domingo, 15 de febrero de 2015

Jesús, la enfermedad y el pecado

Las lecturas del domingo de hoy me parecen sencillamente geniales. Quien las haya ubicado de manera conjunta es precisamente eso, un gran genio conocedor de la Biblia como de la palma de su mano. 

En primer lugar, lo evidente es que la ley judía prohibía a nadie tocar a ningún leproso, ya que quien lo hiciera inmediatamente sería considerado impuro. Evidentemente Jesucristo para curar al leproso se salta olímpicamente esta ley del mismo modo que la del Sabbat o tantas otras. Pero más allá de este dato hay otro no tan evidente que merece mi consideración.

La primera lectura, del libro del Levítico, que nos narra el comportamiento que el pueblo judío debía tener hacia los que contraían la lepra -por aquel entonces considerada consecuencia del pecado y del castigo divino- termina con la siguiente frase amenazante:  "Mientras le dure la lepra seguirá impuro y vivirá solo, fuera del campamento"

El Evangelio de san Marcos, termina a su vez con los efectos de la curación del leproso por parte de Jesús: "De modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes."

He subrayado lo que a mi modo de ver es la clave de ambas lecturas. Mientras que en el Antiguo Testamento el leproso era condenado a abandonar la ciudad y vivir marginado (consecuencia lógica del miedo al contagio encubierto como un mandamiento divino) en el Nuevo Testamento se nos presenta a Jesucristo como el gran liberador de enfermos y pecadores, quien por solidaridad con ellos huye de las grandes ciudades, símbolo de la corrupción y del pecado del que precisamente pretendían quedar intactos. Los poderes civiles, militares, religiosos y económicos de hace 2.000 años, -y en gran parte los actuales- presentan una bonita fachada exterior (Jesucristo los llamará "sepulcros blanqueados") pero por dentro están podridos y llenos de muerte. No me parece casualidad tampoco que el nacimiento de Jesús tuviera lugar en un establo a las afueras de Belén y su muerte en el monte Gólgota, en los exteriores de la Ciudad Santa de Jerusalén. Tanta insistencia en que Jesucristo se queda al margen de las ciudades me parece un desmarque simbólico en toda regla de los centros de poder y decisión, de lo que a los ojos de este mundo es lo más importante pero que sin embargo a los ojos de Dios es el centro de los dominios del Maligno. Jesús viene a rescatar a los que se quedan fuera de las leyes judías (paganos, pecadores, prostitutas, recaudadores de impuestos, extranjeros, samaritanos...) y es condenado a muerte por las autoridades religiosas y civiles que actúan en nombre de Dios y del César. Los primeros son conscientes de que necesitan la conversión y el perdón de sus pecados, los segundos creen que son santos y puros, pero a pesar de actuar en nombre de Dios no hacen sino mostrar lo lejos que están de Él...

En fin, me parece una buena reflexión para abrir boca de la Cuaresma que este miércoles comenzaremos. En la medida en que nos sintamos pecadores, estaremos abiertos a la misericordia de Dios. El que se crea puro, allá él, le está cerrando de golpe la puerta al Dios que quiere salvarnos...

5 comentarios :

  1. Encarna Valenzuela16 feb. 2015 10:05:00

    Preciosa reflesion y ciertamente el no ha venido ciertamente a llamar a justos si no a pecadores y el quq se crea libre de ningun pecado que tire la primera piedra desde luego yo no soy capaz ni de tirar ni una china, que Dios me perdone mis ofensas, me libre a mi y a los míos de todo mal y a todo el mundo, tenga misericordia de todo el mundo y nos enseñe el camino

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  2. Marinete Piedade16 feb. 2015 14:43:00

    Ótima essa reflexão irmão Jaime!

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  3. Joaquin Castillo16 feb. 2015 16:32:00

    Que buena reflexión

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  4. Que dios te acompañe siempre. Y muy lindas publicaciones.

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  5. Jorge Jesus Gonzalez17 feb. 2015 16:21:00


    ASI ES DIOS CURA TODA ENFERMEDAD FICSICA Y ESPIRITUAL GLORIA A DIOS

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