lunes, 5 de octubre de 2026

El sacrificio de la propia vida agrada a Dios: Romanos

Última Carta del Nuevo Testamento que comentamos, y la que se ha quedado para el final es la Carta a los Romanos de San Pablo. Vamos con algo del contexto histórico-teológico. La epístola está dirigida a la Comunidad de Roma, que San Pablo no conoce aún, y que se compone de una mezcla de judeocristianos y neo-paganos, lo que provoca frecuentes tensiones internas referidas al cumplimiento -o no- de las leyes judaizantes. Además de intentar solventar este conflicto a través de una unificación de criterios, San Pablo expone temas teológicos muy interesantes como la justificación por la fe, la vida en el Espíritu Santo o la moral cristiana.

La Carta se compone de 16 densos y largos capítulos. Escoger un versículo representativo de su espiritualidad no es tarea sencilla, dada la abundancia de temas para escoger. No obstante, me voy a quedar con un versículo del capítulo 12, que nos habla de una espiritualidad encarnada diferente a los ritos sacrificiales de otras religiones. San Pablo nos enseña que en la nueva religión cristiana, lo que agrada a Dios no es el incienso ni los sacrificios animales, sino la renuncia del egoísmo de la propia vida y a ofrecerla en sacrificio por los demás.

Romanos 12,1  

Por lo tanto, hermanos, yo os exhorto por la misericordia de Dios a ofreceros a vosotros mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que debéis ofrecer.

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