domingo, 22 de enero de 2017

Símbolos cristianos (II): Animales

La semana pasada comencé una serie de entradas sobre simbología cristiana con un post sobre la cruz cristiana. Hoy seguimos con esa exposición destacando otros símbolos cristianos muy presentes en todo el arte cristiano a lo largo de los siglos. Creo que están siendo unos post divulgativos sobre elementos que seguramente forman parte de nuestra vida desde pequeños, que hemos visto en muchas ocasiones pero sobre los que probablemente nunca hemos recibido una explicación. Por ello creo que viene bien que sigamos profundizando en alguno de ellos.

En el día de hoy, en concreto, expondremos trece animales relacionados directamente con el cristianismo de una u otra forma a través de los símbolos.

1. El Cordero: Los dos primeros símbolos los aporta directamente la Biblia. En este caso, Juan Bautista presenta a Jesucristo como "El cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn. 1,29). ¿Por qué compara a Cristo con un cordero y no con un pato o una ardilla?... Para comprender esta comparación tenemos que adentrarnos en la mentalidad judía de la época. La religión judía se basaba en el sacrificio cruento de todo tipo de animales para agradar a Dios y obtener el perdón de los pecados del oferente. Dichos animales no podían tener ningún defecto o mancha. Isaías anunciaba que el futuro Mesías sufriría y tendría un final semejante al de los corderos sacrificados: "no abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero" (Is. 53,7), haciendo referencia al silencio con que un cordero afronta el final de su vida, incluso aunque la muerte se produzca de manera violenta. Este tema fue recogido de manera profana en uno de los libros-películas más exitosos de la narrativa-cine contemporáneos, "El silencio de los corderos". La tradición cristiana inmediatamente asoció la mansedumbre de Cristo en su sacrificio en la cruz y el no tener "mancha" (pecado) como elementos identificadores entre el cordero y Jesucristo.


2. La Paloma: En este caso tampoco tuvo que ser la imaginación de los primeros cristianos la que buscara similitudes, analogías o comparaciones entre la paloma y el Espíritu Santo, sino que los 4 evangelistas dejaron constancia de ello tras el Bautismo de Jesús en el río Jordán:  "y en ese momento los cielos se abrieron, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él." (Mt. 3, 16). ¿Fue el posarse la paloma una acción histórica o hay alguna simbología detrás de estos relatos?. Bien pueden ser ciertas las dos cosas, ya que es indudable que la paloma para el pueblo judío era símbolo de la paz entre Dios y los hombres (La paloma que soltó Noé tras el diluvio (Gen 8, 8-12), y que volvió con una rama de olivo en el pico aún hoy es símbolo de la paz).


3. El Pez. (Ichthus). Comenzamos con los símbolos ideados por los primeros cristianos. Uno de los principales símbolos cristianos desde sus comienzos es el pez. No en vano, gran parte de los apóstoles -entre ellos San Pedro- eran pescadores de profesión, a quienes el Maestro transformó en "pescadores de hombres" (Mt. 4, 19). Durante la persecución a los cristianos en el Imperio Romano se convirtió en el símbolo más usado por encima incluso de la cruz, ya que en una simple imagen se escondía un significado oculto que pasaba desapercibido para los perseguidores. La palabra pez se escribe en griego ΙΧΘΥΣ, anagrama de ησοῦς Χριστός Θεοῦ Υἱός Σωτήρ. Por no enrevesar mucho con el griego, baste con decir que su traducción es Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador. 


    

4. El Pelícano. La simbología del siguiente animal es aplicada directamente a Jesucristo, especialmente entre los siglos XVII al XIX. En la antigüedad se creía que el pelícano era un animal que en caso de necesidad se autolesionaba abriéndose el pecho para dar de comer a sus crías antes de que perecieran de hambre. Esta creencia hizo que se asociara con el Salvador, que derrama su Sangre por todos los hombres en la cruz, muriendo para que la humanidad recobre la Vida perdida en el Jardín del Edén. Hoy en día se sabe que esta acción realizada por el pelícano no es de autolesión, pero no está exenta de un sentido muy bonito y materno: el ave se golpea repetidamente el pico contra el pecho para vaciar completamente el alimento que ha ingerido y que entrega por completo a sus crías, no reservando nada para sí.


5. El Pavo Real. Símbolo paleocristiano bastante menos extendido en su uso, pero a pesar de ello se encuentran muchos mosaicos y pinturas con el pavo real. En la mentalidad europea el pavo real representa la vanidad y la ostentación, pero no es ese su significado religioso. De hecho, el pavo real cristiano casi nunca tiene su cola desplegada para evitar esta asociación. Su origen como símbolo parece estar en el hecho de que los antiguos griegos creían que la carne de los pavos reales no se descomponía después de su muerte, y así fue como los pavos reales se convirtieron en un símbolo de inmortalidad. Los primeros cristianos lo adoptaron como símbolo para representar su fe en la vida eterna en el cielo con Dios, por eso es usualmente representado junto al árbol de la vida del Edén. Otras opiniones afirman que se utilizaba como símbolo de la resurrección de Cristo porque en primavera, tiempo de Pascua, el ave cambia totalmente de plumaje, con una dinámica parecida a la muerte-resurrección. En muchas ocasiones se representa bebiendo de la copa de la Salvación que es el Cáliz de Cristo.


