jueves, 7 de diciembre de 2017

Noé (Noah, EEUU, 2014)

Noé es una película "Made in Hollywood", industria que en los últimos años ha visto un filón económico en la adaptación de diversos relatos bíblicos, con el plus añadido que producen los nuevos avances tecnológicos. De la misma manera, se percibe en estas nuevas películas un inusitado interés por la perspectiva psicológica de los personajes, poniendo más énfasis en las motivaciones personales de los protagonistas que en el propio argumento de las historias, por lo que no importa que la temática sea ya archi-conocida, como es el caso que nos ocupa. El reparto de Noé es de auténtico lujo, con Rusell Crowe, Emma Watson y Anthony Hopkins como avales de la seriedad del proyecto.

Para mi juicio se trata de una versión bastante fiel al relato bíblico, si bien es cierto que la dificultad para ello radica en que no hay mucho material histórico para un largometraje. En el libro del Génesis apenas se dedican 4 capítulos al desarrollo de la historia de Noé, por lo que realizar un film de 135 minutos tuvo que requerir de bastante imaginación por parte de los guionistas. Para cumplir este propósito se han añadido historias paralelas bastante creíbles y que encajan en el conjunto de la trama. Con esta intención, además de la historia de Noé, se añade acertadamente un relato de la Creación que es una buena explicación científico-teológica del origen del mundo, así como varias escenas de Adán y Eva en el Paraíso, el pecado original o el fratricidio entre Caín y Abel. Especial mención en este sentido merecen unos extraños personajes, los nefilim que aparecen en Gn. 6,4, y que unas veces son traducidos en la Biblia como caídos o rebeldes y otras como gigantes. La película unifica todos estos conceptos y el resultado vuelve a ser una vez más convincente, con unas criaturas entrañables que desaparecerán con el Diluvio.  Algunas de las historias inventadas son: la aparición de un descendiente de Caín (Tubal-Caín) rival de Noé, el embarazo durante la travesía de la nuera de Noé (Ila) o el supuesto sacrificio que Noé iba a hacer de sus nietas, episodio que recuerda poderosamente a otra historia bíblica posterior, la de Abraham y el sacrificio de su hijo Jacob. Todo ello unido a una fotografía destacable, buenos efectos especiales y una banda sonora que no desmerece al conjunto, conforman un film bastante interesante. Ello no quita que la película presente errores de bulto, como un Noé que pasea a sus anchas en pantalones, o la aparición en las batallas de armas metálicas o de fuego más propias de los tiempos medievales y modernos. Son errores tan evidentes que hacen suponer que son intencionados, supongo que en un intento de presentar el relato bíblico en consonancia con los tiempos modernos, haciendo creer al espectador que aunque es una historia que sucedió hace más de 3.500 años bien pudiera ser contemporánea de nuestra sociedad.

Respecto al aspecto "espiritual" de la película -el más interesante para mi gusto- la película presenta una serie de temas que merecen un comentario individual:

- En primer lugar se presenta el tema del pecado. Un tema que es casi el prioritario de los 11 primeros capítulos del Génesis, por lo que no podía ser otro el argumento principal. Noé y su familia son los escogidos para una regeneración de la especie. El Arca representa el germen de esa nueva humanidad perdonada por Dios, aunque se deja intuir que en lo sucesivo la humanidad volverá a manifestar el pecado como característica generalizada. En este sentido, la antropología que subyace a la película es de tipo luterano-pesimista, si bien es cierto que se abren espacios de interpretación para la doctrina católica de la gracia redentora. No obstante, es un relato del A.T., por lo que entiendo que teológicamente se puede hacer una lectura de ambas concepciones. La lucha entre el bien y el mal -y sus efectos visibles- es presentada como una constante de la historia desde el momento del pecado original hasta nuestros días, y esa me parece una idea bastante lúcida.

- La visión de Dios que se transmite es la de un Dios sádico y cruel, por mucho que conceda otra oportunidad al hombre. Se trata de un Dios que arrepentido de su Creación intenta acabar con ella, aunque finalmente escoge a unos cuantos humanos que la comiencen de nuevo. Se trata de un Dios algo antropomorfo del A.T. (evidentemente en Dios no cabe el arrepentimiento, cualidad humana), por lo que no hay que rasgarse las vestiduras al contemplar el film y sí verlo como un Dios pre-cristiano, más propio del judaísmo y con las características que el paso de los siglos -y la intervención de Jesucristo en la historia- limarían.

