viernes, 2 de agosto de 2019

Nuestra Señora de los Ángeles

La Iglesia hace hoy memoria de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica. Copio la historia de la imagen que se venera actualmente en la Basílica situada en Cartago :

En el año 1635, en la sección llamada "Puebla de los Pardos", Juana Pereira, una pobre mestiza, se levantó al amanecer para, como todos los días, buscar la leña que necesitaba. Era el 2 de agosto, fiesta de la Virgen de los Ángeles, y la luz del alba que iluminaba el sendero entre los árboles, le permitió a la india descubrir una pequeña imagen de la Virgen, sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Con gran alegría Juana Pereira recogió aquel tesoro, sin imaginar que otras cinco veces más lo volvería a hallar en el mismo sitio, pues la imagen desaparecía de armarios, cofres, y hasta del sagrario parroquial, para regresar tenazmente a la roca donde había sido encontrada. Entonces todos entendieron que la Virgen quería tener allí un lugar de oración donde pudiera dar su amor a los humildes y los pobres.


La imagen, tallada en piedra del lugar, es muy pequeña, pues mide aproximadamente sólo tres pulgadas de longitud. Nuestra Señora de los Ángeles lleva cargado a Jesús en el brazo izquierdo, en el que graciosamente recoge los pliegues del manto que la cubre desde la cabeza. Su rostro es redondeado y dulce, sus ojos son rasgados, como achinados, y su boca es delicada. Su color es plomizo con algunos destellos dorados como diminutas estrellas repartidas por toda la escultura.

jueves, 1 de agosto de 2019

San Alfonso María de Ligorio

La Iglesia celebra hoy a San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), santo napolitano doctor de la Iglesia y fundador de los Misioneros Redentoristas. Es el patrono de confesores y moralistas ya que sus tratados de moral son fundamentales para la propia moral de la Iglesia. También es muy conocida su devoción a la Virgen María. Copio sus "Glorias de María" para la meditación:


1- Oh María dulcísima y madre amorosísima, esto es lo que quieres, que nosotros, como niños, te llamemos siempre a ti en todos los peligros y que recurramos siempre a ti que nos quieres ayudar y salvar, como has salvado a todos tus hijos que han acudido a ti.

2- Jamás debe un pecador temer ser rechazado por María si recurre a su piedad; porque ella es la madre de la misericordia y, como tal madre, desea salvar a todos, hasta a los más miserables.

3- Ella misma promete la gracia de la perseverancia a todos los que la sirven fielmente en esta vida: “Los que se guían por mí, no pecarán; los que me dan a conocer a los demás, obtendrán la vida eterna.

4- Si todos los hombres amasen a esta Señora tan benigna y amable y en las tentaciones acudiesen siempre y pronto a su socorro, ¿quién jamás se perdería?

5- ¡Bienaventurado, hermano mío, si en la hora de la muerte te encuentras ligado con las dulces cadenas del amor a la Madre de Dios! Estas cadenas son la salvación que te aseguran tu salvación eterna y te harán gozar, en la hora de la muerte, de aquella dichosa paz, preludio y gusto anticipado del gozo eterno de la gloria.

6- Oh María, ¿cómo puede haber quien no te ame siendo tú tan amable y agradecida con quien te ama? En las dudas y confusiones aclaras las mentes de los que a ti recurren afligidos; tú consuelas al que en ti confía en los peligros; tú socorres al que te llama.

7- Oh María, nosotros, pobres pecadores, no sabemos encontrar otro refugio fuera de ti. Tú eres la única esperanza de quien esperamos la salvación; tú eres la única abogada ante Jesucristo, en la cual ponemos nuestros ojos”.“

8- Si no quieres verte anegado por la tempestad, mira a la estrella y llama en tu ayuda a María.

9- No desconfíes, pecador; recurre en todas tus necesidades a María; llámala en tu socorro, que la encontrarás siempre preparada a socorrerte, porque es voluntad de Dios que nos auxilie en todas las necesidades.

10- Esta madre de misericordia tiene tal deseo de salvar a los pecadores más perdidos, que ella misma los va buscando para auxiliarlos; y si acuden a ella encuentra muy bien el modo de hacerlos queridos de Dios.

11- ¡Bienaventurado el que siempre, en las batallas contra el infierno, invoca el hermosísimo nombre de María!