6. El Ciervo: Tradicionalmente el ciervo ha sido un animal relacionado con la bondad y la nobleza. El ciervo era considerado un avezado cazador de serpientes. Dado que la serpiente es en la cultura semita el símbolo del maligno era evidente que se utilizó al ciervo como imagen gráfica de la lucha espiritual contra el mal. En la época romana, Plinio el viejo afirmaba que el único remedio contra la picadura de una serpiente era la placenta de un ciervo, lo que aumentó la estima hacia este animal. Además, la cornamenta de los machos se renueva cada año, prestándose a la dinámica muerte-resurrección que se ha indicado con el plumaje del pavo real. En este tipo de imágenes, por lo tanto, el ciervo representa al propio Jesucristo combatiendo al mal. Otra utilización del ciervo como símbolo cristiano tiene una base bíblica tomada del Salmo 42, versículo 2:"Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma, te busca a ti, mi Dios.". El ciervo representa en este otro caso el alma humana que se sacia de los dones de Dios. Al igual que con el pavo real, casi siempre se representa al animal en esta otra iconografía bebiendo de la fuente de la Salvación, el Cáliz de Cristo.



7. El León: Los tres siguientes animales se corresponden con la simbología de los Evangelistas en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Allí se habla de 4 seres vivientes: "El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo". Todos ellos son portadores de alas. La tradición ha asociado esos cuatro seres vivientes con los Evangelistas. El león se ha identificado con San Marcos, cuyo Evangelio comienza directamente con las tentaciones de Jesús en el desierto y con las palabras de Juan Bautista, el último profeta. El rugido del león fue asociado en la Biblia a la voz fuerte y poderosa de los profetas, razón por la cual probablemente se escogió a San Marcos portador de este icono.

8. El Toro. En este caso se asocia a San Lucas, posiblemente porque su evangelio comienza con la visión de Zacarías en el Templo, donde se sacrificaban animales como bueyes, terneros y ovejas.


9. El Águila: San Juan siempre ha sido considerado el evangelio más "elevado" en cuanto a dificultad teológica y profundidad comprensiva. Por ello probablemente se asoció al águila, el que se encuentra más alto de los cuatro seres vivientes. 


10. El Gallo: En la Última Cena Jesús anuncia a San Pedro: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» (Mt. 26, 35). El gallo es el animal que anuncia el amanecer, el fin de la vigilia y el comienzo de un nuevo día. Es, por lo tanto, el "despertador" más antiguo que existe. Para los primeros cristianos, además de símbolo de las negaciones de Pedro, su imagen era como un recuerdo de la inminencia de la segunda venida de Cristo, y una llamada a la vigilancia, ya que en palabras del propio Cristo: "Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora." (Mt. 25, 13).


11. La Serpiente: Incluyo este animal a pesar de ser un símbolo negativo (como ya se ha dicho al explicar la simbología del ciervo que come serpientes), representando la presencia del mal en el mundo, a Satanás o Lucifer. Es muy frecuente la iconografía en la que la Virgen María aplasta la cabeza de la serpiente, basada en las palabras de Dios a la serpiente tras el pecado original "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella te pisará la cabeza mientras tú acechas su talón." (Gen 3, 15).  


12-13. El buey y la mula. Ninguno de los cuatro Evangelios menciona animal alguno en el establo de Belén. ¿Por qué entonces en todos los nacimientos, belenes o pinturas sobre el portal de Belén encontramos un buey y una mula? La explicación más probable es precisamente la simbólica. El buey es un toro castrado y la mula es un animal estéril fruto del cruce entre una yegua y un burro. Presentarlos junto a la Virgen María y a San José en el Belén hace referencia clara a la imposibilidad de engendrar vida. El buey representa en este caso a San José y la mula a la Virgen María, dando a entender que de donde no puede nacer una vida nueva Dios obra el milagro a través de la virginidad de María.


domingo, 15 de enero de 2017

Símbolos cristianos (I): Tipos de cruces

He tenido una conversación con un compañero de trabajo en la que me comentaba que muchas veces entra en una Iglesia (a pesar de que no es muy creyente) en "modo turista" y le gusta detenerse a contemplar todos los elementos gráficos que representan los misterios del cristianismo. Sin embargo, me contaba que muchos de ellos no los conoce o desconoce su significado y hemos estado charlando sobre alguno de ellos. 

