El Libro de Judit (escrito alrededor del s. II a.C.) recoge la historia de una hermosa –y en principio insignificante- viuda, que sin embargo es capaz de derrotar ella sola a Holofernes, el general jefe de las fuerzas asirias. Su hermosura y sus encantos le servirán para seducir, emborrachar y asesinar al general, infundiendo así esperanzas de liberación en un pueblo deprimido por la opresión a la que estaba sometido. Como con otros héroes bíblicos (David, Rut, Daniel…) Dios se vale de la debilidad y la sencillez para derrotar a los poderosos. Este libro bíblico es un testimonio más de que la confianza en Dios de los humildes siempre derrota la soberbia de los poderosos.
De los 16 capítulos que componen el libro, dos son los más interesantes, la oración que realiza Judit en nombre del pueblo (capítulo 9) y la oración de acción de gracias final (capítulo 16). Precisamente del primero de ellos he seleccionado un versículo para la meditación, tratándose de una alabanza de Judit -a modo de oración- al Dios de los humildes y sencillos que no tiene desperdicio:
Judit 9, 11
Porque tu fuerza no está en el número ni tu dominio en los fuertes, sino que tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los desvalidos, el apoyo de los débiles, el refugio de los abandonados y el salvador de los desesperados.

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