lunes, 9 de mayo de 2022

Sacerdote (Priest, U.K., 1994)

Sacerdote es el primer largometraje dirigido por Antonia Bird de los cuatro que ha realizado hasta el momento. Producido por la BBC, cuenta con las interpretaciones como protagonistas principales de Linus Roache y Tom Wilkinson, actores que al igual que la directora han derivado sus carreras desde hace años hacia el mundo de las producciones televisivas. 

Como película fue muy controvertida en su día, mezclando tres temas muy polémicos y que atraen a un público ávido de historias morbosas: El secreto de confesión del sacramento de la Penitencia, los abusos sexuales (dentro de la familia) y la homosexualidad en el clero. El eslogan de la película me parece muy ingenioso, dejando entrever todos estos temas pero sin revelarlos: "En un mundo de rituales, en un lugar de secretos, un hombre se debate entre mantener la fe y exponer la verdad...". Quizás una de las críticas que se le puede hacer a la directora es la de haber intentado abarcar todos esos temas, ya que se sabe que "quien mucho abarca poco aprieta...". Demasiadas problemáticas morales presenta el film como para intentar tratarlas con profundidad en un solo largometraje.

Sobre los dos primeros temas apuntados anteriormente se intenta hacer un infructuoso remake de la película de Hitchcock "Yo Confieso" pero claro, cualquier comparación es odiosa, no acercándose ni siquiera de lejos a la intriga de la trama del mago del suspense

Sobre el tercer tema -la homosexualidad en el clero- sí hay que reconocer que se trata de una película valiente, provocadora y de las primeras en poner el dedo en la llaga sobre esta realidad dentro del sacerdocio en la Iglesia Católica. Quizás sobró la "brillante" y provocadora idea de estrenarla en Semana Santa, con el consiguiente rechazo frontal de la Iglesia Irlandesa, la cual se vio frontalmente atacada con la temática. La película en un principio contaba con escenas explícitas de sexo entre el padre Pilkington y su amante Graham, si bien la directora decidió prescindir finalmente de ellas, no por convencimiento propio sino porque era la única manera de rebajar la calificación moral del film en EE.UU. (pasando de NR17 -cine de adultos- a R -se permiten menores acompañados-) y asegurarse así una mayor recaudación en taquilla.

El argumento se basa en la visión moralmente opuesta de dos sacerdotes que conviven en la Parroquia de Santa María en el centro de la ciudad de Liverpool. El Padre Greg Pilkington, joven recién ordenado, es de moral conservadora pero de tendencias homosexuales. Lo acoge el progresista Padre Matthew Thomas, simpatizante de la Teología de la Liberación, quien se opone al celibato y que mantiene una relación encubierta con la ama de llaves de la rectoría, Maria Kerrigan. El padre Pilkington recibirá en confesión la noticia de un abuso al tiempo que es detenido por mantener relaciones sexuales en un lugar público, lo que atrae a la prensa sensacionalista ávida de escándalos. El padre Pilkinton es trasladado a otra parroquia en la que estará junto al padre Redstone, quien censurará su actitud y no lo perdonará, machacando continuamente su mermada conciencia. Finalmente, el padre Thomas le pedirá que vuelva con él para seguir ejerciendo su ministerio. 

Espiritualmente la película tiene muchas puntas. Creo que el tema más interesante al que nos invita el film es una reflexión sobre la reconciliación y el perdón de uno mismo. Hasta que punto es más fácil obtener el perdón de Dios en el sacramento de la Penitencia que el perdón de uno mismo es algo que solo quien ha realizado un pecado grave y lo tiene en su conciencia lo puede saber. Por otro lado, la figura del sacerdote es vista en toda su humanidad: ¿Puede un sacerdote (Padre Thomas) ser estricto con los demás y laxo consigo mismo?, ¿Puede un ministro de Dios ser tan escrupuloso con el secreto de confesión y tremendamente permisivo con el celibato (Padre Pilkington)?, ¿Y puede un presbítero negar el perdón a un compañero y hacerle la vida imposible... (Padre Redstone)? Aunque los personajes están estereotipados y polarizados, al igual que el film creo que la respuesta a todas las preguntas es afirmativa, porque los sacerdotes son solo personas pecadoras que en palabras de San Pablo"Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros" (2ª Cor 4,7). Quien busque la perfección y la ausencia de contradicciones en el la figura de un sacerdote se equivoca, lo que no quita que la mayoría de ellos intenten vivir su sacerdocio con coherencia y honestidad. 

