Abrahán esperó "contra toda esperanza" (Rom. 4,18). Y a lo mismo parecemos estar llamados nosotros en los tiempos que corren. Rezar, rezar y rezar. No queda otra. Los últimos acontecimientos mundiales no auguran nada bueno, el ambiente está tenso y crispado, por lo que nunca es mal momento para pedirle a Dios que transforme los corazones de las personas para que se conviertan a su mensaje y dejen a un lado de una vez por todas el odio y la violencia. El Adviento que el domingo pasado comenzamos debería ser un buen tiempo para curtir las virtudes de la paciencia y la mencionada esperanza.
Sin embargo, no soplan vientos favorables para el sentimiento religioso. Tres detalles acontecidos esta semana pueden ilustrar este comentario.

El segundo se sitúa en Reino Unido. La iglesia Anglicana, con dinero de su propio bolsillo ha puesto en marcha una campaña de animación a la oración. La iniciativa ha sido censurada -en todo un alarde de "tolerancia"- en distintos medios de comunicación y directamente prohibida en los cines del Reino Unido donde la campaña iba a ser proyectada. Parece que su mensaje no gusta a los magnates de la comunicación, ignoro si es que lo consideran subversivo o excesivamente nocivo para la sociedad británica. El pretexto ofrecido es que puede ofender a personas con un pensamiento distinto. Os dejo el vídeo para que juzguéis vosotros mismos si su mensaje es tan agresivo, violento o destructivo que no pueda ser visto por nadie sin que dañe su sensibilidad.

Comienza el Adviento, y como vemos comienza movidito. Esperemos que la dinámica cambie. Y mientras tanto, como el bueno de Abrahán, nuestro padre en la fe, a seguir manteniendo viva la esperanza.
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