sábado, 18 de agosto de 2012

Oración de San Agustín (La Muerte)

El pasado sábado celebramos el 95 cumpleaños de mi abuela Leonor. La felicidad de reunir a gran parte de su familia, incluyendo a muchos de sus 21 biznietos, se vio truncada cuando a la noche nos enteramos de que su hermano más pequeño, Jesús (Quico para la familia) había ingresado en el Hospital de Puerto Real, aquejado de una reincidente neumonía. Este martes por la noche fallecía en dicho Hospital a la edad de 76 años. A pesar de una larga enfermedad que lo consumía día a día, dicen sus hijos que murió entre las mismas sonrisas y bromas que habían caracterizado toda su existencia. Ello no quita que ha sido otro duro golpe para la extensa familia Castrillón. Naturales de Vejer de la frontera, fueron 17 hermanos (nacidos casi uno por año, porque había dos mellizos…) los que llegaron a la vida frutos del amor y del matrimonio de mis bisabuelos. Mi abuela, la hermana mayor, sobrevive junto a seis más, extendidos por Vejer, Medina y Jerez. Biznietos de mis bisabuelos hay ya por casi toda España, llevando el apellido Castrillón (en mi caso en cuarto lugar) con gran orgullo. Una página de Facebook creada por mi primo Ignacio Castrillón Fernández (nunca nadie te dará suficientemente las gracias por todo el bien que has hecho y sigues haciendo a través de ella…) nos reúne a más de 100 miembros a pesar de los kilómetros de distancia. Por cierto, curiosidades de esta familia, yo os casé en Arcos a ti y a Inma, eres más chico que yo, oficialmente eres mi tío, pero yo te llamo primo… Vaya lío, ¿no?.

Quiero en este post dar mi pésame a mis primos Castrillón Núñez. Y quiero hacerlo con la misma oración que en el mes de marzo, cuando falleció mi padre, me obsequió el Dr. Juan Sánchez Sevilla. En sus palabras encontré el consuelo y la esperanza que hoy intento transmitir a mis primos. 
La oración es de San Agustín y dice así:


La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.

Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.

No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.

Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue.
Sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.

La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?

No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino…

Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón,
volverás a encontrar su Ternura purificada.
Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.

5 comentarios :

  1. Jesús Castrillón18 ago. 2012 19:04:00

    ‎"Y consiento en mi morir, con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir, cuando Dios quiere que muera, es locura"

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  2. Hola no se si te acordaras de mi, pero a mi me ha dado mucha alegría de de encontrarte en internet y ver a tu abuela en su cumpleaños, y leer la oración de San Agustín. un abrazo. Manoli.

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  3. Jesús, la frase magnífica, seguro que la utilizo en algún artículo futuro... Manoli, claro que me acuerdo de ti. Me acuerdo mucho y bien de toda la gente buena de Arcos, que tan buenos recuerdos me trae... Si tienes Facebook puedes buscarme en Jaime Salado DelaRiva, y te agrego como amiga. Saludos

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  4. Hola amigos, esa cita está falsamente atribuida a San Agustín.

    El fragmento no es de San Agustín, sino de Henry Scott Holland (s. XIX-XX).

    Saludos

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  5. Por lo que he podido documentarme, totalmente de acuerdo con la corrección del amigo Anónimo. Gracias por la aclaración

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