Muchos diálogos/reflexiones son tremendamente interesantes. Me quedo con estos tres. El primero refleja las dudas del padre Pilkington sobre si debe revelar un secreto de confesión o no. En este sentido, me parece muy convincente que uno esté más dispuesto a sufrir las consecuencias de no hacerlo cuando el perjudicado es uno mismo, pero cuando el perjudicado es una tercera persona las dudas deben ser tremendas:

Padre Greg Pilkington: Cuando estábamos en el seminario, había una especie de pregunta estándar: un hombre te confiesa que ha envenenado el vino del altar. ¿Saldrías aún a decir misa? Bueno, yo no tenía ningún problema con eso: salía, decía la misa y bebía el vino. Hay un poco de mártir en todos nosotros...

El siguiente diálogo me pareció gracioso en un film donde la comedia brilla por su ausencia. No me cabe duda de que es un recurso para intentar rebajar la tensión, especialmente porque el Padre Redstone trata aquí con poca -nula- caridad a su compañero por su orientación sexual:

Padre Greg Pilkington (El padre Redstone le acaba de hablar en latín): "Me temo que me ha perdido".
Padre Redstone: "Dije: Lo sé todo sobre ti. Eres un furúnculo en el cuerpo de Cristo. Un forúnculo monstruoso, vivo, que respira, listo para estallar en cualquier momento en pus, sangre y hedor".
P.G.P.: "Creo que lo prefería en latín".

Termino con unas palabras más amables, las del padre Thomas en la última misa que vemos, en la que vuelve a reflejar su compromiso social al tiempo que lanza un "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" respecto a los juicios que sus feligreses realizan sobre la moralidad del padre Pilkington:

Padre Matthew Thomas: "La creación de la humanidad comenzó el sexto día. Todavía no se ha detenido. Somos más altos que hace mil años. Estamos más en forma, somos más rápidos. Vivimos más tiempo. Estamos mejor educados. Más informados. Entonces, la creación... es un proceso continuo. Y si interfieres con eso, ¿no estás escupiendo en la cara de Dios? Si explotas a tus trabajadores, ¿no escupes en la cara de Dios? Si matas y mutilas, echas a la gente de sus casas, das la espalda a los ancianos, si cierras escuelas y hospitales, obligas a la gente a salir de su trabajo...  De hecho, si haces algo... para evitar que un solo ser humano alcance su máximo potencial, ¿no estás interfiriendo en la creación y escupiendo en la cara de Dios? Eso es lo que creo. Esa es mi verdad. Eso es lo que me hizo ser sacerdote y me hace seguir siendo sacerdote. La paz del Señor esté siempre con vosotros".

¿Recomendable? Sí. ¿Imprescindible? No. A mí personalmente toda película que promueva a la reflexión ya me parece una buena inversión de tiempo y dinero, pero para gustos los colores...

lunes, 2 de mayo de 2022

Karol II. El Papa. El hombre (Karol. Un papa rimasto uomo, Italia, 2006)

Comentamos hoy la segunda parte de Karol, el hombre que se convirtió en Papa, rodada y estrenada un año después que la primera entrega. Su formato de estreno en televisión de nuevo fue el de dos capítulos independientes de 90 minutos cada uno. La dirección siguió corriendo a cargo de Giacomo Battiato y para el papel principal de Juan Pablo II se contó de nuevo con el actor polaco Piotr Adamczyk, a pesar de la evidente diferencia de edad entre el intérprete y su personaje, especialmente en los últimos años de la  vida del Pontífice. Para paliar esta dificultad se contrataron los servicios del experimentado Manlio Rocchetti (Ganador del Óscar al mejor maquillaje en 1989 por Paseando a Miss Daisy) intentando dar credibilidad a la apariencia física de Adamczyk, quien a lo largo de todo el rodaje debía someterse a más de cuatro horas de transformación física. El film contó con un presupuesto de 12 millones de dólares (dos más que la primera parte) y fue rodado en Italia, Sudáfrica, India, Granada y Polonia. La música fue de nuevo compuesta por el también oscarizado Ennio Morricone. Cuenta con escenas reales del duelo de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro de Roma, así como de su viaje a Polonia, de la JMJ de París y de los programas de televisión que anunciaron el atentado sufrido por el Santo Padre en Roma. A pesar de todos estos esfuerzos por mantener el nivel de calidad del proyecto, sorprendentemente la audiencia bajó a casi la mitad que los dos primeros capítulos, pasando a contabilizar algo menos de siete millones de espectadores y un share del 29%.