- Otro tema fundamental es el tema de la fe y la experiencia religiosa, de la cual solo Noé y su abuelo Matusalem tienen la exclusiva. La idea de restringir el fenómeno religioso a unos pocos elegidos tampoco me parece una concepción errada, ya que se intentan transmitir los orígenes de la dimensión trascendente, y solo unos pocos comenzaron con esas experiencias a modo de sueños, visiones o voces internas. El resto de la familia de Noé no entiende que el Patriarca anteponga sus sentimientos religiosos a los afectivos y familiares, lo cual será una constante hasta la llegada de Jesucristo. Es por ello que realizar una lectura sesgada del A.T. pueda dar como conclusión errónea la perspectiva del fanatismo y el fundamentalismo como características principales de las personas religiosas, cuando lo que en realidad se pretende transmitir con estos relatos es una idea bien distinta. Resulta ciertamente una tarea dificultosa narrar con palabras experiencias profundas e internas de los diferentes escogidos por Dios. Noé, Abraham, Moisés, David... ninguno de ellos pasaría por el tamiz del Dios misericordioso del N.T., pero no sería justo realizar un juicio de sus historias a la luz de lo que no conocieron.

Espero que estas claves os ayuden a una mejor comprensión de la película, que ciertamente merece la pena, tanto como espectáculo visual como por dar pié a una reflexión posterior.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Calvary (Irlanda, 2014)

El fin de semana pasado pude por fin ver Calvario, un thriller irlandés que tiene como protagonista a un sacerdote, entremezclando sutilmente comedia ácida y drama a partes iguales.

La película está ambientada teniendo muy en cuenta el contexto religioso de Irlanda, el único país con mayoría católica del norte de Europa, y no evita abordar temas tan delicados como la pederastia, la homosexualidad, la eutanasia, las riquezas de la Iglesia o la posición excesivamente acomodada de la jerarquía. También aparece un retrato perfecto de la sociedad occidental actual y sus pecados más frecuentes, con un elenco casi interminable de vicios e inmoralidades cometidas por personas corrientes. En el film, junto a estos temas tan espinosos y controvertidos aparecen otros más espirituales como el perdón, la amistad, la vocación, el servicio, la fidelidad o la realización de la persona.

El argumento de la película es muy interesante: El padre James Lavelle (Brendan Gleeson), sacerdote católico, escucha en el confesionario un domingo a un feligrés que le dice que le va a asesinar al siguiente domingo. Comienza por lo tanto una semana intensa en la vida del cura en la que a través de su relación con la feligresía y con su propia familia tendrá que afrontar su propio "Calvario" espiritual y prepararse por si la amenaza llega a consumarse.

La palabra Calvario remite al monte en el que Jesucristo fue crucificado, en hebreo "Gólgota". Pasar un calvario se ha interpretado tradicionalmente como una serie de calamidades y desgracias que afligen a una persona. Esta será la situación que debe afrontar el Padre Lavelle, quien irá conociendo a una serie de personajes a cada cual más peculiar-depravado y que pueden ser su potencial asesino.

No voy a hacer de spoiler y revelar si finalmente el penitente cumple su propósito o no, pero sí voy a apuntar las personas con las que el Padre Lavelle toma contacto a lo largo de la película, ya que no tienen desperdicio.

Los primeros son aquellos que en función de su sexo o su cercanía al sacerdote no pueden ser sus asesinos:

- Fiona, hija del sacerdote (se hizo sacerdote tras enviudar), quien acaba de intentar suicidarse cortándose las venas tras un desengaño amoroso y pasa una temporada de recuperación con su padre.  
- El obispo Montgomery, quien no se preocupa en exceso de las cosas espirituales pero sí de las materiales.
- El Padre Leary, El compañero sacerdote del Padre Lavelle, quien tiene dudas de fe y vive un sacerdocio acomodado y poco comprometido.
- Teresa, Una mujer francesa que acaba de perder a su marido en un accidente de tráfico. A pesar de su delicada situación será un ejemplo de fe y fortaleza fundamental para el sacerdote en sus momentos más difíciles.
- Freddy Joyce: Un preso que está en la cárcel por asesinato y canibalismo. El padre Lavelle mantendrá una interesantísima conversación con él sobre la naturaleza humana
- Verónica, la mujer del carnicero del pueblo que reconoce abiertamente su adulterio y afirma que no es el único que ha cometido en su vida, no mostrando arrepentimiento alguno ni deseo de conversión, sino mostrándose provocativa en todos sus acercamientos al sacerdote.

