lunes, 8 de mayo de 2023

El punto más espiritual de Roma

En los dos años que viví en Roma encontré un rinconcito al que cada vez que podía acudía sin dudarlo, ya que me sentía espiritualmente interpelado. En mis viajes posteriores, por muy apretada que tuviera mi agenda, siempre intentaba volver a ir a ese lugar y a ubicarme en ese punto exacto de una profundidad casi indescriptible. No es un lugar especialmente indicado para hacer oración, pues el bullicio del ir y venir de los turistas apenas lo permite. Sin embargo, como en muchos otros lugares de la ciudad eterna, es un lugar donde el arte y la espiritualidad se entremezclan hasta tal punto que es difícil distinguir dónde acaba uno y comienza el otro. 

En la concurrida y bulliciosa Piazza del Popolo, hay dos templos que yo los llamaba siempre las Iglesias Gemelas, pues son prácticamente idénticas en sus fachadas: La Iglesia de Santa María de los Milagros y la Iglesia de Santa María en Montesanto. En el sentido diametralmente opuesto de la plaza está otra capilla muy pequeña, la Capilla "Cerasi", que alberga conjuntamente dos de los mejores cuadros de Caravaggio, y que a pesar de ser muy visitada, muchos otros turistas obvian la entrada por la premura de sus viajes y el priorizar otras maravillas del arte inabarcable de la capital trasalpina. A mí, personalmente, me parece que todo cristiano debería dedicar 10 minutillos de su vida (si tiene la suerte de estar en Roma) para la contemplación de estas obras pictóricas y la posterior reflexión espiritual. De los 26 cuadros de Caravaggio que hay en Roma, dos de ellos se encuentran en el mismo punto, a escasos metros de distancia el uno del otro. ¿Azar?, ¿Casualidad?, ¿Providencia?.... No lo sé, pero el mensaje de ambos lienzos no deben dejar indiferente ni al turista ni al creyente, como veremos a continuación...

Las dos obras en cuestión que se pueden contemplar en la mencionada capilla son "La Conversión de San Pablo" y "El Martirio de San Pedro". En un punto de la capilla te puedes poner en medio y tener contacto visual con ambos. Pedro y Pablo, Pablo y Pedro, el apóstol sobre el que Cristo edificó su Iglesia y el "apóstol de los paganos" frente a frente. Y los momentos reflejados de sus vidas no son tampoco cualquiera. La conversión de San Pablo marca el comienzo de su vida cristiana, de su vocación a ser enviado por Cristo a todas las naciones a anunciar el Evangelio. El martirio de San Pedro, por el contrario, marca el dolor, el sufrimiento y la terrible muerte que el primer Papa tuvo que sufrir para alcanzar la gloria. Nacimiento de la fe y el comienzo de una misión, por un lado y la conclusión de la vida y de la misión terrena por otro. Todo cristiano ha tenido un comienzo en su fe y algún día tendrá un final, por lo que a nadie deben dejar indiferentes estas escenas. Cierto que quizás no hayamos experimentado una conversión tan profunda como San Pablo (de perseguir y matar cristianos a convertirse en uno de ellos) y que seguramente no tendremos el final existencial de San Pedro (crucifixión y martirio), pero por simple analogía vital nuestra fe sí tuvo un comienzo y nuestra vida terrena también tendrá un final. 

Os invito a que si tenéis oportunidad, os pongáis en ese punto de la tierra donde el nacimiento espiritual y la muerte testimonial se dan la mano. Mientras tanto, se pueden contemplar las dos imágenes que os pongo a continuación, y que si Dios quiere, espero poder algún día volver a ver en vivo.




lunes, 1 de mayo de 2023

Cristina Gaztelu Vargas, futura santa (espero…)

La Diócesis de Jerez a la que pertenezco ha comenzado a difundir estas estampas para la devoción privada de una joven que falleció a los 24 años y de la que confío en algunos años se abra su Causa. Estamos lejos aún de considerarla santa oficialmente, pero los que tuvimos la suerte de conocerla sabemos que el reconocimiento o no por parte de las autoridades religiosas competentes no exime de que en nuestro fuero interno la consideremos desde ya como tal.

Un largo camino le queda aún a Cristina por recorrer para ser considerada Sierva de Dios en primer momento, Venerable después, y posteriormente Beata como antesala de la anhelada y definitiva Canonización. Ojalá mis ojos puedan llegar a ver ese momento…
Cristina Gaztelu Vargas (1994-2018) era una joven normal, con las inquietudes e ilusiones de cualquier chica de su edad. Tuve la suerte de darle clases de Religión entre los los años 2010 y 2012, en su época de Bachillerato.
Llegó a mi Centro tras ser víctima de acoso escolar en su anterior Instituto. Era una alumna algo introvertida, reservada (imagino que como fruto de su traumática experiencia), pero con un mundo espiritual e interior que rezumaba riqueza. Una pena que en plena adolescencia esas experiencias negativas anteriores la tenían un poco encerrada en su “Castillo interior” y participaba poco de manera oral en las clases, pero cuando las actividades eran escritas te dabas cuenta de que aquella joven jugaba en otra liga espiritual que la de sus compañeros, ya que la profundidad de sus reflexiones la situaban muchos peldaños por encima del resto de la clase. No hablo de conocimientos intelectuales de los contenidos teóricos religiosos, que por cierto eran excelentes, sino de la rica vida interior que se translucía en cada ejercicio que requería una opinión personal del asunto en cuestión. Una verdadera lástima que no conserve nada de todo aquel material, estoy seguro que hoy con el paso de los años sería interesantísimo releer aquellas reflexiones que escribía realizando pequeñas pausas en las que miraba al infinito buscando una inspiración que tarde o temprano siempre terminaba por llegar.
Ambos éramos blogueros, pioneros de una evangelización por las redes que yo aún sigo ejerciendo. Su Blog todavía continúa navegando por las redes, inmortalizándola de alguna manera al igual que muchas de sus canciones que también se conservan en su perfil de YouTube.
Tras dejar mi Centro y comenzar a estudiar el Grado de Publicidad y Relaciones Públicas le perdí el contacto hasta que el de 2018 me enteré de su muerte. Personalmente no tuve noticias de su enfermedad ni del calvario que debió pasar y afrontar desde que le diagnosticaron un maldito cáncer de mandíbula. Posteriormente sé que lo afrontó desde su firme fe y sus profundas convicciones religiosas. Lamentablemente poco puedo aportar de esos momentos en los que el sufrimiento personal y familiar la acercaron en un primer momento a Getsemani y finalmente a su personal Monte Calvario.
Lo que sí conservo -afortunadamente- son sus calificaciones trimestrales y el global de 1º de Bachillerato, de mi puño y letra, escritos a mano ya que por aquel entonces la tecnología no era tan absorbente como ahora. Sé que es insignificante, pero espero sea mi granito de arena que junto a muchos otros configuren la montaña por la que algún día alcance el reconocimiento de Santa de la Iglesia, una Gloria de la que no me cabe duda ya estará disfrutando.
Toca rezar para pedir su intercesión por los que aún caminamos peregrinando en esta vida. Si alguno obtiene alguna gracia a través suya, ruego se ponga en contacto con su familia o con la Diócesis de Jerez para acelerar su Causa.