jueves, 21 de marzo de 2019

Santa María Francisca


La Iglesia celebra hoy a Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715-1791), santa napolitana  Terciaria Franciscana a la que Dios hablaba por medio de revelaciones. Como hecho más extraordinario, le aparecieron las cinco llagas o heridas de Jesús en su cuerpo. Copio unos párrafos de su biografía en el que se narran algunos hechos prodigiosos: 

Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis (suspensión de la actividad de los nervios y de los sentidos, acompañada con visiones sobrenaturales). La Santísima. Virgen se le aparecía y le traía mensajes. Pero también el demonio se le presentaba en forma de perro rabioso que la aterrorizaba. Afortunadamente descubrió que al hacer la señal de la cruz, y al pronunciar los nombres de Jesús, José y María lograba que el demonio saliera huyendo. Este fue el consejo que le oyó un día al crucifijo: "Cuando te asalten los ataques de los enemigos del alma haz la señal de la cruz, y además de invocar los nombres de las tres divinas personas de la Santísima. Trinidad, debes decir varias veces: "Jesús, José y María".

miércoles, 20 de marzo de 2019

San Martín

La Iglesia celebra hoy a San Martín de Braga o de Dumio (+579) obispo y teólogo de Panonia (actual Hungría) que tras peregrinar a Jerusalén y Roma terminó siendo obispo de Braga en Hispania. Es llamado el apóstol de los suevos por dedicarse a la conversión y evangelización de ese pueblo. Copio unos datos de su biografía dados por otro santo, Isidoro de Sevilla:

Martín de Dumio, santísimo pontífice de un monasterio, llegó por mar desde las regiones orientales a Galicia, y allí, tras haber convertido a los suevos de la impiedad arriana a la fe católica, instituyó la regla de la fe y de la santa religión, reformó las iglesias, fundó monasterios, redactó de manera abundante preceptos para la educación religiosa. Yo he leído, por mi parte, su libro sobre las "Diferencias sobre las cuatro virtudes", y otro volumen de cartas: en sus escritos exhorta a enmendar nuestra vida y a conducirnos con fe, a orar sin cesar, a distribuir limosnas y, por encima de todo, a cultivar las virtudes y a mostrarnos buenos con todos. Brilló en tiempos del rey suevo Teodomiro, en la época en que Justiniano en el Imperio y Atanagildo en las Españas, ejercían el poder supremo.