domingo, 25 de marzo de 2007

El Sermón de las 7 palabras (III)

3. Madre, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre (Jn. 19,26)

Después del doble perdón un nuevo regalo. Al pie de la cruz, un puñado de supervivientes de tus seguidores. Tu madre, San Juan y varías Marías que los acompañaban. ¿Dónde estaban las multitudes que escucharon tus predicaciones? ¿Dónde los 5.000 hombres (sin contar mujeres ni niños, nos dice el Evangelio) que comieron el pan y los peces multiplicados? ¿Dónde las masas que te aclamaron entre vítores en el Domingo de la entrada triunfal en Jerusalén solo unos días antes? ¿Dónde los 72 que habías mandado de dos en dos y que venían contentos porque hasta los demonios se les sometían? ¿Dónde los 12 que prometían morir contigo, los que nunca te abandonarían, los que se peleaban siempre por los primeros puestos?

Que cambiante es el corazón del hombre. Basta una contrariedad para abandonarlo todo. Basta que lo diga la gente para que Vicente cambie de opinión. Basta el miedo o la soledad para dejarte tirado. Sufres solo, mueres casi solo, y sin embargo te acuerdas de los demás. No quieres dejar a tu madre sola. Sabes lo que pintaba una viuda sin hijos en aquella época. Estaba condenada a la mendicidad o a la muerte rápida. Y también sabías que después de la resurrección los discípulos y la Iglesia la iban a necesitar como madre. Por ello, allí en la cruz, haces lo que habías hecho toda tu vida: unir, realizar la comunión, establecer vínculos de relación entre las personas. Dicen que de la abundancia del corazón habla la boca. Tu boca siempre hablaba de amor, de misericordia, de perdón,… ¿Por qué sería?
No nos pudiste hacer mejor regalo. Desde entonces tenemos una poderosa intercesora. Alguien que nos ayuda en nuestras dificultades y agobios porque ella los sufrió igualmente. Nos consuela saber que Dios pasó por los peores sufrimientos de esta vida y que su madre estaba allí. Así sabemos que nuestro Dios y su madre nos comprenden.

Basta dar una ojeada a las advocaciones marianas de Semana Santa para intuir todo lo que ella pasó: Santa María del Desconsuelo, de las Angustias, de la Soledad, del Mayor Dolor, de la Amargura, del Desamparo, de los Dolores, de las Lágrimas

Aunque viendo esas mismas advocaciones ella es baluarte de los valores poderosos de esta vida: Santa María de la Paz, del Consuelo, de la Esperanza, de la Piedad, de la Confortación, del Perpetuo Socorro, del Dulce Nombre, de los Remedios, del Amor y Sacrificio…Tú eres la mujer fuerte que nos ayuda en el camino de la vida. La que nos ayuda en este Valle de lágrimas, como se dice en la Salve y la que está a nuestro lado en los momentos felices de nuestra vida, en los que normalmente nos olvidamos con más facilidad de Dios. Nos recuerdas constantemente que nuestro lugar está al lado del Maestro. Si es en Belén, allí estabas tú. Entre la alegría de pastores y magos. Si es en el Gólgota, allí estás también tú. Entre los sufrimientos y los llantos de quienes le querían y lo acompañaron hasta el final

Eres el regalo de Cristo para nosotros. Eres la madre de la Iglesia, una Iglesia que con sus virtudes y sus pecados intenta hacer visible hoy a los hombres el rostro del Dios de la misericordia. Pero en nuestros días sólo se ve de ella lo malo. Sólo nos recuerdan sus pecados. Sólo es noticia para ridiculizarla. Madre, hacen con tu Iglesia lo mismo que hicieron con tu hijo. La quieren matar. La crucifican constantemente en los medios de Comunicación. No la abandones como no abandonaste a tu Hijo. Quédate con nosotros, sufre con nosotros, acompáñanos que algún día nos alegraremos de nuevo con la resurrección con tu misma alegría.

1 comentario :

Adg dijo...

María es, efectivamente, nuestra Madre.-
Y de la misma forma que de nuestra madre natural (y de nuestro padre) hemos aprendido a ser quienes somos (carácter, forma de comportarnos ante la vida, sentido de la honestidad, búsqueda de la fe...), de María debiéramos aprender su disponibilidad para aceptar la voluntad de Dios en todo momento (hágase en mí según tu Palabra).-
Qué enseñanza la de María, nuestra Madre, en la aceptación del plan de Dios para con ella, pese a lo que ésto suponía de duro y dificultoso (su matrimonio estuvo a punto de fracasar por eso).-
María, habiendo aceptado ser la "esclava del Señor", en vez de tomar como privilegio vanidoso el hecho de llevar al Hijo de Dios en su vientre, se pone al servicio de quien, encinta igual que ella, la necesita.- María ve crecer a su Hijo y, aunque no entiende bien por qué se queda en el templo sin avisarles, va guardando en su corazón cada nueva experiencia de su vida, y está pendiente de los apuros y necesidades de los demás (bodas de Caná).-
Del pensamiento de María (conocemos el Magníficat) y del de José, del que sabemos que es "justo", es decir, que busca y pone de su parte para que el cumplimiento de la voluntad de Dios sea un hecho, tuvo necesariamente que heredar Jesús (El que ayuda)su inigualable personalidad humana, que le lleva a volcarse en los demás, dando de comer a los hambrientos, curando a los enfermos, y mostrando el rostro del Dios que experimenta, distinto del de los escribas y fariseos, y, pidiendo que aprendamos de su mansedumbre y humildad.-
Creo que también debemos aprender de María, Madre que Jesús quiso compartir desde la Cruz.- Y pedirle que nos ayude a estar lo suficientemente atentos y despiertos para estar pendientes de los Planes de Dios para con nosotros.-
Tenemos, efectivamente, muchas advocaciones de la Virgen; para unos, será del Desconsuelo; para mí, del Dulce Nombre... Pero sabemos que Ella solamente es una y que está pendiente de nosotros como lo estuvo de Jesús.-
Estemos también pendientes de Ella para imitarla, porque así, el pequeño mundo de nuestra influencia será mejor, ya que será un pedacito del Reino de Dios.- Amén.