Me he comprometido con él a realizar esta entrada, pero dado lo abundante del tema hay material para al menos un par de ellas. Eso como poco, ya que se pueden escribir tratados enteros de simbología religiosa cristiana. Investigar en este mundo de la simbología ha sido como adentrarme en un infinito océano en el que uno tiene la sensación que es inabarcable.

Lo primero que hay que dejar claro es el concepto de símbolo. Según la RAE un símbolo es "un elemento u objeto material que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea o de una cierta condición". Al hilo de esta definición, ya resulta evidente que son casi incontables los elementos materiales que de una u otra manera se han relacionado con Dios o con el cristianismo a lo largo de la historia.

El más universal y al que le voy a dedicar esta primera entrada es la cruz. La cruz es el instrumento de tortura romano en el que fue ejecutado Jesucristo. Constaba de dos palos, uno vertical y otro horizontal. Como símbolo cristiano, el palo horizontal se relaciona con la humanidad mientras que el vertical lo hace con la divinidad. Tiene 4 puntas representativas de los 4 puntos cardinales Norte, Sur, Este y Oeste.

Existen múltiples tipos de cruces (he llegado a consultar páginas simbólicas y heráldicas con más de 50 tipos), la mayoría con significado cristiano y otras no tanto. A continuación os expongo las 14 más representativas que he encontrado:

1. Cruz latina: Cruz en la que el segmento menor horizontal está en una proporción de tres cuartos con respecto al más largo. Es la más común, siendo la más usada en las Iglesias católica y de la reforma protestante.

2. Cruz griega: Posee cuatro brazos del mismo tamaño. Es la más usada en la Iglesia ortodoxa. A veces sus puntas van cerradas por una línea perpendicular
3. Cruz de San Pedro: Cruz invertida encontrada en algunas catacumbas cristianas en referencia a la crucifixión boca abajo de San Pedro. En la actualidad está en desuso en el cristianismo y es usada por sectas satánicas para sus ritos. 
4. Cruz de San Andrés: Hace referencia a la forma de aspa en la que fue crucificado el discípulo San Andrés

5. Cruz bautismal: Se trata de una composición de cruces: Cruz griega (+) a la que se le añade la letra “x”, primera letra griega de la palabra Cristo (Χριστός) que da como resultado una cruz de 8 brazos. El número 8 para el mundo hebreo era muy significativo, símbolo de la sobreabundancia y la resurrección.


6. Cruz ortodoxa: También presenta 8 brazos como la anterior. El tramo más grande, para las manos de Cristo crucificado. El superior recuerda la tablilla con la inscripción de la condena de Cristo: INRI: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). El inferior recuerda el travesaño horizontal para los pies del Crucificado. Uno de sus extremos está un poco alzado, recordando el paraíso mientras que el otro extremo, en cambio, se dirige hacia abajo, simbolizando la posibilidad del infierno y la condenación 


7. Cruz de San Juan o de Malta: Sus brazos tienen la forma de cuatro «V» mayúsculas unidas por los vértices, de forma que cada brazo tiene dos puntas, siendo 8 en total con el simbolismo señalado anteriormente para el número 8. Cada "punta" representa una virtud que debía tener un caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, a saber: Vivir en la verdad, tener fe, arrepentirse de los pecados, ser humilde, amar la justicia, ser misericordioso, ser sincero y soportar la persecución. Comenzamos ahora una serie de cruces de color rojo, color que simboliza la disposición del caballero a entregar su sangre por el cristianismo. 


8. Cruz de Jerusalén. Cinco cruces griegas con las puntas cerradas por una línea perpendicular. La de mayor tamaño ocupa el centro. Simbolizan las cinco heridas de Cristo en la cruz. Otra interpretación afirma que Cristo en el centro debe llegar a los cuatro confines del mundo (en consonancia con las Cruzadas). 


9. Cruz de Santiago: Cruz roja con el mismo significado de entrega que las anteriores. En este caso tiene forma de espada en la parte inferior y de flor de lis y de empuñadura en las horizontales. 

10. Cruz pontificia. También con 8 puntas pero con un significado distinto a los anteriores. Presenta tres travesaños horizontales, uno representa a la Iglesia, otro al mundo y otro al cielo. Es un reflejo de la triple corona de la tiara papal, simbolizando la triple autoridad del Papa: padre de príncipes y reyes, gobernador del mundo y vicario de Cristo en la tierra. En la actualidad ha caído en desuso. 


11. Cruz celta. Cruz con un anillo que rodea su intersección. Utilizada en exteriores de Iglesias y plazas. Eran estratégicamente colocadas para que los rayos del sol atravesaran la intersección de la cruz y el anillo. Con ello se simbolizaba el poder de Dios y  que el demonio -el señor de las tinieblas-debía mantenerse alejado.
12. Cruz de Tau. Representa la última letra del alfabeto hebreo, y fue escogida como símbolo por su similitud con la cruz de Cristo. San Francisco de Asís la adoptó como representativa de la orden franciscana fundada por él. 