A partir de aquí comienza la lista de candidatos a asesino:

- Inspector Stanton, Un policía homosexual poco partidario de la estrechez moral de la Iglesia Católica.
- Milo Herlihy, un joven marginado cuyo poco éxito con las chicas le he llevado a enrolarse en el ejército para -en sus propias palabras- saber que se siente al matar a una persona.
- Leo: Un homosexual que se prostituye, afirmando que su primera experiencia homosexual fue con un obispo.
- Frank Harte, Un médico ateo que dice haber perdido la fe en sus primeros años de ejercicio de la medicina al interpretar el sufrimiento y la muerte como ausencia de Dios. Desde entonces vive amargado ya que sabe que en su trabajo más tarde o más temprano siempre perderá su lucha contra la muerte.
- Jack Brennan, Un carnicero cuya mujer (Verónica) le es infiel con un africano. Su desencanto le lleva a tener sed de venganza contra todo ser humano.
- Simon, el africano, un mecánico que alardea de sus múltiples conquistas, entre ellas Verónica. Vive para el sexo y no entiende de normas que no se puedan traspasar.
- Brendan Lynch, El dueño de la taberna del pueblo, un budista violento que odia la Iglesia Católica.
- Michael Fitzgerald, El rico del pueblo, que reconoce abiertamente que ha ganado toda su riqueza de manera ilícita y sin escrúpulos, y a quien toda su familia ha abandonado por lo que se encuentra  en un momento de vacío y de sinsentido existencial.
- Un anciano escritor (en la película no se menciona su nombre) fracasado que quiere suicidarse antes de sufrir más, pidiendo al sacerdote que le proporcione una pistola para ello.

Desvelar quien de los nueve es el posible asesino (y si cumple o no con su palabra) os lo dejo a vosotros; pero sí os adelanto desde ya que merece la pena ver la película y disfrutar de la trama y de lo característico de cada personaje...

jueves, 23 de noviembre de 2017

City of Angels (EEUU, 1998)

Hace unas semanas escribía sobre la película favorita del Papa Francisco. Alguien me preguntó en una conversación privada que cuál era mi película religiosa favorita. Ciertamente son tantas que me resulta complicado quedarme con una en concreto. Sin embargo, le prometí a esa persona que iba a escribir un post sobre una de ellas. Esa conversación me animó definitivamente a escribir esta entrada que he evitado durante años, pero que creo que ya puedo afrontar sin tapujos. El motivo de mi preferencia por este film es que se establecen tantas similitudes entre la vida del protagonista y mi propia vida que ineludiblemente me toca la fibra sensible hasta el tuétano.

En efecto, City of Angels es es uno de mis largometrajes favoritos, de visión -y revisión- obligados. Soy consciente que como película no tuvo mucho éxito en los cines comerciales, aunque sí lo tuvo su B.S.O. interpretada por auténticos números uno como Eric Clapton, U2, Alanis Morissete, Peter Gabriel o Jimi Hendrix entre otros.

Respecto al filme, ya me encantaba y me hacía cuestionarme muchas cosas cuando la vi por primera vez a finales de los años 90 y evidentemente sigue haciéndolo hoy. Se trata de un remake de la película alemana “El Cielo sobre Berlín” (1987). La versión de Hollywood está protagonizada por Nicolas Cage y Meg Ryan. No me extiendo en los detalles técnicos, pero en cuanto os cuente el argumento entenderéis porque me gusta tanto. City of Angels cuenta la historia de Seth, un ángel de Dios que se enamora de Maggie, una médico que pasa por un momento de crisis humana. Seth tendrá que tomar la decisión más trascendental de su vida: escoger entre seguir sirviendo a Dios como ángel espiritual o experimentar el amor humano y comenzar una nueva existencia como hombre carnal. Salvo en que yo no soy ningún ángel, los paralelismos son más que evidentes. Siempre he contemplado esta película con la precisión que requiere el verse tan identificado con el protagonista, escudriñando cada frase, paladeando y saboreando los diálogos (más bien escuetos, la película se desarrolla más en tiempos de silencios que provocan la reflexión) entre la pareja protagonista. El final –que no desvelo- es de culto, lejos de esas películas románticas empalagosas. 

Inevitablemente, al terminar de ver la película, siempre brota en mi interior la misma pregunta: ¿Por qué tiene que escoger Seth entre dos cosas perfectamente compatibles, entre dos amores que no son excluyentes...? Yo personalmente asumo y acato la doctrina de la Iglesia Católica en cuestión de celibato. Nadie obliga a ser célibe y nadie impide dejar de serlo. Pero no es menos cierto que el celibato es solo una ley eclesiástica, no de derecho divino, lo cual hace que pueda ser derogada en cualquier momento por la autoridad competente. Que ello vaya a pasar no depende de mí ni de mis gustos, por lo que solo el tiempo dirá si historias como la de Seth tendrán que seguir repitiéndose. Si algún día la Iglesia Católica diera ese paso -y seguimos en el terreno de la hipótesis- pasado un tiempo prudencial sería el momento justo para comparar el antes y el después de los ministros ordenados y poder sacar conclusiones acerca de si el celibato fue bueno o no para la Iglesia Católica durante su vigencia. 

Aparcando ese tema y volviendo a la película, deciros que espero que os guste. Si ya la habéis visto y si es posible, os pediría que la veáis desde esta nueva perspectiva que os propongo para que empaticéis conmigo y con tantas personas que un día tuvimos que escoger entre dos formas distintas de amor y de existencia.