS Jesús Salvador de los Hombres). San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, adoptó el monograma como sello personal y extendió su uso y su iconografía por todo el mundo conocido.


9. La concha de vieira: Con origen en una antigua leyenda gallega, la concha se convirtió con el paso de los siglos en símbolo de la peregrinación cristiana a Santiago de Compostela, adornando monumentos, calles y señalando el recorrido del camino. Posteriormente ha adquirido un significado bautismal, y muchos de los objetos litúrgicos para coger el agua en el momento del bautismo tienen forma de concha de vieira. 


10. La vid: Símbolo tomado también del Evangelio de San Juan, en el que el propio Jesucristo se compara con el arbusto del que procede la uva:  "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada." (Jn.15,5). Se trata de un símbolo más desarrollado en la pintura que en la escultura, aunque también se puede encontrar en decoraciones de Iglesias.



11. Ojo de la providencia o panóptico: Símbolo controvertido porque tiene un origen pagano (el ojo de Horus egipcio) y a su vez es usado por la secta masónica con otro sentido diverso al cristiano. No obstante, se puede encontrar en muchas Iglesias cristianas a partir del s. XVI, con el sentido de Dios que es omnipresente, providente y vigila a los hombres desde el Cielo. 


12. Rosa: Un nuevo símbolo no específicamente cristiano, pero que podemos encontrar en muchas decoraciones de Iglesias. La rosa es un objeto de la naturaleza que ha sido objeto de múltiple simbología: pasión, respeto, virginidad, prudencia, santidad... en concreto, la rosa como símbolo cristiano suele ser de 5 pétalos, en referencia a las cinco heridas de Cristo en la cruz. 


13. Palma: La hoja de la palmera se convirtió en signo de la victoria de los mártires frente a la muerte. Cuando alguien era martirizado, recibía "la palma del martirio", Posiblemente, el origen de este signo sea un recuerdo de aquellas palmas con la que se recibían a los triunfadores. Tenemos un testimonio de ello en la propia Biblia, cuando el pueblo de Jerusalén las agitaba el Domingo previo a la crucifixión de Jesucristo: "tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: ¡ Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel!" (Jn. 12,13)

14. La barca: Se relaciona evidentemente con la Iglesia, como espacio físico de salvación. La Iglesia peregrina por el mundo en medio de las tempestades pero con la presencia de Cristo, que aunque aparentemente dormido vela por ella y la protege (Cf. Mt. 8, 24). De hecho, a la Iglesia se le conoce como "La barca de Pedro". Se trata de un elemento muy presente en la literatura cristiana, pero sorprendentemente no hay muchas imágenes que la representen. Ninguna de ella pertenece a los símbolos de los primeros cristianos, que prefirieron el ancla para simbolizar esta imagen, por lo que podemos considerarlo un símbolo moderno, al menos en su iconografía.