13. Cruz de Taizé. Cruz que mezcla la iconografía de la propia cruz con la de una paloma. Los elementos horizontales simbolizan las alas y el inferior la cabeza de la paloma. Simboliza la reconciliación en el Espíritu Santo de todas las confesiones cristianas separadas. Se puede encontrar en prácticamente todos los colores posibles.
14. Cruz de la vida. También llamada "ansada" o "anj". Su origen no es cristiano sino de la religión egipcia. En ella se unen la cruz y el círculo, representando la vida eterna y la inmortalidad, y por ello fue también adoptada por los cristianos coptos al tener un significado similar al de la religión cristiana.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Elefante Blanco (Argentina, 2012)

Sigo aprovechando las Navidades para ver cine religioso o con valores, una de mis aficiones favoritas y a la que me entrego con gusto cada vez que tengo unos días libres.

Ayer vi Elefante Blanco, protagonizada por Ricardo Darín, quien tengo que reconocer que es una de mis debilidades cinematográficas. Desde que lo vi por primera vez en Nueve Reinas he intentado seguir su trayectoria y disfrutar sus películas: El hijo de la noviaLuna de Avellaneda, El mismo amor, la misma lluvia, Séptimo... Todo lo que toca Darín es de indudable calidad.

Hasta el presente ha protagonizado 58 películas y en una de ellas -la que nos ocupa ahora- su papel protagonista es el de un sacerdote. 

La historia del director Pablo Trapero está basada en un lugar y un contexto reales, siendo un homenaje al sacerdote Carlos Múgica (+1974) asesinado a balazos cerca de la Parroquia de Cristo Obrero en la Villa 31 en los suburbios de Buenos Aires. En ese mismo lugar pero varias décadas después se sitúa una historia ficticia que cuenta la ayuda que tres sacerdotes y una asistenta social llevan a cabo en condiciones infrahumanas. Ricardo Darín es el párroco Julián, a quien diagnostican un tumor cerebral y prepara el relevo al frente de la parroquia de su amigo Nicolás (Jérémie Renier), junto a otro compañero sacerdote y a la asistenta social Luciana (Martina Gusmán).

Allí se nos refleja un submundo de analfabetismo, delincuencia, drogadicción, narcotráfico, violencia, hambre, paro, familias desestructuradas... en el que estas cuatro almas generosas entregan su vida voluntariamente por la dignificación de las personas y por un compromiso personal de ser continuadores de las palabras de Cristo "así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt. 20, 28). En ese marco sórdido, violento y peligroso los protagonistas hacen las veces de sacerdotes, asistentes sociales, psicólogos, padres, amigos, consejeros, profesores, constructores y todo lo que se tercie.

No abundan los diálogos, dejando mucho espacio a la reflexión personal del espectador. Se suceden al mismo tiempo la acción sacerdotal (misas, bautizos, rezo del rosario, oración personal...) y la acción social (construcción de viviendas, alfabetización, terapias de grupo, asistencia social...) en sus protagonistas. El papel de la jerarquía no es negativo como en otras películas, sino de impotencia ante una realidad social que trasciende sus posibilidades de ayuda. Ello hace que el padre Julián y su obispo vivan una relación tensa pero cercana, libre y sincera, lejos del esquema "cura bueno-jerarquía mala" que se repite sistemáticamente en las películas españolas o americanas. Otros temas como el celibato, la soledad del sacerdote, la frustración, el rencor, el sentido de la vida o la posibilidad de la vida contemplativa como fugas mundi son tratados sin tapujos y en toda su crudeza.

100 minutos de pleno deleite visual y reflexivo. El desenlace, no obstante, enturbia algo una magnífica puesta en escena de sus protagonistas, presentando actitudes del Padre Julián que no encajan en lo anteriormente visto en la película. No puedo comentar más sin hacer de spoiler, tendréis que verlo vosotros mismos y sacar vuestras propias conclusiones, aunque la sensación final es de ambigüedad e incoherencia, eso sí os lo puedo adelantar. Quizás el director se ha aprovechado de que la trama sea ficticia y ha optado por un final sorprendente y que descoloca al espectador.

Os dejo con algo real, y es una oración creada por el padre Múgica en la que refleja el drama existencial que vivía a su alrededor:

Señor, perdóname por haberme acostumbrado

a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.

Señor, perdóname por haberme acostumbrado
a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.

Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas,
de las que puedo no sufrir, ellos no.

Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.

Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no,
porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.

Señor, perdóname por decirles 'no solo de pan vive el hombre'
y no luchar con todo para que rescaten su pan.

Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.