Isaías es un profeta que escribe para mantener la esperanza del pueblo en los duros años del destierro de Babilonia. O mejor dicho, según muchos expertos en la Biblia, y dado lo extenso del texto (66 capítulos) fueron al menos dos o tres escritores (los llamados primer, segundo y tercer Isaías) los que probablemente escribieron sucesivamente alguna parte del libro, en cuyo caso abarca un periodo histórico muy extenso que incluye monarquía y destierro. Sea como fuere, para mi labor de seleccionar un versículo de cada libro sagrado, no voy a entrar en estas disputas de biblistas y me voy a quedar con un versículo del capítulo 49, escrito probablemente lejos de la Tierra Prometida y cuyo objetivo sí era el de mantener la esperanza en tiempos difíciles. Debido a este contexto, los textos de Isaías son muy usados en Adviento, tiempo propicio para la esperanza.
El pequeño fragmento que he seleccionado contiene dos versículos preciosos, una afirmación-desahogo frente al supuesto olvido de Dios a su pueblo y la respuesta que el profeta pone en boca de Dios para que no quepa duda de que aún está con su pueblo. Pero la manera poética de decirlo es sublime, poco más se puede añadir al recurso literario del autor que conmueve al lector interiormente. Ahí os lo dejo:
Isaías, 49, 14-15
"Pero dice Sión: «Dios me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.»
- ¿Acaso olvida una madre a su criatura, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esa se olvide, yo no te olvidaré".
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