A nivel argumental podemos dividir el comentario de nuevo en dos episodios. El primero de ellos, desde su elección como Papa el 22 de octubre de 1978 hasta 1989, va unido a varios nombres propios que fueron "compañeros de viaje" de esta primera parte de su pontificado: Monseñor Romero (asesinado en San Salvador como exponente de la Teología de la Liberación moderada), Madre Teresa de Calcuta (como el poder de la oración y la caridad exponentes de la Nueva Evangelización anunciada por el Papa), Lech Walesa, el sacerdote Jerzi Popiełuszko (en conexión con su país de origen y la importancia del Sindicato Solidarność como resultado de uno de sus viajes más importantes) y Ali Agka (autor del atentado que intentó acabar con su vida). Se introduce también un sacerdote africano, el padre Thomas Maputu, que si ser un personaje especial en la vida de Juan Pablo II personifica cómo se vivieron los momentos más importantes del papado desde las comunidades africanas. El capítulo termina con la caída del muro de Berlín y el fin del comunismo, en el que Wojtyła tuvo un papel determinante. 

El segundo capítulo recoge el los últimos años del papado de Juan Pablo II, un periodo de nuevo convulso con varias guerras que quedan reflejadas. La invasión de Kuwait, la guerra de los Balcanes, de Uganda, la guerra del Golfo,  los atentados de la Mafia, el 11M... marcan una gran parte del magisterio del Papa, así como sus continuos viajes (Bosnia, África, París -JMJ-, Israel) y su progresivo deterioro físico, fruto de las secuelas del atentado, de un tumor intestinal y del Parkinson que le es diagnosticado. Varias caídas se saldan con fracturas de fémur y cadera. Su lucha contra la violencia, su optimismo vital y sus ganas de vivir hasta el final marcan sus últimos años de vida.   

Las últimas escenas son quizás las más impactantes, sobre todo para quienes vivimos y aún recordamos esos días. Su malestar postrado en la cama, la traqueotomía que apenas le permitía hablar pero sí llorar al intentarlo y las multitudes rezando en la Plaza de San Pedro durante su agonía y sus exequias han quedado grabadas en nuestra memoria colectiva y están perfectamente reflejadas en el film, con la utilización incluso de imágenes reales en las que podemos ver al Cardenal Ratzinger (futuro Benedicto XVI) oficiando su funeral. 

A nivel espiritual la figura de Juan Pablo II queda muy bien plasmada en los 180 minutos de duración. Evidentemente faltan cosas, pero es imposible resumir en ese tiempo tantos años de Pontificado. Sus continuas y prolongadas oraciones, su cercanía con niños y enfermos, y la capacidad de perdón (a nivel personal y extensiva a la institución) son tan claves en su pontificado como lo fueron sus viajes a todos los rincones del planeta. Un Papa extraordinariamente humano, que buscaba el contacto físico con las masas y cuyos discursos impactaban por igual a sencillos y poderosos. 

El director ha insistido en un detalle que no es menor. A lo largo de las dos partes el Papa Juan Pablo II deja entrever en varias ocasiones la necesidad de que la Iglesia pida perdón por los pecados de la Iglesia a lo largo de toda la Historia, evento que de manera oficial se produce en el Jubileo del año 2.000, concretamente en una misa en San Pedro el 12 de marzo de ese año. Yo tuve la suerte de estar en esa Eucaristía y comprobar de primera mano a un Wojtyla emocionado cumplir uno de sus grandes sueños. 

Un film para conocer mejor la historia de la Iglesia en el fin del milenio, que es también la historia de todo el mundo occidental.